Posts by Miquel Bonet

Inútiles por competencias

Desengáñate porque simplemente pasar por la universidad y obtener un diploma no te hará más competente, de la misma forma que conocer música no es lo mismo que saber tocar, o que tener más información no equivale a estar mejor informado. Las competencias no caducan pero sólo sirven si se aplican.

¿Te has parado un momento a pensar que la mayoría de líderes –no digo directores- que tenemos en las empresas o en la política son mediocres? En el fondo, lo que los convierte en jefes es poco más que algún master, cierto éxito en el puesto anterior, una recomendación, el vacío o la pereza de quienes los eligen. 

Si pensamos en los medios de comunicación, el tema está cantado. Los buenos, la gente que hace algo bien y lo cuenta, no interesa porque todo depende del “share” – medidor de audiencia-. El que “ vende más” casi siempre es el que lo hace peor, el que canta mal, el gracioso, el boceras, el patoso, el que se cae, el mal hablado, el faltón, el chulo, el chillón, el parásito, el superficial, todo se reparte entre el kitch y el “ botox”. 

Ganan audiencia los programas que se dedican a proclamar la anormalidad desde una forma histriónica, bucólica, descarada y especialmente ridícula, se glosa la mediocridad y acaban triunfando los inútiles. 

Este fenómeno mediático, supongo que bebe de las fuentes de la política y por desgracia, se está extendiendo en el tejido empresarial. Empezó con ciertos funcionarios que se acunaron en el antiguo régimen, después sobrevivieron a los monopolios y se está extendiendo cual mancha de aceite, entre muchos ejecutivos de karaoke, que beben de las ideas de otros. 

Lo malo es que como todas las epidemias, ésta también se contagia y así tenemos a la mitad de nuestros jóvenes viviendo de la “sopa boba” con treinta años y sin haber empezado a trabajar por la tolerancia de madres protectoras que les protegen, mientras demasiados padres se distraen buscando valores olvidados, aunque no ignoran, que el amor, el coraje y el talento no se escribieron para los zánganos. 

Si miramos hacia arriba notamos que el mundo está dirigido por inútiles. Unos alcanzan notoriedad por pelearse todos los días, otros destruyendo lo que tocan, porque construir cuesta esfuerzo, algunos, comen de la desgracia y el chisme ajeno, también hay gente, que vive de predicar la queja perpetua, hipnotizando a los perdedores con cuatro mensajes dogmáticos y hasta hay quien compra un pedazo de cielo, tragándose a bocados algunas reglas totalmente ajenas a la sociedad actual. 

No me gustaría para nada, dejar a los jóvenes algún mensaje que suene a fracaso, ni mucho menos a desesperanza, porque en el mismo camino se cruza otra clase de gente -pienso que la mayoría- que sigue aspirando a ciertos valores, que gusta de verse con sus propios ojos, que la única mirada robada es la que esconde el amor por otros, padres que se sienten como el arco que tensa la cuerda para que sus hijos vuelen solos y jefes, que son líderes, porque creen que la comunicación y el reconocimiento son las llaves, para conseguir confianza, a éstos se los sigue por afinidad.

¿Preparados para el fracaso?

Cuenta que una vez, un niño andaba perdido en el bosque, caminaba de un lado a otro sin saber donde ir, entonces se paró de golpe, vió el sol en lo alto y eso lo tranquilizó, se volvió y descubrió muchos árboles que había dejado atrás y que eran familiares y entonces, empezó a desandar, hasta llegar al camino de donde había venido.

Es normal que mucha gente ande desorientada en los tiempos que corren, porque a pesar de la incerteza del futuro, nos obstinamos en seguir caminando sin saber exactamente a donde vamos y nos perdemos, e incluso olvidamos porque llegamos a algún sitio. Todo esto está ocurriendo en la calle, en las empresas, en las familias e incluso en muchas comunidades y  naciones, por ello, no debe extrañarnos que la misma sensación la tengan nuestros jóvenes.

Es casi natural que en plena adolescencia resulte difícil saber lo que se quiere, especialmente porque el propio entorno no tiene respuestas, pues vivimos subidos a una ola que nos va llevando hacia un modelo social condicionado por las prisas y la economía, en el fondo ningún consumible prevalece en el tiempo y esta fragilidad impide que uno se plantee realmente que quiere hacer con su vida.

Si esta sensación afecta a la gente adulta, no nos extrañemos que supere a los jóvenes, estamos en el siglo de la velocidad y si todo pasa rápido es muy difícil distinguir sus intereses personales, pero somos en parte responsables de su éxito vital, por ello creo muy necesario incorporar dentro de los tramos formativos a partir de secundaria, una evaluación competencial y personalizada, para que cada joven pueda descubrir lo antes posible por donde desarrollar su plan educativo, o al menos evitar caminos erróneos.

Es un recurso fácil, criminalizar el fracaso escolar, la ESO, el sistema o, incluso, a la administración o a los educadores, pero éste no es el problema. Me refería antes al “bosque” que es la vida, al  “desandar” que es regresar al origen de las decisiones, y al regreso al “hogar” que es el principio donde todo debe empezar, desde allí la naturaleza  convenientemente adiestrada hará el resto, la solución consiste simplemente en plantear de nuevo el problema.

Si la tecnología ha permitido una nueva forma de hacer las cosas y la educación virtual puede completar cualquier sistema formativo integral, ¿por qué no cambiar el aprendizaje? aunque salvando siempre las actitudes, o sea la motivación, el mimetismo, el esfuerzo, la corrección después del error, todo pero entendiéndolo desde cada individuo.

Mis humildes conocimientos están más arraigados a mis 45 años de trabajo en el mundo empresarial que en mi también larga experiencia como docente en habilidades tangenciales, pero puedo asegurar que en este momento nuestra sociedad nos empuja hacia el conocimiento útil, las empresas no quieren gente que sepa, sino que sea capaz de hacer cosas algún día y lo que es evidente es que normalmente hacemos bien, aquello que nos gusta, porque nos sentimos seguros, por ello propongo desarrollar las futuras competencias del joven desde el principio.

Me consta que algunas instituciones están incorporando en sus currículums formativos  algunos temas complementarios relacionados con el futuro profesional y hacen muy bien,  porque si somos capaces de descubrir quien no “puede” ser abogado porque no tiene sentido común, o quien no “debe” ser médico porque no sabe escuchar, o el que nunca “será” creativo porque es demasiado racional, entonces ahorraremos mucho dinero a las familias, también a la administración, y de paso, devolveremos mucha autoestima a los alumnos.

No estoy seguro que con todo eso eliminemos el fracaso escolar, pero estoy convencido de que tendremos más “trabajadores” felices.

Mucho líder y poca pasión

Erase una vez un tenista, que  en su etapa profesional, no tenía rivales en eso de ganar  partidos, la verdad es que cualquier set  disputado, tenía asegurado, como mímimo la emoción y el divertimento; fue un número uno, incluso más allá de su prodigiosa técnica,  y entonces, sólo le tapaba otro gran rival, un tal Ivan Lend, soso y algo prepotente, que también era muy bueno, pero que nunca, conseguió emocionarnos tanto.

Estoy hablando de John McEnroe,  rubito con cara traviesa , conserva aún  su  sonrisa  a lo garfield   y  al parecer sigue en el circuito como veterano y  sigue disfrutando con eso del tenis. Pues bien,  según  este  excampeón” los nuevos tenistas corren más, se entrenan de  forma más compleja, pero deberían copiar a Nadal, demostrando sus emociones y expresándose mejor”, si nos creemos al maestro , nuestros ejecutivos y directivos deberían también correr más ,  emocionarse con mayor frecuencia y relacionarse mucho mejor de lo que lo hacen .

Estoy convencido que en un mundo cada vez más competitivo , la autenticidad se vende muchísimo mejor, probablemente porque no existe un sistema ideal, para hacer las cosas  y al final  ,entre todos y afortunadamente  hemos conseguido enloquecer a esos gurús del marketing y de otras cosas , que siempre creen saber  predecir antes que nosotros lo que nos  hace falta .

Ahora  toca  aceptar, que no hay un modelo de empresario y que tampoco se llega al poder a base de titulaciones . Hoy en día, cualquier  mayorista de un  mercado central de consumo  o  incluso,los asiáticos del  “todo a cien” , no necesitan  otros masters , ni consejos de gurús, para hacerse ricos, más que el trabajo constante-no cierran casi nunca- ,la  imaginación  y este proverbio oriental que dice”que para abrir una tienda sólo hace falta aprender a sonreir”.
De ahí  quiero sacar algunas conclusiones:Primera :la empresa  que se adapta antes , consigue más mercado , Segunda : el  primero de la clase o el que tenía más matriculas ,no obtiene más éxito que el último, Tercera:ser universitario no equivale a  un empleo, de la misma forma que aunque conduzcas un Ferrari no puedes pasar de 120, o sea que todo se hace relativo y no  tenemos garantizado ni siquiera llegar al día de mañana,esta es la cruda realidad  y no  permitirse el uso frecuente  de la demagogia en forma de libros tipo “Como ser feliz en dos semanas….”y cosas así.

Si  además ,comprobamos  que muchas de los productos y  empresas que  están en el mercado,  en muchos casos, tienen poco que ver con la presunta  calidad y los valores, de los que presumen  ,nos encontramos ante un  nuevo modelo de sociedad empresarial ,en el que la mediocridad  ,la sorpresa y a veces los malos modos  ,si vienen  en el momento adecuado y por un medio popular tienen éxito, vean sino , la basura televisiva que compramos , y  que se repite en la  profunda frivolidad de la mayoría de políticos .

Y ¿qué consecuencias tiene ,este fenómeno social en las empresas? Pues que cada vez  se embrutece más el trabajo y  las relaciones dentro de la empresa , hay más trabajadores pendientes de vender horas de  su vida, simplemente a cambio de un salario y existen menos trabajadores que aporten valor añadido.
Además de todo esto , se  está creando una brecha importante en la búsqueda de   directivos realmente comprometidos ,por tanto emocionales, nos faltan líderes que además de mandar  sepan también dirigir y como no, en el entorno de los recursos humanos , nos falta gente que además de preocuparse de la  búsqueda de personas,selección, planes de carreras, administración  de nóminas , formación  o relaciones laborales , pero que se moje un poco , que  sepa  más del negocio ,que intervenga en la estrategia, que conozca las  cuentas de explotación  ó amortizaciones  y entienda que al final  todos somos clientes de algo.

El  problema evidentemente son las personas, porque las empresas, los programas  , los productos y las relaciones humanas, los fabricamos nosotros  .

Pensando que además todo está conectado, al final descubrimos que esta fragilidad  , es consecuencia de la ambigüedad  que existe en  la calle , mucha información , para tan poca comunicación , demasiados juguetes cuando para jugar de verdad, sólo hace falta imaginación, excesivos masters  ,para tan poca gente que desee simplemente  hacerlo todo mejor ,para ser más útil al conjunto , demasiado hablar de la creación de  equipos sólo para saber a quien le echamos la culpa.

Parece que al fin y al cabo, todo culmine con la mera posesión de todo, los ejecutivos viven prisioneros del móbil, rebotando citas en la agenda ,la mayoría  caminan sin estar atentos  y  buscando permanentemente corazas que les aislen de la fragilidad  de las emociones,  para acabar comprando relación  humana , en forma de nintendos ,viajes o juguetes costosos ,para aliviar los fracasos o huir de su pareja.

En el  trabajo acabamos poniendo precio a nuestro tiempo  en vez de medir el placer de disfrutarlo  y personalmente ,esperamos que un libro de autoayuda  adquirido a volandas en el aeropuerto , nos explique el sentido de nuestra  vida , pero nadie quiere hablar de compromisos,más allá de bajar la basura.

No sé si, el Sr McEnroe, puede darnos alguna lección de vida , con ese carácter tan visceral y auténtico , su orgullo y a menudo poca educación, pero de lo que sí estoy seguro es que prefiero los errores de la pasión , a la tristeza  perfeccionista , me gusta más la verdad  aunque duela , que la ambigüedad en  forma de mensajes hechos ,e.mails prefabricados o cartas de valores escritas en un hermoso cartel en la recepción de las empresas .

En las escuelas de negocio y en las universidades  , debería explicarse a la gente que ser persona es mucho más importante que  aprender métodos para dirigir , tambien podría decirse que es posible funcionar de forma ética  es congruente con desarrollar un proyecto empresarial que sea sostenible y que no se elige al jefe por ser mejor, sino porque sepa encontrar lo mejor de cada uno de nosotros.

La vida laboral  de muchos de nuestros directivos, no va más allá  que la aplicación de  determinados hábitos  que se siguen  rutinariamente en las empresas  y  que las hacen funcionar  sin  necesidad de que intervengan demasiado , porque  lo único que se les piden a menudo es que se atrevan a innovar un poco , a fin de que puedan equivocarse y aprender  ,porque si nos fracasas de vez en cuando es que no te arriesgas lo suficiente y sólo  es posible avanzar un poco  después de cometer algunos errores.

Siempre será mejor una gran dosis de pasión , que muchas cápsulas subliminales , mal aprendidas en algún seminario  de ciertos teóricos  que se atreven a hablar de algo que sólo han escuchado.

Ciertamente el mundo está cambiando  y no sólo porque escuchamos el crujir de la naturaleza,  quejándose por  el ozono que robamos , o por las miles de barbaridades que cometemos en nombre de la economía que beneficia a unos pocos , debería existir un código más severo para los delitos  contra la solidaridad , o para los que viven con el corazón dormido.

Tengo la esperanza de que algún día , exista más sensibilidad  detrás de las decisiones realmente  importantes y probablemente  esta nueva visión nos llegará de la mano de  las  miles de mujeres que aspiran a  compartir simplemente , las responsabilidades  del poder  , creo que ellas  aportarán  racionalidad  , mucha comunicación , tolerancia  y diálogo del que todos nos beneficiaremos.

Mucho más allá de los tópicos  y de las cuestiones de género , me gusta la gente que muestra su carácter  porque sé a lo que me enfrento  y prefiero  trabajar con  alguien que  chille de vez en cuando,pero que pierda alguna lágrima, antes de  que soportar un directivo yonqui de manual, rígido y  sobrado de razones, muy  aplicado ,con sus siglas , ya sea el MBA,el  PC , su PDA´s ó la Visa, pero que olvidó su corazón en otra cartera.

Acto de Benchmarking

El día 25 tuvo lugar la sesión de Benchmarking, que organiza la FUNDACIÓ PER A LA MOTIVACIÓ DELS RECURSOS HUMANS, con sede en la UPC y que está dirigido a los Directores de RRHH, de empresas de importante presencia en el mercado (Abertis, Caixa, TMB, Port de Barcelona, FCC, Agbar etc.). En este acto moderado por Miquel Bonet, participaron como ponentes, Josep Mª Orduña de Nutrexpa, Margarita ferrer de Grupo Serhs, Joan Cohi de Chupa Chups.

Se vende mala educación

Dice mi eminente colega el profesor Marina que los problemas entre las parejas se arreglan mucho mejor con educación que con sentimientos, y yo estoy de acuerdo, porque la educación va de la mano del respeto y propicia el sosiego que permite abrirse de orejas y llegar a la comunicación suficiente para gestionar el conflicto.

Todo eso que parece tan obvio en lo social, se estrella de golpe ante el Dios soberano de nuestros días, o sea el marketing, una ciencia que hoy está muy por encima de otras que fueron muy respetables como la literatura, la física o incluso las matemáticas y que sólo encuentra alianzas en la economía, que es su única razón de ser.

De esta forma, todos cabalgamos con dos caballos a la vez, por una parte están los sueños de papel, el hedonismo a ultranza y un catálogo de promesas sobre el culto corporal, el placer inmediato o el triunfo pagado, siempre de la mano seductora del marketing, y el otro, representa dinero fácil y todas las ventajas del mundo para que te asomes por un rato a las sensaciones de los ricos, hipotecando tu sueldo, tu piel y tu futuro a cambio de cuencos llenos de euros a devolver con sobrecargos abusivos.

Con el subidón de sentirte rico para comprar y las dos mil letras por pagar, te subes a tu bmw, te endedudas con la dermoestética o compras tus vacaciones, sin pensar que un día tendrás que pagar toda la fiesta. El marketing en su corrupción suprema, te vende todo lo que no te hace falta para hacerte sentir lo que no eres, claro que esto poco importa cuando en muchos casos trabajas en algo que no elegiste y te levantas con alguien que no deseas.

Es difícil adivinar hasta dónde puede llevarnos el placer del masoquismo, pero alguien me dijo una vez que al final todos vivimos de lo que combatimos y hasta somos capaces de aliarnos con nuestros verdugos.

Vean sino mis queridos lectores cómo se inventa un héroe forjado en la plastilina y palabras del karaoke-villano, que pertenecen al código del marketing, como briefing, producto, captación, posicionamiento, venderse, layout o branding, y hasta se atreve a hablar frívolamente de sentimientos y actitudes, pero, ¿no quedamos que lo que tiene valor no tiene precio? y las emociones?, por favor cómo va a emocionarse alguien con un yogurt o con una colonia, toda esa manipulación es cosa de los sesudos publicitarios y creativos que son muy buenos, de verdad.

Pues sí, ha llegado el Darth Vader de un programa puntero musical de la cinco, y en esta cara oculta se esconde con gafas de sol -a las 12 de la noche- y vestido de misterioso negro, un jurado que trasciende a juez, fiscal, acusador y sobre todo maleducado personaje al que buena parte del público adora.

Como jurista, con dos masters en marketing, me quedo absorto ante este albedrío de masas, sollozos e histeria juvenil entre “nuevos discípulos “ de este profesional, que supongo debe ser muy capaz y que emulando sus propias frases, el mismo se convierte en un producto tan agrio y necesario como la pimienta del steak tartare; condimentando así, un espectáculo digno de coliseo romano, en que los “gladiadores” aspirantes a solistas, pagan el precio de su pretendido salto a la fama, dejándose fustigar y escuchando toda clase de improperios, simplemente para que al final suba el índice de audiencia del programa y alguien gane más dinero.

Aplaudo tanto la estrategia publicitaria del invento, que es su única justificación, como repudio las formas, y no el fondo de las frases agresoras que nunca debe merecer un ser humano en situación tan desigual. Al amigo Sabina se le escaparía un “dímelo en la calle”, pero muy mal debemos andar en esta sociedad, cuando somos capaces de regalar horas de nuestro tiempo complaciendo la vejación y la mala educación.

Conferencia en IL3 Aula +

El pasado jueves 14, tuvo lugar una conferencia de Miquel Bonet sobre “Què volen les empreses? Com serà el treballador del segle XXI? en el Instituto de Formación Continua de la UB. ¡Estás invitado!

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Ábrete de orejas

Parodiando un viejo dicho chino “cuando suena el trueno ya es tarde para taparse las orejas” me atrevería a afirmar que la mayoría de gente vive con las orejas cerradas.

Acostumbro a participar y acudir a conferencias y eventos porque me gusta saber lo que piensan otros. Todo ello me enriquece y me permite criticarlo sanamente, de esta forma acostumbro a aprender cosas que a menudo cuando las aplico, al principio sobre todo, no funcionan, pero por lo menos de esta forma descubro los caminos que no son.

En los últimos meses, se ha despertado un fenómeno insólito en comunicación empresarial. Consistente en la convocatoria de centenares de seminarios, talleres, congresos y conferencias monotemáticas que supongo que se llevan a término y que si realmente asistiéramos a todos, no habría tiempo para trabajar, por tanto, no existiría la posibilidad de aplicar lo que nos cuentan. Lo bueno de estos actos es que se dicen muchas cosas y algunas razonables, lo malo es que con frecuencia se dice lo mismo y roza el tópico de ambigüedad que tienen las palabras ajenas.

Ahora se habla mucho del tema de los recursos humanos porque las personas están de moda, ¿cómo no van a estarlo? si somos el blanco de toda la publicidad y marketing del mundo, siempre que tengamos pasta -ya sabemos lo que vale la vida de un hombre sin cartera aunque cruce 5000 kilómetros para poder trabajar-. Es curioso comprobar, cuando te acercas a un quiosco, cómo te bombardean la mayoría de revistas para que compres cosas -algunas tienen más páginas de anuncios que de información- y luego están surgiendo las “otras”, que también se llevan mucho, para liberar tu cuerpo y tu mente, eso y un poco de bótox  supongo que sirve para equilibrarse y volver a creer que somos algo más que consumidores.

Es como si le pegamos una paliza a alguien sin motivo y luego le vendemos las medicinas para curarse, como hacen las tabacaleras y laboratorios. Eso está ocurriendo en nuestra sociedad y como no, nos lo cuentan con poca convicción -porque no se lo creen- en gran parte de las charlas que se escuchan por ahí, y especialmente, en temas de liderazgo, recursos humanos y todo eso. Al final se está hablando mucho de competencia, talento, compromiso, pero nadie explica cómo hacerlo.

En realidad, no es un problema de demagogia, teoría o mala fe, lo que ocurre es que la actitud para comunicarse es una opción del receptor y la gente no se cree todo lo que le cuentan, a veces porque en otro caso se vería obligado a hacerlo.

Siguiendo teorías de alguien tan sabio en la materia como el Prof. Walzlawick o mi colega el Dr. Llacuna, es imposible no comunicarse, y hasta el silencio a menudo consigue comunicar más que la mayoría de canales que utilizamos, pero en realidad, no todo lo que nos llega especialmente por la vía verbal y escrita nos comunica.

Sólo nos comunicamos con lo que nos repercute porque toda comunicación implica un contenido y una relación. La comunicación no es proceso lógico sino psicológico, por tanto, debe darse un “feedback”del receptor sobre cómo está entendiendo el mensaje y que llegue a nuestro interior provocando emoción y reacción.

Vivimos un momento de excesos de todo, especialmente de información, mal llamada comunicación. La mayoría de los mensajes se queda en el simple informe, por tanto, no interesan a casi nadie, ni trasciende, ni modifican ninguna actitud. Eso ocurre en gran parte de la enseñanza, no siempre por culpa de los maestros, y naturalmente, en los medios. Cuánta energía malgastada, frases huecas que no sirven para nada, pocas cosas que lleguen de verdad, tópicos como “a ver si quedamos”,”hasta luego”,”tu sí que vives bien” son tan absurdas en lo cotidiano como “lo importante son las personas” ”sin valores no se puede hacer empresa” o peor, “el cliente es lo primero”. Todo eso se queda pegado en el hermoso tablón de intenciones colgado de la pared de la recepción de las empresas.

Luego viene todo lo demás, lo que denominaríamos los hechos, los comportamientos ejemplares, la congruencia al actuar, la intención en el mensaje, y sobre todo, la involucración. A la hora de la verdad, todo eso es ciencia ficción, sobre todo en muchas empresas de las que cotizan y gastan millones de euros en supuesta “comunicación”.

Pero también existe el camino de en medio. Es lo que yo calificaría como datos. Hay gente que no comunica, ni tampoco informa, pero nos da datos en forma de estadísticas, de cuentas de resultados. El dichoso “evita”,la mayoría de órdenes se dan así, se llega al “hay que hacer esto” sin concretar quién lo hace, pero obviamente no lo hará el que manda, o bien “debemos conseguir este objetivo” pero sin cuestionar, para qué, cómo, cuándo y porqué. Incluso, la gente vive la rutina de su vida sin saber porqué lo hace. 

Todo eso se hace aún más familiar para la gente de Recursos Humanos cuando recibe mandatos de la dirección con ideas clave: “debemos capacitar a la gente en eso…” “montaremos un curso y les irá bien” o “ que hagan una selección o despidan o promocionen” o “hagan pruebas” o “montemos una salida de outdoor-training”,sobre todo “reducción de costes”. Cualquier cosa vale menos escuchar al que se supone que es el “proveedor” de los perfiles competentes para realizar cada función.

Con el dato se llega hasta el nivel de identificar y aclarar de qué va el tema, pero sin duda, tampoco hay repercusión porque nadie aplica la empatía y menos el compromiso.

Por mucho que se hable de atraer y retener talento, del liderazgo, de los valores añadidos o de tener buenos profesionales, todo eso puede quedarse en el triste rincón de la información, si no nos aplicamos en escuchar. ¿Creen que el mundo funcionaría tan mal si la gente además de hablar escuchara un poco?, creo que no. Para eso tenemos dos orejas y una sola boca, por tanto, quizás valdría la pena ahorrarnos muchas palabras ya muy repetitivas y empezar a hacer más cosas, la gente lo agradecería y usted y yo, también.

Inútiles por competencias

Desengáñate porque simplemente pasar por la universidad y obtener un diploma no te hará más competente, de la misma forma que conocer música no es lo mismo que saber tocar, o que tener más información no equivale a estar mejor informado. Las competencias no caducan pero sólo sirven si se aplican.

¿Te has parado un momento a pensar que la mayoría de líderes –no digo directores- que tenemos en las empresas o en la política son mediocres? En el fondo, lo que los convierte en jefes es poco más que algún master, cierto éxito en el puesto anterior, una recomendación, el vacío o la pereza de quienes los eligen.

Si pensamos en los medios de comunicación, el tema está cantado. Los buenos, la gente que hace algo bien y lo cuenta, no interesa porque todo depende del “share” – medidor de audiencia-. El que “ vende más” casi siempre es el que lo hace peor, el que canta mal, el gracioso, el boceras, el patoso, el que se cae, el mal hablado, el faltón, el chulo, el chillón, el parásito, el superficial, todo se reparte entre el kitch y el “ botox”.

Ganan audiencia los programas que se dedican a proclamar la anormalidad desde una forma histriónica, bucólica, descarada y especialmente ridícula,  se glosa la mediocridad y acaban triunfando los inútiles.

Este fenómeno mediático, supongo que bebe de las fuentes de la política y por desgracia, se está extendiendo en el tejido empresarial. Empezó con ciertos funcionarios que se acunaron en el antiguo régimen, después sobrevivieron a los monopolios y se está extendiendo cual mancha de aceite, entre muchos ejecutivos de karaoke, que beben de las ideas de otros.

Lo malo es que como todas las epidemias, ésta también se contagia y así tenemos a la mitad de nuestros jóvenes viviendo de la “sopa boba” con treinta años y sin haber empezado a trabajar por la tolerancia de madres protectoras que les protegen, mientras demasiados padres se distraen buscando valores olvidados, aunque no ignoran, que el amor, el coraje y el talento no se escribieron para los zánganos.

Si miramos hacia arriba notamos que el mundo está dirigido por inútiles. Unos alcanzan notoriedad por pelearse todos los días, otros destruyendo lo que tocan, porque construir cuesta esfuerzo, algunos, comen de la desgracia y el chisme ajeno, también hay gente, que vive de predicar la queja perpetua, hipnotizando a los perdedores con cuatro mensajes dogmáticos y hasta hay quien compra un pedazo de cielo, tragándose a bocados algunas reglas totalmente ajenas a la sociedad actual.

No me gustaría para nada, dejar a los jóvenes algún mensaje que suene a fracaso, ni mucho menos a desesperanza, porque en el mismo camino se cruza otra clase de gente-pienso que la mayoría- que sigue aspirando a ciertos valores, que gusta de verse con sus propios ojos, que la única mirada robada es la que esconde el amor por otros, padres que se sienten como el arco que tensa la cuerda para que sus hijos vuelen solos y jefes, que son líderes, porque creen que la comunicación y el reconocimiento son las llaves, para conseguir confianza, a éstos se los sigue por afinidad.

Comprar talento

La historia nos cuenta que desde que existe la humanidad nunca hemos dejado de estar en guerra. Hace miles de años se hacían las guerras por el gusto de la conquista esclavizando a los vencidos, hoy siguen sustentándose en lo económico y a la esclavitud se la denomina consumismo o hedonismo. ¡Qué más da! nada ha cambiado demasiado, algo más de geografia, otros imperios provinentes de continentes más lejanos, pero en el fondo, siempre se busca someter al hermano a costa de minar su libertad y con el señuelo de lo que llamamos valores. 

En el mundo empresarial ocurren cosas parecidas. La mayoría de empresas que tiran de las economías locales siguen siendo las pymes, los trabajadores son el fluido que tira de la economía en una ecuación casi perfecta que nos convierte a cada uno en trabajador y consumidor en el mismo sistema, de forma que lo mismo que ingresamos hipotecando nuestro trabajo, lo dejamos después con el consumo. 

La parte buena de esta paradoja, es que con nuestro trabajo damos aliento al ciclo económico, la parte mala es que al final, disponer de muchos más ingresos de los necesarios nos convierte en “mucho más”compradores de lo que necesitamos y, por siempre jamás, en eternos infelices, prisioneros de nuestros deseos. Sólo disponemos de la pequeña cuota de libertad que nos permite mesurar hasta qué punto deseamos ser infelices, en función de la graduación de nuestros deseos y la moderación de nuestra envidia por el vecino, pero no todo es tan trágico en esta humilde parábola, porque siempre tenemos la posibilidad de escapar al menos en parte del sistema si somos capaces de conocernos mejor y de aprender las normas del juego. 

No digo nada nuevo afirmando que el mundo está cambiando y además, lo está haciendo deprisa. Los países asiáticos, especialmente China, se está convirtiendo, por ahora, en el mayor proveedor de mano de obra, digamos “barata”, junto con algunos países de poco desarrollo. Y las empresas sufren una adaptación permanente para poder aspirar a la sostenibilidad de sus respectivos proyectos, condicionando naturalmente a las personas que trabajan en ellas. 

Mientras tanto, internet se está convirtiendo en el « amo del mercado universal » desterrando los pocos recursos arancelarios como la forzada contención europea en la importación de zapatos, que no deja de ser un parche, ante la imparable progresión de productos. A mí, personalmente, que llevo casi 45 años trabajando, estas medidas me suenan lo mismo que la sacarina que añaden al café algunos amigos después de una comilona: sirve para lavar la culpabilidad y poco más. 

La guerra de los precios empezó hace tiempo y se cumple la máxima del sentido común, que pasa por evitar poner barreras a los océanos y dejar que el precio de las cosas se supedite a lo que alguien está dispuesto a pagar por ellas. Al final de todo, supongo que todo debería pasar por un mayor conocimiento individual porque siempre es mejor aprender a cortarle las alas a los sueños que dejarse atrapar por las redes que tejen esta gente del marketing, que sabe mucho de crearnos nuevas necesidades, sobretodo cuando han descubierto el sutil lenguaje de las experiencias, porque ya ni siquiera necesitan producto para sorprendernos. Baste simplemente con manejar nuestra imaginación, por eso nos venden un yogur con una silueta de una diosa o un coche a través de un paisaje. Incluso, nos regalan dinero a prestado para que cumplamos nuestros sueños y así disfrutamos de una nómina prisionera de nuestra codicia. 

La ciencia ficción permanente acaba de entrar en nuestra vidas, y por suerte, en este circo todos tenemos un papel, especialmente los trabajadores y como no, aquellos que de alguna forma estamos vinculados a la búsqueda y desarrollo de los recursos humanos que necesita cualquier organización. He querido comenzar este artículo con alguna reflexión que a alguien puede parecerle utópica sobre la situación actual porque después del empresario o el CIO, nadie debe ser más sensible a las mutaciones que sufre el tejido empresarial que aquellos que asumen el papel de proveedores de personas, por tanto, los profesionales de RRHH. 

Creo que una forma de entender y afrontar esta situación de cambio permanente debe aspirar a convertir a cada organización y a cada persona, y a ambos, en entes capaces de aprender y diferenciarse, de forma que los individuos que la componen sean capaces de gestionar su desarrollo, aprendan y puedan desplegar sus habilidades, puedan explotar su potencial al máximo y además, se sientan comprometidos a hacerlo. 

Todo eso está condicionando, sin duda, la forma de dirigir las empresas, ya que con la globalización son mucho más vulnerables que antes, precisamente porque la extrema competitividad les complica la fidelidad de sus clientes y, como no, también debe preocuparles la pérdida de talento que se viene produciendo en sus organizaciones, pues los “cantos de sirena” suenan al ritmo de “más euros”, ”más calidad de vida”, “más proyecto” o también “más afecto”. 

Con este panorama se plantean varios retos para el responsable de Recursos Humanos. El primero de ellos pasa por la que yo denominaría la guerra por el talento, quizás menos rebosante que la de las galaxias, pero sin duda, mucho más real. Los otros están relacionados con el nuevo papel de los recursos humanos y los valores añadidos que deberá aportar en la estrategia de la empresa para justificar su puesto. No, no, no se sonría querido colega y lector porque esto va en serio. Hablo de estrategia aparte de la gestión porque ésta última puede externalizarse mayormente pero la participación estratégica es individual, comprometida y muy valorada, naturalmente que siempre habrá trabajo para un buen profesional, pero la adaptación es para todos. 

Cuando me refiero al cambio o la reestructuración, no me refiero sólo a renovar la estructura de la organización, sino fundamentalmente a las personas, a su forma de pensar, a sus actitudes porque todos influimos en el entorno en que nos movemos y, si somos capaces de influir en nuestras pautas internas, acabaremos haciéndolo sobre nuestras vivencias y repercutirá en todo lo que pensamos, decimos y hacemos. 

La primera cuestión tiene que ver con la retención del talento. Tengo mi propia definición para el talento y para mí tiene que ver con la suma de conocimientos y habilidades medibles, así como la actitud y compromiso para ponerlas a disposición. Me parece tan serio e importante como los bienes tangibles, aunque no se ponga en balance, o quizás más porque la propiedad puede comprarse, pero la inteligencia y el compromiso normalmente se otorgan libremente. 

Si todas las empresas aspiran a poseer o producir algo que tenga valor para alguien y, de esta forma, pueden asegurar su sostenibilidad,  y, además, la mayoría de ellas conocen porqué la gente los elige antes que otra opción, la primera cuestión a la que debemos responder tiene que ver con el descubrimiento de la cantidad de talento que tenemos en nuestra organización y donde está. Esta valoración es tan importante para alguien de RRHH como lo sería para el director de marketing conocer cuáles son sus ventajas frente a sus competidores, para el financiero descubrir la forma de rebajar los ratios de crédito a sus clientes, o para el responsable de producción limitar los costes mejorando la productividad. Eso parece muy fácil pero ¿cuántas empresas explican la estrategia de su empresa a sus empleados? y luego, suspiramos por el talento. 

La asociación de las competencias a la función laboral  se viene aplicando desde mucho antes que lo explicara Adam Smih, lo que pasa es que ahora es un tema estrella porque la forma de trabajar ha cambiando de forma muy ostensible en los últimos años, y lo digo en general, porque existen muchas organizaciones que siguen otros sistemas y también les funcionan. Por tanto, dejémonos de prácticas ejemplares y busquemos modelos, si hace falta, pero congruentes con nuestras empresas y sobretodo con las personas que las dirigen. 

Es cierto que la evaluación del trabajo es ahora mucho más dinámico. Se añora cierta estabilidad pero simplemente para pagar la hipoteca, ya que incluso los jóvenes aspiran a estar ocupados, mucho más que a la supuesta estabilidad del contrato fijo. Conozco casos de gente que se asusta cuando la empresa les ofrece un contrato “pasar a fijo” y cuestionan ¿eso me compromete a mí?. 
Por otro lado, tanta información al final acabaremos pagando a alguien para que la filtre. Nos permite acceder a todo desde una terminal y, sin duda, a los portales de empleo. La continua recompra y absorción de empresas sólo afecta a una minoría porque el grueso sigue estando en las pymes, la relación más personal convive con la funcional y simplemente depende del tipo de trabajo que se desempeña. 

En el orden jerárquico hay cambios pero menos de los que se cuentan. Sí, ya sé que es cierto que las empresas se llenan la boca con aquello de la dirección horizontal, que solicitan comunicación ascendente y todo eso, pero al final los valores reales que se predican no acostumbra a ir más allá de una proclamación en la web y un gran panel en la recepción, después en su cumplimiento está la virtud. 

También es cierto que se trabaja mucho más en red pero por mi experiencia en teletrabajo, -soy también profesor virtual-, existen aún en el terreno legal y en la práctica laboral muchas cuestiones pendientes de resolver, y no me refiero a las derivadas del necesario control jerárquico, sino especialmente las que están ligadas a la propia organización personal del trabajador. En general esta forma de trabajar se relega a determinadas empresas normalmente de tecnología y a puestos comerciales de trascripción documental y a la deslocalización territorial. 

A menudo, nos perdemos en la demagogia al hablar del autoliderazgo, la autoresponsabilidad, el autocompromiso y el auto.. . lo que sea, cuando un simple esfuerzo de realismo y una lectura de nuestra propia experiencia debería evidenciarnos que la mayoría de la gente no desea ser líder, ni mandar, ni organizar, porque teme la responsabilidad o no la quiere, o mejor, no desea pagar el precio de tomar decisiones, por ahí andan muchos “hijos” de la ley de Peter paseando su mediocridad por las empresas.

SELECCIONAR EL TALENTO

Cuando tratamos de definir el perfil competencial del trabajador susceptible de aportar su talento y, por tanto, darnos valor añadido, creo que existen ciertas competencias más o menos clave y que casi podríamos estandarizar:

  • Polivalencia. Sabe de lo suyo, pero conoce lo que hacen los demás, por ejemplo el economista o el camarero que además de conocer su oficio saben venderlo. 
  • Adaptabilidad. El mundo se está mutando, los antiguos despachos de pan venden ahora hasta 100 especialidades, además de bebidas, chicles o cafés.
  • Disponibilidad. La signatura pendiente del país, nadie se va de casa ni recorre más de 20 kms para ir al trabajo, pero eso se arregla con los años, la pareja tira mucho y hay que pagar hipotecas. 
  • Autonomía. No se trata de alimentar el egoísmo porque cada uno va a la suya, pero el que piensa además de actuar vale un poco más. 
  • Trabajo en equipo. Eso es clave a no ser que sea un genio y pueda permitirse estar encerrando, pero se le exigirá creatividad e innovación. 
  • Comparta conocimiento. Eso sólo depende de que quiera hacerlo, o sea, que esté motivado, que disfrute de lo que hace y que se sienta querido, así de claro. 
  • Crea valor porque la recepcionista es tan importante como el director de área, su sonrisa puede hacer clienting mejor que nuestro serio director financiero. 
  • Formación continuada, que tenga ganas de aprender aunque sea para mejorar la nómina. Hay pocos filósofos pero enseñar es motivar.
  • Implicación. Esto es casi lo más importante porque sin actitud lo demás no vale, y podemos practicarlo desde el principio con la selección.
  • Si las puertas de la empresa se abren con la selección, entonces, ¿por qué muchas empresas pierden su tiempo haciendo una tarea que no es la suya? En mi opinión, recursos humanos debe controlar, dirigir el proceso de selección, pero no necesariamente debe hacerlo directamente, sobretodo en las pymes es más rentable dedicar el tiempo y el esfuerzo en temas propios de la actividad, el care bussines, y dejar que los expertos se ocupen de la selección porque es clave, cuesta mucho tiempo dinero y nos la jugamos mucho. 

    Cada persona que no funciona en la organización es un fracaso evaluable y caro que además, deja secuelas. Supongo que ya somos mayorcitos para saber que el “mejor” no siempre es el “adecuado”. Si todos quisiéramos el mismo perfil nunca tendríamos paz, hay una cuestión de física y química, como en el amor. 

    LA CAZA DEL TALENTO

    Pero desde las empresas podemos hacer algo para ser digamos “atractivas” a esos perfiles potenciales que están en el mercado. De hecho, ya lo hacemos, el benchmarking humano funciona y los headhuntings viven de eso. Si tienes lo que necesito voy y te lo quito, la suerte es que no siempre funciona si no, la mayoría seríamos perdedores, bendita química. 

    Una empresa debe tener un proyecto empresarial claro y conocido porque esto atrae. 
    También debe contar con valores, una ética que se corresponda y que además, sea congruente. No me refiero a lo que cuentan por televisión algunas multinacionales y no quiero señalar, hablo de valores, vamos, eso de tratar bien a la gente o como mínimo escuchar, qué difícil resulta escuchar ¿verdad?

    Debe ser capaz de trascender a las limitaciones del mercado, por tanto ser proactiva, descubrir y llamar a aquellos trabajadores que pueden ser útiles en nuestro proyecto. 
    La imagen de marca es importante, sobre todo si es conocida, aunque no tengamos el orgullo de pertenencia de los nipones. La gente le supone cierta dignidad estar en determinada empresa reconocida y solvente. 

    Naturalmente en esta carrera por el talento tendrán ventaja aquellos que aprendan antes a gestionar la diversidad y valorar las actitudes, por ejemplo el sector domiciliario y de salud se está salvando gracias a cuidadores sudamericanos y la hostelería otro tanto.

  • RETENER EL TALENTO 

    No existe mejor fórmula para retener a la gente que la capacidad que se tenga para cumplir las expectativas de los demás. Si consigues tener lo que el otro piensa que necesita, aunque esté equivocado, tienes la fidelidad asegurada hasta que alguien le convenza de que necesita otras cosas. Ese fenómeno ocurre con frecuencia y he tenido ocasión de estudiarlo con la proliferación de emigrantes para servicio doméstico en los años 90. Me contaban clientes y amigos que en los primeros meses, diríamos de adaptación, las asistentas apenas salían al exterior, estaban centradas en su trabajo y eran poco reivindicativas, después todo cambiaba y al final en algunos casos se rompía la relación. Creo que esto es natural, humano y hasta bueno, porque pertenece a la evolución humana y siempre aspiramos a un poco más. 

    En la empresa existe un círculo para gestionar el talento y que permite retener a la gente.

  • Una selección adecuada y una buena integración. Para mí, el proceso de selección resulta clave por las razones que justificaba anteriormente. Muchas veces se confunde lo deseable con lo real y éste es el error. Tener identificado el puesto de trabajo y sus funciones son claves para asegurar cierto éxito en la selección. No puede mantenerse a alguien detrás de un teléfono que no le guste a la gente porque su sonrisa inexistente la “verá” el cliente. A menudo, esperamos cambiar a la gente desde dentro, cuando lo ideal es contratarlos como desearíamos que fueran y aceptarlos así.
  • Gestionar su rendimiento y desarrollo. Hay que entender que detrás de cada persona existe un proyecto personal que debe cumplirse. La mayoría esperan seguir formándose si el aprendizaje les permite sentirse mejor y que además, ello sea relevante, pero nos gusta participar en nuestra propia formación. No es lo mismo “te convendría hacer” que “quiero hacer”. 
  • El Reconocimiento. Todos necesitamos saber qué se espera de nosotros al entrar en una organización. Naturalmente es más fácil decirle a alguien que está equivocado que averiguar qué razón está detrás. Sabernos reconocidos nos hace sentirnos más seguros, por tanto, seremos más permeables a los cambios, incluso podemos ser emprendedores y también contribuir a innovar, porque nos sentimos parte de algo propio.
  • Compensación y beneficio, y no me refiero solamente a euros. Las personas aspiramos a diversas formas de compensación, el reconocimiento era una de ellas, pero el derecho a la transparencia, la comunicación, el sentirse implicado en los resultados de la empresa, no se trata de cuánto nos cuesta sino cuánto nos hará ganar. A veces queremos que los colaboradores sean cómplices, pero los pagamos como sicarios.
  • Por último existe un elemento clave en todo este proceso y éste no es otro que los jefes. Nadie puede retener mejor que el líder. No basta con tener buenos directivos  porque además de las tropecientas cualidades que cada gurú nos explica como propias del liderazgo, al final todo pasa por la capacidad para gestionar personas, emociones y sentimientos, porque sólo la gente influye sobre la gente y no las cosas. Quizás debamos rodearnos de líderes que sepan lo necesario, pero que sean capaces de generar buen clima, que demuestren que la cultura del esfuerzo sigue siendo la mejor práctica ejemplar y aunque no posean demasiados másters, tengan muy claro que al final todo consiste en tener muy claros los objetivos y llevarse bien unos con otros, porque seguimos siendo tan humanos que nos basta con sentirnos respetados y escuchados, para caminar juntos. 

    La guerra por el talento ha empezado.