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La soledad y la crisis

 

En los últimos 50 años he tenido que pelearme hasta con 5 crisis, que recuerde y lo digo sin contar con la primera que me pilló buscándome la vida a los 15 años, después de dejar el hogar paterno, lo cierto es que no me gustaría reiterarme en estos “tópicos” a la moda, como que las “ crisis son oportunidades”, o lo que “no te mata te hace más fuerte” , aunque confieso, que ambas son ciertas, el tema está que en esta ocasión , la crisis ha despertado de una vez  las auténticas miserias de nuestra naturaleza. Sí, si , no te alarmes, será porqué uno con los años, tiene más conciencia de lo que pasa, pero creo que lo más trágico de esta crisis  es que además de volvernos más pobres, ha puesto en evidencia nuestra soledad y esto es más horroroso que la propia pobreza, algo atenuada, en un país como el nuestro.

No creo que debamos sentirnos culpables de ser como somos, no sería justo, pero hay algo o mucho, que no hemos hecho bien y aún suena peor, para los que no son capaces de pararse a analizar las causas reales de lo que pasó y objetivar, lo que nos espera en los próximos años.

¿O acaso es normal, que casi la mitad de los jóvenes entre 25 y 40 años, no tengan trabajo, o tengan que emigrar , o que no tengan esperanza en su propio entorno?; que la mayoría de adolescentes sean tratados como veletas al viento del marketing, ante la impunidad de políticos y progenitores es grave, que estén desamparados ante este consumo voraz, traducido en tablets ó multijuegos y a la vez esclavos del Phone, reacios a la cultura, sacrificados a comunicarse telemáticamente y en el mejor de los casos, excépticos ante el desafio de un mundo empresarial vendido a los resultados, todo eso tiene que ver con la educación y de ello, con perdón, somos responsables.

No sé si las crisis sirven para mejorar, pero seguro que después de ellas, nunca somos los mismos, se supone que hemos aprendido a hacer las cosas mejor, pero ése no es el caso y nos damos cuenta, simplemente mirando a nuestro alrededor. Puede que haya subido la ocupación pero a costa de bajar los salarios a nivel de hace 10 años, tampoco somos más listos, porque nos seguimos dejando engañar por la vulgaridad de la telebasura y por inacabables sesiones de anuncios que duran como un telediario. Parece que ahora se justifica todos con el descubrimiento de la moda de la  ecología,  pero lo que pasa es que acabamos pagando más por casi lo mismo y el vino sin sulfitos es peor que el otro. Se quiere resolver la felicidad de la gente a base de hacerlos adelgazar, ponerles botox o siliconando, ignorando que la auténtica belleza está detrás de los ojos  de una persona feliz.

Hemos cambiado de talla, pero  no de hábitos, se pretende perder kilos y creencias poco entendidas, pero nadie sabe si la alternativa  materialista es mejor; los gurús aburren hablando de reinventarse, pero nadie quiere cambiar, sino le garantizas que ganará con el cambio, nos creemos que tener más formación es cuestión de hacer masters, cuando lo importante es conocerse a uno mismo y confiar, olvidamos que los cimientos de una buena educación, deben ayudarnos a descubrir nuestro talento y aprender a desarrollarlo.

Y claro está, lo que ocurre socialmente trasciende a las empresas y la mayoría han cambiado el conocimiento y la capacidad mentora de gente de 50 años reemplazada por jóvenes con cierto potencial y mucha teoría, pero con poca experiencia, formada con cierta mediocridad y sin la seguridad de que sepan liderar con alguno de sentido común y con cierta ética. Nos iluminan los resultados, las oportunidades de las star ups tecnológicas, sin pensar que la mayoría aportan poco valor añadido para mejorar la sociedad y claro, después tenemos los fracasos de los mandos intermedios, que no se entienden con sus equipos, porque ni siquiera se comunican y al final se  acaba trabajando por necesidad, pero sin ninguna ilusión ,ni motivación, ni compromiso y éste es el modelo.

No haría falta saber mucho, mejor conocer y haber vivido un poco, tomando referencias de ello y alineándose con un  proyecto de vida, a esto se le llamaba experiencia y al menos a mí me sirve para no perder la esperanza, está claro que a los míos, no nos falta la ilusión de construir un mundo mejor para nuestros nietos, aunque sigamos dudando de que la auténtica evolución sea  conseguir que la gente sea menos autónoma, tenga menos cultura/criterio y probablemente sea incapaz de decidir que hacer con su vida, seguramente ésta es la peor soledad.