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En el mundo al revés

Parodiando a María Elena Walsh, no hace falta que los pájaros naden y que vuelen los peces para contemplar que el mundo está al revés porque no podemos evitar levantarnos todas las mañanas dudando del mundo en que vivimos.

Es inútil huir de tanta información que nos asedia pero realmente nunca hemos estado menos informados y cuando más se explota la comunicación, menos se comunica la gente entre ellos.
Todo el mundo desea construir historias de amor pero la gente sólo se quiere a sí misma. Las familias se sacan de encima a sus mayores, abandonan a sus animales y parece que todo se haga a la sombra de las buenas intenciones, pero la humanidad jamás ha vivido en tal estado de caos, desigualdad y odio.

Nunca se vendieron tantos libros de autoayuda como en la actualidad, sin embargo, nadie quiere comprometerse a cambiar y prefiere seguir vagando solitaria o construye su soledad camuflada en las murallas de una casa para la que ha hipotecado la mitad de su vida, y se protege con un vehículo blindado al que llama automóvil cuyo interior personaliza escrupulosamente para que nadie pueda robarle ni el espacio, ni los silencios que 13 altavoces y cientos de watios se ocuparan de apagar.

Casi no hay comunicación porque las palabras se quedan huérfanas en la boca. Apenas se disfruta de la conversación, ya que han sido arrebatadas por el SMS y este pequeño voceador que llevamos en el bolsillo, lejos de convertirse en mensajero para llegar a más gente, disimula la timidez y sólo sirve para apartarnos del calor humano.

Preferimos ver las imágenes detrás de una pantalla para separarnos de la realidad que queremos ignorar y cambiamos el tiempo que necesitamos para nosotros mismos, en dedicarnos a espiar la banalidad de unos fantoches creados por los medios que esconden el vacío de sus vidas, detrás de poses y atuendos que simulan una posición que nunca hubieran conseguido por su talento.

Y nos abonamos a gastar nuestro dinero comprando cualquier disfraz en forma de complementos y vestidos al dictado del marketing del momento que no nos hacen falta y sólo para parecernos a seres híbridos, a menudo anoréxicos y de belleza imposible que esconden sus inseguridades emborrachadas de colores artificiales que se esconden sobre un totalitarismo al que se llama moda.

Y paradójicamente compramos convulsivamente artículos baratos que no necesitamos y viajamos salvajemente sustituyendo el placer de contemplar nuevos paisajes por la satisfacción de conseguir volar por el precio de una buena comida.

Mientras tanto, nos asomamos, a menudo, a través de la caja tonta a un mundo pertrechado de ídolos soberbios y prepotentes que nunca valen lo que cuestan y que pasean sus sueños imposibles por escenarios que sólo pueden disfrutar unos pocos, mientras todos los demás esperamos a que nos lo cuenten.

Parece que aún nos queda la cultura, mientras se mantenga oculta a los ojos del marketing. Siempre he pensado que las mejores canciones de mis músicos predilectos se quedaron dentro y eso me lo dijo un poeta rumbero con nombre de gato y apellido muy común, con algunas copas de más, de esas que no se tienen en cuenta porque la verdad acostumbra a pronunciarse a la sombra de las lunas ciegas.

Y nuestros jóvenes,hace mucho tiempo que no sueñan con la libertad porque simplemente ya la tienen, aunque no les sirva para casi nada porque si no eres capaz de conseguir que tu vida sirva para hacer feliz a los tuyos y mejorar un poco tu entorno, entonces, probablemente sirve de bien poco.

Por eso, no es de extrañar que si todo eso fuera un poco mejor, no me importaría que aprendieran a nadar los pájaros y los peces volaran, simplemente si con ello, consiguieran que el mundo fuera un poco más habitable para la mayoría de la gente. Me dijeron que en el reino del revés nada el pájaro y vuela el pez. Que los gatos no hacen miau y dicen yes porque estudian mucho inglés. Vamos a ver como es el reino del revés.

María Elena Walsh, describió con esta canción una realidad. En el mundo del revés todo anda de forma imprevisible. Por ejemplo: dividimos al mundo en dos dimensiones, donde los mismos individuos tienen comportamientos diferentes, recordemos que nada el pájaro y vuela el pez.

Quizás se esté acercando sin saberlo el día que ni siquiera seamos dueños de nuestros propios sueños, porque alguien inventará un impuesto que nos obligue a pagar por ello, pero, yo por si acaso, prefiero mantenerme despierto todo lo que pueda, no sea que me roben la última palabra, que naturalmente me guardaré para mí.

Temporales pero imprescindibles

El trabajo temporal ha dejado de ser noticia dejando atrás la fama injusta que sólo hace diez años ponían los pelos de punta a la administración o a los representantes de los trabajadores y que fue recurso fácil para cargar los males de la precariedad laboral, para algunos sectores que beben de la demagogia y el panfletismo y que, afortunadamente, hoy forman parte del mundo del trabajo y se consideran hasta necesarias. En la segunda decena de Junio del 94 se promulgaba la ley de Trabajo Temporal (14/94) que culminaba la legitimación de una realidad que la comunidad empresarial estaba pidiendo desde hacía muchos años, ganando por fin una herramienta de gestión de recursos humanos que les permitiría competir en igualdad de condiciones con otros países europeos. Algo habrán tenido que ver las etetés aportando racionalidad y sobre todo flexibilidad en este “nuevo milagro”económico español, contribuyendo al crecimiento sostenido que mantenemos pero del que todos desconfiamos un poco por aquello de la burbuja y tanto dinero barato, aunque preferimos escuchar poco y disfrutar el momento mientras dure. Aunque con optimismo muy moderado, sobre el papel de las etetés, déjeme contarle algunas realidades que se han recuperado gracias a la legalización del trabajo temporal. En primer lugar, se ha destapado una bolsa importante del empleo que no cotizaba. Todos los que llevan años trabajando conocen que en otro tiempo, cualquier punta de trabajo, especialmente en negocios pequeños, se resolvía con el amigo del amigo de la vecina que un día dijo que podía trabajar en sustituciones. Actualmente, la mayoría de trabajos, incluso inferiores a una semana, para una situación de tipo coyuntural, se resuelven a través de un contrato de puesta a disposición celebrado entre tres partes y que garantizan una selección solvente, rápida y eficiente con la garantía de una mediación realmente profesional y su cotización correspondiente. Y ¿qué me dicen de todos aquellos jóvenes que entran por primera vez en el mundo del trabajo, sin experiencia alguna y que se quedaban en las simples prácticas?. En la actualidad pueden aspirar a aprender ganando dinero y experiencia, superando las antiguas pasanterías o ayudas como meritorio de futuro incierto. Otra ventaja importante sería para todo aquel colectivo especialmente de mujeres que debe alternar trabajo familiar con jornadas partidas trabajando para una empresa externa. En todos estos casos y muchos más hacia falta la iniciativa privada que activara y a la vez reforzara la labor de mediación de las oficinas estatales de empleo, lógicamente poco preparadas para realizar una auténtica labor de orientación, selección y posterior seguimiento laboral. Aunque parezca paradójico, y a menudo se ha querido decir lo contrario, el papel de las etetés también ha resultado prodigioso para fomentar la contratación indefinida, toda vez que más de un 35 % de sus trabajadores en promedio sectorial han sido después contratados –por haberse completado una prueba real –por la empresa cliente incorporándolos a su plantilla estructural. Por último, no quiero acabar sin referirme a la formación, especialmente en materia de riesgos laborales, ya que todos los trabajadores temporales que prestan servicios en la empresa usuaria pueden contrastar legalmente que tienen la formación básica y necesaria en materia de riesgos laborales en congruencia con la evaluación de riesgos de la empresa en la que prestan los servicios. Sin embargo, durante este período de diez años, las etetés han pasado una etapa de incomprensión por parte de algún sector social e incluso de la propia administración que ha ejercido una presión exhaustiva, limitando su actuación en algunos sectores en clara confrontación con la igualdad de derechos de libre empresa con otros colectivos empresariales como por ejemplo en el sector de la construcción. También por parte administrativa se han penalizado las contrataciones inferiores a siete días y se realiza un especial control por vía inspección en materia laboral que en la mayoría de casos se ha saldado con éxito demostrando que esta actividad merece la absoluta confianza de trabajadores y empresas. Todo lo pasado ha contribuido a otorgar al sector de trabajo temporal su mayoría de edad , constituyéndose en la actualidad, sin ninguna duda, en una referencia obligada para el desarrollo de la economía española como también de la europea en los últimos treinta años, habida cuenta que no existe mejor respuesta a la globalización que la eficiencia y la flexibilidad de los recursos. No ha resultado nada fácil para las etetés convencer a todos, pero el camino que emprendieron los primeros empresarios de este sector que impulsaron la regulación y la propia ley que hoy cumple el decenio, hoy pueden sentirse felices al comprobar que tanto la opinión pública como los propios grandes sindicatos apoyan la gestión de la temporalidad a través del trabajo temporal. Y deben sentirse orgullosos por realizar una labor profesional única entre muchas que realmente te permitan dar trabajo a la gente y al tiempo favorecer el desarrollo de las empresas. Ahora toca avanzar hacia una auténtica reforma continental del mercado de trabajo que favorezca la creación de empleo en Europa porque formamos parte de este gran mercado de 25 países y que a la vez mantiene los valores de la cultura occidental. Y realmente hay que avanzar hacia la imparable flexibilidad pero sin perder de vista la estabilidad laboral que todos deseamos, alcanzable sin duda por la vía de la estabilidad de los ingresos más que por el trabajo fijo en la misma empresa. De esta forma y dotando a las empresas de recursos flexibles, mejorando las infraestructuras y aportando valor a lo que hacemos, sin duda, seremos mucho más competitivos y podremos garantizar empleo más tiempo, a más personas.

Nada sin las personas

Que el mundo anda revuelto no supone ninguna novedad, de hecho y desde que entendí que no estaba sólo en el universo, he podido comprobar que las personas se enfrentan unas a otras muy a menudo y por cualquier motivo, ya sea, por la política, el fútbol o el trabajo. Emocionalmente convertimos la rivalidad en enemistad. Supongo que renunciamos al pequeño esfuerzo de generosidad que supone aprender a escuchar.

En realidad no estamos atentos a lo que ocurre a nuestro alrededor y sólo nos enteramos de los titulares, por ejemplo, hoy se está hablando mucho de globalización, como si fuera algo nuevo, sin embargo, la tierra siempre ha estado ahí como un solo planeta y lo único que ha cambiado es la posibilidad de comunicarse en tiempo real con todo el mundo, aunque por desgracia, estar más cerca y tener más información no equivale a comunicarnos mejor.

También, el avance de la tecnología ha sido espectacular y en los últimos 100 años hemos pasado del carro a pisar la luna, parece como si las ideas envejecieran antes que nosotros y nos dejamos empujar por un motor llamado innovación hasta que nos adaptamos aunque sin saber porqué lo hacemos.

A veces pienso que en realidad no hace falta que ni siquiera nos planteemos innovar porque simplemente aprender a vivir ya es un cambio, crecer significa una evolución constante y si además somos capaces de aprender algo en el camino . en realidad nos estamos preparando para superar la incertidumbre. 

Estas cosas que nos pasan como personas, las vivimos después en el mundo de la empresa, cuando hablamos de cambio. La gran cuestión estriba en descubrir cómo debemos hacerlo y la decisión consiste en apuntarse al modelo clásico de management americano que ha sido un referente a imitar en los últimos años o bien buscar un modelo propio como hacen la mayoría de pymes. Ambos pueden funcionar, pero no olvidemos que los pequeños y medianos emprendedores son los que mantienen el país.

Naturalmente es una opción individual, precisamente por su relación con las personas. En realidad y desde la óptica de empresario o líder todo se traduce en dos caminos, o bien, se pueden focalizar los resultados utilizando todos los recursos necesarios, especialmente los humanos para llegar al fin propuesto, o también podemos decidirnos por un proyecto y una estrategia basada en las personas y desde allí, llegar a los resultados. Ésta es la gran decisión que determina, además, la estrategia de valores de cada compañía.

Estamos acostumbrados a leer los valores de una empresa a través de una declaración de buenas intenciones ,ya sea colocada en un marco de la sala de recepción o como preámbulo del discurso de navidad, pero en realidad, todos los que nos dedicamos a esto, sabemos que los valores, igual que la educación, tienen que ver con las creencias y marcan la pauta de conducta de cualquier persona y grupo.

Es cierto que no resulta nada fácil mantener un proyecto empresarial rentable y a la vez sostenible ,preocupándose especialmente del trabajo de las personas, pero ello es posible y sino que se lo pregunten a empresas tan representativas como La Fageda en Olot, con una cuota de mercado apreciable en el mundo de la distribución de lácteos, o también a cualquier pequeño empresario que vende confianza y credibilidad a través de sus servicios por el sólo hecho de comprometerse en hacerlo lo mejor posible.

Cualquier modelo empresarial, obviamente incluye a las personas, lo único que cambia finalmente es la forma en que intervienen en el mismo. 

Naturalmente estamos dispuestos a dar en la medida en que somos tratados y los tiempos que corren. Requieren profesionales capaces de autoprogramarse para atender los cambios que exige la competitividad, pero de la misma forma que un junco es capaz de doblarse sin llegarse a romper, cualquier ser humano tiene la capacidad de mantenerse rígido y funcionar como un autómata o bien adaptarse al cambio, sólo depende de su voluntad y eso se traduce en compromiso.

Estamos en el umbral de un nuevo año, que posiblemente nos sorprenderá a todos, y las empresas, o mejor, las personas que trabajamos en ellas, se supone que hemos aprendido algunas lecciones del pasado. En realidad, no hace falta que nos preparemos para cambiar porque no sabemos cómo habrá que hacerlo, pero es bueno que nuestra actitud sea distinta . y los que viven su vida profesional como un problema a resolver, quizás tendrían que vivirla como un misterio a descubrir. 

Sin pretender caer en ninguna utopía, creo que la mayoría suspiramos por tener empresas que:
Creen y desarrollen productos útiles y empáticos -pensando en el que los va a comprar-. Nadie debería producir nada que no estuviera dispuesto a consumir él mismo.
En sus relaciones con los clientes deberían superar el nivel de proveedor para convertirse en un partner.

Además, podrían conectar sus propios valores con los empleados y clientes para asegurarse la calidad productiva y la fidelidad, pero de forma especial, debería compartirlos también con sus accionistas, de esta forma garantizarían sus recursos económicos.

Tendrían que preocuparse de integrar a personas capaces de convertir su trabajo en una experiencia. Ser capaces de crear un entorno seguro y agradable .

Aprenderían a gestionar la diversidad porque la diversidad cultural sólo se descubre a través de la comparación, quien lo ignora pierde la capacidad de crecer.

Por otra parte, la cultura está dispersada en todo el mundo, pero cada persona la lleva consigo donde va y está dispuesto a compartirla si se siente aceptada.

Fomentarían la innovación a pesar de tener que asumir algún fracaso, porque si no arriesgamos,no aprendemos nada.

Y muy especialmente, sabrían gestionar su capital humano, buscando el talento actitudinal porque de nada sirve tenerlo si no se comparte con los demás.

Quiero huir de cualquier definición que suene a modelo a imitar –Diós me libre -, pero tengo el convencimiento de que mucho más allá de este ideal de éxito, que siempre tiene que ver con la autoestima y que en el fondo todos deseamos,debemos encontrar una fórmula individual que nos da sentido a lo que hacemos.

¿Cúantos directivos dedican el tiempo necesario a pensar?, sí, sí, ya sé que la presión del día a día impide que reflexionemos pero tomamos demasiadas decisiones sin pensarlas.

Y además, esta forma de dirección autista impide desarrollar nuestra intuición, los problemas nos llevan a perder el control de las situaciones y esto crea inseguridad, vivimos la vida para estar atentos a lo que ocurre a nuestro alrededor.

Si aprendiéramos a meditar, simplemente para dejar de hacer cosas y durante un espacio de tiempo nos limitáramos a saber “estar “, podríamos ser capaces de ver nuestras limitaciones y desde allí, descubrir nuestras capacidades. No olvidemos que la gente sigue al líder por afinidad y por tanto exige coherencia y fé en el futuro.

Y muy especialmente, necesitamos comunicarnos más con la gente, escucharlos para tener una visión compartida que favorezca la confianza entre los equipos. Esto sólo se consigue verbalizando, aprovechar la complementariedad, asumiendo que detrás de cada ser humano existe un proyecto personal que difícilmente podemos comprometer si no se siente bien tratado, reconocido y si es posible querido.

En conclusión, la tarea de una empresa del siglo XXI debe ser la de acompañar a cada uno de sus colaboradores en su crecimiento personal. Esta es la diferencia entre las empresas que se preocupan por la gente y las que no lo hacen.

Las buenas maneras

Hace pocos días, entrevistaba para la revista “Món Empresarial” a una gran persona y amigo, que además, es uno de los mejores directores de recursos humanos, en activo que conozco. Transcribo la pregunta ,”José María, ¿que le dirías a alguien de 50 años que busca trabajo? me contestó, Que se plantee qué le gusta y sabe hacer y que consiga que alguien le pague por ello, está claro ¿no?.

Por eso, y a través de la experiencia especialmente en pymes ,he podido constatar que el verdadero talento no se jubila nunca , ya que si tienes conocimientos y estás dispuesto a compartirlos con los demás , parece que esto tiene sentido , incluso en esta sociedad ensimismada en la oferta y la demanda.

A menudo, no nos atrevemos a empezar cosas nuevas , aunque creo firmemente que es importante realizar algún sueño y no tener miedo a perder a pesar de que no se consiga , porque en el camino seguro que seremos felices teniendo muy presente, como decía Carl Jung que”la vida no vivida es una enfermedad de la que se puede morir”.

Admiro profundamente a estas personas que dedican su vida a construir los sueños de otros , a los pedagogos que contribuyen a facilitar el aprendizaje de muchas personas, a los emprendedores que contagian su ilusión a otros llegando a crear una empresa , a estos trabajadores sociales que realizan su trabajo intentando mejorar un poco su entorno y todos ellos tienen en común plantearse vivir cada día como si fuera el último de su vida .

Es verdad que vivimos deprisa , que a menudo no tenemos ni siquiera el tiempo para reflexionar lo que queremos hacer y nos encontramos simplemente haciéndolo , pero si además de intentar sobrevivir en este mundo global, demasiado rápido , tecnológico y probablemente esquizofrénico, no somos capaces de hallar un sentido en nuestro trabajo, es seguro que no hacemos lo que tenemos que hacer y nos pagan simplemente por realizar una función laboral.

Casi todas las personas tenemos cierta habilidad ,unos mejor que otros en determinadas cosas. Para averiguarlo, sólo debemos escucharnos a nosotros mismos y una vez lo hemos descubierto ,podemos incluso, adquirir el conocimiento y la maestría necesarios, con el tiempo y mucha práctica, pero al final, la forma en que lo hagamos sólo depende de nuestra actitud ,pues el éxito es una percepción de los demás.

Confieso que me atrae más el sector de los servicios , a los que me he dedicado casi 40 años , que los bienes tangibles, quizás porque en estos últimos, la presencia humana no es imprescindible y ahora con internet , el vending y estas personas opacas que pululan en las grandes superficies y en algunas tiendas que todos sabemos, mucho menos.

Me gusta creer que el servicio nunca acaba en la transacción. No ponemos el dinero en la caja de un banco ,ni compramos simplemente el derecho a estar un tiempo en una cama o unos consejos legales que están en algún libro , sino la confianza de una profesional que trabaja en finanzas, el placer de la estancia hotelera y la seguridad de un abogado.

El sector residencial y de salud es aún más sensible a este valor humano que acompaña a los servicios. Probablemente no recordaremos a un camillero porque sea un conductor excelente y circule con rapidez entre pasillos y ascensores , pero nos acordaremos si nos ha sonreído.

Es importante aprender a tratarnos bien unos a otros. Creo que lo bueno de las actitudes es que son gratis y lo malo es que no se pueden pagar con dinero. Las propinas son otra cosa ,en el fondo,si no podemos realizar nuestro ideal , podemos intentar idealizar y transformar la realidad.

La naturaleza es tan sabia que nos ha dotado de determinados sentidos para conocer la naturaleza de las acciones de los demás. Todos sabemos exactamente en que momento somos escuchados y por tanto aceptados por otra u otro. En la Universidad de Palo Alto (California) un grupo de investigadores probó que en la comunicación más del 55 % es no verbal y las palabras suponen sólo el 8% del mensaje. Por eso, llegamos a saber si alguien nos escucha, simplemente mirándole a los ojos .

Al final de todo, resulta que en el mundo del trabajo, de la misma forma que en el mundo real, cuenta mucho más el “cómo” hacemos las cosas que el hecho de hacerlas, de la misma forma que cuando se selecciona a alguien para un puesto laboral, cuenta mucho más su actitud y sus ganas de aprender que el currículo de conocimientos.

He querido estrenar este artículo como “las buenas maneras” simplemente para que reflexionemos algo más en la forma en que nos comunicamos con nuestro prójimo, vivimos una sociedad muy crispada en la que apenas se dialoga , mucha política , excesivo consumismo ,con poco tiempo para pensar y para dialogar, quizás si intentáramos escucharnos hasta podríamos entendernos.

Copiar para mejorar

Copiar para mejorar, Por Miquel Bonet, Abogado, consejero de Select y autor de !Búscate la vida!

Hace apenas 25 años en una compañía americana del sector de copiadoras se reinventó el concepto de benchmarking, no se asuste, el concepto es sencillo y consiste en compararse con otros para mejorar, parece simple ¿verdad?. 

En realidad, esto lo hacemos casi todos los días. Tratamos de copiar de los que saben más para hacerlo como ellos, si nos dejan claro. Ésta es también una de las didácticas del aprendizaje, buscar un modelo e imitarlo, pero esto que funciona tan bien en el mundo empresarial es mucho más complicado de lo que parece al aplicarlo en el mundo de las personas. 

Es muy natural que nos fijemos en los demás, pero acostumbra a ser para peor. El niño copia travesuras increíbles de su hermano mayor y los adultos hasta queremos parecernos a los americanos, aunque los critiquemos casi siempre. A veces, falla el modelo que es lo que ocurre con los “personajes “protagonistas de la telebasura y otras, el problema es que no estamos dispuestos a pagar el sacrificio para conseguir lo que queremos. 

Entrando en terrenos más serios, con la economía está ocurriendo lo mismo. Mientras la Agencia mundial de la energía nos avisa que con el encarecimiento de los crudos sufriremos un retraso a nivel mundial de un 0, 8 %, nuestros jóvenes aspiran a jubilarse a los treinta años y trabajar menos horas para dedicar más tiempo al ocio. 

Y es que en este tema, lo de los americanos ya no nos parece tan bien. No nos interesa escuchar que en el país que simboliza el motor de occidente se progresa normalmente por el trabajo personal. Nos tapamos los oídos cuando nos cuentan que más de la mitad del país trabaja 45 horas a la semana, especialmente si hay una familia para mantener y que la gente se mueve de estado en estado para buscar empleo. 

No voy a hablar de la excelencias americanas porque ni las conozco lo suficiente ni me interesan demasiado, pero sin duda, existe un factor que impulsa a esta gente a conseguir logros representativos, a pesar de sus políticos y eso se llama : competitividad y naturalmente puede copiarse aunque a nadie le guste hacerlo. 

La cultura del esfuerzo por conseguir las cosas es tan antigua como el mundo. Todos somos capaces de desarrollar modelos de supervivencia para mejorar nuestra posición, pero por desgracia y en igual proporción siempre existirá gente a la que le interese hacer cosas y otros mucho más pasivos que esperan que otros hagan por ellos. 

La diferencia es evidente, si buscamos donde están unos y otros, por mi parte, quiero defender el modelo de benchmarking, especialmente cuando he podido testar que la observación, investigación y análisis de los procedimientos que emplean los que saben me sirve para hacerlo mejor, por eso prefiero a los alumnos que entienden que para aspirar a la excelencia copian el método de estudio del primero de la clase que los que elucubran un plan para copiar el examen. 

Esta es una de las grandes diferencias entre los países, las empresas o las personas, para algunos el riesgo de inventar, innovar o mejorar es un camino que te lleva a dedicar tu tiempo de vida en tu propio beneficio y por tanto, tienes la facultad de decidir, mientras que, los que prefieren renunciar al esfuerzo de aprender para poder competir se limitan simplemente a ser una pequeña parte de las decisiones de otros. Por tanto, tu dirás en que lado quieres estar.

El conocimiento: el capital oculto de la empresa

Aunque resulte mucho más difícil de cuantificar que los patrimonios tangible, es un hecho demostrado que el conocimiento de las empresas crea valor añadido, ya que, en la mayoría de casos, nadie se ocupa realmente de conocer exactamente donde está el conocimiento, cómo se puede atrapar, compartir y poner a disposición de toda la compañía. 

Por ello, no nos extrañe asistir cada día a una cadena imparable de prejubilaciones del auténtico talento de las compañías en beneficio de unas expectativas más que inseguras de algunos jóvenes ejecutivos con grandes aptitudes, pero que deben atarse muy corto y blindarse suficientemente, pues son muy vulnerables a la rotación laboral. 

Quizás el primer reto que deben plantearse muchas empresas antes de pensar en aplicar en su estrategia la gestión del conocimiento debiera ser la cuantificación y clasificación del conocimientos que poseen sus empleados y la localización del capital intelectual real de la empresa porque de ello depende su capacidad competitiva. 

Por tanto y para favorecer la transferencia del conocimiento, el primer paso será identificar el talento de las personas que tenemos dentro de nuestra casa, saber la aptitud individual de cada trabajador, entendiendo como tal el rendimiento que son capaces de ofrecer desde un nivel de formación equivalente, puesto que es imposible transferir lo que se ignora. 

Al mismo tiempo deberíamos relacionar la dependencia de sus capacidades intelectuales, su personalidad y la metodología que utiliza para desarrollar su conocimiento y por último, la actitud que define la forma de ser individual frente a una situación determinada o sea, conocer la disposición hacia determinados valores de los profesionales que trabajan con nosotros. 

El segundo paso está ligado a la cultura corporativa, ya que en mi opinión en la mayoría de casos la retención de personas está vinculada a la congruencia entre los valores personales y los de la empresa para la que se trabaja. 

La forma de trabajar responde a una cultura en las organizaciones. En las que resulta natural compartir, colaborar, trabajar en equipo y en un buen clima, la gestión del conocimiento siempre será fácil de implementar, en otro caso deberá plantearse una revolución cultural en la compañía y tener mucha suerte. 

El tercer paso se ligará naturalmente a la comunicación y a los medios tecnológicos porque las Intranet estimulan los esfuerzos de intercambio de ideas a un coste relativamente bajo, obteniendo más productividad al ser más amplio y más rápido el acceso a las fuentes de información. 

Por último, debemos crear y mantener sistemas de evaluación de forma sostenida porque lo que no se mide no mejora, así de fácil, cuántas encuestas se realizan en las empresas y cuyos resultados nadie lee, causando la natural frustración. Es un fenómeno similar a la necesidad de reconocimiento que precisamos todos los seres humanos, pues a menudo ello significa el único estímulo para caminar un paso más. 

El único reto consiste en armonizar todos estos pasos para que suene bien en su conjunto. Creo que no debemos preocuparnos en implantar un sistema de transferencia del conocimiento, bastará con crear un cauce limpio, suficiente y fácil, a fin de que sólo dirigiéndolo pueda fluir libremente.

Tú eres un tesoro!!!!

Aunque pueda sorprender a algunos lectores, ser racionales no nos hace mejores que los animales, aludiendo a Chomsky y la denominada Escuela de Palo Alto, gracias al lenguaje podemos mentir, sólo falta que deseemos hacerlo. 

Si pensamos que nuestras empresas son entes gobernadas por personas inteligentes, resulta fácil adivinar cómo, a través del reclamo de palabras y bonitas frases, pueden venderse historias disfrazadas de nombres tan maravillosos como ética, visión o valores, aunque en realidad sólo esconden objetivos económicos. 

Pero después, la verdad de los resultados desnuda sus promesas y las matemáticas como los niños, nunca mienten. 

Vivimos una época en que las consecuencias de lo que hacemos son inmediatas porque a caballo de la globalización y la tecnología, las distancias se han desvanecido, los crecimientos se aceleran con la red y los valores de bienes y servicios se miden según la cuota de mercado, por ello, debemos acostumbrarnos a nuevas formas de trabajar en las que dar valor sea la meta, la clave sea el talento, la premisa el conocimiento, y la relación humana sea el método. 

Si realmente las personas son importantes, su conocimiento será el recurso que aporte a la empresa, por tanto, casi todo es cuestión de actitud e inteligencia y en este tema habría que rendir un merecido homenaje a Howard Gadner, pues con su teoría sobre las inteligencias múltiples nos sacó de golpe muchos complejos sobre el dichoso IQ (cociente intelectual), y poco después, Daniel Goleman con su inteligencia emocional nos devolvió la esperanza cuando probó que normalmente el primero de la clase casi nunca es el que tiene más éxito, ni el más feliz. Estos gurús han hecho más por la normalización de los recursos humanos que muchas generaciones de psiquiatras. 

Toda vez que es obvio que para que hayan números uno, deben haber cientos de miles de gentes normales que aspiramos simplemente a tener una oportunidad, por pequeña que sea, y así poder desarrollar nuestra mediocridad hasta llegar a descubrir nuestro talento que sin duda y en alguna medida todos poseemos. 

En realidad, podemos ser más inteligentes que Michael Jordan o que Bill Gates, simplemente relativizando el concepto, pues ellos, aparte de coincidir en sus cuentas millonarias, sus características físicas y habilidades son bastante diferentes. 

Lo cierto es que cada vez en las empresas, las personas nos convertimos más en la joya de la corona, y en la nueva economía las condiciones para el éxito son muy parecidas para todos, simplemente es cuestión de reconocer nuestras propias competencias y habilidades, o mejor dicho, descubrir en que somos realmente buenos, por tanto especializarse para poder competir, realmente, somos humanos con recursos y el que sea capaz de conocer sus recursos y explotarlos adecuadamente tiene e éxito asegurado. 

Además no perdamos de vista que como compradores somos muy poderosos y como vendedores tenemos muchas oportunidades, por tanto, cada uno de nosotros constituimos un pequeño tesoro desde nuestra autenticidad y ésta es lo más importante.

Mirando De Lado

Confieso que sufro la deformación personal de intentar comprender las cosas que ocurren a mi alrededor, quizás con ello puedo comprender mejor al papel que me ha tocado vivir y además me permite aliviar un poquito mi existencia y aspirar a mejorar la de los demás. 

Pues resulta que nos ha tocado ser testigos a la fuerza de un mundo que gira más deprisa de lo que desearíamos y no podemos ni siquiera pensar en bajarnos de él, porque son muchos compromisos adquiridos con familia, hijos, alumnos, trabajo, todos quieren algo nuestro y a menudo tenemos demasiadas ganas de complicarnos la existencia tendiendo vínculos a la gente. 

No resulta fácil comprender el especial momento en que nos ha tocado vivir en este recién estrenado año previsiblemente complejo por lo de la recesión mundial y muy anormal a tenor de esta situación de conflicto permanente que padecemos. Y en este afán por comprender la contradicción, uno toma referencia de un gobierno envanecido pero sensible a la voz de la calle para derogar un “decretazo” laboral, pero, por otra parte, obstinado en quebrar la supuesta unidad europea ante una guerra en la que no existe ningún lado bueno, más o menos como todas las demás. 

En mi más que modesta observación supongo que el interés de nuestros gobernantes será además de legítimo, honesto y justificable por su afán de darnos un protagonismo mundial que nunca había tenido hasta la fecha, ciertamente nuestros políticos anteriores siempre han jugado en segunda división dentro de la liga mundial, aunque tampoco se había retado a nuestros mandatarios tantas veces en tan poco tiempo con todo el ejercicio del poder a su disposición. 

La única duda consiste en adivinar si el precio es justificable, pues como es sabido una cosa es cara cuando pagas más de lo que cuesta y la cuestión que se plantea la gente es si no se ha pagado muy caro el apoyo al amigo americano, es cierto que la contrapartida puede ser muy sabrosa para las minorías cualificadas, pero la ciudadanía duda que se arreglen los auténticos problemas del país como la crispación, el terrorismo, la seguridad o el empleo de cualidad. 

A menudo es bueno escuchar la voz del pueblo, porque los ciudadanos son los que votan y dudo que suspiren por los aires imperialistas de antaño. Ya fuimos primera potencia del mundo y solo nos sirvió para encallar barcos llenos de oro en las costas americanas, aniquilar a la población indígena a golpes de rosario, de pólvora o de sífilis y perder después casi todas las guerras desde Trafalgar al Sahara. También tuvimos tropecientas constituciones y guerra civil pero la reforma agraria sigue pendiente, no puede recuperarse el orgullo con el jerez, el jamón de bellota y forzados emigrantes con talento que cosechan sus éxitos fuera de aquí. 

Hay que comprender que el pueblo no quiere guerras porque casi nunca son la solución de nada, prefiere poder pagar sus hipotecas, un plan social para que sus hijos encuentren casa a un precio razonable y un trabajo estable y quizás en un clima de paz. Hasta sea posible encontrar nuevos valores para una juventud huérfana de comunicación personal, criada con la abundancia y con excesivo culto al dinero. 

Y es que hasta para soñar hace falta tener el espíritu tranquilo porque detrás de un sueño puede nacer un proyecto, con él, un poco de motivación y algún esfuerzo hasta puede construirse un futuro. 

Si los todopoderosos de verdad quieren arreglar el mundo, más les vale que asuman que hay mucha gente que lo pasa muy mal y que está cabreada, que además tiene poco que perder y por tanto es sensible al fanatismo y a la desesperación para buscarse la vida. Tienen un modelo que la tecnología de la comunicación se ocupa de pasar por sus narices a diario, en cada poblado de Afganistán, Ruanda, Eritrea o Perú. Existe un viaje hacia la utopía del primer mundo, detrás de una parabólica, y ello representa una provocación a la posesión, nadie desea lo que no conoce y lo contrario. 

Sería deseable vivir en congruencia con los valores propios y con una cierta tolerancia, intentando hacer lo mismo que hacemos todos los días simplemente, pero mejorando un poco nuestro entorno, seguro que el sólo hecho de pensar solidariamente en la otra mitad del mundo, podría ser la mejor receta para aliviar como mínimo la mitad de los problemas que tenemos cada uno de nosotros, aunque sólo sea porque alimentar nuestra auto estima lo merece.

“Los \u00faltimos ser\u00e1n primeros”

No sólo se trata de parodiar la Biblia, pero, desde finales del siglo pasado, nuestra sociedad ha iniciado un proceso de transformación y, no sólo en los sistemas de trabajo por las tecnologías de información y gestión, sino también, en lo sociocultural, evidenciada en la calle sólo mirando las caras de nuestros nuevos vecinos emigrantes, pues, la singularidad de unos ojos rasgados o una tez morena que antes despertaba nuestra curiosidad, ahora es casi normal y habitual. 

La combinación de una economía estable, un buen clima y como no, una tradición turística muy arraigada, ligada a nuestro carácter abierto y social, nos ha convertido en el objetivo ideal para mucho países de ultramar, seducidos por nuestra situación geográfica estratégica y también, por ser la cabeza de puente de esta tierra de promisión llamada: Europa. 

No nos extrañe que deseen robarnos nuestros sueños, porque éstos no tienen dueño y no existe ninguna duda de que somos más iguales de lo que parece y que a todo el mundo le apetece vivir mejor y aspirar a este mundo mágico denominado el consumismo. 

Naturalmente, ya sabemos que no deberían confundirse los valores y el precio, pero a menudo y especialmente cuando los instintos básicos aprietan, hay que tener los principios muy arraigados para prescindir de muchas cosas, aunque parezcan innecesarias, sobre todo, cuando el grado de necesidad lo marque una ciencia tan perversa como el marketing, tan voraz que se alimenta de los pecados capitales del ser humano como la vanidad, el deseo, la avaricia o la soberbia. 

En el fondo, todos queremos parecernos a alguien y el modelo mimético funciona desde mucho antes de que se inventara el benchmarking. Nos gusta copiar al vecino porque solemos aprender de un modelo. El propio instinto no deja de ser una copia de ciertos hábitos de otros. 

Y la globalización sólo nos recuerda que en el mundo no estamos solos. No es cuestión de solidaridad porque en realidad a la gente le sigue costando mucho compartir, a menudo hasta los buenos días. Por eso ni siquiera se conoce al vecino de al lado, pero en realidad, nos hemos acercado tanto desde que existe internet, que en adelante, ya nada puede ser como antes. 

De la misma forma que el roce hace el cariño, tenemos un “gran hermano” en la parabólica de cualquier poblado remoto del tercer mundo y lógicamente, lo que al principio era simple curiosidad decae a menudo en la codicia de nuestros prójimos porque como también son humanos, desean vivir y tener tantos juguetes como nosotros. 

No hace falta que nos asustemos, pero aquí al lado, hay otro mundo que sueña y además, también piensa, trabaja, no le falta coraje y seguramente muchas más ganas que nosotros, quizás, porque tienen mucho menos que perder, además como mínimo son igual de listos. No debe extrañarnos que en una sola universidad de la India (creo que Bangalore) en el último año hayan salido más licenciados en ciencias que en todos los EEUU. O que la producción en textil y en manufacturas de China e India supere la del resto del planeta. También es curioso que la tercera parte del petróleo del mundo esté en un país que no piensa como nosotros y que tiene sus derechos humanos en entredicho. 

Parece que tal como advertía mi maestro utópico Leonardo hace 500 años, todo está conectado y repercute incluso en la distancia, por tanto si se quema un bosque en el amazonas un pájaro llora en Canadá. 

Pues va a ser que sí, que estamos todos comiendo del mismo pesebre, aunque unos lo hagan mejor que otros y quizás, debamos aprender cuanto antes a compartir más lo que somos, lo que hacemos e incluso lo que llegaremos a tener, simplemente para seguir disfrutándolo. 

No se trata de ninguna revolución, pero el mundo se está volviendo cada día más pequeño, precisamente por la interdependencia de las cosas. No nos extrañe pagar un kilo de pan o un café justo un 100% más que hace cinco años, cuando la inflación acumulada es de poco más de un 17% porque las matemáticas, cuando se trata de sobrevivir, dejan de ser una ciencia exacta. 

Y para finalizar, déjeme que le cuente una historia breve de un colega profesor en una escuela de extrarradio de ciudad grande durante una reunión de padres de curso P4: Al parecer, algunos expresaban su preocupación por el posible descenso de la calidad educativa de sus hijos si se contrastaba con emigrantes de países, teóricamente más pobres, con los que compartían clase. Pues bien, la respuesta de mi amigo fue la siguiente” mejor preocúpese de que los suyos -niños de aquí- sean capaces de llegar al nivel de actitud y comprensión de los hijos emigrantes” y seguía ”porque de lo contrario, en poco años, llegarán al mercado de trabajo mucho más espabilados ” o sea que mucho cuidado con la sobreprotección porque un día tendrán que caminar solos.

Somos jóvenes y tenemos valores

Se dice que el auténtico valor de una persona está mucho más cerca de sus corazón que de su cartera, pero lo cierto es que el concepto de triunfo y éxito en la vida está mucho más asociado al poder económico y material que a la riqueza del espíritu. 

Se nos ha borrado el sentido de la humildad porque ya casi nadie lo utiliza, lo mismo que la educación y, al paso que vamos, parece que ni siquiera el esfuerzo personal sea la llave que lleve a crecer y hacerse persona. 

La universidad acostumbra a ser el yunque que debería forjar el talante de los futuros profesionales de un país, la educación debiera caminar delante, pero de la misma forma que nadie llega a la formación universitaria sin haber superado los caminos anteriores, ya sea por la vía ESO, Bachillerato o FP, difícilmente la universidad puede enderezar los cimientos que no están bien aposentados. 

En África se dice que hace falta toda una tribu para educar un niño, mientras aquí, dejamos que otros lo hagan y cuando nos quejamos de la falta de valores que tienen nuestros hijos o de su escasa percepción hacia la religiosidad, deberíamos preguntarnos que hicimos de mal en nuestra generación para permitir que el consumismo, la inhibición o la idealización del triunfo personal para superar los complejos paternos, sustituyeran el tiempo y el espacio para comunicarnos con ellos. 

Los niños africanos viven en la calle, o sea rodeados de todo y de todos, familia, amigos, personas, animales, parientes y extraños, juegos y espiritualidad, hasta el vudú tiene su espacio y la consigna acostumbra a simplificarse en el sobrevivir. 

Mientras tanto, nosotros decidimos llevar a los hijos muy temprano a la escuela, dejarlos con canguros, aislarlos con dibujitos televisivos y llenarlos de juguetes que no han construido. Su religiosidad es copia de la nuestra y se nutren de otros principios gracias a nuestras ausencias, conviven, comen y duermen en el mismo escaparate mercantil en el que estamos todos y demasiado pronto descubren el valor del dinero. 

Mientras son universitarios viven engañados tras la zanahoria de un título o un diploma que combinado con algún master será el pasaporte imaginario que les abra las puertas del éxito. Piensan que cuando acaben, las empresas se volverán locos por contratarles, llenarles los bolsillos y entonces tendrán un coche, muchos juguetes inventados y más cosas, de esta forma el dinero les hará libres y serán felices. 

La historia puede ser parecida a ésta, pero la realidad es exactamente lo contrario. El éxito depende del ser uno mismo, del equilibrio entre salud, un trabajo enriquecedor, buenas relaciones y especialmente una actitud positiva. Si conseguimos ser, podremos hacer cosas útiles y eficientes que nos compensarán y por ello lograremos el éxito. 

No nos equivoquemos contando las historias desde el final. Los ejemplos cotidianos de los personajillos de la tele no nos sirven, las pelis sólo son sueños de otros y no nos valen para escribir nuestra propia historia. De hecho no sirve nada de los demás salvo aquellas cosas que podamos experimentar personalmente y que nos permitan estar bien y vivir en congruencia con nosotros mismos, de esta forma, contribuimos a mejorar un poco nuestro entorno y eso, sí vale la pena.