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Nada-es-lo-que parece

O por lo menos, nada de lo que ocurre a nuestro alrededor parece predecible,ni las personas, ni los mecanismos de poder, ni mucho menos el tiempo, pasamos por un invierno loco, de la inundación, a la sequía más completa, si el deporte dignifica también se contradice, porqué mientras aparecen nuevas promesas, al final acaban dominando el cotarro los viejos héroes Federer, Carlos Sainz, incluso este Luck Skywalter, ya envejecido que es el símbolo de la resucitada Star Wars, no creo que todo se deba a la nostalgia con el vintage, sino simplemente que la presión de la innovación, provoca la caducidad antes de que  la gente se encariñe con algo.

No creo que todo eso sea malo, tampoco bueno, pues en esta huída hacia adelante y perdiendo tiempo con la gamificación al final, olvidaremos no sólo la infancia , sino el pueblo en el que nacimos o a qué se dedicaban nuestros padres, de la misma forma que se van olvidando muchos valores que aprendimos y enseñamos, como por ejemplo, comunicarse, escuchar, mirar, acariciar o simplemente poner la mente en blanco.

No sabemos a que sabe el viento, porque nos refugiamos ante la primera brisa y lo más aterrador será cuando la gente deje de enamorarse , porque sea incapaz de construir un castillo en el aire mientras se van improvisando los planes con esta fantasía mágica a la que llamamos imaginación.

Y cabrea mucho que no sólo caduquen los smartphones y los terminales digitales, que nos esforzamos por conseguir más agilidad en mensajes y más pixels en los retratos, simplemente para testimoniar a cada hora  nuestra presencia en la vida para a los demás y lo peor es que nos quedemos sin poetas y sin el tiempo para escucharlos, porque ellos podrían devolvernos con el aliento de sus palabras el recuerdo que os lleve a respirar de nuevo, que es el testimonio de sentirnos vivos.

La-que-se-va-a-armar

Mientras media Europa, anda preocupada por el éxito de Marie LePen, a la otra mitad  les preocupa mucho más saber si cobrarán la jubilación, ya que las noticias sobre una drástica reducción del 40 % de las pensiones, le quita el sueño a cualquiera, porque el 2020, está a vuelta de la esquina, y más si se han cotizado los últimos 40 años y aún tenemos muchísimo más insomnio, si pensamos que con el dinero de las cotizaciones, se ha financiado una corrupción, con AVES que no van a ninguna parte, se pagan asesores, pensiones vitalicias a ex-diputados, ex-políticos que siguen viajando en primera clase y toda una parroquia de vividores de este país de las maravillas, en que los sueños duran poco y en el que el dia a dia es un patchwork que se cose la noche anterior.
Pero ¿sabeis lo más preocupante? al menos para mí, no es otra cosa que el cinismo de los gobernantes, porque la moda de no creerse las promesas electorales, ya ni siquiera les sonroja, protegidos por una élite de empresarios que gozan de bula para hacer mil diabluras fiscales y así esquivar gran parte de sus beneficios tributables, con unos legisladores francamente penosos, que -ésto sí, fueron votados por mucha gente que ahora se queja y con una inseguridad jurídica latente, fruto de la irrupción del poder político sobre sus decisiones y con una clara ambigüedad sobre las decisiones más importantes y vitales, como serían, la educación, el empleo y la salud, estamos arrastrados a una pobreza de optimismo y posiblemente económica sin remedio.

Pienso que hay tan poca esperanza en el futuro, que muchos jóvenes han decidido aislarse en sus  tablets, apps, y aplicarse una auto-gamificación, renunciando a comunicarse con sus progenitores, porqué simplemente han perdido la fe, por ello, no debemos extrañarnos que “aprender” no sea mayor objetivo que “aprobar ” para pasar curso y los que tengan la suerte de encontrar trabajo , tienen la misma prisa en acabar la jornada, para tener un cierto aliciente en su vida, pues simplemente no se fían de nadie.

Todos nos sentimos maltratados cuando los que deben tomar las decisiones, ni saben ni quieren preocuparse de los ciudadanos que los han elegido, cuando nadie asume el compromiso del liderazgo y así vivimos un estado de terror sociológico, que sólo nos da para seguir el dia a dia, y…ésto ¿quien lo salva? pues, quien va a ser, los locos como yo, como algunos de mis amigos y colegas, que estábamos trabajando en los 60, que respirábamos al ritmo de los Beatles y los Stones, que creímos en los hippys , que quisimos cambiar el mundo sin éxito pero ¿sabes una cosa? nos conformamos por haberlo intentado y te aseguro que no nos falta la fé, para levantarnos cada dia con el propósito de compartir lo que sabemos, ayudar a otros y  si es posible  tratar de hacer el mundo un poco mejor para nuestros nietos y para todos, aunque no nos dejen.