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Inútiles por competencias

Desengáñate porque simplemente pasar por la universidad y obtener un diploma no te hará más competente, de la misma forma que conocer música no es lo mismo que saber tocar, o que tener más información no equivale a estar mejor informado. Las competencias no caducan pero sólo sirven si se aplican.

¿Te has parado un momento a pensar que la mayoría de líderes –no digo directores- que tenemos en las empresas o en la política son mediocres? En el fondo, lo que los convierte en jefes es poco más que algún master, cierto éxito en el puesto anterior, una recomendación, el vacío o la pereza de quienes los eligen.

Si pensamos en los medios de comunicación, el tema está cantado. Los buenos, la gente que hace algo bien y lo cuenta, no interesa porque todo depende del “share” – medidor de audiencia-. El que “ vende más” casi siempre es el que lo hace peor, el que canta mal, el gracioso, el boceras, el patoso, el que se cae, el mal hablado, el faltón, el chulo, el chillón, el parásito, el superficial, todo se reparte entre el kitch y el “ botox”.

Ganan audiencia los programas que se dedican a proclamar la anormalidad desde una forma histriónica, bucólica, descarada y especialmente ridícula,  se glosa la mediocridad y acaban triunfando los inútiles.

Este fenómeno mediático, supongo que bebe de las fuentes de la política y por desgracia, se está extendiendo en el tejido empresarial. Empezó con ciertos funcionarios que se acunaron en el antiguo régimen, después sobrevivieron a los monopolios y se está extendiendo cual mancha de aceite, entre muchos ejecutivos de karaoke, que beben de las ideas de otros.

Lo malo es que como todas las epidemias, ésta también se contagia y así tenemos a la mitad de nuestros jóvenes viviendo de la “sopa boba” con treinta años y sin haber empezado a trabajar por la tolerancia de madres protectoras que les protegen, mientras demasiados padres se distraen buscando valores olvidados, aunque no ignoran, que el amor, el coraje y el talento no se escribieron para los zánganos.

Si miramos hacia arriba notamos que el mundo está dirigido por inútiles. Unos alcanzan notoriedad por pelearse todos los días, otros destruyendo lo que tocan, porque construir cuesta esfuerzo, algunos, comen de la desgracia y el chisme ajeno, también hay gente, que vive de predicar la queja perpetua, hipnotizando a los perdedores con cuatro mensajes dogmáticos y hasta hay quien compra un pedazo de cielo, tragándose a bocados algunas reglas totalmente ajenas a la sociedad actual.

No me gustaría para nada, dejar a los jóvenes algún mensaje que suene a fracaso, ni mucho menos a desesperanza, porque en el mismo camino se cruza otra clase de gente-pienso que la mayoría- que sigue aspirando a ciertos valores, que gusta de verse con sus propios ojos, que la única mirada robada es la que esconde el amor por otros, padres que se sienten como el arco que tensa la cuerda para que sus hijos vuelen solos y jefes, que son líderes, porque creen que la comunicación y el reconocimiento son las llaves, para conseguir confianza, a éstos se los sigue por afinidad.

Comprar talento

La historia nos cuenta que desde que existe la humanidad nunca hemos dejado de estar en guerra. Hace miles de años se hacían las guerras por el gusto de la conquista esclavizando a los vencidos, hoy siguen sustentándose en lo económico y a la esclavitud se la denomina consumismo o hedonismo. ¡Qué más da! nada ha cambiado demasiado, algo más de geografia, otros imperios provinentes de continentes más lejanos, pero en el fondo, siempre se busca someter al hermano a costa de minar su libertad y con el señuelo de lo que llamamos valores. 

En el mundo empresarial ocurren cosas parecidas. La mayoría de empresas que tiran de las economías locales siguen siendo las pymes, los trabajadores son el fluido que tira de la economía en una ecuación casi perfecta que nos convierte a cada uno en trabajador y consumidor en el mismo sistema, de forma que lo mismo que ingresamos hipotecando nuestro trabajo, lo dejamos después con el consumo. 

La parte buena de esta paradoja, es que con nuestro trabajo damos aliento al ciclo económico, la parte mala es que al final, disponer de muchos más ingresos de los necesarios nos convierte en “mucho más”compradores de lo que necesitamos y, por siempre jamás, en eternos infelices, prisioneros de nuestros deseos. Sólo disponemos de la pequeña cuota de libertad que nos permite mesurar hasta qué punto deseamos ser infelices, en función de la graduación de nuestros deseos y la moderación de nuestra envidia por el vecino, pero no todo es tan trágico en esta humilde parábola, porque siempre tenemos la posibilidad de escapar al menos en parte del sistema si somos capaces de conocernos mejor y de aprender las normas del juego. 

No digo nada nuevo afirmando que el mundo está cambiando y además, lo está haciendo deprisa. Los países asiáticos, especialmente China, se está convirtiendo, por ahora, en el mayor proveedor de mano de obra, digamos “barata”, junto con algunos países de poco desarrollo. Y las empresas sufren una adaptación permanente para poder aspirar a la sostenibilidad de sus respectivos proyectos, condicionando naturalmente a las personas que trabajan en ellas. 

Mientras tanto, internet se está convirtiendo en el « amo del mercado universal » desterrando los pocos recursos arancelarios como la forzada contención europea en la importación de zapatos, que no deja de ser un parche, ante la imparable progresión de productos. A mí, personalmente, que llevo casi 45 años trabajando, estas medidas me suenan lo mismo que la sacarina que añaden al café algunos amigos después de una comilona: sirve para lavar la culpabilidad y poco más. 

La guerra de los precios empezó hace tiempo y se cumple la máxima del sentido común, que pasa por evitar poner barreras a los océanos y dejar que el precio de las cosas se supedite a lo que alguien está dispuesto a pagar por ellas. Al final de todo, supongo que todo debería pasar por un mayor conocimiento individual porque siempre es mejor aprender a cortarle las alas a los sueños que dejarse atrapar por las redes que tejen esta gente del marketing, que sabe mucho de crearnos nuevas necesidades, sobretodo cuando han descubierto el sutil lenguaje de las experiencias, porque ya ni siquiera necesitan producto para sorprendernos. Baste simplemente con manejar nuestra imaginación, por eso nos venden un yogur con una silueta de una diosa o un coche a través de un paisaje. Incluso, nos regalan dinero a prestado para que cumplamos nuestros sueños y así disfrutamos de una nómina prisionera de nuestra codicia. 

La ciencia ficción permanente acaba de entrar en nuestra vidas, y por suerte, en este circo todos tenemos un papel, especialmente los trabajadores y como no, aquellos que de alguna forma estamos vinculados a la búsqueda y desarrollo de los recursos humanos que necesita cualquier organización. He querido comenzar este artículo con alguna reflexión que a alguien puede parecerle utópica sobre la situación actual porque después del empresario o el CIO, nadie debe ser más sensible a las mutaciones que sufre el tejido empresarial que aquellos que asumen el papel de proveedores de personas, por tanto, los profesionales de RRHH. 

Creo que una forma de entender y afrontar esta situación de cambio permanente debe aspirar a convertir a cada organización y a cada persona, y a ambos, en entes capaces de aprender y diferenciarse, de forma que los individuos que la componen sean capaces de gestionar su desarrollo, aprendan y puedan desplegar sus habilidades, puedan explotar su potencial al máximo y además, se sientan comprometidos a hacerlo. 

Todo eso está condicionando, sin duda, la forma de dirigir las empresas, ya que con la globalización son mucho más vulnerables que antes, precisamente porque la extrema competitividad les complica la fidelidad de sus clientes y, como no, también debe preocuparles la pérdida de talento que se viene produciendo en sus organizaciones, pues los “cantos de sirena” suenan al ritmo de “más euros”, ”más calidad de vida”, “más proyecto” o también “más afecto”. 

Con este panorama se plantean varios retos para el responsable de Recursos Humanos. El primero de ellos pasa por la que yo denominaría la guerra por el talento, quizás menos rebosante que la de las galaxias, pero sin duda, mucho más real. Los otros están relacionados con el nuevo papel de los recursos humanos y los valores añadidos que deberá aportar en la estrategia de la empresa para justificar su puesto. No, no, no se sonría querido colega y lector porque esto va en serio. Hablo de estrategia aparte de la gestión porque ésta última puede externalizarse mayormente pero la participación estratégica es individual, comprometida y muy valorada, naturalmente que siempre habrá trabajo para un buen profesional, pero la adaptación es para todos. 

Cuando me refiero al cambio o la reestructuración, no me refiero sólo a renovar la estructura de la organización, sino fundamentalmente a las personas, a su forma de pensar, a sus actitudes porque todos influimos en el entorno en que nos movemos y, si somos capaces de influir en nuestras pautas internas, acabaremos haciéndolo sobre nuestras vivencias y repercutirá en todo lo que pensamos, decimos y hacemos. 

La primera cuestión tiene que ver con la retención del talento. Tengo mi propia definición para el talento y para mí tiene que ver con la suma de conocimientos y habilidades medibles, así como la actitud y compromiso para ponerlas a disposición. Me parece tan serio e importante como los bienes tangibles, aunque no se ponga en balance, o quizás más porque la propiedad puede comprarse, pero la inteligencia y el compromiso normalmente se otorgan libremente. 

Si todas las empresas aspiran a poseer o producir algo que tenga valor para alguien y, de esta forma, pueden asegurar su sostenibilidad,  y, además, la mayoría de ellas conocen porqué la gente los elige antes que otra opción, la primera cuestión a la que debemos responder tiene que ver con el descubrimiento de la cantidad de talento que tenemos en nuestra organización y donde está. Esta valoración es tan importante para alguien de RRHH como lo sería para el director de marketing conocer cuáles son sus ventajas frente a sus competidores, para el financiero descubrir la forma de rebajar los ratios de crédito a sus clientes, o para el responsable de producción limitar los costes mejorando la productividad. Eso parece muy fácil pero ¿cuántas empresas explican la estrategia de su empresa a sus empleados? y luego, suspiramos por el talento. 

La asociación de las competencias a la función laboral  se viene aplicando desde mucho antes que lo explicara Adam Smih, lo que pasa es que ahora es un tema estrella porque la forma de trabajar ha cambiando de forma muy ostensible en los últimos años, y lo digo en general, porque existen muchas organizaciones que siguen otros sistemas y también les funcionan. Por tanto, dejémonos de prácticas ejemplares y busquemos modelos, si hace falta, pero congruentes con nuestras empresas y sobretodo con las personas que las dirigen. 

Es cierto que la evaluación del trabajo es ahora mucho más dinámico. Se añora cierta estabilidad pero simplemente para pagar la hipoteca, ya que incluso los jóvenes aspiran a estar ocupados, mucho más que a la supuesta estabilidad del contrato fijo. Conozco casos de gente que se asusta cuando la empresa les ofrece un contrato “pasar a fijo” y cuestionan ¿eso me compromete a mí?. 
Por otro lado, tanta información al final acabaremos pagando a alguien para que la filtre. Nos permite acceder a todo desde una terminal y, sin duda, a los portales de empleo. La continua recompra y absorción de empresas sólo afecta a una minoría porque el grueso sigue estando en las pymes, la relación más personal convive con la funcional y simplemente depende del tipo de trabajo que se desempeña. 

En el orden jerárquico hay cambios pero menos de los que se cuentan. Sí, ya sé que es cierto que las empresas se llenan la boca con aquello de la dirección horizontal, que solicitan comunicación ascendente y todo eso, pero al final los valores reales que se predican no acostumbra a ir más allá de una proclamación en la web y un gran panel en la recepción, después en su cumplimiento está la virtud. 

También es cierto que se trabaja mucho más en red pero por mi experiencia en teletrabajo, -soy también profesor virtual-, existen aún en el terreno legal y en la práctica laboral muchas cuestiones pendientes de resolver, y no me refiero a las derivadas del necesario control jerárquico, sino especialmente las que están ligadas a la propia organización personal del trabajador. En general esta forma de trabajar se relega a determinadas empresas normalmente de tecnología y a puestos comerciales de trascripción documental y a la deslocalización territorial. 

A menudo, nos perdemos en la demagogia al hablar del autoliderazgo, la autoresponsabilidad, el autocompromiso y el auto.. . lo que sea, cuando un simple esfuerzo de realismo y una lectura de nuestra propia experiencia debería evidenciarnos que la mayoría de la gente no desea ser líder, ni mandar, ni organizar, porque teme la responsabilidad o no la quiere, o mejor, no desea pagar el precio de tomar decisiones, por ahí andan muchos “hijos” de la ley de Peter paseando su mediocridad por las empresas.

SELECCIONAR EL TALENTO

Cuando tratamos de definir el perfil competencial del trabajador susceptible de aportar su talento y, por tanto, darnos valor añadido, creo que existen ciertas competencias más o menos clave y que casi podríamos estandarizar:

  • Polivalencia. Sabe de lo suyo, pero conoce lo que hacen los demás, por ejemplo el economista o el camarero que además de conocer su oficio saben venderlo. 
  • Adaptabilidad. El mundo se está mutando, los antiguos despachos de pan venden ahora hasta 100 especialidades, además de bebidas, chicles o cafés.
  • Disponibilidad. La signatura pendiente del país, nadie se va de casa ni recorre más de 20 kms para ir al trabajo, pero eso se arregla con los años, la pareja tira mucho y hay que pagar hipotecas. 
  • Autonomía. No se trata de alimentar el egoísmo porque cada uno va a la suya, pero el que piensa además de actuar vale un poco más. 
  • Trabajo en equipo. Eso es clave a no ser que sea un genio y pueda permitirse estar encerrando, pero se le exigirá creatividad e innovación. 
  • Comparta conocimiento. Eso sólo depende de que quiera hacerlo, o sea, que esté motivado, que disfrute de lo que hace y que se sienta querido, así de claro. 
  • Crea valor porque la recepcionista es tan importante como el director de área, su sonrisa puede hacer clienting mejor que nuestro serio director financiero. 
  • Formación continuada, que tenga ganas de aprender aunque sea para mejorar la nómina. Hay pocos filósofos pero enseñar es motivar.
  • Implicación. Esto es casi lo más importante porque sin actitud lo demás no vale, y podemos practicarlo desde el principio con la selección.
  • Si las puertas de la empresa se abren con la selección, entonces, ¿por qué muchas empresas pierden su tiempo haciendo una tarea que no es la suya? En mi opinión, recursos humanos debe controlar, dirigir el proceso de selección, pero no necesariamente debe hacerlo directamente, sobretodo en las pymes es más rentable dedicar el tiempo y el esfuerzo en temas propios de la actividad, el care bussines, y dejar que los expertos se ocupen de la selección porque es clave, cuesta mucho tiempo dinero y nos la jugamos mucho. 

    Cada persona que no funciona en la organización es un fracaso evaluable y caro que además, deja secuelas. Supongo que ya somos mayorcitos para saber que el “mejor” no siempre es el “adecuado”. Si todos quisiéramos el mismo perfil nunca tendríamos paz, hay una cuestión de física y química, como en el amor. 

    LA CAZA DEL TALENTO

    Pero desde las empresas podemos hacer algo para ser digamos “atractivas” a esos perfiles potenciales que están en el mercado. De hecho, ya lo hacemos, el benchmarking humano funciona y los headhuntings viven de eso. Si tienes lo que necesito voy y te lo quito, la suerte es que no siempre funciona si no, la mayoría seríamos perdedores, bendita química. 

    Una empresa debe tener un proyecto empresarial claro y conocido porque esto atrae. 
    También debe contar con valores, una ética que se corresponda y que además, sea congruente. No me refiero a lo que cuentan por televisión algunas multinacionales y no quiero señalar, hablo de valores, vamos, eso de tratar bien a la gente o como mínimo escuchar, qué difícil resulta escuchar ¿verdad?

    Debe ser capaz de trascender a las limitaciones del mercado, por tanto ser proactiva, descubrir y llamar a aquellos trabajadores que pueden ser útiles en nuestro proyecto. 
    La imagen de marca es importante, sobre todo si es conocida, aunque no tengamos el orgullo de pertenencia de los nipones. La gente le supone cierta dignidad estar en determinada empresa reconocida y solvente. 

    Naturalmente en esta carrera por el talento tendrán ventaja aquellos que aprendan antes a gestionar la diversidad y valorar las actitudes, por ejemplo el sector domiciliario y de salud se está salvando gracias a cuidadores sudamericanos y la hostelería otro tanto.

  • RETENER EL TALENTO 

    No existe mejor fórmula para retener a la gente que la capacidad que se tenga para cumplir las expectativas de los demás. Si consigues tener lo que el otro piensa que necesita, aunque esté equivocado, tienes la fidelidad asegurada hasta que alguien le convenza de que necesita otras cosas. Ese fenómeno ocurre con frecuencia y he tenido ocasión de estudiarlo con la proliferación de emigrantes para servicio doméstico en los años 90. Me contaban clientes y amigos que en los primeros meses, diríamos de adaptación, las asistentas apenas salían al exterior, estaban centradas en su trabajo y eran poco reivindicativas, después todo cambiaba y al final en algunos casos se rompía la relación. Creo que esto es natural, humano y hasta bueno, porque pertenece a la evolución humana y siempre aspiramos a un poco más. 

    En la empresa existe un círculo para gestionar el talento y que permite retener a la gente.

  • Una selección adecuada y una buena integración. Para mí, el proceso de selección resulta clave por las razones que justificaba anteriormente. Muchas veces se confunde lo deseable con lo real y éste es el error. Tener identificado el puesto de trabajo y sus funciones son claves para asegurar cierto éxito en la selección. No puede mantenerse a alguien detrás de un teléfono que no le guste a la gente porque su sonrisa inexistente la “verá” el cliente. A menudo, esperamos cambiar a la gente desde dentro, cuando lo ideal es contratarlos como desearíamos que fueran y aceptarlos así.
  • Gestionar su rendimiento y desarrollo. Hay que entender que detrás de cada persona existe un proyecto personal que debe cumplirse. La mayoría esperan seguir formándose si el aprendizaje les permite sentirse mejor y que además, ello sea relevante, pero nos gusta participar en nuestra propia formación. No es lo mismo “te convendría hacer” que “quiero hacer”. 
  • El Reconocimiento. Todos necesitamos saber qué se espera de nosotros al entrar en una organización. Naturalmente es más fácil decirle a alguien que está equivocado que averiguar qué razón está detrás. Sabernos reconocidos nos hace sentirnos más seguros, por tanto, seremos más permeables a los cambios, incluso podemos ser emprendedores y también contribuir a innovar, porque nos sentimos parte de algo propio.
  • Compensación y beneficio, y no me refiero solamente a euros. Las personas aspiramos a diversas formas de compensación, el reconocimiento era una de ellas, pero el derecho a la transparencia, la comunicación, el sentirse implicado en los resultados de la empresa, no se trata de cuánto nos cuesta sino cuánto nos hará ganar. A veces queremos que los colaboradores sean cómplices, pero los pagamos como sicarios.
  • Por último existe un elemento clave en todo este proceso y éste no es otro que los jefes. Nadie puede retener mejor que el líder. No basta con tener buenos directivos  porque además de las tropecientas cualidades que cada gurú nos explica como propias del liderazgo, al final todo pasa por la capacidad para gestionar personas, emociones y sentimientos, porque sólo la gente influye sobre la gente y no las cosas. Quizás debamos rodearnos de líderes que sepan lo necesario, pero que sean capaces de generar buen clima, que demuestren que la cultura del esfuerzo sigue siendo la mejor práctica ejemplar y aunque no posean demasiados másters, tengan muy claro que al final todo consiste en tener muy claros los objetivos y llevarse bien unos con otros, porque seguimos siendo tan humanos que nos basta con sentirnos respetados y escuchados, para caminar juntos. 

    La guerra por el talento ha empezado.

Los vendedores de sueños

Uno de los  genios del marketing  Gian Luigi Buitoni , habla del “Dreamketing”,  según él, la clave del éxito  reside en detectar cuales son las ilusiones y los sueños del cliente  y una vez conocidos  , se trata simplemente , de intentar corresponderlos.

No le  falta razón a este teórico , a la vista de lo que está ocurriendo a nuestro alrededor  , no sólo en la venta  de productos y servicios , sino de forma especial en el mundo de los masters e incluso de  la formación en general .

En los últimos tiempos  y de la mano del  consumo más siniestro , me refiero naturalmente al vicio hedonista de comprar lo que no hace falta, estamos asistiendo a un proceso de “guerras de precios” en el mundo de la formación , al que no estábamos acostumbrados.

Está claro que, las universidades privadas ,tienen derecho a su cuota de mercado y que desde una óptica mercantil , todo el mundo aspira a hacer algo  que tiene valor para alguien-cliente- que lo paga , pero , si  entendemos la formación como un camino  para desarrollarnos como personas y  obtener  los suficientes conocimientos para hacer algo útil , que nos permita obtener beneficios suficientes para vivir y ser felices, entonces,  el tema debe trascender al simple consumo.

Históricamente , los modelos de sociedad se sustentaban  sobre los valores dominantes  , en nombre de determinados valores se conquistó medio mundo , se sometió a la gente ,y se trató de cambiar la forma de pensar , pero en todos estos ciclos , siempre existieron pequeños segmentos de la población, que nunca se sometieron a las ideas impuestas , quiero recordar una frase de Miquel de Unamuno, pronunciada en octubre ,pero , hace 70 años “vencereis pero no convencereis” tambien tenía que ver con la imposición de las ideas de otros y  era el preludio de una guerra desgraciada , entre gente hermana ,por suerte la guerra del marketing es menos cruenta , al menos en términos de seguridad ,pero puede resultar  igual de dolorosa para la mente de algunas generaciones  de jóvenes , que  se dejan atrapar por las redes de alguna profesión con el único incentivo de atrapar los sueños de otros.

Creo que estamos viviendo un momento muy especial , ya que jamás dispusimos de tantas herramientas  ,ni tanta tecnología en nuestras manos en forma de información y facilidad para compartirla  instantáneamente , y eso  puede ser maravilloso, siempre y cuando sepamos utilizarlo  a favor de cada uno de nosotros .

Contar con mayores conocimientos debe permitirnos elegir mejor para ser más felices, así de simple y tambien así de complejo , porque muchos de nuestros alumnos, tiene la opción de escoger como desean que sea su vida  en el futuro  y esto es más importante que suspirar simplemente por la posesión de una cuenta corriente.

Las empresas son cada vez más selectivas, especialmente en la lucha por retener el talento ,ya no se buscan simplemente “brazos” para trabajar , eso es relativamente fácil puede comprarse aquí o incluso externalizarse , pero el talento depende del compromiso personal y  lo mismo que la confianza o una simple sonrisa, no pueden comprarse.

Por tanto ,sólo existe una forma de elegir bien  cuando se tiene la posibilidad de hacerlo y ésta consiste en hacerlo a favor de uno mismo,hay que descubrir ,cuales son nuestra verdaderas competencias, en que somos mejor que otros , desarrollarlas a través de la formación útil y la experiencia,apostando porque alguna empresa  compre y pague por tener profesionales  que disfruten haciendo lo que hacen , porqué en eso consiste el verdadero talento.

Por último  diría que  es perfectamente compatible el marketing con un proyecto académico , pues la motivación ,es un  pequeño duende muy perezoso, que se despierta caprichosamente  ,con la fantasía  y el aliento de otras personas cercanas, como los progenitores ó los maestros . Debemos pues, aspirar a formar  auténticos profesionales, como aquellos que demuestran lo que saben hacer y son capaces de compartirlo con los demás, pero tratando que además  sean también, mejores como personas.

Y… algo más sobre los masters

La verdad es que el tema de los masters y los postgrados cada vez está influyendo más en nuestra sociedad y cuando me refiero a la parte social es porque no toda la influencia es positiva como sería de esperar. 

No me corresponde a mí juzgar los masters y postgrados del mercado. Yo mismo poseo algunos y soy profesor de otros, pero la automatización del mercado que se está produciendo al abrirse el mercado universitario y otras ofertas educativas, está sembrando de dudas tanto a clientes como – y esto es lo preocupante – a los auténticos evaluadores, o sea las empresas. 

Atrás han quedado los tiempos en que un simple master abría las puertas de un empleo fijo de la misma forma que las licenciaturas tampoco garantizan empleo de por vida. El problema es que ni en uno ni en otro caso la suficiencia académica equivale al saber hacer que es lo que quieren los empleadores. 

En realidad el primer problema es de semántica porque la “maestría” como tal debería corresponderse con la experiencia profesional, con un saber hacer acreditado y que cuenta con el reconocimiento social. 

Por el contrario conozco mucha gente que posee 2 masters o postgrados antes de llegar a la treintena de edad y aún no ha empezado a trabajar. Sin ningún ánimo peyorativo, es un fenómeno social similar al de “esos famosillos” que salen y cobran de la caja tonta sin otro mérito o prestigio que la oportunidad de arrimarse a la popularidad de otro. 

Con ello pretendo simplemente evitar que muchos lectores de este portal que se enfrentan a la realidad de emplear parte de su tiempo a un programa de este tipo lo hagan con el convencimiento de que les sea realmente útil. 

Antes de realizar un master es muy importante descubrir el idóneo. Naturalmente, es muy difícil elegir sobre lo que no se conoce creyendo que en la búsqueda hallaremos la solución. Es lo mismo que “liarse con otro/a” por internet ya que el mutuo conocimiento requiere comunicación y en relaciones personales es el conjunto de la persona mostrada presencialmente la que nos mueve o conmueve hacia los sentimientos. 

En los casos en que no esté claro el fin, más vale no perder el tiempo desde el principio. Sería el caso por ejemplo de un psicólogo industrial que cursa un master de dirección en recursos humanos y no le gustan ni la formación ni las relaciones laborales. Obviamente, un conocimiento global de la función es interesante pero en el futuro el desarrollo de planes de carrera la evaluación de la eficacia funcional y la realidad contractual pueden ser más necesarios que la selección pura a menudo subcontratada fuera de la empresa. 

Por tanto, hay que estimular el camino de la proximidad tratar de saber más sobre lo que ya conocemos y creemos mejorar pero sobre todo es importante que exista una química con las posibilidades que nos ofrecerá lo aprendido en el post-grado. 

Otro tema importante sería la oportunidad del momento. Para mí, lo ideal sería realizar estos programas una vez existe una experiencia laboral y precisamente durante la misma. Lo ideal sería estudiar y al mismo tiempo experimentar en un ámbito real lo que estamos descubriendo. Por tanto, debemos elegir lo que nos guste, hacerlo mientras trabajamos. 

Finalmente existe el punto clave que se corresponde con la motivación. ¿Qué podemos hacer para motivarnos?, naturalmente esto es una percepción muy subjetiva, pero podemos ayudar. Búscate un master cómodo en horario, en distancia, en su contenido con mucha práctica y que esté relacionado con lo que hagas o pienses hacer. 

Por fin llegamos a la elección del centro. Por mi parte quiero pensar que todas las instituciones son serias y profesionales. Obviamente las referencias de otros alumnos sirven. Vale la pena releerse el programa y buscar la coherencia entre contenidos y deseos. La acreditación del centro ayuda pero no decide en un proceso de selección a un puesto de trabajo. 

Por desgracia, al final como en casi todo en nuestra fugas existenciales lo que cuenta es el resultado. En la vida encontrarás muchas personas con más de veinte años de trabajo que dicen tener experiencia, pero descubrirás que para algunos de ellos su experiencia no es otra que el haber repetido una rutina “tropecientas” veces, ya que no aprendieron nada y se limitaron a repetir lo que hacían mal. 

Tú amigo lector, debes procurar ser de los otros los que analizan sus errores y al final perfeccionan un sistema propio para crecer personalmente. Un master puede ser una muleta que te ayude a caminar o el pretexto para que te olvides de seguir formándote, tú acabas decidiendo pero las empresas también lo harán.

El currículo te abre la puerta

Hay quien piensa  con razón, que la comunicación escrita , puede ser  más importante que  la visual,porque permite imaginar al receptor sin verlo, Oscar Wilde , llegó a decir que una sola gota de tinta puede cambiar la forma de pensar de  un pueblo.

Cuando escribimos nuestro Currículo Vitae (C.V.), en realidad ,hacemos una carta de presentación en el  mundo laboral  de lo que somos y hacemos ,por tanto,aún ignorando en que forma y por quien será leído , debemos cuidar su redacción,ya que es la primera imagen que se percibe,de cada uno de nosotros.

Lo primero que debes saber,es que en un currículo , es más importante el “vitae” que el  “curriculo” ,  las empresas anteponen lo que sabes hacer ,lo que quieres aprender y tu actitud , a  la historia de tus conocimientos, por tanto,además de la forma,tambien cuentan  las emociones.

Teóricamente el C.V. ,  debe tener 4 partes.

  1. Quieren saber quien eres , donde vives  , como localizarte  y conocer si eres el/la que buscan , por tanto , nombre, apellidos, domicilio, teléfonos, e.mail  y arriba a la derecha de la  hoja , un retrato ,  bien definido, que muestre algo tu personalidad  y tus emociones, una  estética correcta , bien peinado/a, imagen transparente , ojos abiertos y sonriendo , pues la sonrisa relaja  y te hace más contratable.
  2. Interesa tu historia académica, que conocimientos has adquirido  y donde lo has hecho , de forma cronológica,lo último es lo primero que debes poner,estudios reglados,duración  de ciclos formativos , desde que  empezaste a elegir .
  3. Tu carrera profesional , si la tienes , en el mismo orden , empezando por lo último que has estado haciendo, no te apures por los cambios , siempre que puedas justificarlos , no hace falta poner salarios y horarios, pero sí, el nombre de la empresa ,  función laboral y posibles referencias.
  4. Datos complementarios, relacionados, con  habilidades, formación complementaria , tus gustos , hobbies  y también tus intereses ,ya que todo tiene relación entre sí , si te gusta el alpinismo, asumes el riesgo, si corres maratón, conoces la soledad,si juegas a fútbol,te gusta el equipo,si  eres músico, eres sensible , todo eso forma parte de tu vida  y nos interesa saberlo.

Por último, siempre que dirijas tu C.V. a una oferta de trabajo, debes incluir una carta , en lo posible, escrita a mano y firmada , allí destacarás porque  te crees  adecuada/o a la oferta, y si puedes , convence para que te llamen a una entrevista.

Mucha gente cree equivocadamente que el C.V. es algo estático,como un formulario, pero en realidad, es  la  única forma que tienes de empezar un proceso selectivo de verdad, y sobre todo de llegar a la entrevista que justifique  tu  candidatura.

Piensa que cada persona es única e irrepetible , los que ofrecen empleo, desean comprobar que “tú” y sólo tú, eres la persona que buscan .

Por último, algunos errores que debes evitar al hacer tu currículo.

  • Nunca más de 1 ó 2 hojas, no cuentes la historia de tu vida, sé breve ,completo y fácil de leer .
  • Olvídate de papeles de colores, ortografia rebuscada o letra miniatura , no  se trata de diseño , sólo es una tarjeta de presentación.
  • Adáptalo a cada oferta, enfatiza, en tu recorrido profesional y tu formación complementaria(idiomas informática..)para adaptarlo mejor al puesto solicitado.
  • Incluye siempre que puedas una carta de presentación ,  con alguna frase, que muestre interés por el puesto y fírmala.
  • No  hagas envios masivos , selecciona las ofertas  y  empresas  más idóneas a tu perfil.

Además de tener preparado tu Currículo, cuelga tus datos  en los buscadores más importantes de internet, tanto nacionales, como locales.

Y una cosa muy importante, confia mucho en ti y piensa si tú contratarías a alguien como tú, la actitud es lo más importante, mientras buscas, ya tienes  el trabajo de buscar trabajo.

Fotocopiando valores

Uno de los  genios del marketing  Gian Luigi Buitoni , habla del “Dreamketing”,  según él, la clave del éxito  reside en detectar cuales son las ilusiones y los sueños del cliente  y una vez conocidos  , se trata simplemente , de intentar corresponderlos.

No le  falta razón a este teórico , a la vista de lo que está ocurriendo a nuestro alrededor  , no sólo en la venta  de productos y servicios , sino de forma especial en el mundo de los masters e incluso de  la formación en general .

En los últimos tiempos  y de la mano del  consumo más siniestro , me refiero naturalmente al vicio hedonista de comprar lo que no hace falta, estamos asistiendo a un proceso de “guerras de precios” en el mundo de la formación , al que no estábamos acostumbrados.

Está claro que, las universidades privadas ,tienen derecho a su cuota de mercado y que desde una óptica mercantil , todo el mundo aspira a hacer algo  que tiene valor para alguien-cliente- que lo paga , pero , si  entendemos la formación como un camino  para desarrollarnos como personas y  obtener  los suficientes conocimientos para hacer algo útil , que nos permita obtener beneficios suficientes para vivir y ser felices, entonces,  el tema debe trascender al simple consumo.

Históricamente , los modelos de sociedad se sustentaban  sobre los valores dominantes  , en nombre de determinados valores se conquistó medio mundo , se sometió a la gente ,y se trató de cambiar la forma de pensar , pero en todos estos ciclos , siempre existieron pequeños segmentos de la población, que nunca se sometieron a las ideas impuestas , quiero recordar una frase de Miquel de Unamuno, pronunciada en octubre ,pero , hace 70 años “vencereis pero no convencereis” tambien tenía que ver con la imposición de las ideas de otros y  era el preludio de una guerra desgraciada , entre gente hermana ,por suerte la guerra del marketing es menos cruenta , al menos en términos de seguridad ,pero puede resultar  igual de dolorosa para la mente de algunas generaciones  de jóvenes , que  se dejan atrapar por las redes de alguna profesión con el único incentivo de atrapar los sueños de otros.

Creo que estamos viviendo un momento muy especial , ya que jamás dispusimos de tantas herramientas  ,ni tanta tecnología en nuestras manos en forma de información y facilidad para compartirla  instantáneamente , y eso  puede ser maravilloso, siempre y cuando sepamos utilizarlo  a favor de cada uno de nosotros .

Contar con mayores conocimientos debe permitirnos elegir mejor para ser más felices, así de simple y tambien así de complejo , porque muchos de nuestros alumnos, tiene la opción de escoger como desean que sea su vida  en el futuro  y esto es más importante que suspirar simplemente por la posesión de una cuenta corriente.

Las empresas son cada vez más selectivas, especialmente en la lucha por retener el talento ,ya no se buscan simplemente “brazos” para trabajar , eso es relativamente fácil puede comprarse aquí o incluso externalizarse , pero el talento depende del compromiso personal y  lo mismo que la confianza o una simple sonrisa, no pueden comprarse.

Por tanto ,sólo existe una forma de elegir bien  cuando se tiene la posibilidad de hacerlo y ésta consiste en hacerlo a favor de uno mismo,hay que descubrir ,cuales son nuestra verdaderas competencias, en que somos mejor que otros , desarrollarlas a través de la formación útil y la experiencia,apostando porque alguna empresa  compre y pague por tener profesionales  que disfruten haciendo lo que hacen , porqué en eso consiste el verdadero talento.

Por último  diría que  es perfectamente compatible el marketing con un proyecto académico , pues la motivación ,es un  pequeño duende muy perezoso, que se despierta caprichosamente  ,con la fantasía  y el aliento de otras personas cercanas, como los progenitores ó los maestros . Debemos pues, aspirar a formar  auténticos profesionales, como aquellos que demuestran lo que saben hacer y son capaces de compartirlo con los demás, pero tratando que además  sean también, mejores como personas.

La trampa de la innovación

Me asusta que me hablen tanto de la palabra innovar ,porque temo que vaya a gastar y no es por falta de fe , todo lo contrario, donde estaríamos sin la evolución , usted y yo, lo hacemos todos los días mejorando inconscientemente los hábitos aprendidos y buscando controlar el tiempo que no tenemos ; pero, como ocurre con las modas , veneramos las genialidades simplemente por la novedad y con ello inducimos a pensar que lo que veníamos haciendo era erróneo , sin pensar , que si todos fueran geniales, nadie aplaudiría y con ello se mataría el éxito de público que es la justificación de sus creaciones.

La explosión de los genios sirve para cambiar moldes y para replantear las cosas , el problema reside en que, no hemos tenido tiempo de asumir la evolución reciente , de hecho, en menos de 100 años, hemos pasado de ir a caballo a mandar turistas a la luna ,por ello , no debemos caer en el pecado de innovar, sin entender porque lo hacemos.

Está bien que existan genios como Ferrán Adría , pero no podemos cocinar todos ,con nitrógeno líquido , ni sustituir la sartén por un sifón de gas ó meter un laboratorio en la cocina , no caigamos en el tópico del snobismo innovador,pues, de la mayoría de “máquinas domésticas” que utilizamos , apenas aprovechamos un 10 % de sus funciones, por tanto,lo nuevo es bueno,pero, lo clásico a menudo, también lo es.

Con la gestión de personas puede suceder algo parecido , porque se nos llena la boca hablando de conocimiento, talento , headhunters ó liderazgo y al final ,resulta que la mayoría de la gente prefiere obedecer a mandar , pocos renuncian a un tiempo de ocio para formarse , se están conjugando ecuaciones imposibles, como aumentar la productividad en base a trabajar menos,o comprar el futuro sin poseer el presente ,hay directivos que siguen teorías de gurús, imposibles de aplicar ,ya que sólo pertenecen ,a las experiencias individuales de otros y por tanto para ellos , nunca serán lo mismo.

Es como aprender a jugar a fútbol con un video de Ronaldinho,o Zidane ,descubres el resultado de una buena aplicación, pero si intentas copiarlo, te das cuenta que,solo aprenderás según tu talento y equivocándote a menudo ,por suerte , no todo es imitable.

La innovación es necesaria ,pero puede pervertirse como ocurrió con la dinamita del pobre Nobel-pobre por las consecuencias de su invento- o la energía nuclear, pues todo lo que ayuda en medicina ,se pierde al usarse como arma, simplemente, porque no venía el manual de uso . Lo cierto es que, cada persona, reacciona de forma distinta ante hechos nuevos, como en la vida real , es algo parecido al miedo , lo sentimos emocionalmente antes de que lo racionalicemos.

Naturalmente que todas la empresas tiene que innovar , aplicar nuevas tecnologías y crecer , pero todo ello, debe hacerse a partir de las personas que deben aplicarlo y no al revés, es la innovación por presión no funciona ,de la misma forma que no funciona el código de circulación mientras no aprendamos a autolimitar la velocidad del coche sería como, ir a la universidad sin haber estado en el instituto.

Concluiría parafraseando algo que oí hace tiempo y decía ,“innovarse o morir, pero morir no es una opción”,yo añadiría que , cuando se trata de innovar sin que exista la base y la actitud necesaria para hacerlo, tampoco es una opción.

Que inventen otros

Que somos un país de recursos, no sorprende a nadie, ni tampoco el que mantengamos en los últimos años una bonanza económica, sin embargo para ello estamos agotando todos los recursos y estamos en la cola en innovación o sea, que los famosos valores añadidos que deben permitirnos competir en un mundo global debemos pagarlos o copiarlos de los demás.

La verdad es, estamos en manos de los especuladores, especialmente en materias primas y energía y nuestra economía descansa sobre dos pilares tan frágiles como una nueve de humo, la construcción ligada al fenómeno, de momento imparable, de la inmigración de trabajadores o el precio del dinero y el turismo, gracias al hermano sol y buenas estructuras que ya están imitándose en todos los países del sur del mediterráneo además, de los mercados emergentes del Caribe o Asia.

Se acabo la competitividad, al pagar un euro por un café y sobre el servicio, la mayor dependencia es de los inmigrantes, porque disminuyen las vocaciones locales entre la juventud, para trabajar mientras otros se divierten además, nuestra evolución social ha desarrollado una fuerte clase media en la que todos son propietarios de piso, coche y visa y esos de servir, siempre lo hemos confundido con el servilismo, no vamos tan bien como creemos.

Si asimismo que una sociedad debe asentarse en sus valores, su conocimiento y su actitud frente a la vida , por citar tres bases trascendentes. 

Resulta que de valores, andamos mal, incluso peor que nuestros vecinos, la iglesia hace aguas entre la sociedad y le resulta imposible conjugar estos principios tradicionales, como la ética, la familia o incluso la cultura del esfuerzo con una sociedad que se obstina en no querer comprender, en donde los mensajes contra el divorcio, la sexualidad o incluso el clasismo se sobreponen a las respuestas sobre la defensa frente a la manipulación del consumismo y la tolerancia y que parece haber perdido la capacidad de escuchar la realidad social.

Tampoco van mejor las cosas en el conocimiento, nuestros jóvenes siguen viendo la universidad como la gran panacea que garantizará su futuro y viven sobreprotegidos creyendo que con un título y un par de masters tendrán la calidad de vida de sus padres, pero nadie quiere pagar el precio de aprender a equivocarse y trabajar a menudo en algo que te gusta poco y comprometerse. En cuanto a la formación profesional sigue deficitaria porque no cuenta con las estructuras y el respaldo social que merece. ¿Dónde están los aprendices? Se sigue rindiendo culto a la corbata, al buen coche ó al PC, mucho más que al furgón y la caja de herramientas.

Además, se esta propagando peligrosamente la cultura del poco esfuerzo, o sea, conseguir cosas gratis, empezando por los papás que regalan cama y comida hasta los 30 años, el pluri-consumo ilimitado, de la calle que va desde el TOP-manta a los pantalones a 10 euros y eso evidencia dos cosas, que es posible vivir sin trabajar y que todo tiene un precio que al final se acaba pagando en “euros”. Si a ello sumamos referentes como la plaga de prejubilaciones de los últimos años , veremos cuantos nuevos trabajadores vamos a necesitar, supongo que la mayoría inmigrantes para pagarnos la futura jubilación.

Pero la perversión de esta formula es mucho más grave porque contagia a los jóvenes abocados en la resolución de una ecuación imposible que, consiste en alcanzar la prosperidad en una sociedad cada mes más preocupada en trabajar menos y dedicar más tiempo al ocio y por otra parte, debiendo soportar obligaciones hipotecarias y créditos, que superan en la mayoría en muchos casos, el 50 % de ingresos por familia.

Debemos reconocer de una vez, que somos un país tremendamente frágil y vulnerable con cuestiones pendientes desde hace siglos, sin revolución industrial ni social, marcados por una cultura basada en gran parte en el vivir a costa de otros, o el moderno pelotazo, nos acostumbramos igual que en el siglo 16 a sobrevivir con el oro que llegaba de las Américas, mientras, sigue la incomprensión y el divorcio entre las comunidades y somos incapaces de bajar un solo peldaño para tratar de entendernos con el vecino, el colega o nuestros hijos .

Probablemente mi planteamiento sea algo radical, pero es obvio que esta sociedad necesita alguna reacción, no sea que al final nos muramos de éxito.

Siempre aprendí que la mejor forma de resolver un problema consiste en plantearlo, y quizás ya toque hacerlo individualmente. Hay que hablar menos y pensar, inventar y realizar más, exprimir el talento, pensando que lo bueno para los demás es bueno para nosotros. Las empresas siguen aún dudando en dar más formación, por si se les van los trabajadores a la competencia y eso es un planteamiento erróneo, porque es más caro mantener una máquina obsoleta que adaptarla cada día.

Reconocer de una vez, que el euro no equivale a 100 de las antiguas pesetas sino casi 170 y eso es lo que ha subido la vida, que somos un gigante económico con los pies de barro porque ni la construcción, ni el turismo, nos garantizan el futuro.

Fíjese querido lector que los mejores obras artísticas siempre están relacionadas con la época de escasez porque el hambre agudiza el ingenio, los mejores discos, los mejores cuadros, las mejores películas siempre tienen que ver con el inicio, o la primera parte, después desde el éxito es más incómodo ser creativo, por eso, las segundas partes nunca superan las primeras. Nos acomodamos a lo fácil y en esta sociedad utópica del bienestar probablemente, hemos tirado los brazos mucho antes de haber llegado a algún sitio.

Por último, y solo como referente, toda sociedad necesita unos modelos. Por desgracia, esos aquí nadie conoce a un premio Nóbel, un investigador o un innovador, sino que los modelos a imitar forman un claro abanico, aireado por la prensa rosa, que va desde las modelos casi anoréxicas a futbolistas mil millonarios, consejeros de sociedades que siempre han sido ricos y que no saben que hacer con su dinero y encima los famosos que viven sin trabajar.

No envidio para nada a los americanos, pero aunque sea solo un referente, en aquel país, alguien que quiere trabajar tiene la oportunidad de hacerse rico y eso es un referente para los demás. Allí se admira el esfuerzo individual aquí, simplemente se envidia lo que tiene el vecino.

Cómo atrapar el conocimiento

Existe una auténtica convulsión dentro del mundo empresarial por atrapar el conocimiento de las empresas o mejor dicho de las personas como únicas poseedoras del mismo. Esta obsesión viene justificada porque finalmente las corporaciones con independencia de su dimensión han descubierto, antes también lo sabían pero no se habían enterado que debían ser competitivos para estar en el mercado, que la competitividad no es una cuestión de precios sino de valores y que para vender más es necesario dar más valor añadido pero a menor coste, o sea gastando menos y aprovechando todos los medios que se poseen, especialmente los ocultos, como el talento de las personas.

Por otra parte cuando las grandes compañías dejan de pensar en la innovación tecnológica, necesaria pero no suficiente en los activos dinerarios también muy necesarios pero relativamente fáciles de adquirir, bebiendo de las muchas fuentes de financiación, actualmente muy asequibles, cuando además la multidistribución ya no es suficiente porque compramos el pan en la gasolinera y la reinventada publicidad ayuda pero no decide la compra.

Entonces, los managers y dirigentes, azuzados por los gurús que poseen la ventaja de dar consejos sin jugarse su propio dinero, empiezan a pensar en el potencial incalculable que representan el bien denominado capital humano de su propia plantilla y es que José, Yolanda, Marcos, Vicente o María, además de simpáticos y competentes colaboradores, responsables de área y/o de función laboral, son también un pozo de sabiduría individual, susceptible de ser explotado, se redescubre el conocimiento que se posee en la propia organización y en el que nadie piensa precisamente porque está demasiado cerca. 

El paradigma consiste en descubrir la forma para que éste aparezca, circule, sea compartido por los demás y se desarrolle en beneficio para la empresa.

Sin duda la idea no es nueva, nuestros clásicos desde sus ágoras se bañaban en conocimientos compartidos, bajo fórmulas de interrogación permanente y etiquetados como filosofía. Las tertulias no representaban otra cosa que compartir unos de otros, como los artesanos con sus aprendices, pero la comunicación sintética, ya sea bajo formas de ondas de radio, televisión u otro medio emisor, impiden por su ausencia de interactividad el contraste con el receptor, y por tanto la idea se pierde, la influencia se escapa, no hay réplica ni feed-back, y no se alimenta el conocimiento.
La fórmula podría ser simple, atrapemos el conocimiento de la forma más simple recuperando la comunicación y el diálogo, generando proactividad, implicando unos y otros, reinventando el viejo foro en las empresas, ya sea a través del trabajo en equipo, los grupos de calidad, workshops o la simple comunicación interna, pero esto sí, con un guión y una finalidad, porque nada funciona sin orden, que existe un conductor o responsable del grupo, unos objetivos, una metodología, respetando turnos de opinión, que haya una evaluación, se comuniquen los resultados y no se olvide el seguimiento.

Naturalmente el conocimiento está dentro de cada persona y además es inagotable, Bill Gates decía en Madrid que las máquinas no aprenden, simplemente actúan según se les programa, las personas sólo aprendemos desde los puestos de trabajo, incluso, estamos dispuestos a compartir el conocimiento, sólo necesitamos que alguien en quien confiamos nos convenza para que lo busquemos.

El fútbol y la empresa

Últimamente se han descubierto las enormes coincidencias que existen entre la práctica del deporte profesional y la vida empresarial , eso tendría poco mérito sino fuera porque se está generando una cultura de formación a directivos aplicando algunos principios reservados en principio al ejercicio deportivo.

La conexión es fácil porque el ser humano vive relacionado con todo lo que le rodea, por otra parte, mente, cuerpo y espiritualidad configuran el triángulo de la aspiración vital en armonía.

En mi limitada experiencia como veterano y aún practicante del fútbol que es uno de mis vicios ,he observado con el tiempo que la gente se mueve y actúa en la competición deportiva de la misma forma que lo hace en su vida normal y tengo pruebas de ello, viendo a personas que conozco desde hace años en el ámbito laboral, he comprobado que aquel que no “suelta la pelota para nada” en la empresa no delega y es muy individualista.

También, el que es muy fantasioso y poco efectivo, reproduce sus filigranas en la escasa concreción cuando debe tomar decisiones, el marrullero ,lo es también en el trabajo en equipo y en cambio el buen asistente de campo siempre reparte juego para los demás, colabora, aporta valor y mejora el trabajo de todos.

Para buscarle una aplicación práctica, me atrevería a decir que las personas en nuestro comportamiento social, y específicamente en la traducción del mismo al servicio de una corporación funcionamos siempre mejor en la medida en que existe una congruencia interna entre lo que queremos hacer realmente, lo que hacemos y la forma en que todo ello llega a los demás.

La gente que nos dedicamos a observar a los otros con un fin tan leal y rentable como sería colaborando al descubrimiento de sus propias competencias para tratar de mejorarlas, por la vía de la formación, el mentoring o el coaching, acostumbramos, al menos yo lo hago, a tener en cuenta la forma de vida , el entorno y su comportamiento en general porque todo ello es consecuencia de su forma de actuar profesional.

Por ejemplo, si hablamos de valores que es un tema que está tan de moda y que sólo hace falta que se practique, tenemos muy claro que la única forma en que éstos se manifiestan no es otra que a través de la conducta de alguien, por tanto, es fácil adivinar si un líder realmente dirige con valores o se escuda en ellos para manipular a su gente. Basta con saber cómo vive, cómo trata a su pareja y a sus hijos porque casi todo es congruente a no ser que sea un psicópata.

Y si nos referimos a emociones, ya es hora de creerse que el triunfo tiene mucho que ver con la habilidad para racionalizar y provocar emociones en los demás , aceptemos que para entendernos mejor, siempre será más fácil con gente capaz de ponerse en nuestro lugar, no puedes comprometerte a algo que no te interesa y una cosa más, todo eso puede aprenderse. 

Me temo que como me ocurre a mí, todos recibimos diariamente convocatorias a cursos , seminarios, charlas , masters, como nunca había pasado, eso se debe a dos factores, la velocidad mediática y la competitividad, pues a más innovación, más globalización, más mercados, más gente a quien vender y además más patrones a copiar y con mayor facilidad, pero quizás olvidamos varias cosas, la primera que no todos somos ronaldinhos, por desgracia, ni por talento, ni sobre todo por esta sonrisa única que le proporciona haber descubierto que sabes hacerlo mejor, de forma genial, disfrutar con ello y que te paguen una millonada.

Veo a muchos ejecutivos en los aeropuertos devorar 2 y 3 libros de autoayuda , como si allí existiera la panacea del bien hacer, pero a lo mejor, deberíamos ser algo más realistas, ni una empresa, ni siquiera un ser humano se hacen a golpe de manual, los modelos de otros casi nunca son copiables porque como decía Ortega, somos cada uno con nuestras circunstancias y por último, los libros simplemente, no enseñan, algunos, los muy buenos, llegan a motivar para aprender después practicando.

Lo bonito que tiene el deporte es que sólo compruebas los resultados, disputando la competición, en mi experiencia actual pues, se suda, se sufren patadas y aunque trates de aplicar lo de Cruyff ”dejando que corra la pelota” a mis años, pues miré usted, no somos el astro holandés, hacemos lo poco que sabemos y faena tenemos para acabar en la cancha, porque el espectáculo de verdad, consiste en reunir a 7 “locos sesentones” verlos correr detrás de una bola y meterla entre 3 palos, pero eso sí, con dignidad y sorteando al competidor, más o menos como en el mercado.

Finalmente, quiero quedarme con algunas conclusiones, la primera, trabajar con gente es necesario , por tanto mejor que sean personas con la que te lleves bien ,segundo, en cada equipo uno sabe hacer bien algunas cosas, por tanto lo natural y más eficiente consiste en que cada cual se ocupe de hacer bien lo que sabe hacer, tercero, no obsesionarnos con los liderazgos porque la mayoría no quiere mandar, prefiere obedecer, repartamos los rols no por lo que saben, ni siquiera por lo que saben hacer, sino, por lo que están dispuestos a aprender, busquemos gente flexible y adaptable y por último, sepamos rodearnos de buenos profesionales, pero que sean mejores como personas.