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Tu eres el protagonista

No sé si se han dado cuenta , pero estamos llegando al modelo de sociedad que nos contaba Nietze hace menos de un siglo, separando dos grupos de personas entre triunfadores y gregarios que siguen la multitud, sin plantearse ideas propias, porque la ética, la libertad o el simple vicio de “pensar” hace tiempo que son ajenos a la ciudadanía, como  la comunicación, el discurso y la  simple ortografía, pero lo más preocupante es que no enseñamos a pensar, ni a escribir, ni a ser congruentes en nuestra forma de actuar y si la cultura deja de ser un valor que nos ayude a analizar y llegar al criterio individual, es que otros lo hacen por nosotros.

No obviemos que el mundo sigue siendo holístico y sistémico y a pesar de que nos empeñemos en aparentar que somos distintos, maqueándonos con piercings, tatuajes, redes sociales y vendamos nuestra vida a los instagrams,  youtubes, influencers , para ser diferentes, después viene esta ciencia llamada: Marketing, que en su perversión crea estados de opinión masiva, manejando emociones y jugando con la mediocridad de una sociedad, que se ha olvidado de pensar y no sabe como enfrentarse a  las alertas sobre cambio climático, ecología o consumo responsable, ni  replicar a los poderosos, que la auténtica causa del problema no está en la gente que consume, sino en aquellos que “provocan”, “crean” y fomentan necesidades superfluas, para que la gente se crea más feliz de lo que son, simulando  una personalidad ajena. Así pues, lo que deberíamos controlar es la forma de producir, a fin de que tanta “inutilidad” que sale al mercado no llegara a fabricarse nunca, simplemente porque no es necesaria y acallar todo el cinismo de intereses creados por sujetos que venden felicidad de outlet y además intentan convencer que el acceso al consumo es una forma de ser feliz y de mejorar a las sociedades más  desfavorecidas.

Claro que empezamos este año de los 2 “patitos rodaos” con esperanza y optimismo, faltaría más, porqué yo soy de los que piensa como Messi, en persistencia y trabajo , pero me gustaría más que estuviéramos a las puertas de una revolución, pacífica claro, la que nos deben, la del pueblo que trabaja  o sea los profesionales, obreros y sobre todo Pymes que mantenemos el país y que  se exigiera más vergüenza a los que mandan , que “robar” vuelva ser pecao , que se publiquen las listas de tanto delincuente  trajeado, que la universidad  y las escuelas, saquen gente  con algo de vocación y ganas de disfrutar de su trabajo construyendo un mundo mejor, que las familias  no se olvidaran de educar y también de educarse,  dejando el mobil y la Tablet en la mesilla y a cambio dedicarse a hablar y jugar con los hijos, ya que los padres somos los mejores mentores de nuestra prole.

Sólo podemos mejorar creyéndonos que somos únicos, con talentos distintos, pero cada uno capaz de hacer algo bien , aprendiendo desde los errores , confiando los únicos en los otros, fomentando asociaciones , grupos de presión que partan de la sociedad civil y capaces de mediar entre el estado y la empresa, sin renunciar a derechos y también obligaciones , las grandes empresas no deben estar sólo para repartir beneficios entre los accionistas, porque su misión debe ser enriquecer y mejorar a toda la sociedad, no se trata solo de producir, sino  fabricar lo necesario, dar trabajo, establecer proyectos conjuntos, en que cada uno haga lo que sabe hacer y los  que dirigen deben entender que sólo están para servir a los demás, quizás así podamos conseguir que cada uno seamos el protagonista de nuestra propia historia,

 

Se-nos-ha-ido-Bauman

 

No me gusta nada empezar el año con malas noticias aunque sea el mal que todos los días , sin que nos acostumbremos del todo, pero si duda, el fallecimiento de Sygmund Bauman, ha significado, algo así como, si nos amputaran un poco de esta esperanza a la que nos aferramos algunos ilusos que creemos que con nuestra pequeña labor cotidiana y convirtiendo en valor lo poco que hacemos, podemos cambiar algo el estado de las cosas.

Conocí a Bauman, en una de sus escasas visitas a Barcelona y más allá de sus reflexiones, su simple presencia y su carisma envuelto en un halo de tolerancia y compasión, que apuntalaba mis creencias en este mundo utópico en el que debiera prevalecer, cuanto menos el sentido común, este hombre interpretaba el momento actual con una sabiduría y un sentido común únicos, comunicaba de forma fácil, sutil, discreta, evitando la vanalidad y con la mayor sencillez desnudando la verdad simple.

En un momento en el que todo el mundo se cree capaz de vender ideas, productos , servicios o simples frases empaquetadas en teorías bajo formas tan complejas como, conferencias, libros, cursos a los que llaman, sin pudor, desarrollo personal, formación o incluso masters; cuando todo el mundo invoca la figura del liderazgo, precisamente porque no abunda y en una situación en que la densidad de la comunicación, supera con creces la calidad de la misma, el referente de Bauman significaba una dosis de aire fresco y un sorbo de agua fresca que aliviaba este empacho teórico, analizando y explicando con humildad y realismo este momento de la historia al que él mismo denominaba como los tiempos líquidos.

El siglo de la tecnología está siendo muy cruel con los filósofos verdaderos, de la misma forma que se rechaza a la gente capaz de pensar o analizar, porque ello equivale a perder el tiempo y paradójicamente en el mundo empresarial se  contrata a la mayoría de profesionales para que sean sólo “aplicadores”, valoramos sus competencias para resolver cosas, buscamos comprar talento, pero ignoramos a aquellos que aman el saber, a menudo ni siquiera sabemos descubrirlos, porque tenemos métodos sólo a corto plazo y cuando formamos, priorizamos la materia que creemos mostrar, antes que el aprendizaje, creemos tener lideres inspiradores y solo tenemos jefes mediocres, naturalmente nuestros objetivos son económicos, pero olvidamos que las personas, no trabajan sólo por dinero y a menudo nos perdemos el talento que entra en muchas corporaciones en forma de becarios o de seniors, porque no queremos dedicar el tiempo para paramos a escucharlos y conocerlos.

Este sistema y esta forma de dirección, muy común a muchas corporaciones, puede resultar válido para optimizar costes y recursos humanos a corto plazo, pero impide que los profesionales con los que trabajamos, encuentren un auténtico sentido de vida en lo que hacen y se vayan; la razón es que casi nadie se siente ubicado y seguro en el mundo actual. Precisamente la licuidad de la que hablaba Bauman, es la ausencia de estructuras sociales, la falta de valores sólidos o la pérdida de la individualidad como consumidores, para él, la sociedad no era otra cosa que una red, más o menos social, internet, un espacio universal y las personas somos simples testigos y/o víctimas de los planes económicos y las estrategias de marketing de un mercado que necesita nutrirse del consumo para sobrevivir.

Bauman, nos recordaba lo que somos y lo que podemos perdernos por renunciar a nuestros propios proyectos vitales, por ello, todas las personas que no nos sentimos satisfechas por las desigualdades del mundo, por el funcionamiento macroeconómico, por la mala distribución de las oportunidades, por las discriminaciones de género, de edad o de lo que sea, porque aborrecemos el exceso de frases bonitas , consejos o libros de autoayuda sin experiencia práctica, todos nos sentimos huérfanos ya que nos faltará  alguien, que simplemente nos recordaba, que la verdad sólo necesita mostrarse.

 

 

 

La soledad y la crisis

 

En los últimos 50 años he tenido que pelearme hasta con 5 crisis, que recuerde y lo digo sin contar con la primera que me pilló buscándome la vida a los 15 años, después de dejar el hogar paterno, lo cierto es que no me gustaría reiterarme en estos “tópicos” a la moda, como que las “ crisis son oportunidades”, o lo que “no te mata te hace más fuerte” , aunque confieso, que ambas son ciertas, el tema está que en esta ocasión , la crisis ha despertado de una vez  las auténticas miserias de nuestra naturaleza. Sí, si , no te alarmes, será porqué uno con los años, tiene más conciencia de lo que pasa, pero creo que lo más trágico de esta crisis  es que además de volvernos más pobres, ha puesto en evidencia nuestra soledad y esto es más horroroso que la propia pobreza, algo atenuada, en un país como el nuestro.

No creo que debamos sentirnos culpables de ser como somos, no sería justo, pero hay algo o mucho, que no hemos hecho bien y aún suena peor, para los que no son capaces de pararse a analizar las causas reales de lo que pasó y objetivar, lo que nos espera en los próximos años.

¿O acaso es normal, que casi la mitad de los jóvenes entre 25 y 40 años, no tengan trabajo, o tengan que emigrar , o que no tengan esperanza en su propio entorno?; que la mayoría de adolescentes sean tratados como veletas al viento del marketing, ante la impunidad de políticos y progenitores es grave, que estén desamparados ante este consumo voraz, traducido en tablets ó multijuegos y a la vez esclavos del Phone, reacios a la cultura, sacrificados a comunicarse telemáticamente y en el mejor de los casos, excépticos ante el desafio de un mundo empresarial vendido a los resultados, todo eso tiene que ver con la educación y de ello, con perdón, somos responsables.

No sé si las crisis sirven para mejorar, pero seguro que después de ellas, nunca somos los mismos, se supone que hemos aprendido a hacer las cosas mejor, pero ése no es el caso y nos damos cuenta, simplemente mirando a nuestro alrededor. Puede que haya subido la ocupación pero a costa de bajar los salarios a nivel de hace 10 años, tampoco somos más listos, porque nos seguimos dejando engañar por la vulgaridad de la telebasura y por inacabables sesiones de anuncios que duran como un telediario. Parece que ahora se justifica todos con el descubrimiento de la moda de la  ecología,  pero lo que pasa es que acabamos pagando más por casi lo mismo y el vino sin sulfitos es peor que el otro. Se quiere resolver la felicidad de la gente a base de hacerlos adelgazar, ponerles botox o siliconando, ignorando que la auténtica belleza está detrás de los ojos  de una persona feliz.

Hemos cambiado de talla, pero  no de hábitos, se pretende perder kilos y creencias poco entendidas, pero nadie sabe si la alternativa  materialista es mejor; los gurús aburren hablando de reinventarse, pero nadie quiere cambiar, sino le garantizas que ganará con el cambio, nos creemos que tener más formación es cuestión de hacer masters, cuando lo importante es conocerse a uno mismo y confiar, olvidamos que los cimientos de una buena educación, deben ayudarnos a descubrir nuestro talento y aprender a desarrollarlo.

Y claro está, lo que ocurre socialmente trasciende a las empresas y la mayoría han cambiado el conocimiento y la capacidad mentora de gente de 50 años reemplazada por jóvenes con cierto potencial y mucha teoría, pero con poca experiencia, formada con cierta mediocridad y sin la seguridad de que sepan liderar con alguno de sentido común y con cierta ética. Nos iluminan los resultados, las oportunidades de las star ups tecnológicas, sin pensar que la mayoría aportan poco valor añadido para mejorar la sociedad y claro, después tenemos los fracasos de los mandos intermedios, que no se entienden con sus equipos, porque ni siquiera se comunican y al final se  acaba trabajando por necesidad, pero sin ninguna ilusión ,ni motivación, ni compromiso y éste es el modelo.

No haría falta saber mucho, mejor conocer y haber vivido un poco, tomando referencias de ello y alineándose con un  proyecto de vida, a esto se le llamaba experiencia y al menos a mí me sirve para no perder la esperanza, está claro que a los míos, no nos falta la ilusión de construir un mundo mejor para nuestros nietos, aunque sigamos dudando de que la auténtica evolución sea  conseguir que la gente sea menos autónoma, tenga menos cultura/criterio y probablemente sea incapaz de decidir que hacer con su vida, seguramente ésta es la peor soledad.