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Sobreviviendo a la globalización

Uno piensa que esto de la globalización podría ser buena cosa si permitiera un acercamiento entre las culturas, a fin de que unos y otros fuéramos capaces de aprender y compartir conocimientos que lleven a la gente más desfavorecida hasta el camino para mejorar su existencia.

Sin embargo, la realidad nos castiga poniendo por delante el fracaso de una generación que no ha conseguido, a pesar de sus avances tecnológicos, dar de comer a sus congéneres y, a lo peor, cargarse día a día el planeta en su perverso avanzar hacia la industrialización  descontrolada, y es que tenemos un grave problema que nadie parece querer resolver.

En mi fugaz, aunque provechosa estancia en la escuela de ingeniería técnica de Terrassa, tuve la suerte de conocer un profesor de física apellidado Bosch. Este hombre, ya fallecido, afirmaba con razón que la resolución de un problema sólo depende del planteamiento, pues bien, según parece, existen informes sobre desertización, cambios climáticos, miserias, etc., todos parecen estar planteados encima de la mesa, pero nadie -de los que pueden- parece querer resolverlos.
Todo tiene que ver con la economía, porque detrás de esta globalización que sólo sirve para alimentar la riqueza y la voracidad de los países ricos, se esconde la manipulación mediática  hacia nuestros hijos para convertirlos en esclavos mentales del consumo, devoradores de una  cultura al dictado de la televisión que los programa para ser compradores, y a la vez, víctimas de padres psicóticos que vuelcan sus neuras en ellos. Cada vez más aislados de su entorno, los niños ya no juegan y muy pronto dejarán de reírse por todo, abandonando precozmente su inocencia.

Lo malo es que existe cierta conciencia de esta soledad, aunque se reprima detrás de “sms”, videojuegos y falsa comunicación y se reinventen nuevos valores en forma de libros de autoayuda, que sirven de poco porque nadie está dispuesto a perder nada, ni siquiera su actitud para cambiar. En las grandes economías los empleadores sustituyen a los auténticos  empresarios y la especulación bursátil triunfa sobre la sostenibilidad real, el liderazgo cae en manos de ejecutivos karaokes enfermos de masteritis y nuestros jóvenes piensan más en el ocio que en el esfuerzo.

El ruido que genera  tanto egoísmo personal impide que escuchemos ni siquiera al planeta que se muere asfixiado, ni tampoco a los sabios, porque no los tenemos. Tampoco pensamos en las futuras generaciones de jóvenes a los que renunciamos a educar porque parece más fácil regalarles la graduación, ni les comprendemos porque nos falta algo más de tolerancia, nos avergüenzan los pobres porque no somos generosos y nos vendemos puñados de tecnología porque nos mantiene distraídos, antes que buscar la compasión que nos ayudaría a entender y dar sentido a nuestras vidas.
Por fortuna, aún nos queda la gente que escucha, los soñadores que pueden cambiar el universo y espero que el suficiente sentido común para aprender a decir “no” de una vez y  enseñar a hacer lo mismo a nuestros jóvenes, a fin de que aprendan a gobernar su vida lo antes posible. Pues ellos son nuestra esperanza y quizás sería posible que descubrieran que el auténtico sentido de la globalización sea hacer que el mundo sea algo mejor para todos.

Mucha información, mala comunicación

Ciertamente, nunca hemos estado más informados que ahora, vivimos rodeados de mensajes y palabras pero nadie tiene tiempo de escuchar. Supongo que habrá subido a algún avión ¿recuerda cuentas puertas de emergencia tiene un Boeing 757? (son 4 junto a las alas) ¿sabe para que sirven las líneas fluorescentes de los pasillos?¿sabría hacer una simple división con la prueba del nueve incluida? La verdad es que nos lo explicaron pero no lo recordamos y no porque tengamos saturado el hipocampo de nuestro cerebro sino, simplemente, porque no nos implicamos y no puede haber comunicación, ya que nos hemos convertido en charlatanes que no escuchan.

Y  todo esto asociado a nuestra vida se repite todos los días en nuestras empresas  incluso hay un tipo de directivos que creen que al usar palabras pomposas parecen más inteligentes. Renuncian a ser simple porque les preocupa que los demás piensen que son tontos, cuando en realidad ocurre  todo lo contrario.

A menudo nos encontramos con frases que dicen cosas como “Tenemos que establecer una dimensión  táctica  para potenciar esta iniciativa” en vez de decir “Hagamos un plan” o “Hay que amortizar esta función laboral, ya que representa un coste intangible  no congruente con la estrategia” por no decir “Está usted despedido”.

Puede parecer que a veces nos expresamos mal simplemente por evitar la verdad cruda, pero en muchos casos lo que se consigue es precisamente no hacernos entender, que sería el único fin de la comunicación, olvidando que en el mundo empresarial el único sentido de la información consiste en hacerla productiva, y si la ocultamos no nos vale. 

El lenguaje forma parte del ser humano desde hace 120.000 años y curiosamente ha sido un proceso muy complejo que hemos mejorado todos los días, ordenándolo según las necesidades de los tiempos y a nuestra medida. Según Freud, a partir de los 4 años tenemos conciencia de la realidad y hemos grabado determinados recursos, sabemos que el fuego quema, como llamar la atención para comer y ponemos nombre a ciertos elementos básicos, aunque con el tiempo aprendemos mucho pero también lo complicamos todo un poco más.

La máxima representación de ello son los mensajes escritos de las empresas, los informes se convierten en interminables discursos que nadie escucha porque un ser humano difícilmente puede retener el 10 o el 12% de lo que le dicen, pues mientras otro está hablando puedes escuchar pero no aprender, sin practicarlo después. 

En estos tiempos que corren, y con tanta información por clasificar, estamos expuestos a un auténtico caos gracias a la dichosa tecnología. Apenas podemos sobrevivir de los spams, sms y los continuos impactos mediáticos a los que estamos sometidos durante las horas que estamos despiertos. Por ello, yo les propongo que en adelante en toda su comunicación, ya sea escrita o hablada, piensen un poco en sus receptores y recurran a los principios básicos  de las 4 C´s  (claro, concreto, conciso y completo). ¡Créanme! … fomenten la simplicidad como una forma de escuchar mejor, los demás lo agradecerán y ustedes ahorrarán mucho tiempo.

Prejubilados a la fuerza

Acostumbro a viajar todos los años a Togo (África) y le  aseguró que desde allí muchos de los problemas que tenemos suenan a risa, la gente no tiene tiempo de deprimirse porque debe procurarse la supervivencia, tampoco debe ocuparse demasiado por el empleo estable porque no existe otro, que el uno pueda procurarse en el día las prejubilaciones es utopía, porque no hay previsión estatal para los pensionistas.

No dejo de preguntarme a menudo que si nuestra sociedad es supuestamente más avanzada, allí resulte habitual que alguien mayor ocupe un espacio privilegiado en la comunidad, se siente respetado y cuando habla todos los demás se callan y escuchan, porque probablemente tiene algo que decir. Los africanos poseen una memoria privilegiada  y su capacidad de comunicación es muy superior a la nuestra, simplemente porque ellos la utilizan.

Todo eso quiero relacionarlo con el virus de las prejubilaciones que ha infectado a la mayoría de grandes empresas, hemos llegado al extremo de prejubilar a partir de los 50 años, o sea que obsoletizamos de golpe a gran parte de los seniors y de paso, avanzamos hacia una crisis social de resultados imprevisibles.

Teniendo en cuenta que la esperanza de vida sigue creciendo por el bien de todos, en menos de un decenio nos quedará la otra mitad de la vida para vivir a expensas de la seguridad social y, en muchos casos, convirtiéndonos en una carga familiar de efectos tan preocupantes como “aquella tía soltera de antaño” que tenían adjudicada todas la familias y que, a lo peor, nunca acababa de desengancharse del carro.

La sociedad está asumiendo prejubilaciones con la misma frivolidad que las empresas pero sin pensar en las consecuencias. Mientras para muchas grandes compañías significa un medio para quitar lastre –justificado en algunos casos- relevándolos por carne joven dispuesta a  badearse con casi todo por unos euros, para las arcas públicas puede ser un revés  económico importante y no sólo por las pensiones, sino por los gastos de asistencia potenciales a los que se enfrentan. Pues la vejez prematura, egendra ocio y éste a su vez trae vicios ó enfermedades y la peor es la falta de autoestima, la tristeza, la soledad de este “aparheid” forzoso, ya que en términos de economía pura, jubilado equivale a “no productivo”.

Tengo amigos a los que les “tocó” la lotería de la prejubilación con cincuenta y pocos, unos andan mejor que otros pero en general no tienen nada que explicar, viven de sus historias, más que de sus sueños, se refugian en su papel precoz de canguros freelance de sus nietos y  llenan las horas añorando lo que podían haber sido y lo curioso es que la mayoría de esta gente posee talento útil que podría poner a disposición de cualquier empresa pues, más allá de la globalización y la velocidad tecnológica, los negocios se siguen haciendo entre empresas y consumidores, o sea, personas como casi siempre.

Dicen en África que “cuando un viejo se muere es como una enciclopedia que se quema”, ya que ellos apenas tienen libros, pero quizás debamos interpretar que la desaparición del talento en muchas empresas, significa la pérdida de mucho conocimiento útil que nos va a hacer mucha falta, sobre todo cuando el futuro se presenta tan imprevisible. Quizás deberíamos dejar que la vida siga su curso y no adelantarnos en sus ciclos naturales sólo para mejorar determinados ratios en bolsa porque no todo tiene precio, especialmente lo que es tan valioso como la felicidad de las personas.

Jóvenes, pero no villanos

Dicen por ahí que eso de ser malo se vende bien y puede que sea así, ya que el mundo anda muy confuso últimamente y, al final, nadie se conforma con portarse bien. Será porque ser bueno no te libra de pagar la hipoteca y, si te descuidas, todo el mundo te putea, además lo de ir al cielo, no sé, parece que ahora ya dudan hasta los curas.

Por eso, cuando nos asomamos a las ventanas de la sociedad, o sea, la televisión, que es la que manda en eso de la cultura, descubrimos que lo que se lleva es ocupar el rol de malo, venden los discutidores de la telebasura, los jurados verdugos y se forran los que viven de las miserias de los demás.

En la empresa se está generando un fenómeno parecido y se está prodigando el rol del todo vale con tal de completar el budget (también llamado objetivo o cuenta de resultados). Y que es la tabla de medir, cuyo cumplimiento asegura cuanto menos, más euros para comprar más cosas en el menor tiempo posible y siempre a costa de lo que sea y sobreviviendo a los codazos que toquen.

Todo ocurre demasiado deprisa para pararse a pensar más allá del corto plazo, pues a lo mejor el año que viene estos nuevos yuppies ya están en otra empresa, muchos de ellos sólo buscan un escenario para probar sus masters y andan siempre con la guadaña en la mano para descabezar los malditos costes. A veces, en su obsesión por condenar todo lo que no da valor  añadido se dejan en el camino muchos veteranos con mucho talento, pero a quién le importa eso cuando hay tanto de todo para demostrar la valía.

Vivimos en la época de los “duros”, porque sobrevivir cada vez parece más caro. En realidad la culpa la tiene la macroeconomía que, en su afán por poseer, fusionar y estar en todos los sectores, pierde en el camino cualquier indicio de sensibilidad y olvida la humanidad, más allá de los recursos humanos, y digo recursos porque está previsto que al final se agoten y sean sustituidos por otros.

El culto al villano se repite después en la sala de estar y personajes como el Dr. House, Hristo o Capello se protegen en nombre de la verdad. Ellos sólo testimonian lo que hay detrás de la mediocridad humana y, emulando a mi paisano Serrat, les gustaría creer que la verdad tuviera remedio, aunque lo mejor de todo es que hay sociólogos por ahí que quieren convencernos que este tipo de gente contribuyen a  dar realismo a la sociedad, lástima que no cuenten toda la dignidad que se queda en el camino.

Supongo que atraen porque dicen cosas que la mayoría no nos atrevemos a decir y son admirados porque constituyen un modelo de compromiso frente a la cobardía de tanta gente  inmadura que nunca toma una decisión. En el fondo de cada “duro” se esconde un líder potencial que convenientemente encauzado conseguiría despertar, impulsar, motivar y hasta  sacar lo mejor de los que optaron por ocultarse entre el rebaño.

No creo que sea malo destapar las miserias humanas porque la misma vida se ocupa de hacerlo diariamente. Nadie se ruboriza porque diariamente mueran de hambre miles de niños y tampoco se dejan de gastar millonadas comprando cosas que no hacen falta. En nombre de la solidaridad, por tanto, no deberíamos caer en la hipocresía de escandalizarnos porque se ponga en entredicho la urbanidad, el tacto o las buenas maneras, quizás sólo deberíamos  sonrojarnos un poco y quedarnos con nuestro sentido del humor para reírnos de nosotros  mismos.

Inútiles por competencias

Desengáñate porque simplemente pasar por la universidad y obtener un diploma no te hará más competente, de la misma forma que conocer música no es lo mismo que saber tocar, o que tener más información no equivale a estar mejor informado. Las competencias no caducan pero sólo sirven si se aplican.

¿Te has parado un momento a pensar que la mayoría de líderes –no digo directores- que tenemos en las empresas o en la política son mediocres? En el fondo, lo que los convierte en jefes es poco más que algún master, cierto éxito en el puesto anterior, una recomendación, el vacío o la pereza de quienes los eligen. 

Si pensamos en los medios de comunicación, el tema está cantado. Los buenos, la gente que hace algo bien y lo cuenta, no interesa porque todo depende del “share” – medidor de audiencia-. El que “ vende más” casi siempre es el que lo hace peor, el que canta mal, el gracioso, el boceras, el patoso, el que se cae, el mal hablado, el faltón, el chulo, el chillón, el parásito, el superficial, todo se reparte entre el kitch y el “ botox”. 

Ganan audiencia los programas que se dedican a proclamar la anormalidad desde una forma histriónica, bucólica, descarada y especialmente ridícula, se glosa la mediocridad y acaban triunfando los inútiles. 

Este fenómeno mediático, supongo que bebe de las fuentes de la política y por desgracia, se está extendiendo en el tejido empresarial. Empezó con ciertos funcionarios que se acunaron en el antiguo régimen, después sobrevivieron a los monopolios y se está extendiendo cual mancha de aceite, entre muchos ejecutivos de karaoke, que beben de las ideas de otros. 

Lo malo es que como todas las epidemias, ésta también se contagia y así tenemos a la mitad de nuestros jóvenes viviendo de la “sopa boba” con treinta años y sin haber empezado a trabajar por la tolerancia de madres protectoras que les protegen, mientras demasiados padres se distraen buscando valores olvidados, aunque no ignoran, que el amor, el coraje y el talento no se escribieron para los zánganos. 

Si miramos hacia arriba notamos que el mundo está dirigido por inútiles. Unos alcanzan notoriedad por pelearse todos los días, otros destruyendo lo que tocan, porque construir cuesta esfuerzo, algunos, comen de la desgracia y el chisme ajeno, también hay gente, que vive de predicar la queja perpetua, hipnotizando a los perdedores con cuatro mensajes dogmáticos y hasta hay quien compra un pedazo de cielo, tragándose a bocados algunas reglas totalmente ajenas a la sociedad actual. 

No me gustaría para nada, dejar a los jóvenes algún mensaje que suene a fracaso, ni mucho menos a desesperanza, porque en el mismo camino se cruza otra clase de gente -pienso que la mayoría- que sigue aspirando a ciertos valores, que gusta de verse con sus propios ojos, que la única mirada robada es la que esconde el amor por otros, padres que se sienten como el arco que tensa la cuerda para que sus hijos vuelen solos y jefes, que son líderes, porque creen que la comunicación y el reconocimiento son las llaves, para conseguir confianza, a éstos se los sigue por afinidad.

¿Preparados para el fracaso?

Cuenta que una vez, un niño andaba perdido en el bosque, caminaba de un lado a otro sin saber donde ir, entonces se paró de golpe, vió el sol en lo alto y eso lo tranquilizó, se volvió y descubrió muchos árboles que había dejado atrás y que eran familiares y entonces, empezó a desandar, hasta llegar al camino de donde había venido.

Es normal que mucha gente ande desorientada en los tiempos que corren, porque a pesar de la incerteza del futuro, nos obstinamos en seguir caminando sin saber exactamente a donde vamos y nos perdemos, e incluso olvidamos porque llegamos a algún sitio. Todo esto está ocurriendo en la calle, en las empresas, en las familias e incluso en muchas comunidades y  naciones, por ello, no debe extrañarnos que la misma sensación la tengan nuestros jóvenes.

Es casi natural que en plena adolescencia resulte difícil saber lo que se quiere, especialmente porque el propio entorno no tiene respuestas, pues vivimos subidos a una ola que nos va llevando hacia un modelo social condicionado por las prisas y la economía, en el fondo ningún consumible prevalece en el tiempo y esta fragilidad impide que uno se plantee realmente que quiere hacer con su vida.

Si esta sensación afecta a la gente adulta, no nos extrañemos que supere a los jóvenes, estamos en el siglo de la velocidad y si todo pasa rápido es muy difícil distinguir sus intereses personales, pero somos en parte responsables de su éxito vital, por ello creo muy necesario incorporar dentro de los tramos formativos a partir de secundaria, una evaluación competencial y personalizada, para que cada joven pueda descubrir lo antes posible por donde desarrollar su plan educativo, o al menos evitar caminos erróneos.

Es un recurso fácil, criminalizar el fracaso escolar, la ESO, el sistema o, incluso, a la administración o a los educadores, pero éste no es el problema. Me refería antes al “bosque” que es la vida, al  “desandar” que es regresar al origen de las decisiones, y al regreso al “hogar” que es el principio donde todo debe empezar, desde allí la naturaleza  convenientemente adiestrada hará el resto, la solución consiste simplemente en plantear de nuevo el problema.

Si la tecnología ha permitido una nueva forma de hacer las cosas y la educación virtual puede completar cualquier sistema formativo integral, ¿por qué no cambiar el aprendizaje? aunque salvando siempre las actitudes, o sea la motivación, el mimetismo, el esfuerzo, la corrección después del error, todo pero entendiéndolo desde cada individuo.

Mis humildes conocimientos están más arraigados a mis 45 años de trabajo en el mundo empresarial que en mi también larga experiencia como docente en habilidades tangenciales, pero puedo asegurar que en este momento nuestra sociedad nos empuja hacia el conocimiento útil, las empresas no quieren gente que sepa, sino que sea capaz de hacer cosas algún día y lo que es evidente es que normalmente hacemos bien, aquello que nos gusta, porque nos sentimos seguros, por ello propongo desarrollar las futuras competencias del joven desde el principio.

Me consta que algunas instituciones están incorporando en sus currículums formativos  algunos temas complementarios relacionados con el futuro profesional y hacen muy bien,  porque si somos capaces de descubrir quien no “puede” ser abogado porque no tiene sentido común, o quien no “debe” ser médico porque no sabe escuchar, o el que nunca “será” creativo porque es demasiado racional, entonces ahorraremos mucho dinero a las familias, también a la administración, y de paso, devolveremos mucha autoestima a los alumnos.

No estoy seguro que con todo eso eliminemos el fracaso escolar, pero estoy convencido de que tendremos más “trabajadores” felices.

Mucho líder y poca pasión

Erase una vez un tenista, que  en su etapa profesional, no tenía rivales en eso de ganar  partidos, la verdad es que cualquier set  disputado, tenía asegurado, como mímimo la emoción y el divertimento; fue un número uno, incluso más allá de su prodigiosa técnica,  y entonces, sólo le tapaba otro gran rival, un tal Ivan Lend, soso y algo prepotente, que también era muy bueno, pero que nunca, conseguió emocionarnos tanto.

Estoy hablando de John McEnroe,  rubito con cara traviesa , conserva aún  su  sonrisa  a lo garfield   y  al parecer sigue en el circuito como veterano y  sigue disfrutando con eso del tenis. Pues bien,  según  este  excampeón” los nuevos tenistas corren más, se entrenan de  forma más compleja, pero deberían copiar a Nadal, demostrando sus emociones y expresándose mejor”, si nos creemos al maestro , nuestros ejecutivos y directivos deberían también correr más ,  emocionarse con mayor frecuencia y relacionarse mucho mejor de lo que lo hacen .

Estoy convencido que en un mundo cada vez más competitivo , la autenticidad se vende muchísimo mejor, probablemente porque no existe un sistema ideal, para hacer las cosas  y al final  ,entre todos y afortunadamente  hemos conseguido enloquecer a esos gurús del marketing y de otras cosas , que siempre creen saber  predecir antes que nosotros lo que nos  hace falta .

Ahora  toca  aceptar, que no hay un modelo de empresario y que tampoco se llega al poder a base de titulaciones . Hoy en día, cualquier  mayorista de un  mercado central de consumo  o  incluso,los asiáticos del  “todo a cien” , no necesitan  otros masters , ni consejos de gurús, para hacerse ricos, más que el trabajo constante-no cierran casi nunca- ,la  imaginación  y este proverbio oriental que dice”que para abrir una tienda sólo hace falta aprender a sonreir”.
De ahí  quiero sacar algunas conclusiones:Primera :la empresa  que se adapta antes , consigue más mercado , Segunda : el  primero de la clase o el que tenía más matriculas ,no obtiene más éxito que el último, Tercera:ser universitario no equivale a  un empleo, de la misma forma que aunque conduzcas un Ferrari no puedes pasar de 120, o sea que todo se hace relativo y no  tenemos garantizado ni siquiera llegar al día de mañana,esta es la cruda realidad  y no  permitirse el uso frecuente  de la demagogia en forma de libros tipo “Como ser feliz en dos semanas….”y cosas así.

Si  además ,comprobamos  que muchas de los productos y  empresas que  están en el mercado,  en muchos casos, tienen poco que ver con la presunta  calidad y los valores, de los que presumen  ,nos encontramos ante un  nuevo modelo de sociedad empresarial ,en el que la mediocridad  ,la sorpresa y a veces los malos modos  ,si vienen  en el momento adecuado y por un medio popular tienen éxito, vean sino , la basura televisiva que compramos , y  que se repite en la  profunda frivolidad de la mayoría de políticos .

Y ¿qué consecuencias tiene ,este fenómeno social en las empresas? Pues que cada vez  se embrutece más el trabajo y  las relaciones dentro de la empresa , hay más trabajadores pendientes de vender horas de  su vida, simplemente a cambio de un salario y existen menos trabajadores que aporten valor añadido.
Además de todo esto , se  está creando una brecha importante en la búsqueda de   directivos realmente comprometidos ,por tanto emocionales, nos faltan líderes que además de mandar  sepan también dirigir y como no, en el entorno de los recursos humanos , nos falta gente que además de preocuparse de la  búsqueda de personas,selección, planes de carreras, administración  de nóminas , formación  o relaciones laborales , pero que se moje un poco , que  sepa  más del negocio ,que intervenga en la estrategia, que conozca las  cuentas de explotación  ó amortizaciones  y entienda que al final  todos somos clientes de algo.

El  problema evidentemente son las personas, porque las empresas, los programas  , los productos y las relaciones humanas, los fabricamos nosotros  .

Pensando que además todo está conectado, al final descubrimos que esta fragilidad  , es consecuencia de la ambigüedad  que existe en  la calle , mucha información , para tan poca comunicación , demasiados juguetes cuando para jugar de verdad, sólo hace falta imaginación, excesivos masters  ,para tan poca gente que desee simplemente  hacerlo todo mejor ,para ser más útil al conjunto , demasiado hablar de la creación de  equipos sólo para saber a quien le echamos la culpa.

Parece que al fin y al cabo, todo culmine con la mera posesión de todo, los ejecutivos viven prisioneros del móbil, rebotando citas en la agenda ,la mayoría  caminan sin estar atentos  y  buscando permanentemente corazas que les aislen de la fragilidad  de las emociones,  para acabar comprando relación  humana , en forma de nintendos ,viajes o juguetes costosos ,para aliviar los fracasos o huir de su pareja.

En el  trabajo acabamos poniendo precio a nuestro tiempo  en vez de medir el placer de disfrutarlo  y personalmente ,esperamos que un libro de autoayuda  adquirido a volandas en el aeropuerto , nos explique el sentido de nuestra  vida , pero nadie quiere hablar de compromisos,más allá de bajar la basura.

No sé si, el Sr McEnroe, puede darnos alguna lección de vida , con ese carácter tan visceral y auténtico , su orgullo y a menudo poca educación, pero de lo que sí estoy seguro es que prefiero los errores de la pasión , a la tristeza  perfeccionista , me gusta más la verdad  aunque duela , que la ambigüedad en  forma de mensajes hechos ,e.mails prefabricados o cartas de valores escritas en un hermoso cartel en la recepción de las empresas .

En las escuelas de negocio y en las universidades  , debería explicarse a la gente que ser persona es mucho más importante que  aprender métodos para dirigir , tambien podría decirse que es posible funcionar de forma ética  es congruente con desarrollar un proyecto empresarial que sea sostenible y que no se elige al jefe por ser mejor, sino porque sepa encontrar lo mejor de cada uno de nosotros.

La vida laboral  de muchos de nuestros directivos, no va más allá  que la aplicación de  determinados hábitos  que se siguen  rutinariamente en las empresas  y  que las hacen funcionar  sin  necesidad de que intervengan demasiado , porque  lo único que se les piden a menudo es que se atrevan a innovar un poco , a fin de que puedan equivocarse y aprender  ,porque si nos fracasas de vez en cuando es que no te arriesgas lo suficiente y sólo  es posible avanzar un poco  después de cometer algunos errores.

Siempre será mejor una gran dosis de pasión , que muchas cápsulas subliminales , mal aprendidas en algún seminario  de ciertos teóricos  que se atreven a hablar de algo que sólo han escuchado.

Ciertamente el mundo está cambiando  y no sólo porque escuchamos el crujir de la naturaleza,  quejándose por  el ozono que robamos , o por las miles de barbaridades que cometemos en nombre de la economía que beneficia a unos pocos , debería existir un código más severo para los delitos  contra la solidaridad , o para los que viven con el corazón dormido.

Tengo la esperanza de que algún día , exista más sensibilidad  detrás de las decisiones realmente  importantes y probablemente  esta nueva visión nos llegará de la mano de  las  miles de mujeres que aspiran a  compartir simplemente , las responsabilidades  del poder  , creo que ellas  aportarán  racionalidad  , mucha comunicación , tolerancia  y diálogo del que todos nos beneficiaremos.

Mucho más allá de los tópicos  y de las cuestiones de género , me gusta la gente que muestra su carácter  porque sé a lo que me enfrento  y prefiero  trabajar con  alguien que  chille de vez en cuando,pero que pierda alguna lágrima, antes de  que soportar un directivo yonqui de manual, rígido y  sobrado de razones, muy  aplicado ,con sus siglas , ya sea el MBA,el  PC , su PDA´s ó la Visa, pero que olvidó su corazón en otra cartera.

Se vende mala educación

Dice mi eminente colega el profesor Marina que los problemas entre las parejas se arreglan mucho mejor con educación que con sentimientos, y yo estoy de acuerdo, porque la educación va de la mano del respeto y propicia el sosiego que permite abrirse de orejas y llegar a la comunicación suficiente para gestionar el conflicto.

Todo eso que parece tan obvio en lo social, se estrella de golpe ante el Dios soberano de nuestros días, o sea el marketing, una ciencia que hoy está muy por encima de otras que fueron muy respetables como la literatura, la física o incluso las matemáticas y que sólo encuentra alianzas en la economía, que es su única razón de ser.

De esta forma, todos cabalgamos con dos caballos a la vez, por una parte están los sueños de papel, el hedonismo a ultranza y un catálogo de promesas sobre el culto corporal, el placer inmediato o el triunfo pagado, siempre de la mano seductora del marketing, y el otro, representa dinero fácil y todas las ventajas del mundo para que te asomes por un rato a las sensaciones de los ricos, hipotecando tu sueldo, tu piel y tu futuro a cambio de cuencos llenos de euros a devolver con sobrecargos abusivos.

Con el subidón de sentirte rico para comprar y las dos mil letras por pagar, te subes a tu bmw, te endedudas con la dermoestética o compras tus vacaciones, sin pensar que un día tendrás que pagar toda la fiesta. El marketing en su corrupción suprema, te vende todo lo que no te hace falta para hacerte sentir lo que no eres, claro que esto poco importa cuando en muchos casos trabajas en algo que no elegiste y te levantas con alguien que no deseas.

Es difícil adivinar hasta dónde puede llevarnos el placer del masoquismo, pero alguien me dijo una vez que al final todos vivimos de lo que combatimos y hasta somos capaces de aliarnos con nuestros verdugos.

Vean sino mis queridos lectores cómo se inventa un héroe forjado en la plastilina y palabras del karaoke-villano, que pertenecen al código del marketing, como briefing, producto, captación, posicionamiento, venderse, layout o branding, y hasta se atreve a hablar frívolamente de sentimientos y actitudes, pero, ¿no quedamos que lo que tiene valor no tiene precio? y las emociones?, por favor cómo va a emocionarse alguien con un yogurt o con una colonia, toda esa manipulación es cosa de los sesudos publicitarios y creativos que son muy buenos, de verdad.

Pues sí, ha llegado el Darth Vader de un programa puntero musical de la cinco, y en esta cara oculta se esconde con gafas de sol -a las 12 de la noche- y vestido de misterioso negro, un jurado que trasciende a juez, fiscal, acusador y sobre todo maleducado personaje al que buena parte del público adora.

Como jurista, con dos masters en marketing, me quedo absorto ante este albedrío de masas, sollozos e histeria juvenil entre “nuevos discípulos “ de este profesional, que supongo debe ser muy capaz y que emulando sus propias frases, el mismo se convierte en un producto tan agrio y necesario como la pimienta del steak tartare; condimentando así, un espectáculo digno de coliseo romano, en que los “gladiadores” aspirantes a solistas, pagan el precio de su pretendido salto a la fama, dejándose fustigar y escuchando toda clase de improperios, simplemente para que al final suba el índice de audiencia del programa y alguien gane más dinero.

Aplaudo tanto la estrategia publicitaria del invento, que es su única justificación, como repudio las formas, y no el fondo de las frases agresoras que nunca debe merecer un ser humano en situación tan desigual. Al amigo Sabina se le escaparía un “dímelo en la calle”, pero muy mal debemos andar en esta sociedad, cuando somos capaces de regalar horas de nuestro tiempo complaciendo la vejación y la mala educación.

Ábrete de orejas

Parodiando un viejo dicho chino “cuando suena el trueno ya es tarde para taparse las orejas” me atrevería a afirmar que la mayoría de gente vive con las orejas cerradas.

Acostumbro a participar y acudir a conferencias y eventos porque me gusta saber lo que piensan otros. Todo ello me enriquece y me permite criticarlo sanamente, de esta forma acostumbro a aprender cosas que a menudo cuando las aplico, al principio sobre todo, no funcionan, pero por lo menos de esta forma descubro los caminos que no son.

En los últimos meses, se ha despertado un fenómeno insólito en comunicación empresarial. Consistente en la convocatoria de centenares de seminarios, talleres, congresos y conferencias monotemáticas que supongo que se llevan a término y que si realmente asistiéramos a todos, no habría tiempo para trabajar, por tanto, no existiría la posibilidad de aplicar lo que nos cuentan. Lo bueno de estos actos es que se dicen muchas cosas y algunas razonables, lo malo es que con frecuencia se dice lo mismo y roza el tópico de ambigüedad que tienen las palabras ajenas.

Ahora se habla mucho del tema de los recursos humanos porque las personas están de moda, ¿cómo no van a estarlo? si somos el blanco de toda la publicidad y marketing del mundo, siempre que tengamos pasta -ya sabemos lo que vale la vida de un hombre sin cartera aunque cruce 5000 kilómetros para poder trabajar-. Es curioso comprobar, cuando te acercas a un quiosco, cómo te bombardean la mayoría de revistas para que compres cosas -algunas tienen más páginas de anuncios que de información- y luego están surgiendo las “otras”, que también se llevan mucho, para liberar tu cuerpo y tu mente, eso y un poco de bótox  supongo que sirve para equilibrarse y volver a creer que somos algo más que consumidores.

Es como si le pegamos una paliza a alguien sin motivo y luego le vendemos las medicinas para curarse, como hacen las tabacaleras y laboratorios. Eso está ocurriendo en nuestra sociedad y como no, nos lo cuentan con poca convicción -porque no se lo creen- en gran parte de las charlas que se escuchan por ahí, y especialmente, en temas de liderazgo, recursos humanos y todo eso. Al final se está hablando mucho de competencia, talento, compromiso, pero nadie explica cómo hacerlo.

En realidad, no es un problema de demagogia, teoría o mala fe, lo que ocurre es que la actitud para comunicarse es una opción del receptor y la gente no se cree todo lo que le cuentan, a veces porque en otro caso se vería obligado a hacerlo.

Siguiendo teorías de alguien tan sabio en la materia como el Prof. Walzlawick o mi colega el Dr. Llacuna, es imposible no comunicarse, y hasta el silencio a menudo consigue comunicar más que la mayoría de canales que utilizamos, pero en realidad, no todo lo que nos llega especialmente por la vía verbal y escrita nos comunica.

Sólo nos comunicamos con lo que nos repercute porque toda comunicación implica un contenido y una relación. La comunicación no es proceso lógico sino psicológico, por tanto, debe darse un “feedback”del receptor sobre cómo está entendiendo el mensaje y que llegue a nuestro interior provocando emoción y reacción.

Vivimos un momento de excesos de todo, especialmente de información, mal llamada comunicación. La mayoría de los mensajes se queda en el simple informe, por tanto, no interesan a casi nadie, ni trasciende, ni modifican ninguna actitud. Eso ocurre en gran parte de la enseñanza, no siempre por culpa de los maestros, y naturalmente, en los medios. Cuánta energía malgastada, frases huecas que no sirven para nada, pocas cosas que lleguen de verdad, tópicos como “a ver si quedamos”,”hasta luego”,”tu sí que vives bien” son tan absurdas en lo cotidiano como “lo importante son las personas” ”sin valores no se puede hacer empresa” o peor, “el cliente es lo primero”. Todo eso se queda pegado en el hermoso tablón de intenciones colgado de la pared de la recepción de las empresas.

Luego viene todo lo demás, lo que denominaríamos los hechos, los comportamientos ejemplares, la congruencia al actuar, la intención en el mensaje, y sobre todo, la involucración. A la hora de la verdad, todo eso es ciencia ficción, sobre todo en muchas empresas de las que cotizan y gastan millones de euros en supuesta “comunicación”.

Pero también existe el camino de en medio. Es lo que yo calificaría como datos. Hay gente que no comunica, ni tampoco informa, pero nos da datos en forma de estadísticas, de cuentas de resultados. El dichoso “evita”,la mayoría de órdenes se dan así, se llega al “hay que hacer esto” sin concretar quién lo hace, pero obviamente no lo hará el que manda, o bien “debemos conseguir este objetivo” pero sin cuestionar, para qué, cómo, cuándo y porqué. Incluso, la gente vive la rutina de su vida sin saber porqué lo hace. 

Todo eso se hace aún más familiar para la gente de Recursos Humanos cuando recibe mandatos de la dirección con ideas clave: “debemos capacitar a la gente en eso…” “montaremos un curso y les irá bien” o “ que hagan una selección o despidan o promocionen” o “hagan pruebas” o “montemos una salida de outdoor-training”,sobre todo “reducción de costes”. Cualquier cosa vale menos escuchar al que se supone que es el “proveedor” de los perfiles competentes para realizar cada función.

Con el dato se llega hasta el nivel de identificar y aclarar de qué va el tema, pero sin duda, tampoco hay repercusión porque nadie aplica la empatía y menos el compromiso.

Por mucho que se hable de atraer y retener talento, del liderazgo, de los valores añadidos o de tener buenos profesionales, todo eso puede quedarse en el triste rincón de la información, si no nos aplicamos en escuchar. ¿Creen que el mundo funcionaría tan mal si la gente además de hablar escuchara un poco?, creo que no. Para eso tenemos dos orejas y una sola boca, por tanto, quizás valdría la pena ahorrarnos muchas palabras ya muy repetitivas y empezar a hacer más cosas, la gente lo agradecería y usted y yo, también.

Inútiles por competencias

Desengáñate porque simplemente pasar por la universidad y obtener un diploma no te hará más competente, de la misma forma que conocer música no es lo mismo que saber tocar, o que tener más información no equivale a estar mejor informado. Las competencias no caducan pero sólo sirven si se aplican.

¿Te has parado un momento a pensar que la mayoría de líderes –no digo directores- que tenemos en las empresas o en la política son mediocres? En el fondo, lo que los convierte en jefes es poco más que algún master, cierto éxito en el puesto anterior, una recomendación, el vacío o la pereza de quienes los eligen.

Si pensamos en los medios de comunicación, el tema está cantado. Los buenos, la gente que hace algo bien y lo cuenta, no interesa porque todo depende del “share” – medidor de audiencia-. El que “ vende más” casi siempre es el que lo hace peor, el que canta mal, el gracioso, el boceras, el patoso, el que se cae, el mal hablado, el faltón, el chulo, el chillón, el parásito, el superficial, todo se reparte entre el kitch y el “ botox”.

Ganan audiencia los programas que se dedican a proclamar la anormalidad desde una forma histriónica, bucólica, descarada y especialmente ridícula,  se glosa la mediocridad y acaban triunfando los inútiles.

Este fenómeno mediático, supongo que bebe de las fuentes de la política y por desgracia, se está extendiendo en el tejido empresarial. Empezó con ciertos funcionarios que se acunaron en el antiguo régimen, después sobrevivieron a los monopolios y se está extendiendo cual mancha de aceite, entre muchos ejecutivos de karaoke, que beben de las ideas de otros.

Lo malo es que como todas las epidemias, ésta también se contagia y así tenemos a la mitad de nuestros jóvenes viviendo de la “sopa boba” con treinta años y sin haber empezado a trabajar por la tolerancia de madres protectoras que les protegen, mientras demasiados padres se distraen buscando valores olvidados, aunque no ignoran, que el amor, el coraje y el talento no se escribieron para los zánganos.

Si miramos hacia arriba notamos que el mundo está dirigido por inútiles. Unos alcanzan notoriedad por pelearse todos los días, otros destruyendo lo que tocan, porque construir cuesta esfuerzo, algunos, comen de la desgracia y el chisme ajeno, también hay gente, que vive de predicar la queja perpetua, hipnotizando a los perdedores con cuatro mensajes dogmáticos y hasta hay quien compra un pedazo de cielo, tragándose a bocados algunas reglas totalmente ajenas a la sociedad actual.

No me gustaría para nada, dejar a los jóvenes algún mensaje que suene a fracaso, ni mucho menos a desesperanza, porque en el mismo camino se cruza otra clase de gente-pienso que la mayoría- que sigue aspirando a ciertos valores, que gusta de verse con sus propios ojos, que la única mirada robada es la que esconde el amor por otros, padres que se sienten como el arco que tensa la cuerda para que sus hijos vuelen solos y jefes, que son líderes, porque creen que la comunicación y el reconocimiento son las llaves, para conseguir confianza, a éstos se los sigue por afinidad.