Ahora no puedo, estoy trabajando

Parece una frase habitual para muchos de nosotros, pero es inédita para mucha gente, especialmente para los que quieren y no pueden encontrar un trabajo.

Podría referirme a cualquier joven, mujer o incluso alguien mayor de 50 años, pero hoy voy a dedicarme a los diferentes colectivos de discapacitados, palabra muy mal empleada porque no conozco a nadie, incluyéndome a mí, que no tengamos alguna limitación de capacidad. 

Se imaginan a Einstein corriendo los 100 metros, a Michael Jordan en un laboratorio o a la madre Teresa en política, !lastima! porque nos habría cambiado el orden mundial aunque para bien, seguro. 

Es evidente que cada uno poseemos unas habilidades, competencias e inteligencias distintas; según Howard Gardner hay más de siete. 

Digo todo eso para persuadirles que al referirse a “discapacidad” digan simplemente “distintas capacidades “ porque ésta es la realidad, cada uno de nosotros sirve para unas cosas y es un negado para otras. Observen cómo bailan algunos y cómo nos expresamos la mayoría y es que componer palabras tampoco es lo mismo que comunicar. 

Hace unos días pude disfrutar, compartiendo el XXI aniversario de la Fundación Catalana Síndrome de Down, con el que coincidí con casi un centenar de empresarios que pudieron confirmar a través de su experiencia contrastada empleando a personas de este colectivo, que su nivel de eficiencia y rentabilidad en los puestos de trabajo asignados es comparable a la de otros trabajadores considerados menos especiales. 

Pero, con un valor añadido para mí muy importante, ellos disfrutan de su trabajo y además, sonríen muy a menudo como si disfrutaran de verdad haciendo lo que hacen. 

Como consultor de recursos humanos, a menudo, debo evaluar las competencias claves de un trabajador y normalmente todos coincidimos que con independencia del puesto y el correspondiente nivel de conocimiento, las más necesarias son:

Identificación con el puesto, proactividad, equipo, proyecto de futuro, autoestima, facilitador y voluntad formativa, o sea que, además de lo que se sabe y la actitud para hacerlo, queremos gente con valores, dispuesta a disfrutar, compartir, crecer e implicarse. 

Los enfermos de Down tienen esta actitud hacia su trabajo, simplemente se preocupan por entenderlo y hacerlo bien, entonces, en vez de comprenderlos que sirve de poco ¿por qué no integrarlos en nuestras empresas de forma racional?, especialmente en aquellas tareas que les permitan desarrollar sus capacidades. 

De esta forma, además de beneficios fiscales y sociales, podríamos darles la misma oportunidad que todos tuvimos algún día a fin de que puedan demostrar lo que saben hacer exactamente como lo hacemos con cualquier otro trabajador. 

Para ellos, lo más importante es poder demostrar que son humanos y dispuestos a aplicar sus recursos, que tienen proyectos de vida como usted y yo, que necesitan su autoestima, pues sus sueños no tienen más limitación que las cadenas que ponemos los demás. 

A cambio, además de darnos todo lo que pueden dar como personas y como profesionales, seguro que nos regalarán su sonrisa espontánea, pero esto sí, procuremos no interrumpirles mucho en su jornada laboral, no sea que con la bondad de sus ojillos traviesos nos digan: “ahora no puedo, estoy trabajando”.