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Ahí viene la plaga

“No hace falta que veas el camino, sólo el próximo paso”, algo así decía Luther King y no es sólo  una frase, sino una actitud frente a la vida, más allá de las estrategias y mentiras que conviven con nosotros. Dicen que al perro malo todo son pulgas, pero no me vale, porque no hay perros malos, los habrá descuidados, hambrientos o maltratados, pero el juicio para discernir entre lo bueno y lo malo, es simplemente humano y las “pulgas” van donde quieren aunque prefieren  la suciedad, algo parecido a la conciencia de esta gente que está sacando provecho de esta plaga a la que no le “..le gusta bailar”, yo prefiero plaga  que es más realista que pandemia, aunque no se coloquen mantas rojas, ni se purifique el aire a cañonazos como hace siglos, pero por fortuna los creyentes mantenemos la esperanza sin perder el realismo.

Me extrañaba un poco que no saliera el baile de intereses económicos que hay detrás de las consecuencias de la Covid, lógicamente no podemos saber si se ocultan también en la causa, porque no nos lo van a contar y está claro que el oro, sigue siendo el ilustrador de la codicia humana, esta vez, en forma de la subasta sobre las vacunas, demostrando que todas estas cosas bonitas que nos cuentan sobre la empatía, la solidaridad, el respeto a la naturaleza o los derechos humanos, no resiste más allá del papel, no hace falta ser abogado para poner puertas a las leyes, basta poner a prueba la verdad para que se diluyan las promesas que pierden su inocencia cuando hay que cumplirlas, porque la realidad no hace trampas .

Como decía mi carismático amigo Ignacio, todo el mundo vive de lo que combate y no hace falta ser político  para comprobarlo, porque  la base de los conflictos tiene que ver con que todos quieren tener la razón y cuando está en juego la supervivencia, no existe causa mejor, incluso para este “virus” que a su manera también quiere vivir, claro que él no entiende de economía y sólo pretende perdurar igual que nosotros pero seguramente es más inteligente tiene claro su objetivo moral, sabe mutarse mejor que estos youtubers de cartón se  aprovecha de nuestros descuidos, influyendo en nuestras vidas, le basta un poco de aire, el calor del aliento, posarse en un mueble, una fruta y llegar a cualquier parte de nuestro cuerpo y acompañarnos en un viaje letal para muchos congéneres  dejándonos el cruel aviso de nuestra vulnerabilidad y la inutilidad de nuestra tecnología a menudo demasiado superficial porque nos impide pensar y además emborrona nuestra conciencia evidenciando la ilimitada codicia, humana , pues no hacen falta guerras para especular cruelmente con la vida de la gente, es suficiente con robarnos unos a otros la esperanza , como esta guerra por las vacunas.

Al final apareció el marketing perverso  a lomos de la mal denominada economía de mercado que sólo existe en los gráficos, ya que los mercados, los precios o incluso los postores siempre son manipulados y no sirve quejarse, tampoco los políticos que elegimos y que tampoco sabían gestionar la pandemía- porqué no aprendieron- y así armonizar salud y economía, pero  aquellos  que hemos soportado experiencias críticas, tenemos la obligación  de resistir y además inspirar a nuestros vecinos para que hagan lo mismo, evitando el sufrimiento de negocios, empresas, familias y personas, pues el sentido de nuestra existencia no es otro que estar juntos para empujar el carro frente a esta adversidad, hay que vencer el miedo dando la cara y con valores ,me refiero a trabajo, esfuerzo, sacrificio , actitud y mente clara para discernir, sin dejarse arrastrar por los medios, por los discursos  vacíos, Chomsky dice que hay que superar la plaga neoliberal depredadora, creo que lo mejor que podríamos aprender de esta plaga sería aspirar a través de nuestra actitud y con nuestro trabajo, para reinventar un mundo nuevo en el que prevalezca la justicia, la emancipación y más igualdad entre todos.

Cuidado con la euforia

Ya se sabe que después de la tempestad viene la calma que precisamente no abunda en este momento, ya que a la incertidumbre de esta  tercera ola de la Covid se ha sumado “la tempestad” de la nieve y el frío invernal que aún siendo muy lógico en estas fechas, nos ha pillado cuando aún estamos digiriendo los turrones y mazapanes y sin haber asumido del todo los vacíos de mesas familiares a medio llenar en la mayoría de hogares del país. No acabamos de aceptar nuestra fragilidad biológica y nos resistimos a salir de esta burbuja de bienestar ficticio  creado a base del consumo voraz, condicionados como estamos, a tener de todo aunque no seamos dueños de nada, ni siquiera de nuestro futuro, por eso, desoímos los oráculos de visionarios como Bill Gates que ya en 2017 anticipara esta realidad, pues los humanos siempre nos resistimos a aceptar las debilidades y confiamos en la improvisación y el ingenio para sobreponernos y evolucionar ante los desastres..

Todo ello a pesar de que mucha gente trata de cavar en la tumba del pesimismo, enterrando los sueños de las jóvenes generaciones que están en la calle tratado de formarse y aprender de la única forma posible, que no es otra que seguir el mismo proceso que recordamos cuando empezamos a andar, por tanto  caernos una y mil veces y levantarnos y confiar en esta resilencia natural que nos va a salvar, esperando que después seamos más sabios y también más realistas, porque las personas rebotamos después de la caída  y se nos dispara la euforia.

No sé si todo eso que está pasando nos va ayudar a ser más fuertes, pero lo que está claro es que toda la crisis está sirviendo para darnos cuenta que juntos somos mejores y también hemos aprendido más cosas , que el dinero no compra salud, que la ambición no siempre equivale a mayor poder y que por muy potente y clara  que sea la mente , no podemos vivir alejados de las emociones al final,  incluso nos damos cuenta que los auténticos líderes son los que tienen mayor empatía , son capaces de resolver problemas e inspiran confianza, por esto muchas empresas desde Recursos Humanos , están invirtiendo en el análisis preventivo del talento y con toda seguridad aquellas corporaciones que anticipen estudios sobre evolución de mercado, agilicen su Big Data y aborden la digitalización como un medio para conseguir más talento en sus organizaciones  asegurarán mucho mejor el futuro.

Nos toca ser optimistas por una razón muy simple, porque no serlo equivale a navegar en la incertidumbre y de ahí al fracaso sólo hay un paso, como decía uno de mis mejores amigos el Pare Manel, fallecido por COVID hace unos meses y que dedicó toda su vida a la gente más desfavorecida “solamente reconociendo nuestra limitaciones podemos descubrir nuestra posibilidades” por tanto ahora lo que toca es aceptar nuestra inseguridad física y moral, la impotencia de nuestros gobernantes más allá del poder económico que representan y  la limitación que padecemos cada uno de nosotros para enfrentarnos a  situaciones para los que no existía ningún manual  previsto . Me permito ser optimista hasta creerme que quizás hemos descubierto que pertenecemos a una sola especie, que nos iguala el color de la sangre más allá de nacionalidades, sexos y razas y que estamos aquí para colaborar, para ayudarnos y compartir ya que nos necesitamos unos a otros y estamos obligados a tratarnos bien.

Deberíamos cuidar lo que nos ha sido prestado como la propia vida o la madre naturaleza aunque sólo sea para disfrutarla, seguro que reaccionaremos con euforia, los emprendedores se reinventarán, nosotros nos vacunaremos contra el virus y no seremos tan idiotas para derrochar la vida confinados en una burbuja perdiendo la posibilidad de compartirla con otros , pues al fin y al cabo nuestra auténtica grandeza reside en la posibilidad de compartirla.

 

 

 

Palabras y puentes

Según el Libro de la Creación, las palabras crean la materia y construyen el mundo, para Umberto Eco “Nada más real que la palabra” y nosotros vivimos en un mundo de palabras y frases, que gracias a la globalización y la revolución digital dejan de ser nuestras para convertirse en propiedad de todos y sino que se lo  pregunten a los populistas, a los tiranos que aparecen en forma de algunos políticos y sus orgías económicas con empresarios extractivos, también los aduladores, vendedores de autoayuda o adictos a opinar sin argumentos en twits, redes sociales, mítines, tertulias y los  perversos “asesores”

Somos un mundo de palabras, de propósitos  y de retórica  que nos sigue cada dia , tratamos de verbalizar cuando basta la observación, pues nadie describe con palabras la emoción del atardecer o la mirada de un niño,  pues gran parte de la comunicación percibida no pasa de  promesas imaginadas porque sólo vemos  la realidad del momento; usamos y abusamos de las palabras para justificar, herir o huir de la tristeza, en especial en esta etapa de silencios y pandemia, ya que estamos más sensibles y quizás sentimos mejor las ausencias.

Creo que si nos dejaran, todos saldríamos a la calle para gritar y desahogarnos, nunca hasta ahora hemos notado tanto lo que nos sobra y lo que nos falta y  claro que queremos educar a nuestros hijos , cuidar a nuestros empleados, estar con los “nuestros” pero NO a través del webinar, la pantallita del PC o el dichoso móvil, sigo creyendo que nada, repito “nada” sustituye el contacto físico y sensorial  entre personas, en mi experiencia personal  fui uno de los profesores que adapté mis cursos de competencias tangenciales a internet hace 20 años, desde la UB virtual, he dictado muchos cursos, conferencia y ensayos  por medios telemáticos y naturalmente creo que si son buenos, resultan útiles, interesantes y oportunos, cuando no hay mejor opción y como complemento, siempre que exista tecnología, una buena didáctica y ….un profesor, mentor o inspirador que sea competente para ello.

Me gusta la despiadada mordacidad de filósofos como Nietzsche, quien con referencia a Darwin y el origen de las especies decía que “los monos son demasiado buenos para que podamos descender de ellos” y pienso que no les falta la razón, pues el gran peligro a nivel evolutivo que pueda causar el covid,19 sea que nos acabemos acostumbrando a esta otra forma de comunicarnos, sobre todo en los malos hábitos y me explico : NO es mejor comprar”todo” por internet porqué vivimos en un barrio con tiendas  y vecinos a los que nos gusta verles la cara, NO queremos que nuestros hijos y  nietos, se cuelguen cada dia de una pantalla para asistir a clase, porque necesitan ver, jugar y trabajar con otros niños para formarse, ojo al dato: la televisión NO forma, puede que distraiga y si sabes elegir incluso ayuda o inspira,  pero se aprende haciendo las cosas y para ello: ejemplo, práctica y evaluación, NO existen los líderes virtuales, no somos robots (de momento), los equipos humanos se gobiernan mediante comunicación humana, tenemos 5 sentidos, no sólo vista y oído y sólo hay comunicación cuando existe  feedback y  repercusión emocional .

Claro que al final todo es una opción personal y la enorme complejidad de la sociedad, conforma diferentes colectivos, hay gente que decide dar un sentido a su vida y otra que simplemente sobrevive, como decía Unamuno, no todos somos jabalíes capaces de buscarnos la vida, hay mucha gente que prefiere optar por ser gregario o vivir en una piara como los cochinos y esperar que otros  decidan por ellos, por eso, esta pandemia es una prueba que vamos a superar y aprender todos, pues incluso los ignorantes  tienen una historia para contar y con las palabras podemos crear puentes entre todos.

 

 

 

 

 

 

Vete ya 2020

Hay un dicho muy popular que identifica este año que hoy se acaba como el peor de la historia personal de cada uno, nunca hemos tenido tantas ganas de acabar con este fetiche del calendario que nos ha tenido en vilo y se ha comido parte de nuestra vida sin que al final sepamos realmente lo que ha pasado, supongo que es semejante a estos sobresaltos  inexplicables como los malos sueños de las noches de resaca.

Yo no sé cómo lo llevas amigo lector, pero por más que me esfuerzo para animarme y buscar estas oportunidades  que cuentan  la nefasta mayoría de gente con poder que se aprovecha de ellas a costa nuestra, aquí la única oportunidad que merece la pena, es saber que estamos vivos y con cierta salud, pues la verdad es que sobrevivir ya representa una oportunidad.

Quizás no os hayais enterado pero los pobres siguen siéndolo un poco más, porqué se han recortado  sus ingresos y para una clase trabajadora que trata de buscarse la vida como profesional autónomo o llevando un pequeño negocio, ni siquiera el consuelo de la limosna de un pequeño subsidio va aliviar sus problemas visibles, aunque a mí me preocupa mucho más la parte oculta y me refiero a los cambios en los hábitos de compra gracias o pese a internet y además, todo eso está ocurriendo cuando mucha gente se creía este bulo del estado del bienestar, una mentira que han mantenido gente que se autoproclama neoliberal, pero que no son otra cosa que los magnates intermediarios de todo  que no aportan mayor valor añadido que el estar en medio cobrando por venderte lo que no necesitas, manteniendo monopolios , corrompiendo políticos, comprando a los medios y engañando a todo el mundo.

Y es que a menudo la gente llegamos a tal punto de estupidez que nos creemos que el dinero simplemente se fabrica y que se puede ir por la vida saltado de un “sinpa” a otro, obviando que los trabajadores que ha cotizado 50 años como el menda y muchos otros con más de 40 tengamos que sufrir la amenaza de un recorte de pensiones o de servicios  que en su dia financiamos, jubilar gente a destajo con cincuenta años, rebajar la jornada semanal o subvencionar todo, no ayuda a recuperar los valores que hacen progresar, como el esfuerzo, la competitividad, el sacrificio o el trabajo, todo eso que se está haciendo por ambigüedad y con excusas sociales  es un insulto a la gente que construyó el país y al sentido común.

No hablemos de la universidad que sigue anclada en su mayoría en el  siglo pasado, con poca atención a las profesiones del futuro, con un peligroso déficit de conocimiento esencial y emocional, con exceso de tolerancia en los traspasos de curso que unido a una creciente falta de vocación y de calidad por parte de demasiados formadores contribuye a fomentar un modelo generacional de jóvenes que en muchos casos  y cuando existe por parte de algunos cierta actitud emprendedora aspiran a crear una star-up para venderla y enriquecerse lo antes posible, en vez de pensar en crear empresas que generen valor, den trabajo y contribuyan a mejorar la sociedad. Son tiempos malvividos porqué este año se ha sembrado de vacíos, de ausencias y de incertidumbre y que sólo la confianza a la que me aferro como ser humano , me permite permanecer optimista aunque lúcido, esto sí, también entusiasta pero moderado, porque así me formaron, pero con toda la fé en las personas, porque sólo por la gente que me acompaña en el camino de mi vida ya merece la pena.

Liberales y generosos

Mucha gente con muy buena fe que  cree vivir en un país libre y democrático amparado por una constitución que se supone prescribe los derechos y  obligaciones de los ciudadanos  y que su voto elige gobernantes y parlamentarios que velarán con los medios necesarios para desarrollar su existencia y protegerlo de las contingencias que puedan suceder, pero tristemente y a la vista de los hechos esta presunción no pasa la prueba de los buenos deseos y si algo ha quedado muy claro en estos últimos seis meses virícos , es la falta de seguridad ,evidenciando que se gobierna  sobre  la marcha, sin proyecto, sin ideas y con la única ilusión del dia siguiente, poniendo de manifiesto la retórica que ya conocemos los que hemos superado medio siglo  trabajando “sólo conocemos a los auténticos amigos y/o también a los líderes, cuando las cosas van mal”, confirmando que estamos en manos de mediocres y que las  empresas grandes- que no es lo mismo que grandes empresas -para ser ·grande” hay que tener valores- sólo están comprometidas con el gran capital y aquello que tiene que ver con la justicia social, interesa poco, obviando que es mejor educar que subvencionar.

Si fuéramos más inteligentes o más valientes. aprovecharíamos lo que está pasando y lo que vemos y sufrimos para plantarnos e incluso declararnos en una huelga de desobediencia a todo nivel, aunque al final acabamos manteniendo un sistema en el que no creemos y votando a gente de la que desconfiamos , llevamos los niños a escuelas para que sigan un programa educativo que no sirve para el futuro y promocionamos una nueva generación de jóvenes que deberían ser los “proveedores” de nuestras pensiones pero ocuparán puestos de trabajo para los que no están preparados en su mayoría, incluso muchos liderarán proyectos  fungibles esperando seguir con una  rutinario en el que no creen.

En realdad estamos pagando el precio de haber formado al menos dos generaciones de jóvenes que no percibieron los valores de sus padres ,porque éstos los habían perdido mucho antes, han vivido  en una sociedad contaminada , corrupta y consumista heredera de la digitalización, que ha cambiado estructuras por redes globales, limitados en su preparación emocional y competencial , son incapaces de tomar decisiones, confiados en su capacidad para improvisar y  vivir en la incerteza  de caminar hacia la nada , se están produciendo los efectos que padecemos debidos a la falta de previsión.

Las malas o deficientes decisiones sólo son la consecuencia lógica de todo lo que no hemos hecho correctamente, por tanto somos vulnerables porque no tuvimos la previsión de protegernos, no funcionamos en grupo, porque no tenemos la empatía para trabajar en equipo, estamos solos, porque priorizamos el egoísmo, el hedonismo y el reconocimiento en la red y seguimos en la misma ciénaga que hemos creado  por nuestra dejadez.

No tengo ninguna duda de que vamos a superar esta crisis, porque formamos parte de la humanidad resilente, capaz de sobreponerse a su propio caos y tenemos la fortuna de contar entre nosotros, con  muchas personas que  creen en las utopías, y que se creen capaces de cambiar el mundo, son pocas y de mentalidad liberal, que equivale en latín a ser libres y generosos, capaces de comprender la conexión con los demás y saben actuar buscando el bien común o  como diríamos los cristianos, serán capaces de sobreponer los valores como el amor , la compasión o la caridad superando el interés personal por el bien de la comunidad, como el mundo es sistémico, al final todo está conectado, por ello  mientras haya gente que crea en la verdad, ésta prevalecerá siempre.

Mi amigo Pare Manel

¿Te importa que te coja el brazo para bajar las escaleras del metro? .Serían las 10 de la mañana de una dia de fresca primavera en la estación de Chatelet en Paris y  junto con Jordi y Francesc, nos disponíamos a tomar el metropilatan  hasta Issy le Moulineaux y visitar el seminario de Saint Sulpice  para recordar el lugar en el que mis tres amigos habían pasado dos años de su vida estudiando filosofía  y seguir después su graduación en Barcelona.

Quiero recordar como brillaban los ojos del Pare Manel al visitar su vieja aula, el patio, la iglesia , nada escapaba a  su mirada siempre atenta sin perder detalle y esta capacidad para escuchar la breve conversación que mantuvimos con algún emérito del centro, siempre implicado con el mensaje, él personificaba la empatía y la generosidad.

Manel , nunca fue persona de slogans , de hecho jamás dio importancia a las constantes adulaciones que por su especial carisma y sus acciones merecía sobradamente, durante más de 50 años mantuvimos  una  maravillosa relación de amistad y de respeto mutuo no tuvimos ocasión de discutir mucho, aunque mi retórica a menudo excesiva pudiera cansarle, pero como era habitual en él, nunca pedía nada para sí mismo y cuando la gracia era para su gente sabía colocar la situación en un punto en el que el receptor podía perfectamente captar el mensaje y responder, esta actitud coherente era propia de su gran inteligencia emocional y un sentido vital que inspiraba a todos los que le hemos conocido.

Posiblemente fue un transgresor social, pero muy lejos de la imagen de sacerdote díscolo, anárquico y fuera del orden establecido , precisamente por su formación bastante cartesiana y su enorme respeto por los demás, siempre antepuso el bien común al propio interés y a pesar de una apariencia a veces poco cuidada, en realidad valoraba todas las cosas bellas, se preparaba mucho físicamente, corría largas distancias y maratones , incluso fue a New York , aunque por encima de todo, él decidió sumergirse en los problemas de la gente de barrio, optó por educar desde el corazón y siempre se ponía por delante , a menudo decía que no perdonaba “pecados” que la penitencia está en la experiencia de cada persona  y lo único que se debía hacer era acoger, escuchar y amar porque todos merecemos una segunda oportunidad, y esto es hacer lo correcto.

Quiero recordar aquella mañana del 12 de abril del 2016 y aquel momento especial mientras ayudaba a mi amigo y padre de todos, conocido como Pare Manel a bajar las escaleras del metro  parisino, porqué en realidad aquel simple instante, refleja todo el sentido de  aquella vida que ya no está, pues el mismo ha sido para todos un bastón fiel , constante y eterno, en el que hemos podido apoyarnos, redimir nuestra tristeza y  también aprender que no existe mayor grandeza que la sencillez de un hombre bueno.

 

 

 

Asumiendo nuestra vulnerabilidad

Si se trataba de aprender , la verdad es que hemos descubierto cosas interesantes en estos meses, de entrada nos descubrimos más  vulnerables de lo que creíamos, ya que  llevamos  decenios protegiéndonos de ella, pues no queremos sentirnos así de frágiles e incluso llegamos a ocultar todo aquello que nos hace humanos, sensibles y personas, como las emociones, preferimos vernos más fuertes de lo que somos, herederos de este legado secular, que ligaba el éxito a la fuerza y el poder y nos habíamos olvidado que en la actualidad, seres mínimos a menudo simples pero con más años que escrúpulos, son los modernos alquimistas capaces de convertir en “oro” trozos de papel, ya sean en forma de moneda, valores ,acciones o bonos y acaban manejando el teatro del mundo y decidir el destino de todos.

Lo sabíamos pero no nos habíamos enterado que éramos tan vulnerables,  otro tema es que de una u otra forma dependemos de internet , esta nube universal que lejos de mejorar la diversidad cultural y la  comunicación con nuestros semejantes, acaba devorando  nuestra intimidad, nos acosa más allá de nuestro propio espacio, nos  invade con información prescindible o incluso falsa, añade nuevos delitos al código penal hipotecando nuestra vida con efectos tan nocivos como cualquier pandemia, aunque fatalmente incurable porque es tremendamente adictiva y no hay vacuna, actúa apoderándose nuestros jóvenes, con el señuelo de mostrarles un mundo de fantasía enlatada, que limita su capacidad de crear sus propios sueños, seguro que exagero un poco, pero como diría mi admirado maestro Bauman, si perdemos el control del terreno de juego, o sea el espacio internet, al final acabaremos siendo víctimas y esclavos sin capacidad de decisión, a no ser que cada uno tome el mando.

También el descubrimiento del trabajo a distancia ha significado una posibilidad nueva y  eficiente, aliviando desplazamientos, costes estructurales, mejorando la autogestión y elección de horarios, etc. pero sin perder de vista que incluso antes de la época digital, el tele-trabajo  o la formación a distancia que rebautizamos como e.learning deben responder a una finalidad práctica y concreta ó también inevitable como ha sido el caso del Covid19, que ha mostrado un escenario en el que ni centros, ni profesores ni alumnos estaban preparados, seguro que han hecho lo posible, pero más vale que el mundo educativo se ponga las pilas para crear una didáctica armonizada a un futuro digital, porqué el reto consiste en decidir el futuro de la humanidad, ya que hemos adquirido y compartido el hábito de la “Tablet”, ahora sólo faltará educarlo.

Mi experiencia en esta campo  tiene que ver con la formación, ya que como docente en mi Universidad, me  tocó adaptar virtualmente  uno de mis cursos dedicados a las técnicas de búsqueda de empleo y también fui invitado a varias conferencias por el país tratando de aportar ideas y herramientas a tele-trabajadores para mejorar su forma de trabajar, prevenir los riesgos laborales, incluido el estrés o la ansiedad y conciliar una relación laboral con la legislación, el resultado de mi experiencia personal es que todo es útil si existe formación, método e implicación mutua, porqué el control de gestión es básico, con compromiso y responsabilidad y funciona para determinadas funciones y tareas, en muchos casos complementando el trabajo presencial y claro está en situaciones de crisis como las que vivimos, pero no siempre, sustituye el trabajo presencial. Mi visión sobre las corporaciones está ligada, a creencias compartidas, a valores, al sentido de pertenencia, a la comunicación verbal y no verbal y a la alteridad , si estamos solos, ni aprendemos ,ni crecemos, pues la mirada del “otro” es  el estímulo y la motivación, para los que tenemos hijos, recordemos cómo se esforzaban en mostrarnos su progreso esperando nuestra mirada, ya que sin reconocimiento somos huérfanos permanentes.

 

ciencia y conciencia

Hay  algo tan vital  e inevitable que nos acompaña durante toda nuestra existencia, que llamamos crisis, nacemos  con ella, crecemos sorteando pequeñas o grandes crisis interiores,  pubertad, adolescencia, mayoría de edad civil y después, cuando acabamos las excusas afrontamos una carrera de obstáculos llamada madurez  y entonces deberíamos ser responsables de nuestra propia vida, esto es más que una constatación científica aunque sigue el mismo razonamiento y nos acompaña siempre, porque se conquista a partir de la verdad de cada uno, se construye a través de nuestro crecimiento como personas y nos pone a prueba analizando nuestras reacciones en cada situación que tengamos que soportar.

Somos conscientes del mundo que nos rodea, desde el momento en que abrimos los ojos y entonces, la reacción inmediata y nuestra percepción personal, sería lo más parecido a la conciencia, claro que los teóricos e intelectuales, prefieren dividirla entre individual, emocional, social, moral y más, pero yo prefiero entenderlo como un todo y de alguna forma como un valor individual que permite interpretar el mundo y su entorno y que constituye la verdad como  parte de la raza humana y que estará detrás de nuestros actos.

Alguna vez leí en algún lugar algo parecido a eso  “..ojalá Dios , no te mande todo aquello que eres capaz de soportar….” , supongo que es muy oportuno hablar de estas cosas cuando hemos sido golpeaos por una fuerza que parece superarnos y que nos coloca ante un desafío histórico, nada menos que tratar de  garantizar la seguridad sanitaria, frente a los derechos constitucionales y la recuperación económica , ante este dilema, parece que esta vez gana la conciencia y se supone que esta cadena de confinamientos, pautas , normas y estadísticas responden a un  interés solidario por la supervivencia a costa de interpretar los modelos de éxito de otros países, no obstante, las enormes fisuras y los ríos de tinta y horas mediáticas que han corrido por todos los altavoces de opinión, ponen de manifiesto que en un país en que la identidad nacional es compleja, por el amplio crisol de lenguas, culturas, instituciones civiles, familiares , sociales y económicas, evidenciando claramente , que detrás de esta crisis, no existió ni de lejos la prevención necesaria, tampoco se tomaron decisiones a tiempo y la calidad de los liderazgos políticos deja mucho que desear.

Seguro que la conciencia debe prevalecer sobre la ciencia ya que hay demasiadas verdades ocultas al mundo científico, empezando por el cerebro humano, del que se sabe muy poco y hasta que seamos capaces de “clonificarlo” parece difícil imaginar, que pueda homogenizarse entre más de 6.000 millones de ADN distintos, ya  que, según Natt Ridley  en su obra Genoma,  los genes humanos son un misterio; por tanto, sin caer en la recurrida demagogia,  no tendremos  otra solución que superar esta crisis individualmente  porqué es la única forma que queda y eso significa, que cada uno tomemos conciencia de lo que podamos hacer por nuestro más próximo, se trataría de asumir que formamos parte de un algo superior que se llama humanidad y además deberíamos ser más generosos para tratar a los demás como nos gustaría ser tratados y esta tarea es personal, no depende del gobierno de turno, también podríamos intentar creernos y aplicarnos la democracia, respetar la libertad del otro, tratar de admirar porque siempre es mejor que envidiar, compartir sin tener que competir, que la compasión no dependa del miedo coyuntural y llegar a convencernos que gracias a nuestra conciencia y con la ayuda del lenguaje, incluso podemos atrevernos a dar sentido a nuestras emociones intentando construir una mejor existencia para cada uno de nosotros y si tenemos miedo, tampoco hay que preocuparse porque entonces, seremos más imaginativos.

 

 

 

 

Cuando liderar es convencer

Se dice en Africa que “cuando llega la oscuridad, comienza la vida “ la metáfora  tiene que ver con  la supervivencia de la mayoría de animales  de la sabana, que cazan y comen de noche para sobrevivir, aquí hemos aprendido que cuando se apaga la luz de la superabundancia,  un nanovirus infeccioso, ha sido capaz de parar el mundo del siglo XXI, el del neoliberalismo individual, de la globalización sin límites, la digitalización, el 5G, los drones y la robótica  este mundo en el que el 50 % de la riqueza está en manos de un 1 % de la población, éste que gasta cien veces más de lo que necesita y deja morir  de hambre a 8.500 niños al día (informe de la OMS), con potencias que abandonan la Cumbre de cambio climático  porque sus líderes no son capaces de encontrar soluciones innovadoras para permitir la desvinculación del crecimiento económico con el consumo de recursos.

Quizás  pasaremos a la historia como aquella generación que lo tuvo todo para ser feliz ,pero por codicia, por mercadear con todo, acabó cargándose el planeta y ni siquiera le bastó  contar con más de 80.000 sustancias químicas (www.novate.ru), para combatir esta pandemia, porqué en realidad, no estábamos prevenidos  y no pudimos impedir que  mueran diariamente  miles de personas por el  Covid19. Pero, más allá de las pérdidas humanas y la enorme crisis económica de la que nos recuperaremos, me preocupa la gestión humana de esta crisis y como a la mayoría de los profesionales que durante decenios hemos tomado decisiones sobre equipos, en las empresas, sólo sabemos lo buena que es “nuestra gente” en situaciones difíciles y ahora descubrimos lo mejor y lo peor de nuestra sociedad.

Más allá de la parte amable de las personas y de muchas grandes empresas facilitando teletrabajo y compensaciones para aliviar las diferencias de productividad  y otros ejemplos de civismo, también vemos actitudes incívicas como las “huidas” de campo y playa, desobedecer las normas, acaparamientos y  actuaciones miserables como intentar expulsar de la comunidad a trabajadores sanitarios o de alimentación por el potencial peligro de “cumplir con su trabajo”, por suerte son casos aislados, lo realmente preocupante es la forma en que se lidera en una crisis, obviamente por parte de los gobernantes y sus opositores, evidenciando que no están mínimamente preparados para liderar nada por una sencilla razón, porque no lo aprendieron, porque no saben y además ni siquiera saben que no saben; porque la gente espera soluciones de su líder, porqué faltan profesionales, acostumbrados a lidiar en un mercado competitivo, que sepan innovar, y reinventarse para seguir allí, pero para eso harían falta políticos de nivel , que sepan estar a la altura, con más humildad que soberbia, que entiendan que es mejor la cooperación que la competencia, que eviten vergonzosas escándalos como la gestión de EPI y que entiendan que lo importante ante una crisis es resolverla  sin importar de quien es el mérito, pues la felicidad  no depende del triunfo individual sino de la idea colectiva buscando el bien común.

Como siempre ,nos salvará la campana de la improvisación, el ingenio y el instinto, cualidades en las que vamos sobrados , pero ahí va un aviso para navegantes, liderar significa inspirar confianza, y creer en la gente y para ello, hay que quererla, por tanto ser capaz de unir y no me refiero a envolverse en una bandera, sino a comunicarse, negociar y conciliar, con sentido común, algo que en este país es tan escaso sin olvidar que la complicidad, la implicación y los objetivos se convierten en comunes cuando el pueblo confía en sus líderes y nunca por la via de  los decretos, recuerden que durante años se ha recortado lo que ahora salva vidas, no se dirige a base de decretos, como decía Unamuno en otro contexto, se trata de saber convencer.

Estamos a prueba.

Pues sí, lo cierto es que  nunca conocemos del todo nuestros límites hasta que alguien nos pone a prueba y hoy escribo estas líneas emulando, como no, a un  personaje de Alexandre Dumas este fabricante de mis sueños de juventud y seguro que la de muchos, cuando nos contó la historia de este hombre injustamente encarcelado durante siete años  y que se convertiría en el Conde de Montecristo, pues bien,  salvando las distancias y confiando en que  este cautiverio vírico  no sea tan largo, trato de aprovechar que el mundo se ha frenado para ocuparme de recuperar alguno de aquellos buenos hábitos como el de pensar, analizar y hasta me atrevo a sacar mis propias conclusiones.

La primera evidencia  es que nunca hemos creído que podríamos ser tan vulnerables como lo somos en este momento  y la primera razón que se me ocurre es que resulta muy difícil empatizar con la gente privada de libertad  cuando conservamos la propia, pues la reclusión  y la renuncia a la comunicación social puede parecer interesante siempre y cuando se trate de  algo deseado, pero nos resistimos a la imposición porque somos hijos de una cultura rebelde, incluso anárquica que nos ha funcionado hasta ahora, porque en general y por historia somos un país opuesto a la racionalidad y al método, de nuestros vecinos del norte y cualquier tipo de orden y mandato se nos hace extraño y hostil.

Por otra parte, pienso que no debemos preocuparnos más de lo necesario ya que la recuperación económica se producirá  incluso antes de lo previsto, porqué las finanzas sostienen el mundo del que formamos parte  y los dueños de todo necesitan del servilismo de los consumidores que somos los demás y si no hay dinero se inventará para que no pare la actividad humana y el consumo, pero quedarán secuelas  y además esta crisis ha desnudado las graves carencias de nuestra sociedad  y sobretodo las más evidentes que siempre tienen que ver con  la educación cívica  pues más allá del  “Resistiré”-que está muy ben- de los mensajes de todos los colores que circulan desde los tonos más divertidos  a aquellos más  humanos y emotivos ,se han manifestado como no podía ser de otra manera , los problemas que derivan de un liderazgo  ambiguo, también de una sociedad dividida  incapaz de empatizar y mucho menos de respetar, por eso  el gobierno ha tenido que recurrir a medidas policiales y a la amenaza de sanciones pecuniarias para conseguir un propósito que debería obtenerse simplemente por simple sentido común y de convivencia.

Está muy bien todo  este avance tecnológico, la digitalización y esta globalización que precisamente  ha contribuido a la difusión universal del “bicho”, a lo mejor estas cosas que están pasando consiguen ponernos en nuestro lugar  y nos hacen reflexionar , porque lo malo es que la amenaza de algo tan diminuto  nos retiene en nuestras casas y  afloran nuestras debilidades como seres humanos, incapaces de respetar normas, víctimas de obsesiones, las que en su día  lo fueron por la “masteritis “lo son ahora por la acumulación de “papel higiénico” sin término medio, no obstante, ponen a prueba nuestra calidad como ciudadanos; pues esta  gente indisciplinada que se salta el “toque de queda” es la misma que en la empresa va a su bola ,descuida la Prevención de Riesgos y no quiere comunicarse ni compartir ideas que mejoren la eficiencia del equipo con sus compañeros de trabajo , porqué jamás entendió que el proyecto de cualquier comunidad, de una corporación, de la familia con quien vive y el suyo propio, son lo mismo y todos contribuimos en la construcción de una sociedad más justa y con más sentido, por ello y una vez más, la vida  y los hechos excepcionales siempre nos ponen a prueba por una simple razón, para que aprendamos.