20/08/2010
16/08/2010

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El verano es para soñar, claro que sí y vivir imaginando que el mundo es mejor de lo que es, a veces obstinados en olvidar la realidad, nos refugiamos en un golpe de mar o paseamos en babia, por cualquier camino que desearíamos pisar por primera vez, o por abarrotadas calles costeras, mirando aburridos escaparates llenos de cosas que no nos hacen puñetera falta.
Ponemos al límite nuestra imaginación y la capacidad de convivir con nosotros mismos, pero sobretodo, es una prueba para "la pareja" condenada a soportarse dia y noche, sin la excusa laboral, es la hora de la verdad para los medios que deben inventar noticias para vender y para los políticos que huyen para cargar sus baterias de demagogia, antes del inevitable otoño.
Es tiempo de promesas y propósitos, de colecciones que se dejan sin terminar, de gastar más de lo necesario y de incertumbre para aquellos obreros que no saben si sus empresas abrirán en setiembre.
Pero a mí personalmente, que he conocido más de 60 veranos al sol, me vienen muchos recuerdos de infancia y juventud, verbenas, piscinas, guateques, amigos, historias vividas con la alegría de creerme tan eterno como la vida, las vacaciones eran el premio al esfuerzo del año, olvidarse de libros, deberes, maestros etc., porque el ocio era una compensación al trabajo de todo el curso.
Acabo de regresar de Filipinas, país maravilloso y entrañable que os invito a visitar, pagándoselo cada uno está claro, pero vale la pena, por los exóticos paisajes en sus miles de islas y sobre todo, por su gente, ya sean nativos, mestizos ó extranjeros, especialmente españoles.
Hemos tenido la fortuna, mi esposa y yo, de conocer gente maravillosa, Alfredo enorme persona y gran porfesional que nos llevó a su Pearl farm en Davao, Nena, que nos enseñó Manila y nos cuidó todo el viaje y como no, la excepcional Anna, promotora de la ONG Kalipay, dedicada a rescatar, mantener, educar y acompañar a niños de la calle maltratados, prostituídos, abusados y rechazados.
Nada me conmueve más que poder dar una oportunidad a la gente especialmente en su infancia y juventud, a ello me he dedicado estos años, compaginando con mi trabajo, y esperando contribuir a dar trascendencia a mi vida, con la Fundaçió Pare Manel, con los Salesianos en Costa de Marfil y Togo y ahora también en Negros (Filipinas) a la que volveré en unos meses para gestionar ayuda desde aquí, a este maravilloso proyecto, porque si ayudamos a los niños de la calle, les damos una oportunidad, resolvemos un problema social y mejoramos nuestra sociedad.
Por fortuna, aquí pocos niños de de menos de 5 años, viven en la calle, incluso algunos no se "destetan" hasta más allá de los 30, es cierto que el mercado de trabajo está mal y cuesta encontrar empleo fijo e independizarse, pero siempre ha sido así, la sociedad y el patrono nunca regalan nada, nada es gratis, todo debe ganarse como el respeto, el éxito o el cariño.
Es caprichoso el azar, como diría mi paisano Serrat, mientras aquí sobran las oprtunidades para formarse, aprender un oficio, estudiar, poder aprender con los mejores maestros, familias protectoras, servicios sociales de lujo y más cosas, los paises que hace menos de 20 años formaban parte del tercer mundo, hoy son potencias emergentes, China, Brasil, India etc.Claro que allí los que triunfan trabajan más , dedican menos tiempo a los festejos y ya se sabe que, las dificultades agudizan la imaginación.