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Sueños que se caen

Lo bueno y lo malo de los sueños está en la incerteza, igual que la vida misma. A todos los que nos gusta el fútbol, hace unas semanas descubrimos una vez más, la enorme grandeza del deporte, con la derrota en champions del Barça, a pesar de tenerlo todo a favor y como no,  la imposible victoria del Tothenham sueños de unos y pesadillas para otros, igual que esta “venda que se cayó” en otro gran espectáculo eurovisivo, donde mi pobre tocayo Miki  aprendió un poco más, mientras en el mismo acto mi admirada Madonna que fuera sueño erótico y brillante de un par de generaciones, pero que naufragó y desafinó a lo grande, llegando a bajar tres tonos que la situaban en el abismo de estos sueños que ya pasaron y no van a volver.

Y después de la resaca, seguimos regalando nuestra confianza a políticos que sin duda no la merecen y que acaban usando el poder que les regalamos para dejarnos un poco más desnudos y pobres cada dia que pasa, mientras la vergüenza parece pasar de largo en muchos tribunales que reparten una forma de justicia que pocos entienden y a menudo olvidando que la caridad y hasta la clemencia son el auténtico patrimonio de la grandeza.

Pero quizás los sueños que más me duelen son los de esta generación del milenio que deberá vivir en un mundo cada vez más ausente de humanidad, viciado por la tecnología y dirigido por mentores que decidieron subirse al sueño de los poderosos para completar a menudo su codicia y obviando su mediocridad, falsos profesionales  abrazados a dudosos masters que no son otra cosa que el pasaporte a una vida mercenaria, en la que no parece que exista un lugar para los valores y la ética.

Sin duda lo mejor de los sueños consiste en su fragilidad y la magia de poder alcanzarlos, ya que poco cuesta tenerlos y no hay ninguna discriminación; sueñan ricos y pobres, mujeres y hombre , niños y viejos y quizás hasta algunos animales que acostumbran a ser “mejores personas” que muchos salvajes que asímismo se llaman humanos, aunque nadie les reconoce como tales. Supongo que la única forma de mantener la contagiosa  esperanza  es la certeza de que por el momento seguimos siendo libres para soñar y además sale gratis.

Las-otras-guerras

Sobresaliente para el consumo, desde cualquier forma posible , llevamos años explicando que el auténtico poder del siglo XXI, es sin duda el económico-como casi siempre-pero gracias a la tecnologia, las redes ,internet y en especial la vulnerabilidad del comprador, poco preparado, desconocedor de sí mismo y manipulado por un marketing voraz y perverso empeñado en vaciar su bolsillo, vendiéndole todo lo que  no necesita para nada, está provocando la aparición de un tipo de cliente maniqueista y condenado al albedrío de las marcas y la volatilidad de las modas.

Y está guerra comercial, convive con las otras que el mundo tiene abiertas , como la guerra religiosa que no tiene nada de simbolismo ni de ficción, la guerra de la naturaleza, que está reaccionando ante tanto desmadre de polución , la extinción de selvas, el esquilmaje de los mares y por último la peor, la guerra de los valores , que llevamos perdida hace tiempo, especialmente en este pais.

La verdad es que antes teníamos amigos de verdad, con los que hablábamos y dicutíamos cara a cara, en vez de los otros de redes sociales, las familias acostumbrábamos a tener al menos una comida al dia todos juntos, en la que charlábamos y nos contábamos las cosas porque no teníamos un smartphone al lado para evitar hablar con nuestra gente.

A muchas personas les gustaba leer periódicos,  libros y hasta nos atrevíamos a contar historias, en vez de espiar la vida de advenedizos de nombres cautivos que no ofrecen mayor interés que la familiaridad con alguien más o menos conocido y que se mete en nuestras casa a través de un TV-escaparate con el único objetivo de distraernos.

Ya quedan pocos de estos deportistas  que luchan y se esfuerzan  por puro placer, vocación ó dignidad  y que pretenden demostrar sus capacidades y competencias más allá de los incentivos económicos .

La educación parecía bien estructurada, se premiaba el mérito por encima de la oportunidad o de los cupos, se pretendía una selectividad natural para acceder a los estudios universitarios  que exigían una preparación y una actitud que al menos justificara el gran  coste que representa para el contribuyente pagar la mayor parte de una carrera y se respetaba el oficio, el aprendizaje y la experiencia era la base para obtener una titulación y una maestría.

No se trata de reinvicar un antes o un después, simplemente porque son tiempos distintos, frutos de una evolución sin duda positiva, dicen por ahí, que esta generación Z es la “mejor preparada” y yo añado  para qué y en qué, o ¿es que les enseñamos a resistir la frustación, a ser sensibles con los demás y con el entorno, a respetar, a comunicarse mirando a los ojos? si hasta quieren eliminar de los curriculums de formación, la filosofía, que por lo menos enseñaba mínimamente a pensar; en fin,  parece que con tanta tecnología nos hemos olvidado de “ser” humanos y ser personas , que es algo más que aspirar simplemente a ser electores.

 

 

Donde están los valores?

Está claro que el sistema no funciona y no voy a descubrirlo ahora, pues todos sabemos las causas y por mucho que nos escondamos,, todos tenemos una parte de culpa o de responsabilidad, como nos gusta decir a los juristas.

Estamos construyendo un mundo tan mediocre como nosotros, empezando con todo eso de la sobreprotección generacional , que no es otra cosa que evitar que nadie destaque por encima de otro y se atreva a llamarnos inútiles a todos los que formamos parte de estas  dos últimas generaciones . Seguro que algo tienen que ver las Instituciones y los políticos. Sí claro, pero quien los elige? Quien se quejaba en el 2007 cuando sobraban empleos y le pagábamos a un universitario sin experiencia y con un titulín más de 20.000 euros al año y encima si vivía en casa , se le dejaba el sueldo íntegro para que se comprara un buen coche a plazos y lo “reventara” en caprichos electrónicos o chucherías que no necesitaba.

Claro que después ,solo sobrevivieron algunas Pymes valientes  y las empresas sufrieron mucho especialmente las que generan poco Valor añadido y  poco Pib como las inmobiliarias, que se fueron al traste está claro en su mayoría porqué no eran rentables ni productivas, vivian de los contratos y de la burbuja y se vilipendiaron gran parte de los fondos que deberían mejorar estructuras y mejorar la “cultura” del país,  pero se gastó en polideportivos, parques y mucho despilfarro  suntuario, pero la peor consecuencia, ha sido la pérdida de una generación que desconoce lo que significa  el riesgo, ni la meritocracia y mucho menos el espíritu emprendedor , por eso casi nadie quiere ser empresario, ni tampoco comercial, porqué son jóvenes asustados, que vivieron en una burbuja, vulnerables por tener que presentarse solos, no saben convencer a otros, porqué ni siquiera tienen confianza en sí mismos.

Ya se sabe que lo que no cambias con la educación , no lo cambias con nada y el resultado es que hoy tenemos una gran parte de las personas que están empleados, que incluso desconocen su propio talento y su potencial, los espabilados se fueron al extranjero a desarrollar estos conocimientos que encima les pagamos entre todos y los menos que quedan, se los disputa el mercado, en general se ha reducido la investigación, en la misma medida que ha aumentado la tecnificación y la virtualización, sustituímos tecnología por conocimiento , olvidando que cuando la base es mediocre la técnica lo hace peor.

Hoy el mercado, pide gente con conocimientos, talento, actitud y compromiso  y a cambio tiene muchos universitarios con cierta formación inducida , poco experimentada, que nada tiene que ver con lo que necesitan las empresas, gente  cargada de teoría , pero carente de curiosidad e incapaz de pensar por sí misma, cuya seguridad radica mucho más en sus másteres que en su pasión, en sus valores y lo peor de todo, con una crisis de liderazgo fatal , gente que manda simplemente por jerarquía pero que no convence ni crea afinidades.

¿Qué podemos hacer? Pues por suerte, aún estamos a tiempo, porque la vida nunca caduca, lo más próximo sería conocernos más individualmente, conocer nuestras limitaciones y descubrir nuestra oportunidades, creer que mundo no está hecho a nuestra medida, sino que debemos ser capaces de adaptarnos y funcionar en él, y  lo más importante recuperar aquellos valores que no están tan lejos, como el esfuerzo, la capacidad de aprender a aprender, el respeto , la comunicación  y  lo más importante elegir individualmente un proyecto de vida y comprometerse, disfrutando el camino, con la esperanza de que  ello dará sentido a nuestra vida.