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Asumiendo nuestra vulnerabilidad

Si se trataba de aprender , la verdad es que hemos descubierto cosas interesantes en estos meses, de entrada nos descubrimos más  vulnerables de lo que creíamos, ya que  llevamos  decenios protegiéndonos de ella, pues no queremos sentirnos así de frágiles e incluso llegamos a ocultar todo aquello que nos hace humanos, sensibles y personas, como las emociones, preferimos vernos más fuertes de lo que somos, herederos de este legado secular, que ligaba el éxito a la fuerza y el poder y nos habíamos olvidado que en la actualidad, seres mínimos a menudo simples pero con más años que escrúpulos, son los modernos alquimistas capaces de convertir en “oro” trozos de papel, ya sean en forma de moneda, valores ,acciones o bonos y acaban manejando el teatro del mundo y decidir el destino de todos.

Lo sabíamos pero no nos habíamos enterado que éramos tan vulnerables,  otro tema es que de una u otra forma dependemos de internet , esta nube universal que lejos de mejorar la diversidad cultural y la  comunicación con nuestros semejantes, acaba devorando  nuestra intimidad, nos acosa más allá de nuestro propio espacio, nos  invade con información prescindible o incluso falsa, añade nuevos delitos al código penal hipotecando nuestra vida con efectos tan nocivos como cualquier pandemia, aunque fatalmente incurable porque es tremendamente adictiva y no hay vacuna, actúa apoderándose nuestros jóvenes, con el señuelo de mostrarles un mundo de fantasía enlatada, que limita su capacidad de crear sus propios sueños, seguro que exagero un poco, pero como diría mi admirado maestro Bauman, si perdemos el control del terreno de juego, o sea el espacio internet, al final acabaremos siendo víctimas y esclavos sin capacidad de decisión, a no ser que cada uno tome el mando.

También el descubrimiento del trabajo a distancia ha significado una posibilidad nueva y  eficiente, aliviando desplazamientos, costes estructurales, mejorando la autogestión y elección de horarios, etc. pero sin perder de vista que incluso antes de la época digital, el tele-trabajo  o la formación a distancia que rebautizamos como e.learning deben responder a una finalidad práctica y concreta ó también inevitable como ha sido el caso del Covid19, que ha mostrado un escenario en el que ni centros, ni profesores ni alumnos estaban preparados, seguro que han hecho lo posible, pero más vale que el mundo educativo se ponga las pilas para crear una didáctica armonizada a un futuro digital, porqué el reto consiste en decidir el futuro de la humanidad, ya que hemos adquirido y compartido el hábito de la “Tablet”, ahora sólo faltará educarlo.

Mi experiencia en esta campo  tiene que ver con la formación, ya que como docente en mi Universidad, me  tocó adaptar virtualmente  uno de mis cursos dedicados a las técnicas de búsqueda de empleo y también fui invitado a varias conferencias por el país tratando de aportar ideas y herramientas a tele-trabajadores para mejorar su forma de trabajar, prevenir los riesgos laborales, incluido el estrés o la ansiedad y conciliar una relación laboral con la legislación, el resultado de mi experiencia personal es que todo es útil si existe formación, método e implicación mutua, porqué el control de gestión es básico, con compromiso y responsabilidad y funciona para determinadas funciones y tareas, en muchos casos complementando el trabajo presencial y claro está en situaciones de crisis como las que vivimos, pero no siempre, sustituye el trabajo presencial. Mi visión sobre las corporaciones está ligada, a creencias compartidas, a valores, al sentido de pertenencia, a la comunicación verbal y no verbal y a la alteridad , si estamos solos, ni aprendemos ,ni crecemos, pues la mirada del “otro” es  el estímulo y la motivación, para los que tenemos hijos, recordemos cómo se esforzaban en mostrarnos su progreso esperando nuestra mirada, ya que sin reconocimiento somos huérfanos permanentes.

 

Cuando liderar es convencer

Se dice en Africa que “cuando llega la oscuridad, comienza la vida “ la metáfora  tiene que ver con  la supervivencia de la mayoría de animales  de la sabana, que cazan y comen de noche para sobrevivir, aquí hemos aprendido que cuando se apaga la luz de la superabundancia,  un nanovirus infeccioso, ha sido capaz de parar el mundo del siglo XXI, el del neoliberalismo individual, de la globalización sin límites, la digitalización, el 5G, los drones y la robótica  este mundo en el que el 50 % de la riqueza está en manos de un 1 % de la población, éste que gasta cien veces más de lo que necesita y deja morir  de hambre a 8.500 niños al día (informe de la OMS), con potencias que abandonan la Cumbre de cambio climático  porque sus líderes no son capaces de encontrar soluciones innovadoras para permitir la desvinculación del crecimiento económico con el consumo de recursos.

Quizás  pasaremos a la historia como aquella generación que lo tuvo todo para ser feliz ,pero por codicia, por mercadear con todo, acabó cargándose el planeta y ni siquiera le bastó  contar con más de 80.000 sustancias químicas (www.novate.ru), para combatir esta pandemia, porqué en realidad, no estábamos prevenidos  y no pudimos impedir que  mueran diariamente  miles de personas por el  Covid19. Pero, más allá de las pérdidas humanas y la enorme crisis económica de la que nos recuperaremos, me preocupa la gestión humana de esta crisis y como a la mayoría de los profesionales que durante decenios hemos tomado decisiones sobre equipos, en las empresas, sólo sabemos lo buena que es “nuestra gente” en situaciones difíciles y ahora descubrimos lo mejor y lo peor de nuestra sociedad.

Más allá de la parte amable de las personas y de muchas grandes empresas facilitando teletrabajo y compensaciones para aliviar las diferencias de productividad  y otros ejemplos de civismo, también vemos actitudes incívicas como las “huidas” de campo y playa, desobedecer las normas, acaparamientos y  actuaciones miserables como intentar expulsar de la comunidad a trabajadores sanitarios o de alimentación por el potencial peligro de “cumplir con su trabajo”, por suerte son casos aislados, lo realmente preocupante es la forma en que se lidera en una crisis, obviamente por parte de los gobernantes y sus opositores, evidenciando que no están mínimamente preparados para liderar nada por una sencilla razón, porque no lo aprendieron, porque no saben y además ni siquiera saben que no saben; porque la gente espera soluciones de su líder, porqué faltan profesionales, acostumbrados a lidiar en un mercado competitivo, que sepan innovar, y reinventarse para seguir allí, pero para eso harían falta políticos de nivel , que sepan estar a la altura, con más humildad que soberbia, que entiendan que es mejor la cooperación que la competencia, que eviten vergonzosas escándalos como la gestión de EPI y que entiendan que lo importante ante una crisis es resolverla  sin importar de quien es el mérito, pues la felicidad  no depende del triunfo individual sino de la idea colectiva buscando el bien común.

Como siempre ,nos salvará la campana de la improvisación, el ingenio y el instinto, cualidades en las que vamos sobrados , pero ahí va un aviso para navegantes, liderar significa inspirar confianza, y creer en la gente y para ello, hay que quererla, por tanto ser capaz de unir y no me refiero a envolverse en una bandera, sino a comunicarse, negociar y conciliar, con sentido común, algo que en este país es tan escaso sin olvidar que la complicidad, la implicación y los objetivos se convierten en comunes cuando el pueblo confía en sus líderes y nunca por la via de  los decretos, recuerden que durante años se ha recortado lo que ahora salva vidas, no se dirige a base de decretos, como decía Unamuno en otro contexto, se trata de saber convencer.