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INTELIGENCIA EMOCIONAL PARA FINACIEROS

No hay ciencia que hable de las armonías de la naturaleza, con más claridad que las Matemáticas decía Paulo Carus. ç

La primera vez que me hablaron de INTELIGENCIA EMOCIONAL se encendió como un flash en mi cerebro. Era un concepto que me era familiar, incluso evidente, pero al mismo tiempo, nunca nadie lo había definido claramente. 

Voltaire afirmaba que la imaginación de un matemático superaba a la de cualquier humanista. Estoy muy de acuerdo, ya que incluso para pensar hace falta emoción y aunque en apariencia razón y emoción parezcan opuestos, mucho antes del renacimiento y de la existencia del mayor genio –para mí- de la humanidad, Leonardo da Vinci, que trató de explicar toda esa conexión entre ciencia y arte, muy pocos filósofos se han atrevido a explicar que hasta el cerebro tiene su “corazoncito”. 

Hasta finales de los años 50 y de eso mis lectores financieros saben más que yo, los procesos de selección de personal que finalmente determinaban la valía de un candidato pivotaban sobre algo tan lógico y al mismo tiempo tan carente de sentido común como el coeficiente intelectual, o sea que la idoneidad de un puesto de trabajo lo definía básicamente el grado de “inteligencia” de un individuo o individua. 

Actualmente, eso ya no va así, y ser simplemente inteligente o tener capacidad numérica, memoria, lógica o simplemente racionalidad, no lo hacen a uno más idóneo para un puesto de trabajo. 

Y es que, además de los conocimientos que deben tenerse en alguna medida, cuenta la capacidad y sobre todo la actitud para mantenerlos y desarrollarlos, también interesan las formas y el entorno. Porque las empresas no quieren sólo profesionales, desean también personas. 

Cuando se busca un financiero en la actualidad, no sólo se evalúan sus conocimientos, formación o experiencias, sino que se tiene en cuenta, su percepción del entorno, su capacidad de trabajo en equipo y la armonía entre su pragmatismo numérico y la capacidad para venderlo al consejo directivo. 

Por tanto y al paso que vamos, el concepto de inteligencia ha sufrido mutaciones hasta desembocar en una definición algo abstracta, lejos de la generalidad histórica y relacionada con aquellas partes que se requieran en cada momento. 

LAS DISTINTAS INTELIGENCIAS

La teorías sobre las inteligencias múltiples e incluso la influencia de las emociones en nuestra razón, se remontan a gente tan solvente como Plauto, Aristóteles, Epicuro , Montaigne , a los que se eyaden científicos más recientes como Freud, LeDoux, Gardner o el Profesor Marina. 

Pero fue el psicólogo, periodista y maestro de marketing -4 millones de libros vendidos- Daniel Goleman, con el que tuve la fortuna de compartir conferencia en Madrid (1999), el que explicó claramente una vieja idea y nos “vendió” la bondad de la Inteligencia Emocional para incorporarla a nuestro universo de personas y profesionales. 

Para Daniel Goleman, autor de los libros “Inteligencia Emocional” y “La práctica de la Inteligencia Emocional”, todo eso tiene que ver con las ACTITUDES, que tenemos frente a las cosas. 

El concepto se define como una inteligencia derivada de las inteligencias INTRAPERSONAL e INTERPERSONAL, porque es la inteligencia que mayor incidencia tiene en nuestra vida, ya que constituye el vínculo y la conexión entre los sentimientos, el carácter, las creencias y los valores. 

Para Goleman, según explica en sus libros, la Inteligencia Emocional se traduce en dos habilidades:

  • La capacidad de reconocer, canalizar y actuar sobre los propios sentimientos que constituyen habilidades propias de la Inteligencia Intrapersonal que definía Gardner. 
  • Y la capacidad de actuar y modificar adecuadamente los sentimientos que aparecen en la relación con los demás que constituye una de las habilidades propias de la inteligencia interpersonal de la que ya habló el Premio Nobel Howard Gardner. 

Estas conclusiones, sin duda tienen una gran relevancia en el mundo del trabajo porque muy por encima de ser eficaces profesionalmente, se requiere gente comprometida con el proyecto y a la vez que se lleve bien que los demás. 

Porque es bien sabido que nuestro éxito siempre depende de la percepción que tengan otros, nuestra trascendencia está ligada a los demás y el crecimiento requiere el contraste de otros. 

Cuando trabajamos en una oficina, en producción o acompañado de la enorme soledad de los números, nos damos cuenta de que podemos soportar fácilmente muchas dificultades, cuando existe la emoción de los demás o la posibilidad de hablar y sentirse escuchado, la comunicación no verbal, el calor del contraste. 

Gran parte de nuestra existencia está contagiada de emociones. Yo pienso que incluso la gente que se va de las empresas, en realidad se marcha de sus jefes porque incluso la relación de trabajo acaba siendo personal. 

En cualquier caso, emoción y razón están detrás de cualquier actuación que afecte a otras personas y a nosotros mismos. Por tanto, es bueno que sepamos cosas relacionadas con nuestro comportamiento y aún es más necesario que seamos capaces de incorporarlas a nuestra actitud porque ello influirá en la forma en que los demás perciban lo que hacemos. 

Quiero analizar un poco como se produce todo eso, explicándolo brevemente y además abrir las puertas de la conciencia individual hacia la oportunidad de aprender, practicando, porque la enorme ventaja de la INTELIGENCIA EMOCIONAL es que puede aprenderse. 

1. EL PRIMER GRUPO TIENE QUE VER CON NOSOTROS MISMOS 

Reconocer, canalizar y manejar los propios sentimientos: Elementos Intrapersonales

Esta habilidad implica tres competencias básicas:

  • Autoconocimiento-conocimiento de uno mismo. 
  • Autocontrol
  • Automotivación

Aquí no se trata de saber qué piensan los demás de cómo somos, sino del conocimiento que poseemos sobre nosotros mismos. Porque ello, nos ayudará a justificarnos, porque somos así. 

Todo empieza por ahí y entiendo que el nudo de la inteligencia emocional está en el conocimiento propio porque éste es el que permite poner en práctica las demás habilidades que podemos convertir en competencias como el autocontrol y la automotivación. 

Casi siempre la mejor forma de resolver un problema es saberlo plantear y de esto los financieros saben mucho porque es como elaborar una cuenta de explotación de la vida propia, por tanto, empezaremos por ponerle un nombre a las consecuencias de determinados actos. Si somos capaces de darle un nombre, somos capaces de identificar las causas. 

  • El enfado es una actitud que nos ayuda a defender nuestros propios valores e indicar a los demás los límites (físicos o psicológicos) que no deben traspasar, normalmente no es una acción sino más bien una reacción que surge cuando nos sentimos agredidos, vivimos una injusticia o nos contarían nuestros intereses. 
  • El miedo es una reacción de cautela que nos advierte del peligro y, por lo tanto, nos da tiempo a protegernos, afrontarlo o incluso huir. Hay muchas clases de miedos, casi todos derivados del miedo a ser rechazados y el miedo al fracaso, pero se puede aprender a gestionarlo, simplemente identificándolo, se produce principalmente cuando nos enfrentamos a situaciones que antes no hemos conocido. 
  • La tristeza generalmente tiene que ver con la pérdida de algo, alguien. En el fondo nos despedimos de algo (material o inmaterial) y ayuda a eliminar el vacío que produce la separación. Hay otras formas de tristeza que no siempre controlamos y que tienen que ver con la autoestima, la falta de reconocimiento, la soledad. 
  • La estimación, aquello que nos permite ser generosos, disfrutar el placer de dar con él nos volvemos más creativos, nos puede aumentar las ganas de hacer cosas, nos acerca a las cosas sin juzgarlas, aunque también nos hace más vulnerables. 
  • La alegría estimula y protege la vida, ya que es consecuencia de una sensación de bienestar y armonía y surge cuando nos realizamos personalmente o cuando damos alcance a un objetivo. 
  • La envidia que se produce cuando no somos capaces de reconocer el éxito de los demás, es un nivel mediocre que si lo superamos nos llevará a la admiración. 

Hay muchos más, pero éstos son los más representativos, también hay otros sentimientos que se mezclan entre ellos , la tolerancia, la caridad, la ternura etc.

AUTOCONTROL sobre UNO MISMO 

Admiramos a la gente que sabe controlar la situación, aunque a veces sería mejor dejarse llevar por los instintos. 

Hay que advertir que autocontrol no simplifica reprimirse sino sobreponerse a los instintos y a las emociones. 

Aristóteles y después Kant lo definen como está capacidad de justificar a través de la razón nuestras emociones, especialmente para pararlas antes de que fluyan. Es como la presa en el río. 

Conocemos a la gente que se autocontrola porque casi nunca resulta espontánea, tiene que ver con el equilibrio. 

Dicen que uno de los caminos hacia la madurez sería definir esta capacidad de controlar los impulsos y que constituye el fundamento de nuestro carácter. 

Me gusta esta frase clásica: 

“Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo más conveniente, esto es casi imposible”

Uno de los campos en que el autocontrol puede ejercitarse con mayor frecuencia es para modular nuestras reacciones de enfado. 

Cuando hablamos del enfado, me gusta mucho una explicación de mi colega y amigo el Prof. Carlos Andreu, al que le apasiona la componente seductora del enfado. 

Su tesis se basa en que cuando alguien está enfadado, entra en su interior para buscar y siempre encontrar razones para defenderlo y justificarlo. 

Somos capaces, incluso podemos embarcarnos en un monólogo interno para demostrar lo bien que actuamos al enfadarnos. En este sentido, Stephen Covey, en su libro “Los 7 Hábitos de la Gente Altamente Efectiva” nos recomienda la siguiente actuación cuando nos asalta una fuerte emoción y que quiero compartir contigo: “las personas emocionalmente desarrolladas que gobiernan adecuadamente sus sentimientos, y asimismo saben interpretar y relacionarse efectivamente con los sentimientos de los demás, disfrutan de una situación ventajosa en todos los dominios de la vida”, ya que:

  • Suelen sentirse más satisfechas
  • Son más eficaces y más capaces de dominar los hábitos mentales que determinan la productividad
  • Incluso comprenden mejor cada situación, es como tener en cada momento un balance de la situación, incluyendo las previsiones a corto plazo e intuyendo aquellas condicionantes del mercado que nos afectan. 

Así mismo propone una forma de actuar:

  • Deténte, serénate y piensa antes de actuar
  • Expresa el problema y di cómo lo sientes
  • Proponte un objetivo positivo
  • Piensa en varias soluciones
  • Piensa de antemano en las consecuencias
  • Sigue adelante y trata de llevar a cabo el mejor plan
  • ¡Házlo desde el primer día!
  • Comprueba como vas adelantando 

AUTOMOTIVACIÓN

Las personas dependemos siempre de nuestros estado de ánimo para hacer las cosas de una u otra forma. 

Somos un todo y además casi siempre domina nuestra componente emocional. Por otra parte, existen personas que pueden ver la botella que está en la mitad, de forma optimista o sea, medio llena, o de lo contrario en forma pesimista: medio vacía. 

Éste es un síntoma claro de poca inteligencia emocional porque deja en los demás una de las decisiones fundamentales de la persona. La capacidad que tenemos de Automotivarnos significa llevar a cuestas la estufita que calienta nuestro interior sin que nos afecten los reveses ni los hundimientos de otras personas que están cerca de nuestro entorno. 

Uno de los elementos básicos de la automotivación es la actitud optimista con que una persona se enfrenta a su existencia. 

Todos los textos realizados sobre vendedores o personas dedicadas a hablar influir y convencer a la gente, así como aquellas personas dedicadas al mundo profesional y sometidas a un cierto estrés, la frialdad de los números es un ejemplo. 

Algunos autores como Martin Seligman, Sue Knight, Jack Trout etc. están de acuerdo en que estos colectivos –son grupos en el que la automotivación resulta fundamental- uno de los rasgos de personalidad más discriminatorios de aquellos que consiguen resultados excepcionales es su optimismo, su capacidad de autoilusionarse. 

Ya que estamos hablando de rasgos permanentes en la personalidad, la capacidad de generar ilusión debe mantenerse en el tiempo, es decir, debe ser perseverante, a pesar de fracasos aparentes y existen técnicas para conseguirlo. Casi siempre pasan por la mentalización y el recuerdo de las experiencias positivas recomiendo las técnicas de PNL . 

El optimismo y, en contraposición, el pesimismo constituyen formas de percibir e interpretar las cosas que suceden en nuestro entorno. 

Vamos a ver algunos ejemplos:

El optimista, cuando se producen situaciones negativas o desagradables, considera que:

  • Casi nunca las cosas son tan feas como aparecen a primera vista, o sea que vale la pena profundizar un poco más. 
  • Las cosas que no dependen de él y, por lo tanto, los motivos que las generan no son directamente atribuibles a sus características personales. 
  • Dichas situaciones o circunstancias no van a durar siempre, sino un período de tiempo determinado. 
  • Éstas no van a influir en el resto de su vida
  • Mañana empieza una nueva oportunidad. 

En cambio, el pesimista cuando se producen situaciones negativas o desagradables considera que:

  • Todo era previsible ¿cómo puede salir algo bien?
  • Las causas que generan los problemas son directamente atribuibles a sus características personales
  • Las situaciones siempre son fatales y van a durar siempre
  • Además, van a condicionar el resto de su vida

2. EL SEGUNDO GRUPO, TIENE QUE VER CON LOS DEMÁS. 

Y tiene que ver con la capacidad de actuar y modificar adecuadamente los sentimientos que aparecen en la relación con los demás: 

Elementos Interpersonales

Esta habilidad, que puede convertirse en competencia, implica dos competencias básicas:

  • Empatía
  • Habilidad Social

EMPATÍA

Esta palabra mágica, consiste simplemente en la capacidad de comunicar nuestras emociones y de saber leer las emociones de los demás.

No es una cualidad privativa del ser humano pues hasta los primates y los perros saben leer emociones en el rostro de los demás. 

La gente que posee una comunicación cinestética sabe ponerse en lugar del otro con mayor facilidad. 

También las personas emocionalmente desarrolladas y equilibradas que gobiernan adecuadamente sus sentimientos, saben interpretar y relacionarse de forma efectiva y útil con los sentimientos de los demás, disfrutan de una situación ventajosa en todos los dominios de la vida, ya que:

  • Han aprendido de los propios errores y de los otros
  • Su mente y sus sentidos siempre están abiertos 
  • Suelen sentirse más satisfechas
  • Son más eficaces y más capaces de dominar los hábitos mentales que determinan la productividad. 

LA HABILIDAD SOCIAL 

Es esta capacidad que tienen algunas personas para comunicarse con los demás y también la competencia de influir en los otros. Algunos lo definen como extroversión, don de gentes, magnetismo, carisma, atractivo etc. Pero ello se debe a:

  • Que les gusta la gente
  • Saben escuchar lo que otros quieren para corresponder
  • Son ágiles mentalmente y pueden reaccionar ante cualquier situación
  • Pueden adaptarse a cualquier entorno. 

Todo lo que se relata en este trabajo puede aprenderse, para ello sólo faltan algunas cosas: 

  • LA MOTIVACIÓN PARA APRENDER
  • EL TIEMPO PARA DEDICARLE
  • MUCHA PRACTICA 
  • OBSERVACIÓN, PARA RECTIFICAR Y APRENDER DEL MODELO
  • Y SI ES POSIBLE, UNA TUTORIA QUE SEA CAPAZ DE MOLDEAR UN PLAN DIDÁCTICO. 

No está lejos el día en que las personas sean capaces de poner corazón a los números, según nos cuenta Beremiz Salem, en su libro sobre matemáticas, ojalá, también pudiera regalarse el talento necesario para que cada ser humano fuera capaz de disfrutar su vida con dignidad.

Los adictos al trabajo

Seguramente usted, igual que yo, habrá oído hablar de la adicción al trabajo, ¿es así? Bueno en realidad se trata de buscarle una justificación a toda esta gente que parece que sólo vive para trabajar, vamos que se pasa la vida currando y no por necesidad. 

Le confieso que un servidor siempre ha pensado que este tipo de gente tenía algún tipo de tara o algo así; me explicaré, yo soy de los que creo que debemos funcionar con armonía , vamos que hay que compensar emocionalidad con racionalidad, familia, amistad y trabajo, deberes y obligaciones , día y noche , todo eso. 

Cuando nos enganchamos mucho a alguna de estas cuestiones vitales que normalmente dan un sentido trascendente a nuestra existencia, caemos en la adicción y los vicios siempre son malos. 

Pienso que no se puede abusar ni siquiera de algo tan digno-para algunos- como el trabajo. En realidad la gente que conozco con este problema siempre sufre determinadas limitaciones o bien hay algo importante que no funciona en su vida. 

Vamos a ver, las personas en el fondo nos movemos por dos grandes intereses, el placer y todo lo que encierra el concepto o sea lo lúdico, el sexo, el juego, la diversión, etc y el dinero, entendido como el medio que nos facilita el acceso a la posesión de cosas, incluso el poder, la influencia y todo lo demás. 

Claro que también está el amor, pero eso ya es otra cosa, obviamente el amor no se justifica porque pertenece al misterio de las emociones, las sensaciones, la química, todo lo irracional , de lo que todos creemos saber algo, pero que en realidad nos supera simplemente porque no tiene explicación científica, es demasiado subjetivo. 

Los adictos al trabajo son un tipo de enfermos que a menudo entierran sus frustraciones escondiéndose detrás de una mesa, delante de un ordenador, empuñando un móvil con el que se defienden de toda forma de comunicación con su entorno y viven construyendo negocios en el aire que deben perfeccionarse al instante por el temor a que se evaporen al día siguiente. 

En mis catorce años de oficio como abogado matrimonialista conocí a gente que se pasaba la vida en el despacho simplemente para no enfrentarse a la relación con su pareja o a la responsabilidad de educar a su prole. 

Hay otros que subordinan su existencia al entorno laboral porque allí están cómodos y en su nimiedad buscan su autoestima encerrados en un antro, allí están seguros y no les importa ni siquiera lo que van a pagarles, simplemente se montan su propia cárcel para protegerse del vacío de sus vidas. A unos les mueve la codicia y la avaricia pero a otros ni eso, se defienden de los demás dándole a alguna maquinita mientras los demás se toman una cerveza. 

Parece ser que, unos científicos americanos han descubierto que existe una sustancia química que segrega el cerebro llamada “dopamina” que es la causa de los adictos laborales y que relaciona el esfuerzo con la recompensa. Como anécdota está bien pero sería bueno que pudieran contaminarse también muchos políticos a fin de que trabajaran un poco más y así ganaríamos todos.

Jóvenes y suficientemente preparados

Tengo fundadas esperanzas en la juventud y no sólo porque dependo de ellos para cobrar un día mi pensión, sino porque están mucho más cerca de la tecnología y el conocimiento para poder construir una sociedad más justa. 

Las ambigüedades que todos tenemos están ligadas a la situación de cambio que vive la sociedad en esta transformación de sus valores que nadie entiende, en la forma en que se gestiona el éxito y en la gran decepción que acompaña el premio final ¿es que no hay nada que no huela a dinero?. 

La globalización e internet quizás han acercado los productos y servicios a la gente, han permitido cruzar información con más gente en menos tiempo y desde cualquier lugar, pero no sirven para satisfacer las auténticas necesidades de las personas, ya que lo que todos queremos en el fondo es que nos escuchen, nos entiendan y nos quieran. 

Eso del marketing está muy bien cuando se trata de ofrecer alternativas, llegar a mucha gente fácilmente, pero pierde credibilidad cuando satura. Su perversión nos ha llevado a inventar necesidades y crear hábitos estúpidos que conducen a un parte de nuestros jóvenes hasta el borde de su penuria física -anorexia, alcohol, pluriconsumo-moral (relaciones frágiles, escasa disciplina, dudosa solidaridad) ya que sus dudas no consisten en elegir una opción -como en mayo, 68- sino que ahora se plantean si existe realmente algo sólido que realmente llene su vida. 

Las familias poco pueden hacer, más que divulgar sus valores y fomentarlos, escuchando las raíces históricas que nos permitieron llegar hacía aquí y reforzar el compromiso del grupo, pero desde una actitud de comprensión y tolerancia, sin perder el nivel de exigencia que les corresponde, como progenitores. 

Educar lo que se dice educar viene de la calle, no se trata de dar un techo a los hijos, ponerles la comida en la mesa y salir juntos de vacaciones, ni siquiera una reprimenda o reforzar la autoridad a gritos, educar está mucho más cerca de la forma de conducirse en la vida que de la proclamación de una normas de conducta y queremos que eso sirva después. 

Cuando nuestros jóvenes lleguen al mundo laboral buscarán también a líderes auténticos, desearán encontrar un auténtico jefe, alguien comprometido que sea director y a la vez guía, como el que conduce el bus, necesitan creerse que el líder es el que “curra” un poco más, el que se sacrifica y que también es capaz de descubrir y potenciar el talento de los otros. 

Y todo eso, no se aprende en un aula, ni siquiera se puede trasladar como conocimiento, estamos hablando de que nuestra sociedad tan competitiva, busca gente con talento porque además son “ellos” quienes van a dirigirnos mañana, necesitamos estas componentes, pero ¿qué es talento?. Sencillamente, la suma de conocimientos, habilidades, competencias y… creencias y todo eso, unido al compromiso de la persona, o sea, ganas de autosuperarse y contribuir para dejar el mundo algo mejor, éste es el reto. 

No sé si seremos capaces de descubrir el talento de nuestros jóvenes, pero puedo asegurarles que detrás de la play, la disco, el piercing o incluso la litrona, existen personas capaces de tomar decisiones y con ganas de abrazarse a proyectos comprometidos. 

Nosotros estamos para mostrar el camino, ellos para recorrerlo y si además, todo eso, podemos hacerlo juntos, mejor.

Ahora no puedo, estoy trabajando

Parece una frase habitual para muchos de nosotros, pero es inédita para mucha gente, especialmente para los que quieren y no pueden encontrar un trabajo.

Podría referirme a cualquier joven, mujer o incluso alguien mayor de 50 años, pero hoy voy a dedicarme a los diferentes colectivos de discapacitados, palabra muy mal empleada porque no conozco a nadie, incluyéndome a mí, que no tengamos alguna limitación de capacidad. 

Se imaginan a Einstein corriendo los 100 metros, a Michael Jordan en un laboratorio o a la madre Teresa en política, !lastima! porque nos habría cambiado el orden mundial aunque para bien, seguro. 

Es evidente que cada uno poseemos unas habilidades, competencias e inteligencias distintas; según Howard Gardner hay más de siete. 

Digo todo eso para persuadirles que al referirse a “discapacidad” digan simplemente “distintas capacidades “ porque ésta es la realidad, cada uno de nosotros sirve para unas cosas y es un negado para otras. Observen cómo bailan algunos y cómo nos expresamos la mayoría y es que componer palabras tampoco es lo mismo que comunicar. 

Hace unos días pude disfrutar, compartiendo el XXI aniversario de la Fundación Catalana Síndrome de Down, con el que coincidí con casi un centenar de empresarios que pudieron confirmar a través de su experiencia contrastada empleando a personas de este colectivo, que su nivel de eficiencia y rentabilidad en los puestos de trabajo asignados es comparable a la de otros trabajadores considerados menos especiales. 

Pero, con un valor añadido para mí muy importante, ellos disfrutan de su trabajo y además, sonríen muy a menudo como si disfrutaran de verdad haciendo lo que hacen. 

Como consultor de recursos humanos, a menudo, debo evaluar las competencias claves de un trabajador y normalmente todos coincidimos que con independencia del puesto y el correspondiente nivel de conocimiento, las más necesarias son:

Identificación con el puesto, proactividad, equipo, proyecto de futuro, autoestima, facilitador y voluntad formativa, o sea que, además de lo que se sabe y la actitud para hacerlo, queremos gente con valores, dispuesta a disfrutar, compartir, crecer e implicarse. 

Los enfermos de Down tienen esta actitud hacia su trabajo, simplemente se preocupan por entenderlo y hacerlo bien, entonces, en vez de comprenderlos que sirve de poco ¿por qué no integrarlos en nuestras empresas de forma racional?, especialmente en aquellas tareas que les permitan desarrollar sus capacidades. 

De esta forma, además de beneficios fiscales y sociales, podríamos darles la misma oportunidad que todos tuvimos algún día a fin de que puedan demostrar lo que saben hacer exactamente como lo hacemos con cualquier otro trabajador. 

Para ellos, lo más importante es poder demostrar que son humanos y dispuestos a aplicar sus recursos, que tienen proyectos de vida como usted y yo, que necesitan su autoestima, pues sus sueños no tienen más limitación que las cadenas que ponemos los demás. 

A cambio, además de darnos todo lo que pueden dar como personas y como profesionales, seguro que nos regalarán su sonrisa espontánea, pero esto sí, procuremos no interrumpirles mucho en su jornada laboral, no sea que con la bondad de sus ojillos traviesos nos digan: “ahora no puedo, estoy trabajando”.

Otro año en el saco

Este año tan bisiesto como extraño se va por la puerta de atrás, avergonzado por el saco de tragedias que nos ha dejado, guerras que no cesan en oriente, inseguridad en el trabajo y esta violencia doméstica con la que se desayunan los telediarios. 

En casa aún peor, no nos vale, que quieran distraer a la gente con personajillos inventados, ni el gran hermano, nos hace olvidar, que vivimos en una crispación permanente, que la plusvalía del euro, no la notamos en el salario, pero sí en el café que cuesta el doble, la burbuja de los pisos que no estalla y mientras tanto, sigue sin trabajo el que quiere trabajar. 

Que pena que la última reforma legal sea la de la ley del divorcio, para que así las parejas se aguanten un poco menos, acabando de una vez con los pocos valores que quedaban, con menos paciencia, menos tolerancia, nula comunicación, se esquilma algo tan hermoso como la relación humana, en el siglo de la tecnología, internet y la sobrecomunicación. 

Que poco importa, que los niños tengan playstation, móvil, sms y tanta tele, si son incapaces de inventar un juego en la calle, pronto olvidarán hablarse a los ojos y la vida se comprimirá en un tretrabik impersonal, como aquel gazpacho casero, que no tardaremos en olvidar. 

Pues no, no ha sido un buen año, en casi nada, demasiada tragedia, exceso de recelo y crispación, entre familias, comunidades y países, antes sólo era el fútbol pero ahora la rivalidad es por el agua, la lengua, las selecciones o por ver quien la tiene más “grande”, me refiero a la cuenta corriente, que es lo que cuenta al final. 

Los que llevamos los deberes hechos, podemos presumir de tener la agenda al día, como ésta de la empresa, desde la que me asomo , y que mes a mes ha seguido tomando el pulso a la sociedad del trabajo aquí en Andalucía porque al fin y al cabo, el único lenguaje válido que nos une es el del trabajo de empresarios y trabajadores. 

Tenemos muchos proyectos por compartir juntos, usted y yo, y en el año próximo muchos más, porque la sociedad está en crisis, como los valores , incluso el flamenco, ¿para cuando otro camarón?, y es que, necesitamos que alguien nos encoja el alma. 

Porqué así, con el corazón expuesto al sol, podemos ser capaces de devolver el nombre de las cosas, incluso, bajar la silla a la calle para arreglar el mundo con los que queremos y volver a lo nuestro, a pelear para mejorar un poco lo que está a nuestro alcance, luchar contra el ocio, sólo para que nuestros niños, nos vean sonriendo y conversando, en vez de contemplarnos, como fantasmas pegados al televisor. 

Os emplazo para que en este 2005, seamos capaces de disfrutar haciendo lo que hacemos y hasta plantaremos la cara al consumismo atroz, descubriendo sólo lo que necesitamos, de esta forma, recuperaremos nuestra autonomía como personas libres. 

Volveremos a ser, los que decidamos que queremos ver, sentir y hablar, hay que intentar que los cobardes, no salgan a cuenta, aunque para ello, tengamos que brindar dos veces. Si nos comprometemos, podemos hacer que las cosas salgan mejor, simplemente porque vamos a oír menos a los que no dicen nada, para poder, escucharnos mejor a nosotros mismos. Feliz año.

¿Para qué queremos agua en Marte?

En menos de lo que tarda un ciclo lunar he podido barajar dos noticias aparentemente contradictorias que nos están mostrando una pequeña parte de lo que está ocurriendo en el mundo laboral y la economía de consumo, ligadas como es lógico a nuestros salarios como trabajadores. 

Nuestros vecinos europeos y nosotros mismos estamos preocupados y con razón por el aumento de la temporalidad, por la deslocalización y por las grandes crisis en sectores como el automóvil y los gobiernos. Obligados por la competitividad están redactando nuevas fórmulas que incluyen la doble escala salarial y que permitan más flexibilidad manteniendo el trabajo estable. 
La otra novedad es que nos acabamos de enterar, aunque ya lo sabíamos, que hay más de mil millones de parados en el mundo. Supongo que es un dato técnico porque lo cierto es que la mayoría de esta gente sobrevive de alguna manera. 

Pero es preocupante que no tengan un empleo normal, o sea, con su horario, con su regulación correspondiente y unas prestaciones sociales dignas. 

El gran fracaso y el reto frustrado de nuestra sociedad será no haber conseguido que todo el mundo tenga un trabajo del que vivir, o por lo menos llegue a sobrevivir y no sólo por razones humanitarias, sino más bien prácticas. La economía de consumo a la que estamos abocados necesita que la gente gane dinero para gastarlo y rotar la máquina del mercado. 

Sin embargo, algo no acaba de funcionar en el sistema, cuando la mayor parte de la humanidad, más del 80 por ciento, apenas puede consumir mientras que la minoría busca nuevos alicientes para gastar el dinero. 

Quizás haría falta, establecer un catálogo de necesidades individuales, para enfocar el gasto, es triste y absurdo, que en miles de años, no hemos sido capaces, de utilizar el progreso, para que todos podamos vivir mejor. 

En realidad, gastamos el talento y el tiempo en aprender el funcionamiento de maquinillas domésticas y videojuegos que no sirven más que para limarnos la capacidad de pensar y claro, ni siquiera nos planteamos que tenemos a ¾ partes de la humanidad, casi siempre “cabreada”y voluble ante cualquier idea radical. 

Un día les “colonizamos” negando su cultura, les arrebatamos sus riquezas, sus tierras, aniquilamos a una parte y a los que sobran les enseñamos que hay una religión que invita a compartir -ellos lo hacían hace miles de años- pero después no repartimos nada con nadie. 

Es cierto que el camino de la deslocalización y la fuga de empresas hacia fuentes de producción es imparable, porque esta es la penitencia al pecado de la soberbia del consumo. Hasta el más lerdo en economía sabe que el aumento de oferta hace bajar los precios y aquí el único valor añadido que vendemos es tan volátil como el humo del marketing. 

De otra forma, explíqueme porque una caja de antibióticos cuesta en Togo la mitad del salario mínimo o porque la mayoría de africanos o asiáticos tendrían que trabajar un mes para comprarse un perfume o peor, unas zapatillas de marca fabricadas por alguien a medio euro la hora. Por suerte son más listos y prefieren pisar su pie desnudo en la tierra y se perfuman del color de las puestas de sol o el rocío puro de la selva. 

No sé si deberíamos aprender algo de los cientos de miles de emigrantes de otras culturas que nos hacen falta. Quizás más pobres de medios pero sin duda más instruidos en necesidades auténticas porque sus niños disfrutan simplemente corriendo por la calle, mientras los nuestros que son herederos del progreso, utilizan su creatividad, compitiendo en el average de una playstation o aprendiendo a envidiar a su vecino porque tiene un coche más grande. 

Lo que pasa a nuestro alrededor es un fiel reflejo de un sistema perverso. El problema no está en la relación de la economía y el trabajo sino en su proporción, pues siempre habrá gente más apta para producir y otros para gestionar, pero no deberíamos olvidar que todos tenemos la misma boquita y nuestra evolución sólo se justifica utilizando nuestro trabajo para subir un peldaño y progresar. 

De que nos servirá tener agua en Marte, cuando cientos de niños morirán de sed en el tiempo en que tarda en leer este artículo, simplemente, porque hemos sido incapaces de llevar hasta ellos los medios para sobrevivir, o es que nos avergüenza tanto verlos sonreír porque nos recuerdan que tener muchas cosas no basta para ser más felices.

Un verano para olvidar

Se encendió Agosto y con él todas sus pertenencias como este calor que ahoga los campos huérfanos de lluvia, el descanso de las aulas universitarias, el salón de los pasos perdidos, más perdidos que nunca, el perezoso vaivén de las olas llevándose con ellas la fatiga de millones de personas que escapan de su trabajo buscando inútilmente evitar un entorno que les persigue y sobre todo esta necesidad de desnudarse de obligaciones a fin de que nada robe un minuto de tu tiempo.

Confieso que a mí no me gustan especialmente las vacaciones estivales, más bien prefiero tocar el verano todos los días, aunque deba abrocharme por las mañanas la corbata de mi uniforme, así dejaré que el sol cuente mis pasos tranquilos en la ciudad y que los silencios urbanos llenen mi cabeza con nuevas ideas que podré coser en otoño.
Recuerdo de mi infancia escolar que el final del verano siempre me pillaba con los deberes hechos y también todo un universo de propósitos que surgían en mi mes favorito, este septiembre maravilloso que recoge los colores de la maduración del estío y que se presta a dejarse ordeñar como los frutos de la vid que disfrutamos antes del frío.

Y es que no debemos dejar cosas por hacer, ni historias para contar, ni sueños en los que perderse. Es mejor disfrutar la vida en cada momento y mucho más cuando la plenitud de agosto pone ante nosotros el regalo de la salud y las imágenes doradas de la gente que se inventa cualquier pretexto, sólo para reírse o sumar un poco más de tolerancia ante la incerteza de todo.

Vale la pena gozar de estos grandes placeres de la vida pasiva y disfrutar la ausencia de este verdugo despertador que hasta puedes esconder en un cajón durante algunas semanas, no debes permitir que nada te perturbe a fin de que, por encima de todo, puedas dedicarte a ti.

No debes leer nada que te haga pensar demasiado porque lo escrito por otros ni siquiera te pertenece, el verano es para estar con la gente que quieres, con tus amigos, contemplarte ocioso mientras te sientas en la puerta de tu casa o en cualquier terraza ajena con una cervecita y así, hasta puedes conseguir soñar despierto, creyéndote que reinas en tu vida.

Puedes perderte en tus deseos e imaginarte disfrutando aquellas cosas que te gustaría hacer, sin pagar por el esfuerzo.

Vale la pena que disfrute la diferencia, porque de la misma forma que examinarte y aprobar no tendría sentido sin la posibilidad de suspender, encontrarte unos días con tu vida, tampoco valdría la pena sin la posibilidad de poder levantarte después de reposar y salir corriendo para buscarla.

Aprender a los cincuenta

Alguien dijo, que la experiencia sirve sólo, para cometer nuevos errores en vez de los viejos, algo habrá de todo eso, cuando llegamos a la cincuentena y nos damos cuenta de que todo lo que sabíamos hasta ahora, no nos sirve de casi nada.

Mas de uno recordará el “q.w.e.r.t” con los cuatros dedos izquierdos y aquello de las 250 pulsaciones-no de corazón-por minuto, la regla de cálculo, el papel carbón… hasta el tippex salvador, se han pasado de moda, porque hoy se trabaja de otra forma, mejor dicho con otras herramientas y distinta mentalidad.

Afortunadamente, cuando llevas más de 30 años trabajando, has aprendido como mínimo, lo que no debes hacer, ya que todo el conocimiento, que es la experiencia que realmente nos pertenece, todo eso, debería servirnos para entender lo demás.

Por mucho que evolucionen los tiempos, las máquinas y casi todas tecnologías que dan algún beneficio, sólo esas ¿está claro? por eso – siguen muchas enfermedades guerras y, hambre- las empresas siguen dependiendo de las personas y éstas de su actitud frente al trabajo, porque lo cierto es que, todo lo demás puede aprenderse.

Formarse sigue siendo el camino para adaptar, darnos forma, adquirir nuevas habilidades o incluso transformarlas, para poder dominar determinada materia, naturalmente, casi nunca se aprende en el aula, sino aplicando psicomotricidad y práctica, probando y ensayando, eso es parte del aprendizaje.

No quiero caer en el tópico, de afirmar que la vida, es un aprendizaje continuo, porque se me ocurre algo más radical, que definiría así, cuando la tecnología avanza más rápido de lo que puedes controlar, o te adaptas, o el propio sistema te expulsa.
Lo que nos ocurre es imparable, Internet, flexibilización, network ,teleofimática, virtualidad y además, todo eso ocurre al mismo tiempo y traducido en lenguaje laboral, quiere decir que, se necesitan personas aptas para comunicarse en red, integrarse en equipos de proyectos, usuarios de recursos digitales, abiertos de mente, flexibles, adaptables y falta una….y que además, se lleven bien entre ellos.
La ventaja que tenemos los que llevamos años en eso y lo sufrimos, es que sabemos perfectamente lo que hay que hacer para integrarnos, les propongo un ejemplo.

A mí, como a mucha gente, me gustan las historias, porque soy curioso, que me cuenten algo, ya sea a través de un libro, en el cine, la radio o por televisión.

Además, como formador en comunicación, prefiero, los argumentos estructurados o sea, una presentación de personajes, un nudo, un desenlace y un final, una historia bien contada, es más relajante para la mente ¿verdad? Pues bien, ya he cambiado, en serio.

Cuando después de una jornada laboral, me asomo unos minutos al televisor, he descubierto gracias a un cacharrito increíble, -el telemando- que puedo meterme en muchas historias a la vez, sin importar el fondo que están contando, ya que siempre distraen y son absolutamente superficiales, pues actualmente, se producen programas sin argumento y tampoco hace falta seguirlos.

Claro que al final, no te enteras de nada, pero es que, tampoco importa demasiado.

Con lo nuevo que aprendemos, pasa algo parecido, por eso, debemos dirigirnos a la formación útil, que envejece sin hacerla nuestra, porque todo cambia rápidamente.

Por tanto, que no se desesperen todos los ceñiros que deben adaptarse al mundo laboral en la actualidad, pues el reciclaje no es complicado, nos vale todo lo aprendido y a partir de aquí, incluso podemos desaprender lo que no sirve y extraer lo que de verdad queremos aprender, es la misma diferencia entre un escolar de 6 años, que es toda una esponja o un alumno de cuarto de carrera que, sabe separar lo importante de lo que no lo es, nunca jamás con años de universidad o escuela-taller, tomamos apuntes de todo, porque sabemos que hay un conocimiento importante y otro que no lo es.

Por tanto y como conclusión, si debes asumir con cierta edad laboral, la necesidad de formarte tienes la enorme ventaja de utilizar todo, absolutamente todo lo que aprendiste de verdad en el pasado, para abrir espacios hacia las cosas que realmente te interesan.

Ser adulto, significa simplemente conocer algo más sobre lo que te conviene y madurar equivale a tomar decisiones, por eso reconocemos enseguida al buen líder, porque es capaz, de organizar gente y obviamente asumir riesgos del grupo, eso es dirigir, un poco como conducir el autobús.

Naturalmente, en el pasivo de todo eso, hay inconvenientes, porque ni todo es fácil, ni siempre queremos ya sea, por cansancio en la vida laboral, porque hemos perdido parte de la capacidad de sorprendernos, ni siquiera estamos motivados y nuestro horizonte se clava con mayor facilidad en la jubilación, que en la propia promoción personal.

Pero también hay respuestas para esto, pues a menudo olvidamos el reconocimiento y la autoestima, que son las grandes muletas que te lleven a construir castillos en el aire durante media vida, puesto que al final lo que cuenta de verdad es, descubrir como uno se siente consigo mismo y como contribuir a mejorar un poco nuestra sociedad.

Claro que, detrás de una formación adulta se esconde un reto, pero ¿es que la propia vida no significa una lucha permanente? Primero, es la presión de los padres, después, descubrimos el interés por saber cosas y que ello nos proporcione bienestar, normalmente nos aparejamos, para construir un proyecto común, finalmente la excusa son los hijos y después volvemos a ser nosotros.

Y es que no hay mejor eje para uno mismo que su propia vida, disfrutar de uno mismo, la paz de sentirse con los deberes hechos, sin olvidarse la sensación de respeto que podamos provocar a los demás.

No sé usted, pero en mi caso, nunca me he planteado dejar de aprender, incluso cuando deje mis actividades ejecutivas, pienso seguir con la antropología, el estudio de los pájaros, las novelas hasta puede que aprenda golf ….¿quién no tiene proyectos? .Pero, nunca debemos perder de vista, que nuestro mejor proyecto, lo que realmente debe ilusionarnos es nuestra propia vida.

Disfrutar de la formación

La antropóloga Helen Fisher dice que es posible hacerlo todo con internet, especialmente ligar. Yo no me atrevo a asegurar tanto, pero como formador virtual puedo dar fe de que al menos es posible formar a la gente desde la red. 

Claro que para eso y para lo primero sólo hacen falta ganas, así de simple porque cuando uno o una se expone a navegar por el espacio infinito de internet en busca de su alma gemela, aunque sea temporalmente, cuenta como mínimo con éstos elementos: el tiempo para dedicarlo, la oportunidad de experimentar las veces que haga falta y especialmente la motivación, o sea que lo mismo que para aprender.

Si la comunicación sigue siendo una asignatura pendiente en este mega forum de saturación de información que padecemos, en el que, se habla y se informa mucho, pero nadie comunica, lo otro, lo de enseñar por la red, sigue siendo complicado, sobre todo cuando se intenta crear un método que mantenga el interés del alumno. 

Cada vez estoy más convencido de que la gente sólo aprende por necesidad, de conocer, de sobrevivir, de ganar, de llegar a…, lo que sea pero siempre dirigido a una finalidad, digamos personal, pero la gran verdad es que quizás podemos dar forma a alguien o a algo para que cumpla una función, pero aprender lo que se dice aprender es otra cosa. 

Piense durante un momento el lector/a en aquellas cosas que individualmente hemos aprendido y el fin que nos ha dirigido hacia ellas, aprendemos a ir en bicicleta para conseguir el placer que creemos disfrutan los que ya saben, aprendemos a hacer mejor un deporte para pasarlo mejor haciéndolo y hasta nos fijamos en como besan en las películas para mejorar nuestra autoestima y ser más admirados, deseados, o lo que sea. 

Detrás del aprendizaje auténtico se esconde el placer. 

Mientras que, la formación responde principalmente a la necesidad. 

Comemos deprisa cuando tenemos hambre y nos perdemos los sabores. 

Hay quien sacia su apetito sexual ignorando que existe un juego entre dos personas con necesidades semejantes y muchos, demasiadas personas se forman simplemente porque hay unos créditos a ganar o un puesto de trabajo, mejor dicho, un salario a obtener. 

Pienso que aquí está el meollo de la formación y las respuestas las encontramos en el simple comportamiento humano, si conseguimos conjugar necesidades y placer entonces podemos tener la oportunidad de desvelar la utopía del conocimiento, por tanto, la receta en formación la sintetizaría en lo siguiente:

Búscate una formación realmente útil y que te guste lo suficiente como para dedicar tu tiempo esperando simplemente el placer de sentirte mejor contigo mismo porque si tu te quieres a ti mismo, sin ninguna duda, los demás también lo harán.

De los tontos por ciento

Ahí están, muy cerca de nosotros, se esconden en trajes oscuros de moda que cierran con tres botones de plástico, guardando una billetera y en su interior las credenciales de los sueños comprados que ahora se llaman tarjetas de crédito. 

Tienen por dentro un cuerpo cuidado en su apariencia que se mueve al paso firme y decidido del ejecutivo agresivo y ambicioso, legitimado por una carrera universitaria, elegida con el propósito de ser explotada por encima de todo. 

Están investidos con las credenciales de un master adquirido en cualquier escuela de negocios, en las que previsibles profesores han desvelado, sin proponérselo, un mundo irreal de los negocios en el que sólo sobreviven los más fuertes. 

Su vida laboral comienza sin tiempo para analizar sus vivencias porque están demasiado ocupados haciendo cosas en su obsesión por escalar peldaños. Sus objetivos son como piezas de caza que deben abatirse y en su obstinación por eliminar a supuestos competidores externos acaba encontrándolos dentro de su propia empresa. 

Algunos llegan a prosperar porque mal aprendieron a usar cualquier manipulación de personas o medios para llegar a sus propósitos triunfales y en esta guerra que se han construido contra todos, sólo vale facturar a cualquier precio. 

Tienen su habitat en bufetes, consultorías de prestigio y grandes empresas, especialmente aquellas que no practican más religión que las cifras y no poseen otra fortuna que su cuenta bancaria, aunque disfracen sus discursos con mágicas palabras con sabor a ética, cultura o credibilidad. 

No tienen amigos sino cómplices aunque saben utilizar a compañeros para sus propósitos y aunque parezca que persiguen el dinero como máxima justificación de sus delirios, en realidad buscan el poder que se esconde detrás del supuesto éxito. 

Incapaces de mantener una relación natural y auténtica, buscan parejas que puedan complementar sus fines, se dejan querer mientras no se desnuden los pocos principios que heredaron de sus padres y la búsqueda de la perfección les lleva a probarlo todo para intentar soportarse todos los días. 

Pero les delata hasta el propio espejo del baño, se sonrojan cuando alguien les sonríe de verdad y aunque esconden tanto su corazón como sus sentimientos, son débiles ante la verdad , pues casi nunca soportan ninguna crítica. 

Les mantiene su fama, mucho mejor que sus éxitos y a menudo tienen una pléyade de jóvenes cachorros que cegados por el color del dinero esperan aprender de las sobras que les caen por el camino. 

Hay que guardarse de estos tontos por ciento que están invadiendo nuestra sociedad en forma de malos periodistas que buscan su sueldo fabricando falsos payasos, de estos ejecutivillos que pululan por las empresas predicando ideas que acaban aislando el talento de los veteranos y malvendiéndolas a multinacionales anónimas. 

De los que quieren apoderarse de nuestro bolsillo con continuas y falsas innovaciones con el único propósito de convertirnos en compradores cautivos de su marketing de celofán. 

Deberíamos desenmascarar a todos estos manipuladores que disfrazados de políticos, ejecutivos o charlatanes quieren arrebatarnos a nuestros jóvenes, conviertiéndolos en zombies obsesionados por el consumo, la falta de escrúpulos y el poder del dinero. 

Y deberíamos hacerlo mientras podamos evitarlo, ya que el problema no está en saber cuando se encendió la mecha sino en calcular cuanto tardará en explotar este modelo de sociedad, demasiado absurdo para ser real.