Posts by Miquel Bonet

El cronomanagement

El tiempo es un recurso escaso, que no se puede comprar, que no es almacenable, ni se multiplica, pasa lenta pero inexorablemente y no se puede perder, porque la vida está hecha de esta materia, por tanto, es un bien tan valioso que debería poderse contabilizar e incluirse en el “ebita” de la cuenta de resultados.

Me gustaría que me acompañaras en algunas reflexiones que quiero compartir contigo en este artículo y que tienen que ver con la forma en que trabajamos y en aquellas habilidades-competencias que te permitirán gestionar el tiempo de una forma más eficiente. Sólo espero que merezca el tiempo que tardarás en leerlo.

Teniendo en cuenta que el tiempo no puede recuperarse una vez que se ha perdido, lo fundamental es que lo dediques a realizar cosas que realmente valgan la pena. A través de estas líneas trataré de mostrar aquellos factores que impiden una adecuada gestión de nuestro tiempo y qué podemos hacer para que el esfuerzo que dediquemos en aplicar alguna técnica nos ayude a hacer las cosas algo mejor y si es posible disfrutarlas.

El concepto del cronomanagement debe asociarse a este concurso de palabras “nuevas” que invaden nuestro vocabulario de empresa; etimológicamente proviene de la asociación del griego “kronos” y la traducción de management o el arte –tan escaso-de dirigir.

Los principios básicos

Mi experiencia en el mundo laboral me sugiere de entrada que no puede gestionarse nada sin antes hacerlo con uno mismo. Lo primero que debes buscar y encontrar, es la relación entre el esfuerzo empleado en hacer cosas y los resultados que obtienes. Según Ian Fleming en su libro “La gestión del Tiempo” escrito para Lucas Industries, los principios básicos para gestionar el tiempo consisten en:

  • Actuar por el motivo adecuado, asegurando que lo que se hace tiene relación con el trabajo final.
  • Actuar en el momento oportuno, por tanto, decidir las prioridades.
  • Y actuar de la manera apropiada, lo que supone organizarse.

Es clave que cada manager tenga muy clara su función, sus objetivos, determinando las áreas en las que debe centrar su trabajo (clientes, planificación de objetivos, formación, retención de talento, etc) ya que si no se clarifica individualmente el puesto de trabajo es muy difícil establecer prioridades y determinar el orden y el tiempo que debe dedicarse a cada una de ellas en función de las mismas.

También es vital conocer nuestros errores habituales, por ejemplo, no distinguir entre lo urgente y lo importante, caer en el tópico de resolver problemas en vez de prevenirlos, no saber decir que no, no saber identificar cuáles son las tareas urgentes -con independencia de que aporten más o menos beneficios-, o establecer aquellas que se hacen sin planificar y a menudo no son cruciales, pero que nos roban tiempo.

Nuestro objetivo laboral es aquello por lo que nos pagan, y por tanto aportan valor al grupo y son tareas primordiales todas aquellas que permiten alcanzarlo. Aplicando el principio de Pareto, se demuestra que el 80% del tiempo disponible se dedica “sólo” al 20% de los resultados, mientras que el 20% restante es el que se dirige realmente al 80% de los objetivos del negocio. Esto se debe a que gran parte de nuestro tiempo lo dedicamos a acontecimientos inesperados. Sería el momento de decidir el grado de importancia para determinar su urgencia.

Hay una frase conocida en management que dice “si fracasas en la preparación, prepárate para fracasar”. De eso saben mucho los equipos, especialmente deportivos. La clave está en saber establecer prioridades y organizarse a uno mismo. Puede servirnos Outlock, lasPad o la agenda de papel, pero lo básico es el hábito, poca gente destina un tiempo máximo a cada actividad, ahí está la clave.

Tomar el control

La gestión del tiempo, requiere asumir el control siempre y eso incluye evitar los llamados “marrones” o “mokeys” como dicen los ingleses, que nos cuelgan otros. Hay que valorar cada vez que decimos que “sí” porque esto significa compromiso y resta tiempo.

Pocos directivos, sobre todo en el mundo de la Pymes, que son claramente los que aportan más de 2/3 partes del pib, saben delegar. Saber delegar es clave para tener más tiempo con el que hacer cosas de las “importantes”,es decir, que pertenezcan al objetivo del puesto de trabajo y no deben delegarse sólo las rutinas sino tareas completas y aquellas que otros pueden hacer.

Otro punto fundamental es aprender a gestionar nuestra mente, de esta forma controlaremos, por ejemplo, el estrés, pues identificando sus causas podemos preveer sus efectos. Dosificarse, organizarse y desconectar ayudan.

Todas las personas tenemos unas horas al día en las que somos más productivos, la clave es aprovecharlas. Más energía versus menos errores y lógicamente más creatividad y generación de ideas. Del líder se espera innovación; actualmente y ante la ambigüedad del futuro, merece la pena aprender mapas mentales que contribuyen a identificar los problemas y su relación con las causas, entonces es mucho más fácil resolverlos.

Nos hacen jefes precisamente para asumir responsabilidades y tomar decisiones, ya sean selectivas o creativas, hay reglas para hacerlo eficientemente, aunque los requisitos tienen que ver con:

  • Conseguir la información suficiente.
  • Definir el plan de acción con las personas que forman parte de la solución.
  • Saber el rol que tiene cada uno en la decisión final.
  • Naturalmente saber el tiempo que dispones para ello.

Comuniquémonos eficazmente

La comunicación es la clave de toda relación humana y también en la empresa. Gracias a ella podemos alimentarnos de la energía de todos, pero, una mala gestión de la comunicación, impide una buena gestión del tiempo.

En la comunicación empresarial es vital gestionar las relaciones tanto ascendentes como descendentes. Si tienes jefes o dependes de un consejo debes conocer sus valores y objetivos. Debes conocer exactamente qué quieren y qué se espera de ti y saber sus fortalezas y debilidades, además del estilo de trabajo. Si posees de estos conocimientos, podrás relacionarte mucho mejor con ellos y también puedes aplicar el mismo sistema con las personas que dependen de ti.

Nada puede entenderse en liderazgo sin equipo, un conjunto de personas que tiene un objetivo común. Conociendo cada miembro y el modo de relacionarse entre ellos sabrás lo que debes hacer para que funcione bien, pero como líder tienes dos grandes misiones con tu equipo en las que dedicarás el tiempo necesario:

  • Busca y armoniza las capacidades individuales para tener un grupo armónico y equilibrado
  • Debes ser el encargado de cargar de energía el equipo, para ello implícate, fomenta lealtad y confianza, estimula la creatividad y cuídalos.

Trabajar con personas es inevitable y conlleva superar determinadas dificultades, por ejemplo, soportar las interrupciones que te desconcentran. Con todo, pueden limitarse sus efectos negativos, aprendiendo a gestionarlas, como haciéndolas cortas, evitando las dependencias, estableciendo plazos de tiempo, organizando el timming  en las entrevistas y escuchando pero aprendiendo a decir “no”.

Comunicarse es crucial, debes aprender a gestionar tu comunicación, tenemos dos orejas y una sola boca, escucha pues el doble de lo que hables, haz preguntas que servirán para interrumpir y centrar el tema, concreta lo necesario, prepara muy bien los mensajes que piensas lanzar y escríbelos si hace falta.

Superar las “interrupciones”

Otros “ladrones del tiempo” son:

  • Los teléfonos
  • Las reuniones.

El teléfono es una parte significativa de nuestra vida, es eficaz como medio, más personal que la escritura, incluso puede ser más económico. Hay técnicas para hablar por teléfono de forma eficiente, por ejemplo si tienes un filtro (assistant, secretaria) gradúa las llamadas que no te interesan, las poco importantes y las que te deben pasar, siempre puedes pedir que te llamen más tarde y que te dejen nota. Al contestar la llamada sonríe siempre, pues comunicación equivale a “espacio común” y se nota. Ten claro antes lo que quieres decir, toma notas, no te desvíes, si se “enrollan” pregunta y vé “al grano”. Si no hay solución en el momento la habrá más tarde.

Por último, debes gestionar tu entorno de trabajo, o sea, los papeles que llegan. Hay personas para las que cada papel es un problema, gestiona bien el correo y si es posible que lo hagan por ti, archiva y clasifica bien y aprovecha los viajes.

No he pretendido con este artículo enseñarte nada que no conozcas pero la reflexión de muchos hechos que se suceden a lo largo del día puede ayudar a realizar eficientemente el trabajo por el que te paguen. Ten en cuenta que nunca tendrás todo el tiempo para todo lo que quieras, pero que si hay algo primordial sacarás tiempo para hacerlo, concéntrate en lo útil.

El tiempo es un bien que posees gratuitamente, si descubres como aprovecharlo, seguro que sabrás encontrarle todo su valor y disfrutar el placer de perderlo cuando tu decidas.

10 Consejos finales para hacer un buen Cronomanagement:

  1. Dormir 8 horas, acostarse temprano es un secreto que debe practicarse diariamente, el cuerpo necesita recuperar sus energías
  2. No cambies drásticamente
  3. Prueba nuevas ideas
  4. Trabaja con inteligencia, no con mas intensidad
  5. El buen manejo del tiempo constituye una habilidad que todos podemos aprender y es condición fundamental para el éxito.
  6. Optimizar el uso del tiempo implica menos esfuerzo, menos fatiga y salud física y mental.
  7. Identificar prioridades constituye el primer paso para un eficaz manejo del tiempo.
  8. Inmediatamente se establecerán objetivos para apoyar las prioridades.
  9. No es posible trazar planes eficaces si no sabemos que queremos lograr verdaderamente.
  10. La clave del éxito está en disfrutar de tu trabajo y de lo que quieres hacer.

El talento de los jubilados

La crisis de la construcción está cambiando también parte del guión social de las grandes ciudades en las que siempre ocurren cosas. La falta de grandes obras urbanas y sus enormes máquinas trabajando, ha dejado muchos “huérfanos” entre tantos jubilados. Ellos gastaban parte de su tiempo y veían resucitar solares a la sombra de las ruinas, donde hubieron casas, levantadas con el sudor y la ilusión de muchas familias, pero que el precio del progreso y los años ha obsoletizado, y que se transformarán en viviendas quizás menos entrañables, pero sin duda más funcionales.

Un fenómeno parecido se repite también en las empresas, aunque el hecho por repetitivo se convierta en anónimo, cuando muchos jubilados son testigos del vencimiento de su crédito laboral. Para unos es un premio a muchos años de esfuerzo, pero otros son víctimas de la plaga de las prejubilaciones no siempre consentidas, que esquilman los costes públicos y también apartan de la vida activa a personas de probado talento.

Para algunas empresas significa la oportunidad de rejuvenecer a la plantilla, a fin de enfrentarse a la ambigüedad de un mercado competitivo con menos lastre y con los argumentos de la racionalización y el pragmatismo para aspirar a la eficiencia. Para otras, se trata simplemente de cuadrar los números y satisfacer el siempre complejo colectivo patrimonial, a costa de la falsa expectativa de comprar talento “no usado” a un precio más barato.

Lo cierto es que las empresas no andan sobradas de talento y cada día se pagará más caro. Hay un viejo chiste que contradice la idea de que las cosas nuevas son más caras que las de ocasión, excepto cuando se habla de cerebros. La verdad es que nunca hemos tenido tanto conocimiento a nuestro alcance, pero la mayoría de nuestros jóvenes es incapaz de razonar o carece de una base cultural amplia y compleja. Para analizar sin manual, le cuesta establecer una estrategia, porque sólo sabe aplicar. Probablemente nunca la gente se ha comunicado menos, aún teniendo todos los medios a su alcance.

La mayoría de los jubilados voluntarios o a la fuerza, se han inventado nuevas rutinas para dar sentido a sus vidas, ocupándose en dar paseos por calles y con amigos repetidos o con visitas al “súper” para comprobar como cada día menguan sus euros. También ejercen como “taxistas” de sus nietos, o recaderos de algunos hijos que no tienen escrúpulos en “robarles” su tiempo, mientras ellos queman su propio ocio sin cargas ni molestias.

Un desperdicio para muchas empresas que dejan perder la cultura y el saber, pudiendo ganarlo con sólo algo de reconocimiento. Lástima de experiencia, de crisis vencidas, de ilusiones imaginadas y que otros podrían realizar. Con lo bien que nos vendría aprender de la gente que sabe del esfuerzo y que en su sabiduría, nos recordara que el auténtico consumo responsable consiste en tener la fuerza suficiente para aprender a no tener.

Muchos masters en la empresa no hacen maestros, de igual manera que cualquiera de estas casas de nueva implantación sólo podrá cumplir la función de alojar personas, pero no son un hogar, como no lo es tampoco, la mejor habitación del mejor hotel, ya que será ocupado después por cualquier otro huésped que “simplemente” pague un precio.

No corramos el riesgo de convertir a las nuevas generaciones de trabajadores, en una simple unidad de cambio, no convirtamos el talento en algo sólo transaccional. No desperdiciemos el verdadero talento simplemente por una fecha de DNI, pues el auténtico conocimiento no se mide por la edad, tiene que ver con algo llamado compromiso. De ahora en adelante, cuando vea a algunos jubilados observando como trabajan los demás, no crea que están parados, pues en realidad, están cargando fuerzas para comprender y disfrutar más el futuro, y nadie les ha vencido, porque sólo se pierde cuando se ha dejado de luchar.

Gana la esperanza

Escribo estás líneas mientras me desperezo de una noche electoral que he seguido con respetable intensidad negociando con el sueño y manteniendo la excitación que provoca el espectáculo de una noche “grande”, pues en un mundo plagado de mediocridad, en el que se llevan la palma de forma especial  nuestros políticos, alivia mucho poder disfrutar de “profesionales” capaces de ganar y también perder cuando toca. Nada que ver con el pueril espectáculo que nos toca vivir en las elecciones cada cuatro años, en las que todos son  siempre vencedores. Maldita humildad, que nunca llegaste a posarte en este país.

Naturalmente cualquier comparación entre nuestra forma de hacer política con la de aquellos países adultos en democracia, con más de doscientos años de experiencia, resulta tan imposible como comparar la estatua de Lincoln con el caballo de Espartero. Lo nuestro se quedó anclado en el aprendizaje y los atributos que cuelgan del noble animal. Demasiados sables en nuestra historia y poco diálogo; hoy nosotros somos la consecuencia. A otros países que de verdad pasaron una revolución burguesa y también industrial, les basta entenderse al amparo de un “simple” papel de declaración de principios, que sigue vigente hasta hoy en el primer país de la tierra.

Los abogados decimos con frecuencia que ningún contrato sirve de nada cuando no existe voluntad de cumplir y por eso acostumbran a ser los países más corruptos quienes tienen más leyes, tal como Tácito escribía hace veinte siglos. ¿Les suena esto?

La consecuencia de las elecciones americanas, por ahora se desconoce, porque el único compromiso de Obama ha sido que “…esta victoria es sólo la oportunidad para que hagamos el cambio”. ¿Queda claro? El único cambio es él mismo y no hay más. Por el momento, tenemos una crisis de consecuencias impredecibles y seguiremos sufriendo, no sólo por la globalización, o por el maldito efecto mariposa entre Canadá y Sudamerica, sino porque todos seguimos dependiendo de esta relación sado-masoquista con los americanos. Aunque los critiquemos todo lo que podemos, al mismo tiempo, seguimos ciegamente sus pautas ¿Será por nuestra eterna contradicción? En fin, que ha ganado este mix, entre Martin Luter King y Kennedy. Ya tenemos al líder, ahora solo hace falta saber qué sabe hacer y como lo hará.

Por enésima vez hemos asistido al triunfo del marketing que es el muñeco del que viven los financieros -porque si no se vende no se gana, ¿verdad?-, y que maneja nuestras vidas, las de nuestros hijos y posiblemente la de nuestros nietos. Dicen que en unos días quieren reunirse para reinventar el capitalismo. ¿Y eso qué va a ser?

Bueno, pues entonces es cuando me viene a la memoria aquella frase  magistral de Tomassi de Lampedusa, que escribió en su Gatopardo “…algo habrá que cambiar para que nada cambie”. Es decir que, no podemos esperar más que cierto maquillaje y quizás un cambio de depositarios, pero las reglas seguirán siendo las mismas. Los ricos mandan, los pobres contribuyen a que los primeros ganen más y reciban las sobras, quizás algunos millones más de limosna, no de generación de riqueza, para el tercer mundo, nuevas ONG y posiblemente un escenario en el que triunfará la emergencia de China, India, Brasil y algún otro. Eso sí, manejando la ruleta rusa del petróleo para que los mismos dólares que se pagan se gasten en casa del comprador. Es como si yo te invito a cenar comprando la comida en tu tienda. Te cobro lo que me conviene, te pago lo que quiero y otros que no cenan pagan el postre.

No sé que va a hacer el nuevo y culto presidente electo. Ser buen político, excelente orador y de Harvard, equivalen a una buena marca. En cuanto a su color, puede ser hasta una discriminación positiva, pero no garantiza que sea un buen gestor.  Su único reto debería ser que al final de su mandato dejara el mundo un poco mejor de lo que lo encontró. Por ahora nos ha “vendido” esperanza frente a la incertidumbre, es un buen comienzo, pero hay tantas cosas para reformar que sólo espero que tenga el tiempo y el ánimo necesarios para intentarlo, siempre y cuando le dejen.

Taller de emprendedores en Andorra

Con una asistencia de unas 60 personas, ayer tuvo lugar el acto de clausura del taller d’emprenedors organizado por el Gobierno de Andorra Durante el acto Miquel Bonet ofreció la conferencia “Inspirando el futuro” dirigida a los jóvenes emprendedores.

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¿Por qué se nos va el talento?

Miquel Bonet participó como uno de los ponentes del seminario “¿Por qué se nos va el talento?” que la Asociación Española de Directivos organizó el pasado 17 de octubre en Barcelona.

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Orientación Profesional en las crisis

¿Quién dijo que no estamos en un momento atractivo? sobre todo en el  campo profesional, puedo asegurarte dos cosas. Que no soy un iluso, ni mucho menos utópico, aunque sí soy optimista, ya que profesionalmente, después de haber superado 4 duras crisis en mis más de 40 años de trabajo, siempre me han servido para mejorar. Es lo que tiene las crisis, ocurren cosas que modifican los hábitos y al final aprenden los que quieren, igual que en la universidad.

Para el ámbito de la orientación profesional, también se abre un espacio interesante y que, sin duda, pone a prueba el trabajo generoso y también encomiable que vienen realizando a favor de la gente que se asoma al mundo laboral por primera vez o que vuelve después de otras experiencias familiares, estudios etc. Su trabajo trasciende el concepto de persona/función, alcanzando la cobertura de un espacio de asesoramiento individual, de conocimiento y de tutela, atendiendo posibilidades emergentes que surgen, precisamente cuando se limita la contratación convencional.

Es muy probable que esta crisis sea algo más y seguramente ya estamos en recesión, ello se nota en el ambiente y mucho más, después de habernos sacado las legañas de las vacaciones.

El peor problema de la crisis siempre es la falta de confianza y esto es fatal para la economía, puede que al final esta pedagogía sirva para que lleguemos a un consumo responsable, seguro que mucha gente que se hipotecó con un euribor al 2 ó 3 %, ¿tendrán que aceptar que los bancos están para ganar dinero? Por ello asumieron mayores riesgos, que al final repercuten en incrementos de más de un 30 % en la cuota mensual; es lo que hay.

Mientras tanto la convulsión en el mercado laboral, lleva a las empresas a racionalizar el gasto y, por tanto, se extrema la prudencia en la contratación, se busca la flexibilidad tanto como la polivalencia y aquí es posible que la  dinámica de las ett´s, pueda contribuir a estimular algo más la contratación.

Para los orientadores profesionales, se abre sin duda un nuevo espacio en el que la calidad marcará sin duda las diferencias. En etapas difíciles es precisamente cuando se destaca aquel tipo de trabajadores y profesionales, que además de saber lo que saben, anteponen la actitud, cierto compromiso individual y creen en la formación continua. Esto es lo que da sentido al compromiso de muchos centros, especialmente en IL-3, al ocuparnos de que la formación tangencial en competencias, permita que un profesional, sea siempre “empleable” y por tanto valorado en su profesión dentro del mercado…

Creo que una de las mejores cosas del llamado proceso “Bolonia” sea la reflexión que de forma conjunta han realizado el mundo educativo y empresarial, a fin de decidir qué tipo de competencias harán falta en el futuro, con el objetivo de que tangencialmente puedan seguirse en todos los currículos de carrera, de forma que todos podamos alinearnos en trabajos útiles y productivos a nivel global, de esta forma se hará sostenible el sistema y tendrá sentido para la sociedad que finalmente es la que se ocupa de “pagarlo”.

Al final de lo que se trata es que todo el que quiera trabajar, pueda hacerlo de la mejor forma posible. Habida cuenta que nadie puede motivarnos más que nosotros mismos, el hecho de ir a trabajar debe tener una parte de atractivo cuando suena el despertador por la mañana. Y eso sólo es posible, cuando tus valores coinciden con lo que haces en tu labor, si te sientes reconocido, si tienes la posibilidad de crecer y naturalmente si estás a gusto.

Seguro que todo eso no es fácil, pero, tal como digo en el segundo capítulo de mi libro “Búscate la vida” (Cerasa 2007), “si quieres trabajar no importa que no sepas exactamente lo que quieres, pero tienes la obligación de saber lo que no quieres” y en otro caso, el orientador profesional te ayudará a descubrirlo.

Es la recesión, amigo

Poco importa como quieran ponerle, su nombre impone pánico incluso a los que se rompen la sesera especulando sobre el futuro, cuando baja la demanda y mucho más en economía de mercado, lo que ocurre es que nadie se atreve a producir y estocar, las empresas contratan con muchas reservas, mucha gente queda en el paro y consume menos, encima han subido las materias primas y el dichoso petróleo y ahí tenemos a las economías que más estaban progresando en el último quinquenio, al borde del precipicio de la recesión.

La economía inglesa acaba de caer un 0,3 % en el último trimestre, aunque ellos nunca pierden su humor, ni su digamos, “mala leche” siempre pendientes de los vecinos de sus colonias. Así el Finantial Times del fin del verano nos situaba entre el grupo de los Pigs (cerdos); será porque coincide con las iniciales de los países del “sur” Portugal, Italia, Grecia y ahora Spain, “is not different”, y ha frenado su despegue para volver a su piara que no huele a maravillas precisamente. Lástima de soberbia, ignoran que el cerdo es el animal de la buena suerte en Asia, que al estar genéticamente dotado para alimentarse de raíces, siempre escarba la tierra y a menudo debe recurrir al barro y excrementos para protegerse del calor ya que no transpira, además, del cerdo se aprovecha todo, por tanto, ojito a criticarlo.

Pues bien, eso nuestro, no se trata de una crisis cualquiera, lo único que aseguran los expertos es que hasta el 2010, no hay buenas noticias, pero que puede ser menos grave que la de los 90. La verdad es que nosotros hemos padecido algunas situaciones igualmente especiales. El paso de la peseta al euro ocasionó una crisis, ¿recuerdan? Sirvió para que algunos “listos” redondearan hasta el abuso y pasamos de pagar 35 ptas -unos 20 céntimos por una baguette-, hasta los 0,80, es decir, 4 veces más en menos de 10 años, y ¡qué me dicen del café!, de los 10 duros del cafelito a las 170 pelas actuales, más caro que el mejor del mundo, en Piazza dei Fiori de Roma, aquí el más tonto hace “bolillos”.

Quién es responsable

Eso debe servirnos de consuelo, somos espabilados y naturalmente saldremos de la crisis, lo que pasa es que está vez la culpa global la tienen los bancos americanos y europeos, con las dichosas hipotecas y las “subprimes”. Malditos créditos baratos que modifican los hábitos del consumo de nuestros jóvenes, cuando un día deciden emprender la aventura de salir de casa, que no es nada fácil , ya que quieren vivir como sus padres, y entonces el banco les dice que sí, que si ganan 2000 euros pueden pagar 1000 de hipoteca y otros 800 por el BMW al que no renuncian. Y mamá se ocupará de la fiambrera o “la ensalada de pasta” que se embuten sin degustar a mediodía en el trabajo, porque lo quieren todo y no quieren pasar de nada y encima pretenden trabajar menos horas y todo eso.

Bueno pues, al final no puede ser, porque sin productividad los números no salen.

Recuerdo la crisis del 11/S, porque muchas empresas no consiguieron recuperarse en el “4 Q” llamado el Quatrimestre de esperanza, porque a veces salva el Budget del año. También otras minicrisis como el “porque no te callas”, o la subida del petróleo. Estos hechos puntuales causan cierta convulsión aunque después, la economía y el sistema los disuelve como un terrón de azúcar en un mercado cálido y optimista.

Pero para saber la causa real, a mí me gusta especialmente una frase del Nobel Keynes que hablaba del animal spirits, porque el alma de la economía es muy sensible a la opinión pública y es totalmente imprevisible. Curiosamente, la gran racionalidad que se espera de los pensadores financieros, al final está totalmente condicionada por las emociones, que son las que deciden el consumo. Los destinatarios de este pastel somos personas y, como tales, imprevisibles, caprichosos, cobardes, impulsivos y sobre todo muy complejos.

Es lo mismo que le ocurre a los clubs de fútbol y como decimos los abogados, sobre el papel se aguanta todo, se fichan cracks, se vende imagen o camisetas y se especula con grandes inversiones, pero todo depende de que entre la pelota.

Ahora el problema es más grave y como mínimo más preocupante, va a ser un buen momento para tomarle el pulso a este gobierno, porque ya se sabe, cuando las cosas van bien, cualquier joven con un master aprobado puede llegar a dirigir el país. Y, si no es así, con la burocracia, todo acaba funcionando aunque sea a medias, nadie sabe exactamente porque hace las cosas, pero cumpliendo sus respectivas rutinas se acaban haciendo. Incluso existe cierto método: la modorra de los lunes, la máquina del café y el famoso “duplicado” que tienen todas las administraciones locales, periféricas u estatales y que consiste en aquel formulario con su copia correspondiente y que posiblemente se viene utilizando desde hace 100 años, pero que nadie se ha ocupado de ver si está obsoleta. Al final aunque sea por exceso todo funciona.

Si será importante el método que ni los cambios de signo de partido se atreven a cambiarlo aunque no crean en ello; vamos, que lo dejan ahí como se dejaba antes el crucifijo en los ayuntamientos, no sea que alguien se enfade.

El funcionamiento de la economía

Todo sea para entorpecer o justificar puestos de trabajo y así no es de extrañar que cualquier iniciativa privada de cambio o cualquier pequeña innovación en el ámbito público, se ahogue antes de ser reconocida. Cuando hay una iniciativa de un emprendedor que se decide a “empeñarse” en el montaje de una empresa, se exige además de la idea y el plan de empresa, una alta dosis de paciencia y una tramitación ¿lo harán para que la gente desista? Me temo que sí y de esta forma no se puede hablar de las crisis.

Parece que hemos olvidado como funciona el tema de la economía de mercado, la creación de riqueza y la sostenibilidad.

Vamos a ver, el tema empieza con el espíritu emprendedor, sin iniciativa privada no hay economía, ¿de acuerdo? Las empresas para ser sostenibles tienen que vender algo y si es bueno mejor porqué así los consumidores lo compran y al final las empresas ganan algo. Perdón, hablo de empresas no de empleadores, especuladores o intermediarios, que ganan hasta cinco veces más que el productor –por ejemplo agricutura, pesca- y es normal que se quejen, estos parásitos tambien causan crisis , aunque como los cuervos se nutren de ella.

Pues bien, si las empresas serias ganan un diferencial, entonces invierten, arriesgan y crean empleo directo e indirecto. Si es flexible mucho mejor, a partir de ahí la gente confía y si hay estabilidad mejor, compra cosas, incluso de hipoteca, pero sigue comprando, de esta forma el mercado interno se realimenta y pueden llegar inversores extranjeros y a la vez se puede vender fuera. Todo muy fácil, sólo depende de algo tan sutil, llamado confianza, pero el miedo cierra la cartera.

Hay crisis y estamos retrocediendo en la mayoría de sectores, simplemente porque hay miedo y desconfianza. Por ejemplo, en el sector que mejor conozco, el de las ETT´s, llevamos un descenso de un 10,3 % respecto al 2007, según datos de la Agett. Mucha gente está en la línea del pluriempleo; según datos de la multinacional Randstad, estamos triplicando el número de personas que buscan segunda ocupación.

El miedo

¿Qué está pasando? Pues que la gente se ha asustado, está retrocediendo como los cangrejos y se está generando la “huelga de consumo” mucho más peligrosa que los “plantes” laborales, porque el final es inconcreto.

Luego salen los “listos” teóricos de economía y sentencian, “es que la gente vive por encima de sus posibilidades”, “es que se han dado hipotecas al 120%” o “la gasolina ha subido el doble en meses” y la mejor “es que estamos a la cola de Europa en productividad”. Bueno, sin frivolizar, es cierto que la crisis se nos ha subido a la cabeza, pero ¿dónde quieren que esté? Lo cierto es que hay un retroceso de la economía y eso en la práctica y aparte de las palabras bonitas de los políticos, a mí me suena a recesión. No avanzamos ni seguimos el rumbo trazado, vamos, lo del anunciado crecimiento del 3 y no sé cuantos, luego el 2 y al final, ni siquiera. Y entonces se empieza a improvisar para mejorar los números, pero para llevar un barco hay que tener una carta de navegación, un rumbo trazado y saber adaptarse a los cambios de viento, porque éstos son imprevisibles, aunque claro, esta explicación es para gente inteligente, los normales que somos mayoría seguimos a los que suponemos que saben algo.

No es una crisis inmobiliaria a pesar de que dicen que hay 800 mil pisos vacíos. A nadie le preocupó que se dieran hipotecas al 120 % del valor real, ni de socializar suelo público, tampoco era un tema del exceso de emigrantes que se jugaban la vida -por no crear unos canales racionales con el tercer mundo para que la gente viniera a trabajar legalmente- y ahora quieren despedirlos. Tampoco era sólo un tema de los americanos de los que vamos siempre a remolque, aunque digamos lo contrario. En el país del libre mercado, el estado más liberal del mundo acaban de ¿comprar? Bueno pues, inyectar miles de millones en Fannie y Fredie Mac, las empresas donde están la mitad de hipotecas del país.

La confianza

Estamos ante algo mucho más sutil porque coinciden muchos factores al mismo tiempo -algunos endémicos nuestros y otros exteriores-, porque siempre hemos confiado en lo que hacen los yanquis en vez de pensar por nosotros. Vaya con las subprimes, al final parece que sí, que todo es una cuestión de “confianza” la palabra mágica por la que vive la gente. Nos casamos confiando en el otro, tomamos un empleo confiando en el patrón, nos dan unos papeles viejos de colores con números y nos creemos que es dinero, porque confiamos que nos servirá para cambiarlos por cosas, eso funciona así, pero ¿hasta cuando? Se está enfriando el consumo, el cerebro de la gente y se está complicando la confianza entre todos. Los bancos ya no se fían de sus clientes, las empresas tiemblan porque su cliente pague, se está  dudando de la confianza del sistema y eso sí que es preocupante.

Las recetas

Si a los que mandan realmente les preocupara la gente, se preocuparían a partir de ahora de analizar algo de lo que ha estado pasando, asumirían que por mucho que se diga que somos la 8ª,9ª, o no sé que, economía del mundo, el tema no es sólo de números. La mayor parte de nuestra economía depende de que salga el sol en nuestras playas, mientras tanto, la profesionalidad en turismo cada vez está peor. Nadie ha controlado los abusos, la mayoría de los polígonos industriales se asfixian porque no tienen vías estructurales que permitan una mejor salida de sus productos, no somos casi nadie en I+D. Un viejo profesor de management me dijo un día que un país que no construye coches, máquinas o útiles innovadores nunca será nada en el mundo y es verdad.

Claro que podemos conformarnos en ser buenos en servicios, y en economía de media escala, pero si no damos oxígeno a nuestra PYMES, tal como viene pidiendo Pimec, si no hay más inversión pública, si no flexibilizamos laboralmente y de verdad,vamos, que sin seguridad jurídica es más difícil asumir riesgos y contratar.

La verdad es que menos trabajadores suponen menos cotizaciones y encima, aquí también se ha prejubilado a la ligera y habrá que pagar pensiones. Vamos a notar el impacto de las devoluciones de IRPF, la mayoría de empresas van a cerrar el año por debajo de sus previsiones, incluso muchas intentan reducir horarios y salarios para evitar el cierre. Frívolamente, los que mandan han “arreglado” un índice de crecimiento de un 0,1 %, pero ¿qué crecimiento?

¿Y para cuando la creación de un catálogo de oficios? o ¿un plan de inmigración selectiva? Mientras mantengamos a un ingeniero ucraniano llevando una carretilla, o una economista argentina trabajando de camarera, con esta “subocupación” nunca aspiraremos a ser potencia de nada y nuevamente tampoco habremos ganado nada de esta crisis.

Mientras los chinos, indios o brasileiros y otras economías emergentes seguirán avanzando, y nosotros hablamos de trabajar menos horas, de conciliar más, de abonarnos al “mercadillo” de los sábados para comprar ñoñeces a 3 euros ¿Me pueden decir para que necesita un móvil un niño de 10 años para hablar con el chico de al lado? Cómo se puede educar sin dejarles crear sus propios juegos y a base de “wii”? o ¿me pueden decir y de que nos va a servir el puñetero padel cuando superamos el límite de nuestra incompetencia? Mientras tanto, otros ciudadanos de países menos ricos, hartos de engañar el hambre, con ansias de crecer o superarse y sin nada que perder, trabajarán lo que haga falta para vivir como nosotros.

Ejecutar un plan.

Estamos a punto de perder la oportunidad de convertirnos en “faros globales” en referentes de la iniciativa que nos llevó un día a superar el subdesarrollo de la postguerra. Aquella misma gente que criticaba los abusos de la oligarquía dominante, hoy viste de Zegna, gana dos “kilos” al mes, se pasea en coche oficial, gobierna por el voto y con tanta demagogia inútil llegaremos a ser el país con más funcionarios por cápita de Europa.

Dichosos políticos, como van a atajar la crisis si nunca han luchado contra ella desde dentro, eso no viene en los masters, ni se aprende en las tertulias. Lo mismo que, tampoco hay fórmulas para la confianza, más que la verdad, porque nadie sabe el tiempo de mañana y menos lo que pasará en Navidad, igual que no pueden obligarte a querer a alguien, se hace y ya está.

Si quiere saber más, pregúntele al que sabe, a las generaciones anteriores, a los trabajadores de verdad y le dirán que la mejor receta frente a la crisis será siempre la convicción, mucha comunicación y sobre todo el trabajo. Apliquen lo mismo que hacen en las familias cuando el padre o la madre pierden el empleo o dejan de fluir ingresos, es decir, apretarse el cinturón, crear un plan de supervivencia eliminado todo lo que es superfluo, asumir compromisos y unirse mucho, porque el equipo es la clave para salir de ésta y todas las crisis.

Sólo los teóricos hacen pronósticos, la gente que cree en lo que hace prefiere salir al paso de los acontecimientos y con su trabajo tratará de superarlos, para ellos y para mí, la recesión no es más que un pequeño paso atrás que es necesario para tomar impulso.

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¿Y qué pasa con la crisis?

Ya sé que no representa ninguna novedad hablar de crisis, pero es inevitable y como los catarros, se acaban superando. Lo más lamentable es que, igual que pasó en los últimos tiempos, -recuerden la post-olimpiada o la entrada del euro-, de nuevo sigamos sin entender ni aprender nada de lo que pasa y de lo que va a pasar si nadie lo evita.

Hubiera sido bueno explicar que una tasa de crecimiento de sólo un 0,1 %  del Pib -me temo que la realidad es peor-, la más corta en los últimos 16 años y una inflación que ha superado el 5,3%, no se corresponde precisamente con un país que “regala” 400 € indiscriminadamente, quiere ir a Davos y meterse en el G-8 ¿Para qué?

Lástima porque hubiera sido una oportunidad para reflexionar sobre la producción de riqueza y valor añadido. No puede crecer un país, dependiendo de que alumbre el sol en las terrazas y vengan a ocuparlas los turistas, ni tampoco a base de construir más pisos al año que el conjunto de Francia, Alemania e Inglaterra, que llevan 60 años siendo potencias serias.

No puede aspirarse a nada, sin tener estructuras decentes y especialmente un tejido industrial que vaya más allá de la producción de servicios básicos, aunque en manos de las cuatro multinacionales. Eso lo tienen también en Costa de Marfil, Benin o Togo, que conozco muy bien, incluso tienen una telefonía celular y una importación genial, pero todo en manos de políticos socios del antiguo colonizador europeo.

Lo que pasa aquí es que nunca hubo revolución industrial, ni siquiera de tierras, pues la desamortización de Mendizábal se quedó a medias y sólo cargó contra la iglesia. En realidad en los últimos 200 años, casi nadie se ha acabado de creer los principios de la libertad, igualdad y fraternidad más allá de los papeles y mucha demagogia social.

Estamos en un país en el que se puede condenar a 2 años de cárcel a alguien por pescar truchas fuera de veda, pero en el que nadie se siente culpable del fracaso escolar, ni de la corrupción municipal, ni de los abusos de los intermediarios, ni de la inflación. No es admisible que baje el petróleo un 20% y sólo llegue un 6% al consumidor y que se pida moderación salarial y la sufran sólo las pymes, mientras las grandes empresas pacten y hagan lo que les venga en gana.

No es cierto que haya sólo crisis, sino una clara recesión en todos los aspectos, en los valores que ya se perdieron hace tiempo porque muchos padres renunciaron a educar dando a sus hijos todo lo que piden, no regañando, recogiendo sus basuras, discutiendo en su presencia, pero sin comunicarse con ellos, dejando que vaguen por la calle en horarios académicos, mientras se criminaliza a los maestros.

Hay recesión en el esfuerzo, incluso en el que supone tomar decisiones o asumir compromisos, por eso, casi la mitad de los matrimonios de entre 30 y 40 años, acaban mal y en las empresas hay crisis de liderazgo, de talento, de actitudes, de buenos profesionales y faltan empresarios.

Y por último hay recesión económica, pero eso no es nuevo, ¿Quién va a confiar en aquellos que han dado hipotecas por encima del valor y con alto riesgo (subprime), sólo para cobrar más intereses? Y claro subieron los intereses y se acabó el sueño, ni un solo euro sirvió para crear riqueza, simplemente para consumo y especulación.

Mientras tanto, siguen habiendo 3.000 millones de pobres, de ellos 865 están desnutridos, y se sigue hablando de mercado libre, pero los países ricos cierran sus mercados a los países pobres, prefiriendo dar limosna en vez de permitir que se ayuden a sí mismos. 

Naturalmente no es cuestión sólo de mercados porque ya demostró el Nobel Stiglitz, que el mercado por sí mismo no es capaz de generar y distribuir riqueza eficientemente, harían falta más cosas y sobre todo actitud y ganas para resolver la crisis; pero de momento falta la voluntad para superarlo y no hay disposición para cambiar de hábitos. En plena crisis, la gente sigue suspirando por tener más ocio; bajan electrodomésticos, ropa y tonterías, pero suben los bienes de consumo, leche, fruta, carne y muchas parejas dedican la mitad de sus ingresos a pagar el piso, aunque la mayoría se han ido de vacaciones, supongo que esperando que alguien resuelva, porque nadie quiere quedarse a cerrar o quizás abrir la puerta de la esperanza del cambio.