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De empleados a cómplices

Con tanta prejubilación, expedientes de regulación y subasta de buenos trabajadores, parece que nos estamos quedando desnudos del talento que vestía de valores a las empresas, y es que, el nuevo empleo, está entrando en el mercado de los jóvenes fichajes a mitad de precio y muchas empresas están dispuestos a jugar al patrón persona/unidad de coste, incluso a riesgo de perder valor añadido. Podríamos deducir que en esta lucha para estar en los 40 principales, me refiero a empresas que ganan dinero, en la mayoría, cuenta mucho más mantener la cuota de mercado y el semi-monopolio que ayuda a mantener un pesebre de consumidores adictos que reconquistar a antiguos clientes capaces de asumir el riesgo del cambio. Por eso, dejando aparte las multinacionales, la administración y los grandes empleadores, vale la pena apostar de futuro por todas aquellas pymes que son las que soportan de verdad el país y que al fin y al cabo, garantizan la diversidad. Para estos nuevos empresarios, el discurso consiste en avanzar hacia la sociedad del conocimiento, apostando por trabajadores realmente implicados, ésos que aportan actitud y conocimiento y a los que hay que tratar bien porque sino se nos irán. No es fácil sobrevivir ante el cruel magnetismo del marketing porque atonta y llega a acomplejar. También te provoca cuando un día te miras al espejo y descubres que los pantalones con pliegue quedan mal, te venden imágenes triunfales que asocian la camisa fuera del pantalón y el jersey desaliñado con el modernismo. Incluso desafian los principios de la estética de siempre combinando azules con verdes y camisas rayadas con rayas de corbata y acaban convirtiendo en héroes populares a gente cuyo mayor mérito consiste en exprimir sin vergüenza sus frustraciones. Si hemos llegado a cambiar el concepto de comunicación por los tele-mensajes, el móbil y las cónsolas, no debe extrañarnos que muchas empresas que controlan la economía, aspiren a vaciarnos los bolsillos con multiofertas mediáticas que llegan a eliminar la presencia de un vendedor para evitar cualquier compromiso con el cliente. Ante esta perspectiva dura pero realista, los que llevamos 40 años trabajando podríamos decir algunas cosas: la primera es que las empresas o trabajadores que sólo piensen en competir por costes no sobrevivirán. La segunda es que en la medida en que crecen los consumidores ya que acabamos de incorporar a esta nómina otros 80 millones de europeos, tenemos más posibilidades de construir un concepto de empresa igualmente rentable pero más social simplemente buscando trabajadores que actúen como personas. La tercera es que además del sueldo y los incentivos, mucha gente quiere trabajar para una cultura, tener un jefe y unos colegas con los que se lleve bien y creer que lo que hace todos los días sirve para algo, o sea, que todos aspiramos al reconocimiento y al afecto y a que nos paguen justamente. Por último diría que en el futuro buscamos ser bien tratados y nos gustaría seguir a empresarios que saben donde van porque cualquier trabajador prefiere ser cómplice de un proyecto antes que un simple mercenario quizás porque cree que un trabajo es mucho más que un empleo.

Trabajar o divertirse

Probablemente una de las utopía más gastadas en las charlas sobre motivación al personal sea aquella del disfrutar trabajando. Ya me perdonarán, pero esto es imposible porque la simple palabra de trabajo, del latín tripaliare, o sea algo relacionado con tortura, nos desanima al oírla, somos un país que en vez de vamos a trabajar, decimos “tengo” que trabajar. 

El tema está en la semántica del lenguaje, por tanto hay que cambiar de palabra, que es más fácil y económico, si uno elige hacer algo que es lo que más le gusta y encima le pagan por ello, entonces vamos bien. 

Imagínese que a usted le pagan por estar en la cama a las nueve de la mañana o por aguantar la barra de un bar o por mirar escaparates o ir al cine, por ahí está el camino. 

Y una muestra muy clara de este paradigma lo tenemos en el fútbol, no se extrañe, ya lo verá, aunque no juraría que todos los que le dan al balón lo hagan divirtiéndose. 

Como profesor de comunicación me gusta leer las emociones en la cara de los demás, sobre todo lo que denominamos la comunicación no verbal o sea, la auténtica forma de comunicarse porque es espontánea, ya sabemos que los gestos, incluso las formas llegan más lejos que las palabras. 

Pues bien, les invito a que hagan de espectadores, observen a la gente y busquen sonrisas, la máxima expresión de que uno se lo pasa bien, se traza en su cara moviendo menos de 17 músculos y si alguien confirma esta idea es un genio del balompié llamado Ronaldinho Gaucho, siempre se ríe o por lo menos sonríe. 

Entender el trabajo desde este concepto que evidencia aceptación, motivación, placer individual, profesionalidad e incluso ternura es el ideal de todo empresario, claro que a lo mejor tiene algo que ver lo que gana. En mis más de 40 años de vida laboral he visto mucha gente más rica, pero más cabreada. 

Nos gusta la gente alegre, nos llegan aquellas personas que demuestran que les gusta lo que hacen porque, en el fondo, en nuestro deseo imposible de ser aceptados y tener éxito con todo el mundo, todos queremos ser mimados y que detrás de la solicitud de cualquier cosa , se ligue un gracias unido a una sonrisa. 

No nos gustan los tristes porque nos contagian, y aunque no siempre aceptamos a la gente alegre porque en algunos bajos nos reflejan nuestras limitaciones, al menos nos ayudan a entender que quizás no todo el mundo es bueno , pero ser simpático es gratuito. 
Lástima que no todos pudiéramos clonarnos en personas tan alegres como Ronaldinho, aunque le diéramos peor a la pelota y nuestra cuenta corriente sólo corriera lo justo. 

Pero si tuviéramos que explorar en el bosque de los deseos de cualquier empresario, descubriríamos que todos buscan trabajadores competentes y si no llegan, que tengan la capacidad y la actitud para aprenderlas, que posean habilidades naturales especialmente recursos, autonomía, comunicación, si es posible una buena inteligencia emocional y compromiso, aunque el mejor valor añadido es tener a alguien que sonríe mientras trabaja.

La formación a la carta

Cuando hablamos de nueva economía siempre la relacionamos con esta revolución tecnológica basada en el conocimiento y la información que funciona de forma flexible y global favorecida por las redes de la comunicación. 

Aunque no debemos olvidar que afecta a las personas, a su forma de vivir e incluso a su forma de pensar, tampoco debemos perder de vista que el auténtico poder no reside en la información, por mucha que tengamos, sino en el conocimiento. 

Todo lo que tenemos aprendido sólo nos sirve para saber lo que ignoramos pero que realmente deseamos. Esta componente explícita del conocimiento es la que nos ayuda a sobrevivir y debería ser el objetivo de cualquier organización que lea el futuro. 

Estamos construyendo una cultura de nuevos factores como la agilidad, la innovación, la asunción de riesgos y pretendemos basarla en las personas, en su capacidad de relacionarse y de desarrollar sus “otras capacidades”. En esta nueva forma de pensar el espacio y el tiempo no deben mediatizar el proyecto final. Y por ello, el acceso a la formación virtual permitirá alcanzar a cualquier persona desde cualquier lugar en que se halle. 

No obstante no se debe confundir el aula virtual con la denominada educación a distancia pues los principios que distinguen a cada una de ellas son bien distintos. Baste recordar que la educación a distancia nació hace algunos decenios con el fin de acercar a la formación a personas cuya situación física o geográfica no les permitía acercarse al aula presencial sustituyéndose al profesor con un sistema de información y tutoría regular basada principalmente en la metodología de los textos. 

El aula virtual tiene una función mucho más ambiciosa y en muchos casos llega a superar a la denominada presencial, pues se basa en un gran objetivo y éste es que el estudiante aprenda. 

Por tanto, desde la actitud del profesor hasta el sistema pedagógico y su aplicación didáctica, son absolutamente distintas pues no se basan en “enseñar” al alumno sino en hacer lo necesario para que éste aprenda. 

Se trata de crear un clima absolutamente interactivo y absolutamente participativo en el que cada una de las partes juega un rol muy especial. 

Por una parte podríamos afirmar que el “rol del profesor” se basa en capacitar al estudiante para que sea capaz de gestionar determinados conocimientos que sólo él puede asumir libremente, su papel es de guía o de acompañamiento. 

En cuanto al “rol del alumno”, se trata de asumir unos contenidos los suficientemente interesantes que le permitan observar a través de su propia autoevaluación cómo mejorar su nivel de conocimientos y conseguir la necesaria automotivación que le permita seguir “enganchado” al sistema. 

La tecnología ocupa un papel importante, ya que gracias a ella se cumple la posibilidad de aprender permanentemente con independencia de horario, lugar y tiempo. Puedes hacer lo que quieras, cuando y desde donde desees hacerlo. Pero, para que funcione el sistema, sólo se necesita que exista un clima real de comunicación. Esto es que se provoquen sentimientos y por tanto que exista el denominado “feedback” el retorno, haciendo posible la interactividad. 

En realidad en un sistema ideal de formación, debería combinarse la componente presencial con la virtual, pero los principios serían los mismos, y la filosofía también. Para el mundo empresarial, la formación a través de Internet abre nuevas expectativas permitiendo desarrollar el trabajo en equipo y compartir verdaderamente el conocimiento sin mayores límites que la imaginación personal. 

Desde mi experiencia combinada entre el mundo universitario y la empresa, he podido descubrir que en ambos casos las consecuencias para aquellas personas que están siguiendo planes de formación virtual son muy positivos especialmente por la capacidad de poder evaluar constantemente al alumno a través de los chats y/o el diálogo permanente que sólo es posible con este sistema. 

Sin embargo, desde mi óptica de usuario y ferviente seguidor de esta nueva alternativa, quizás la mayor grandeza que ofrece la formación virtual sea la capacidad de poder formar a cada estudiante a partir de sus propias necesidades y poder compartir con él su propio aprendizaje. 

Es bien sabido que en la comunicación el mensaje sólo es importante en un 7 %, lo demás se refiere al tono y a la parte no verbal. Por ello, cuando se realiza el esfuerzo de comunicarse virtualmente, debe estimularse en gran medida nuestra inteligencia emocional, debemos imaginarnos físicamente a nuestro interlocutor, desarrollar nuestra empatía, medir la forma de relacionarnos con él, abrir su confianza y ponernos a prueba constantemente pero sobretodo tenemos la posibilidad de individualizar la formación, y esto no tiene precio. 

Dar las herramientas, tutorizar el crecimiento personal de otros es sin duda la mejor forma de compartir el conocimiento porque comporta la implicación personal, no es difícil realizar una lección magistral subido a un estrado ante un público anónimo y hablando sobre algo que conocemos. 

Si el conocimiento de la humanidad ha avanzado en estos últimos diez años más que en toda la historia del mundo y dentro de cinco sólo nos servirá el diez por ciento de los conocimiento que poseemos ahora. De poco nos sirve tener personas preparadas, quizás sería mejor buscar gente preparada para aprender ¿no creen?

Espuma blanca

Hay unos ojos que se pierden en el infinito y dentro de ellos una mirada triste que busca la esperanza, corriendo detrás de la espuma blanca que rompe el mar en la noche fría del día elegido para escapar, porque el momento elegido siempre es el mejor cuando puede dejarse atrás la miseria.

Y mientras se apretuja en el húmedo banco de la barcaza junto a compañeros invisibles, la excitación le impide pensar, sólo un techo de estrellas ilumina los sueños que le empujan hacia la Europa deseada.

Alhaji es uno de los 300 millones de desnutridos africanos según la FAO que ya no puede aguantar más malviviendo con una bolsa de comida para una semana y que apenas alarga todo el mes. En Yekepa, su lugar de origen, se moría de hambre, ahora vive cerca de Monrovia con sus 4 hijos, cobra menos de 75 céntimos de euro diarios transportando sacos y el desespero le ha llevado a embarcarse en la patera.

Cuando se trata de huir de la miseria más absoluta no existe miedo al naufragio porque la propia vida es una aventura para llegar al día siguiente. Poco tiene que perder porque sus escasos ahorros se los han comido las mafias de traficantes que les llevan al supuesto paraíso del norte.

Un golpe de mar le despierta de su letargo y sus ojos se detienen en la gran estrella del norte. Mientras se sacude las salpicaduras de agua salada aparece en su mente el recuerdo de su infancia,las noches que pusieron a prueba su virilidad en el “bois sacré” cuando en su lejana pubertad se enfrentó con el miedo para cumplir los ritos de la iniciación y sintió el frío de la solitud esperando acurrucado en un baoab la luz amiga del día siguiente.

Habían pasado cientos de lunas pero la estrella del norte seguía allí, quizás señalando el principio de una vida en la que comerá todos los días. Se imagina a sí mismo trabajando en el campo recogiendo fruta. Quizás podrá tener un techo de ladrillo, descubrir el agua corriente, utilizar la electricidad, conseguir algo de ropa para cambiarse y todo ello merecerá la pena sólo si puede compartirlo con sus hijos.

Su amigo Gbandi hizo este mismo viaje hace algún tiempo y le ha contado que en España no se está mal, aunque no todo el mundo le trate bien. Duerme en una piso pequeño junto a otras ocho personas, pero puede lavarse, se reparten los turnos de cocina y diez horas recogiendo tomates junto al amigo sol. Son una bendición, es un primer paso, a veces hasta les saluda algún blanco, aunque normalmente no se mezclan demasiado ni siquiera con gentes de otras etnias pero es un camino más hacia la esperanza.

El excesivo ruido de la motora lo mantiene en vigilia toda la noche y Alhaji piensa que la esperanza es como la espuma que encandila, que se encarama, pero que enseguida se esfuma, se levantan y desvanecen las olas como los sueños de la noche y a lo lejos las sombras del continente se presentan como gigantescas murallas.

Nadie sabe como se levantará el sol dentro de unas horas ni quien decidirá su destino. Ni siquiera le importa mucho sobrevivir pero le alivia creer que este beso de blanca espuma quizás sea el preludio de una nueva vida más humana.

Decálogo de la empleabilidad

Tal como se está planteando el panorama laboral, los factores como la competitividad, están marcando nuevas formulas de trabajo, por tanto, parece que no sólo debemos preocuparnos por conseguir un trabajo, sino porque éste sea todo lo bueno que deseamos. 

Poco importa que en países como USA no tengan paro e incluso sean deficitarios de mano de obra, pero lo que no se dice es que ni siquiera allí tampoco atan los perros con longanizas, siguen existiendo los empleos de 4 dólares hasta los de 1.000 dólares la hora, todo es trabajo pero no tiene la misma calidad. 

Todo está cambiando tan rápidamente y apenas tenemos tiempo para fijarnos en lo que está ocurriendo a nuestro alrededor, a menudo tenemos la impresión de estar en una estación en la que no paran de salir trenes pero sin tiempo para elegir el destino que pueda convenirnos. 

Ante está paradoja parece que lo mas interesante sea estar preparado, estar en posición de ser elegido o sea ser empleable. Equivale a ser capaz de hacer cosas, aunque no se hagan muy correctamente, debemos estar preparados para competir y estas recomendaciones que destacaré a continuación influyen sin duda en la posibilidad de encontrar un buen trabajo, ayudarán a mantener el que tenemos y además contribuirán a estimular esta actitud positiva que ahora se llama empleabilidad, ya que desgraciadamente en el mundo laboral rige el mismo principio de la economía de mercado, sobreviven los fuertes y caen los más débiles. 

Lo primero que debes hacer es:

  1. Pensar siempre en positivo lo que equivale a ver la botella medio llena en vez de medio vacía, hace falta tener una fuerte actitud mental, Taylor decía que cuando un trabajador piensa, no fabrica, en el siglo XXI se necesitan trabajadores que piensen en lo que hacen y además que también les guste hacerlo, nadie contrata a pesimistas. 
  2. Cuando buscas trabajo no puedes sentirte ni actuar jamás como un parado, es mejor aplicar el principio del(beetwen jobs) estar entre dos trabajos. 
  3. No seas un “saltamontes” laboral, con muchos cambios en poco tiempo, si en tu caso has cambiado a menudo de empresa convierte este posible defecto en algo positivo, justifica que tus frecuentes cambios responden a tu ansia de conocer distintos sectores y actividades para formarte y rendir más. 
  4. Si eres polifacético e incluso polivalente, esta puede ser una condición muy positiva siempre y cuando no se confunda con la dispersión, escoge aquellas áreas en que tengas más credibilidad y que mejor domines, no cuela la multifunción, nadie sabe hacerlo todo bien y el empleador lo sabe. 
  5. No lo hagas todo solo, además de recurrir a las ofertas especializadas, bolsas de trabajo e internet. Utiliza tus contactos y relaciones, nadie va a buscar trabajo por ti pero mucha gente puede proporcionarte al menos una entrevista y recuerda que la contratación final se resuelve siempre con un cara a cara con la empresa. 
  6. Conviértete en agente comercial de ti mismo, concéntrate en tu persona ya que tú eres el producto, para ello prepara una estrategia para poderte vender, analiza como eres, que tienes para ofrecer, donde estás, y donde te gustaría estar y diseña un plan de medios para intentar llegar al objetivo que te propongas. 
  7. Si es necesario, acude antes a un profesional psicólogo experto en orientación profesional, puedes someterte a un test y otras pruebas que te ayudarán a conocerte, quizás puedas descubrir caminos profesionales para los que estás preparado sin saberlo, te ayudarán a determinar tus competencias, la empresa está dispuesto a comprar tus conocimientos pero antes debes reconocerlos tú mismo. 
  8. Aprovecha tus habilidades de comunicación, sino las tienes puedes hacer cursos acelerados que te ayudarán a comunicarte bien, piensa que la inteligencia emocional, conocerte y empatizar con los demás es más importante que el cociente intelectual, cuando te entreviste, debes ser claro, auténtico y concreto, saber escuchar y trasmitir lo que eres capaz de hacer será lo más importante. 
  9. Aprende a interrogar a tu interlocutor de forma asertiva, y escucha con interés las posibilidades del puesto de trabajo que te pueda convenir, la gente interesada es gente capaz de integrarse en un proyecto y las empresas buscan profesionales que piensan en equipo y globalmente, no egoístas preocupados solo de hacer su trabajo. 
  10. La actitud es lo más importante, por encima de tus conocimientos y habilidades, lo que le preocupa a una empresa es las ganas de aprender, conocer, la disposición, el trabajo en equipo, la implicación y muy especialmente la pasión que puedes sentir por tu trabajo, pues a menudo los mercados futuros son inciertos, la tecnología cambia constantemente, pero la actitud del profesional no puede variar nunca. 

Es muy posible que aunque cumplas a rajatabla este recetario, tampoco te sea fácil conseguir un trabajo, pero por lo menos te considerarán como una persona empleable, condición imprescindible para poder trabajar ahora y en los próximos años, y recuerda que debes aprovechar muy bien tus oportunidades en el momento por si acaso no volvieras a tenerlas.

Las madres de África

Se levanta despacio, poco antes de que salga el sol para iluminar sus ojos enormes como la verdad que se esconde en su alma. Un breve paseo hasta la charca para asearse y después de vaciar en su boca un cuenco de una mixtura de harina de mandioca y agua, Shaniya recoge su toga de mil colores y un falso atillo que colgará a su espalda escondiendo un bebé que se despereza sin un sollozo, sabiéndose seguro.

Apenas se pinta de colores el alba, cuando comienza a andar por un camino polvoriento que besa sus pies desnudos, llevando una docena de kilos de ananás sobre su cabeza. Le esperan once kilómetros hasta el suburbio de Kpagouda, en su andar rítmico y firme se adivina el coraje de los que saben que su esfuerzo es útil para otros, mientras, con una sonrisa robada saluda a otras mujeres que se juntan formando un rosario viviente de mujeres que se pierde en el horizonte.

Con su retoño cargado a su espalda y con la esperanza de obtener los escasos cuatro euros que le permitirán sobrevivir, millones de mujeres africanas tejen incansables la economía de la existencia mínima, sin mayor esperanza que llegar al día siguiente.

Mientras tanto sus hombres, niños y mayores gastarán el día corriendo unos y medrando los otros, por calles infestadas del hedor penetrante de la miseria mezclada por el sudor y polvo inevitables, ya que el asfalto, igual que las oportunidades de salir del pozo, siguen de huelga en los pueblos tercermundistas.

Y en todo este bullicio de mercados, animales y gentes, no puede ocultarse este permanente silencio de África; suena como el vacío que produce el miedo que amortaja la expresión de los sentimientos porque el conformismo y la incultura los mantiene encadenados a la esclavitud de la pobreza.

Sólo desde la pasividad pueden asumir ser gobernados por el terror que infunden los políticos alimentados por la codicia de los colonos europeos que se escudan detrás de ejércitos corruptos siempre amenazantes.

Casi nadie piensa en el futuro porque nadie es dueño de su propio destino, sólo unos pocos roban el valor de sus antepasados para embarcarse en una patera que les lleve al norte y desde allí inventar un futuro para ellos y sus hijos.

Y ellas, las madres de África, siguen el camino del mercado erguidas, orgullosas, sobradas de la dignidad que no tienen la mayoría de payasas de nuestro mundo que venden sus vidas en los medios teñidos de rosa, porque sus ojos negros profundos e interminables contienen la verdad del trabajo interminable de todos los días, de todas las lunas y de todos los soles para dar de comer a sus hijos.

Mientras, sigue caminando. En la mirada de Shaniya se confunde la duda con la esperanza, no comprende porque tanta tecnología no les hace más felices. Se pregunta porque el falso progreso arrastra a los suyos para dejar de vivir en armonía con la naturaleza, tampoco entiende porque no pueden los pueblos discurrir en paz como los deltas de los ríos, ni quién dicta las reglas para crear fronteras y éstas se protegen con la codicia y la ambición del hombre.

Y se aleja ella y sus pensamientos con la carga en su cabeza y ese niño en la mochila calladito porque se siente seguro colgado de su madre, y pasará éste y muchos días con ella, la acompañará, se agachará al borde de la carretera a vender la fruta, sabiendo sin comprender el porqué de que su vida, como la de todas las familias del mundo, siempre estará asegurada porque tiene una madre trabajadora que cuida de él.

Una oportunidad para veteranos

Si tienes más de 45 años y buscas trabajo no te rindas, ya que la mentalidad del empresario está cambiando y la nueva gestión de los recursos humanos se está inclinando a tu favor.

Se están enterrando aquellos privilegios dependientes del puesto de trabajo, como la antigüedad, trienios y otras prebendas para dar paso a un estilo dirigido a la persona y al resultado, por tanto no hay que preocuparse tanto por la edad como por los conocimientos y la formación actualizada permanentemente.

Estamos entrando en la era del conocimiento tácito y ello significa una revaloración hacia los buenos hábitos adquiridos, se premiará al que sabe hacer algo, al que es capaz de innovarlo, al que lo mejore y de paso contribuya a que el resto del grupo también sea más eficiente y sobre todo al que enseñe como pueden hacerse las cosas para que todo funcione mejor. 

Atrás vplverán a quedarse los teóricos, los pseudo-especialistas tan egoístas de lo suyo que desconocen lo que hace el vecino, los que viven el trabajo sólo como un renting de sus horas, los que dejan que“inventen ellos”, y todos aquellos que pensaban en el empleo de por vida sin que ni siquiera hayan superado ninguna oposición. 

Se abren las puertas del talento empresarial hacia el esperado maná, denominado ahora como el conocimiento de los trabajadores y que han bautizado en plan rimbombante como capital intelectual y parece que es tan importante en una cuenta de explotación como el patrimonio económico de la empresa, pues bien, el talento no tiene edad y aunque sea a costa de un intenso mestizaje de conocimientos y puesta al día, imprescindibles para poder trabajar.

A partir de ahora mismo, aquellos maduros trabajadores nacidos al albor de los 50, pueden tener una nueva oportunidad en este futuro empresarial dechado de tecnología, navegantes, robótica y un excedente de desdichados que justifican su puesto a base de tarjetas muy cuidadas, muchos diplomas y masters, pero sin vivencias, ni cultura del trabajo. 

Parece que estas nuevas empresas que casi rozan la ciencia ficción, que externalizan sus servicios, practican demasiado el benchmarking y se extasían con las nuevas palabras de moda, y compran la última tecnología , antes de conocer su utilidad, acaban de descubrir que la empresa son personas, que sus competidores también son personas, y que el mayor capital que poseen son el valor añadido que proporcionan sus trabajadores que son seres humanos, con sus conocimientos, experiencias y muy especialmente sus ganas de trabajar. 

Y en este espacio nada virtual, hasta existen auténticos empresarios, no vulgares empleadores de esos que pertenecen a otra raza muy distinta de la creación de empresas, riqueza social y trabajo estable, y precisamente estos buenos empresarios, asistidos por sus gurús correspondientes quieren contratar personas válidas con buena actitud para trabajar, positivas, colaboradoras y receptivas, y algunos no cuestionan el carnet de identidad, poco importa la edad cuando lo que mas cuenta es la calidad total, el buen producto, la competitividad y la implicación. 

El mercado es caprichoso, incluso voluble cuando la publicidad marca modas temporales, pero en sus excesos la enorme oferta de todo lo consumible y también intangible, han creado un consumidor más caprichoso, exigente e infiel, al que no se puede manejar tontamente, ya que todos nosotros reconocemos el valor de las cosas que compramos ignorando la edad del trabajador que lo ha fabricado.

El trabajo tiene alma de mujer

No voy a sorprender a nadie hablando del protagonismo de la mujer en nuestra sociedad, su instinto innato y su inteligencia probada desde nuestros ancestros la convierten en motivo justificado de mi atención en este artículo; un dicho anónimo atribuido al siglo XVII, dice: “el hombre fue creado cuando la naturaleza era ya hábil maestra en su arte”. Desde siempre, la mujer ha ejercido un papel de liderazgo, asumido silenciosamente detrás de la figura del hombre, y ello la convierte, sin duda, en el auténtico eje de nuestra estructura social. 

Hartman definió la inteligencia como “la función que adapta medios a fines” y ello bien pudiera complementarse con esa especial sensibilidad de la mujer, modestamente llamada intuición femenina y que en el fondo es una combinación de instinto natural, prospectiva y prudencia, que la convierte, sin duda, en fuente de grandes valores al servicio de una estructura empresarial moderna y una aportación impagable para los modernos trabajos en equipo en resultado final, pues en la actualidad nadie pone en duda su capacidad de innovación, su productividad, su sentido ético y su eficiencia contrastada con resultados evaluables en cualquier actividad.

Pero hemos tenido que esperar hasta los umbrales del siglo XX, para que a través de una especie de reivindicación permanente, el mundo de los negocios haya empezado a reconocer el papel de la mujer en el mundo del trabajo, trascendiendo las funciones accesorias hasta las posiciones realmente ejecutivas. 

DIFICULTADES DE LA MUJER EN EL MERCADO LABORAL

Sin embargo el camino hasta este reconocimiento expreso de la contribución de la mujer en el mundo empresarial, no ha sido de rosas precisamente y aún en la actualidad subyacen importantes DIFICULTADES para su decisiva aceptación en el mundo laboral, que como no, empieza desde el mismo momento en que decide integrarse en el mismo. 

Los principales inconvenientes que se le presentan a una mujer solicitante de trabajo acostumbran a ser muchos. 

Personalmente, siempre he mantenido una actitud mental abierta que aprendí de la Escuela John Osborne-nada que ver con el Jerez, pero sí con las técnicas de creatividad- y que consiste en convertir factores positivos los que puedan considerarse negativos. 

Existen determinados prejuicios que impiden en muchos casos la contratación de la mujer por a mi entender “malos” empresarios de los que destacaría los siguientes:

  • Su situación familiar (ama de casa con muchas cargas y responsabilidades familiares…). Sin embargo, la experiencia probada de la mujer como administradora de la economía familiar y su protagonismo como conciliadora y organizadora de la familia es fácilmente extrapolable al mundo del trabajo y representa un factor positivo, si se conduce hacia un ámbito participativo y de gestión. 
  • Posible inexperiencia. Aún partiendo de un desconocimiento del marco laboral e incluso del puesto de trabajo, la inexperiencia no será menos a la del hombre que coincida con idénticas circunstancias y por tanto deberá descubrirse su capacidad hacia la adecuación y asimilación a las condiciones del puesto de trabajo. Y éstas deberán medirse exclusivamente a partir de la disposición natural, las capacidades y especialmente su aptitud para integrarse en un grupo humano, independientemente de que el candidato sea hombre o mujer. Para su reconocimiento objeto están la entrevista previa, los tests, y cualquier método de aplicación práctica incluido en un proceso de selección. 
  • Dudosa capacidad de mando. Creo que nadie puede poner en duda la capacidad rectora y decisiva de la mujer en cualquier campo y si pensamos en el factor habilidad, entendiéndola como la función de organizar, planificar, motivar, movilizar y emprender, todas estas acciones pueden ser ejecutadas por una mujer. Son acciones que realiza diariamente y en otro ámbito, el de su propia familia que obviamente dirige desde nuestros ancestros, en todas las civilizaciones y con la complacencia del hombre que le ha otorgado esta responsabilidad y contando además con la sensibilidad y la intuición que le son propias. Muchas grandes empresas están dirigidas con éxito por mujeres en todo el mundo.
  • Condición “femenina”. Obviamente es imposible sentir como una mujer y desconozco el grado de inseguridad que pueda provocar un problema fisiológico o la propia servidumbre de la maternidad si es que estas particularidades suponen realmente una limitación de algún tipo, pero imagino que no será distinto al de las jaquecas, estrés, presión, etc., que pueda sentir cualquier trabajador hombre pero, ciertamente, hay muchos trabajadores con muy mal carácter y a veces ni siquiera saben el porqué.
  • Absentismo. Se dice que este fenómeno es más frecuente en mujeres casadas o parejas de hecho. En este punto debemos remitirnos a la estadística y exceptuando los partos, no es superior al de los hombres. Sin embargo, las bajas maternales, además de inevitables y previsibles, pueden atenuarse con la debida planificación y jamás puede considerarse un factor de riesgo superior al de un profesional que se accidente o contraiga una hepatitis.
  • Influencia del entorno. La recolocación de mayores de 40 años es un problema real y común, hasta que el empresario empiece a reconocer la experiencia o mejor cultura del trabajo, como un valor positivo, que afecta tanto a hombres como mujeres. En los últimos tiempos, ya sea por al vía de las empresas de trabajo temporal, incentivos de la Administración y de la propia Ley, etc., se está produciendo una progresiva tendencia a que determinados puestos los ocupen personas de este segmento, ya que la edad no está reñida con la eficacia y quizás el problema radica en la ausencia constante de muchas empresas, de una metodología de medición de los resultados, es más deseable “conocer” primero, para después poder “reconocer” y el aprendizaje es sólo cuestión de tiempo y análisis.
  • “Menor valía”. Existe un cierto miedo a contratar mujeres para determinados puestos de trabajo. Y creo que los equívocos orígenes de esta tendencia han sido heredados, posiblemente de una historia “machista” que afortunadamente las nuevas generaciones de empresarios van dejando atrás con cada día que pasa. 

Cuando miramos a nuestro entorno y descubrimos magníficas juezas, abogadas, ingenieras, periodistas, parlamentarias, etc. , además de las buenas secretarias, dependientas, administrativas, enfermeras y trabajadoras de cualquier sector de actividad con las que hemos crecido y compartido algún que otro proyecto empresarial, nos damos cuenta de que nuestra sociedad está madurando.

La posibilidad de contemplar el mundo del trabajo desde la tribuna de una consultoría profesional permite sin lugar a dudas una objetividad impagable y mi recomendación hacia contratantes y contratados impone un esfuerzo de abstracción y de aplicación de la inteligencia positiva. OJO
Estamos implicados en un claro fenómeno de mundialización de la economía en el que la competitividad tiene como consecuencia la flexibilidad y ésta debe adquirir la eficiencia priorizando el valor del factor humano. Cualquier empresario que pretenda subsistir en único mercado del Siglo XXI, deberá basar su fuerza en su capacidad de innovación y en la satisfacción permanente del consumidor, como eje real de la economía de mercado.

Y dentro de esta progresión de nuevas empresas del futuro capaces de asumir y adelantarse incluso a los cambios se destacan principalmente los servicios, este sector ha crecido hasta un 57% en esta década, muy por encima del secundario y como no del primario, este fenómeno no sólo es fruto de los avances tecnológicos, la mejora de la comunicación y la distribución racional, pues, la mujer ha contribuido especialmente en este crecimiento. La aparición de nuevas profesiones en los próximos 25 años, de las que ignoramos hasta los nombres y asistencia en tiempo libre y la mejor comunicación en general, marcarán las pautas del mercado laboral. Y, probablemente, en el futuro los trabajadores y trabajadoras deberán ser más polivalentes y flexibles y sólo tendrán adecuado, con independencia de sus sexos, pero aprovechando las ventajas que les proporcione su capacidad de adecuación a cada función empresarial.

Sinceramente, auguro un gran futuro a la mujer trabajadora, ella sin duda el eje de convergencia de todas las iniciativas empresariales, pues cuando hablamos de implicación de los empleados en la mejora de procesos internos, cuando nos dirigimos finalmente a un consumidor cada vez más formado y sensible a las aspiraciones de calidad total, no podemos permitirnos prescindir de su olfato empresarial, ni de su especial sensibilidad y como no esta fabulosa “intuición” al servicio de cualquier unidad de producción, distribución y marketing, etc. para que “todos” podamos aprovechar las oportunidades antes de que se pierdan.

Puedo asegurarles que en un futuro próximo las empresas que sepan situar estratégicamente en sus empresas a “trabajadores”, valorando exclusivamente su adecuación funcional y su actitud, prescindiendo de cualquier limitación por su condición natural de sexo, tendrán una importante ventaja competitiva ante sus demás colegas, pues nos estamos asomando al siglo de la mujer trabajadora que a su vez debe ser capaz de desarrollar sin ninguna limitación sus cualidades propias, implicarse en la autoadecuación y el reciclaje, descartar cualquier autolimitación y situarse en la recta de salida de las nuevas profesiones, recordando que en el fondo, para conseguir y también mantener un puesto de trabajo sólo necesitas estar en el momento justo y el lugar adecuado.

El apocalipsis del ejecutivo

Sólo hemos necesitado treinta años para enterrar la mayoría de nuestros sueños. Hemos confundido Internet con la comunicación, olvidando aquellos valores que heredamos de nuestros padres, hemos cambiado la tertulia por el e-mail y de la misma forma que enterramos a Kerouak, Altusser o Sastre no tenemos tiempo para explicarle a nuestros hijos que hace poco tiempo fueron nuestra esperanza para hacer un mundo mejor. Nuestros hijos no quieren escucharnos las pocas veces en que les hablamos porque piensan que ocupando nuestros puestos de trabajo, ganados por rutina más que por merecimiento, estamos entorpeciendo el camino para que ellos más jóvenes, más preparados y más ambiciosos puedan impulsar sus sueños de emprendedores.

Nos acusan de conservadores, simplemente porque tenemos miedo a perder ese estatus de ficción en el que nos sumergimos y que defendemos con una buena casa, vacaciones caribeñas en las que se incluye todo, menos la espontaneidad, pero compramos su libertad a cambio de darles pan y cama dejando que escondan su soledad en una discoteca. No les dejamos comprender que nuestras miserias sólo se traducen en un puesto de ficción en cualquier consejo directivo y en la inseguridad del crédito de una tarjeta de plástico que cada día vale menos y que compra casi todo, excepto el tiempo que nos va robando cada vez que aparece una nueva cana en nuestra sien.

En esta huida hacia delante hemos perdido la capacidad de escuchar los mensajes de la Naturaleza, controlar los quejidos en forma de inundaciones y catástrofes que sólo contemplamos desde el televisor, hemos profanado la tierra escondiéndola detrás de los bloques de hormigón que rinden tributo a un supuesto bienestar sólo basado en el consumo y ella se rebela devorando entre agua y viento nuestras frágiles posesiones.

Nos disfrazamos con trajes concebidos para personas distintas de nosotros a fin de ser aceptados en aquellos círculos de poder en los que sólo se nos valora por lo que poseemos y de esta forma podemos ocultar nuestros complejos y necesidades.

Y detrás de una bata de terciopelo nos paseamos por el duplex escondiendo a menudo la mediocridad de estas jornadas inacabadas en las que vendemos nuestras emociones orillando en los caminos de una televisión que odiamos, recuperando en un sofá la fuerza que nos falta para seguir la monotonía de nuestro trabajo el lunes siguiente. Compramos buenos colegios para nuestros hijos y de esta forma renunciamos a educarlos directamente, con la absurda ilusión de creer que un cheque mensual servirá para forjar su carácter y beber la fórmula del conocimiento, pero les negamos el derecho a recibir nuestras vivencias porque les robamos el tiempo de compartirlas con ellos.

Jugamos con el amor, creyendo que es un producto a merced del mercado de las compensaciones, nos miramos a menudo en los ojos de nuestra pareja, esperando descubrir que dentro de la burbuja de su mirada, se esconde aquella parte perdida de nosotros mismos y que no sabemos como recuperar. Estamos viviendo la vida sólo en presente, porque desconfiamos del futuro ya que la inmediatez del cambio nos condena a ser puros monigotes del avance tecnológico que, sin duda, nos supera. Corremos en esta bola de nieve son comprometernos a nada con el fin de no contraer obligaciones ante lo que nos espera.

Mientras mantenemos el alma prisionera de nuestros sentimientos hemos aprendido a sobrevivir en nuestro trabajo, machacando la pantalla del ordenador, ordeñando la bocina de nuestro loco-móvil los fines de semana ante amigos superficiales con los que compartimos poco más que la mediocridad de ser males jugadores de paddel o dominó y malos vendedores de utopías.

Pero ni podemos disimular el terror de las tardes dominicales, cuando tenemos al acecho la máquina del trabajo que devorará nuestra vida laboral, sin mayor reconocimiento que el cheque mensual y esta prejubilación que puede poner fin a esta comedia de peloteo con el jefe y formación permanente que jamás sabemos a quien sirve.

La Masteritis

No pierdan el tiempo buscando patologías médicas porque esta emfermedad aún no esta clasificada como tal y por tanto aún no se ha inventado la vacuna para prevenirla.

Parece que en los últimos tiempos se han popularizado entre estudiantes de último año, las colectas en forma de sablazos para el viaje fin de curso y el abono a una nueva carrera de masters y postgrados, a cual más sofisticado , todo sea por demorar la entrada en la tómbola del empleo ,mientras siga el momio familiar ,ó esperando mejorar aptitudes y asegurar así, la ambición de los grandes sueldos.

Lástima por los miles de horas perdidas ,por las vagas esperanzas de los padres demasiado ocupados en mantener sus ausencias de los problemas filiales ,financianciando inútiles aventuras docentes etiquetadas bajo la forma de un diploma ; pero que, se acaban convirtiendo en apéndices inútiles de las ya excesivas carreras universitarias ,con frecuencia mal aprovechadas que se estrellan contra la incertidumbre del desempleo. 

Contra este vicio actual de la masteritis no existe otro remedio que unas dosis de humildad y una importante adición de sentido común , la suma de conocimientos no garantiza ni siquiera un mayor talento y sirve de bien poco cuando están aislados de la experiencia práctica de los mismos , la información excesiva incluso puede convertirse en una losa ,sino circula y sufre el ejercicio de la contradicción en un entorno real.

Muchos de nuestros jóvenes cuando finalizan su ciclo universitario que a menudo siquiera han elegido, buscan ensimismados la forma de especializarse a fin de adquirir el factor mágico de empleabilidad que les convierta en triunfadores, deseables y en consecuencia ricos.

Pocos de ellos son capaces de advertir que en el trasfondo de los cursos denominados de postgrado ,o master pueden coincidir materias adyacentes desvestidas a menudo de su aplicación global ,cuando no están sometidas a un proceso de auto-evaluación personal , que indique a priori ,no solo la capacidad sino las actitudes , habilidades e incluso los valores emocionales que puedan garantizar un desarrollo práctico de lo aprendido.

Asi pues en un país con más de un millón de PYMES , de poco sirve el aprendizaje en macroeconómía ,al que se entregan recién licenciados economistas para acabar desconociendo como conciliar saldos o interpretar una cuenta de explotación ,o incluso,teniendo en cuenta la poca vistosidad de la mayoría de procedimientos penales, poco podrán lucirse los futuros abogados devotos de la espectacularidad de los juicios a la americana ,y cuán lejos quedan los manuales de servicio personalizado, en turismo,distribución de productos u hostelería ,si finalmente hay que atender bolsas de turistas al forfait que no saben distinguir el gazpacho del zumo de tomate.

Entregarse en los brazos de atractivos programas de master o postgrado a la ligera, puede convertirse en trampa mortal y esperada decepción si creemos que a su finalización nos llamarán a la puerta para ofrecernos un empleo, o simplemente pretendemos que una colección de diplomas sea un pasaporte al éxito,capaz de emocionar a consultores , psicólogos o entrevistadores en los procesos de selección.

Asumiendo que el mundo económico no es más que un mercado de capitales,personas o bienes , es evidente que en él solo triunfan los que conocen su oficio , ser un profesional no equivale a ser un buen estudiante , ya que la formación puede contribuir a mejorar la calidad en una profesión ,pero casi nunca al revés .

Solo hay un truco para triunfar y mantenerse y consiste en hacer algo útil y hacerlo bien , con ello gustamos a los demás y hasta podemos conseguir que lo que hacemos nos haga felices , estudiar en vano temas que no nos corresponden sirve simplemente para tirar el tiempo y amargarnos .

Hace algunos años trabajando como profesor en el área de marketing ,vino a verme un alumno que aspiraba a trabajar como comercial , era una persona terriblemente extrovertida ,muy habladora ,tanto que en la comisura de los labios aparecía continuamente un cerco de “babilla” y además su entusiamo con la palabra le producía sudor ,sus ojos se congestionaban y no podía evitar salpicar mientras voceaba, ya que se acercaba mucho a su interlocutor.

Esta persona cuya edad era cercana a treintena, suspiraba por ser algún día jefe comercial ,tener un equipo de ventas y ganar mucho dinero pues asimismo se nombraba como muy persuasivo, obviamente yo le aconsejé ,aún sabiendo que era imposible,que cambiara radicalmente su forma y encauzara sus habilidades aprendiera a escuchar,mantener la distancia, hablar más despacio ,hacer pausas y beber un poco menos, lógicamente no quiso o no supo, pero unos diez años mas tarde supe de él que trabajaba en telemarketing y no dirigía ningún equipo, en cambio parecía feliz.

En realidad el título,o el diploma ,incluso la formación son virtuales ,no hacen a la persona sino que son un medio para desarrollar sus aptitudes y quizás contribuir a la formación que realmente se perfecciona en la calle,o sea en el mundo real, de la misma forma que el amor ,que sólo se aprende amando,el trabajo requiere el aprendizaje de la práctica , la escuela siquiera proporciona herramientas y la cultura aprendida sirve de poco sino se contrasta con la del entorno en que debemos realizarnos.

Con todo esto ,no trato de mediatizar la utilidad de los muy provechosos postgrados, sino simplemente darles el contenido más realista para que puedan ser bien elegidos y por tanto mejor aprendidos, nadie se fía de un chofer que haya obtenido su título por correspondencia ,preferimos personas que sean profesionales y que asuman responsabilidades implicándose con su trabajo.
Debemos establecer las diferencias entre el saber y el conocer ,toda vez que para la simple retención de datos y teoría,cualquier ordenador barato supera a la persona , pero sin duda le falta el alma humana que es la cuna del auténtico aprendizaje.