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Un verano para olvidar

Se encendió Agosto y con él todas sus pertenencias como este calor que ahoga los campos huérfanos de lluvia, el descanso de las aulas universitarias, el salón de los pasos perdidos, más perdidos que nunca, el perezoso vaivén de las olas llevándose con ellas la fatiga de millones de personas que escapan de su trabajo buscando inútilmente evitar un entorno que les persigue y sobre todo esta necesidad de desnudarse de obligaciones a fin de que nada robe un minuto de tu tiempo.

Confieso que a mí no me gustan especialmente las vacaciones estivales, más bien prefiero tocar el verano todos los días, aunque deba abrocharme por las mañanas la corbata de mi uniforme, así dejaré que el sol cuente mis pasos tranquilos en la ciudad y que los silencios urbanos llenen mi cabeza con nuevas ideas que podré coser en otoño.
Recuerdo de mi infancia escolar que el final del verano siempre me pillaba con los deberes hechos y también todo un universo de propósitos que surgían en mi mes favorito, este septiembre maravilloso que recoge los colores de la maduración del estío y que se presta a dejarse ordeñar como los frutos de la vid que disfrutamos antes del frío.

Y es que no debemos dejar cosas por hacer, ni historias para contar, ni sueños en los que perderse. Es mejor disfrutar la vida en cada momento y mucho más cuando la plenitud de agosto pone ante nosotros el regalo de la salud y las imágenes doradas de la gente que se inventa cualquier pretexto, sólo para reírse o sumar un poco más de tolerancia ante la incerteza de todo.

Vale la pena gozar de estos grandes placeres de la vida pasiva y disfrutar la ausencia de este verdugo despertador que hasta puedes esconder en un cajón durante algunas semanas, no debes permitir que nada te perturbe a fin de que, por encima de todo, puedas dedicarte a ti.

No debes leer nada que te haga pensar demasiado porque lo escrito por otros ni siquiera te pertenece, el verano es para estar con la gente que quieres, con tus amigos, contemplarte ocioso mientras te sientas en la puerta de tu casa o en cualquier terraza ajena con una cervecita y así, hasta puedes conseguir soñar despierto, creyéndote que reinas en tu vida.

Puedes perderte en tus deseos e imaginarte disfrutando aquellas cosas que te gustaría hacer, sin pagar por el esfuerzo.

Vale la pena que disfrute la diferencia, porque de la misma forma que examinarte y aprobar no tendría sentido sin la posibilidad de suspender, encontrarte unos días con tu vida, tampoco valdría la pena sin la posibilidad de poder levantarte después de reposar y salir corriendo para buscarla.

Aprender a los cincuenta

Alguien dijo, que la experiencia sirve sólo, para cometer nuevos errores en vez de los viejos, algo habrá de todo eso, cuando llegamos a la cincuentena y nos damos cuenta de que todo lo que sabíamos hasta ahora, no nos sirve de casi nada.

Mas de uno recordará el “q.w.e.r.t” con los cuatros dedos izquierdos y aquello de las 250 pulsaciones-no de corazón-por minuto, la regla de cálculo, el papel carbón… hasta el tippex salvador, se han pasado de moda, porque hoy se trabaja de otra forma, mejor dicho con otras herramientas y distinta mentalidad.

Afortunadamente, cuando llevas más de 30 años trabajando, has aprendido como mínimo, lo que no debes hacer, ya que todo el conocimiento, que es la experiencia que realmente nos pertenece, todo eso, debería servirnos para entender lo demás.

Por mucho que evolucionen los tiempos, las máquinas y casi todas tecnologías que dan algún beneficio, sólo esas ¿está claro? por eso – siguen muchas enfermedades guerras y, hambre- las empresas siguen dependiendo de las personas y éstas de su actitud frente al trabajo, porque lo cierto es que, todo lo demás puede aprenderse.

Formarse sigue siendo el camino para adaptar, darnos forma, adquirir nuevas habilidades o incluso transformarlas, para poder dominar determinada materia, naturalmente, casi nunca se aprende en el aula, sino aplicando psicomotricidad y práctica, probando y ensayando, eso es parte del aprendizaje.

No quiero caer en el tópico, de afirmar que la vida, es un aprendizaje continuo, porque se me ocurre algo más radical, que definiría así, cuando la tecnología avanza más rápido de lo que puedes controlar, o te adaptas, o el propio sistema te expulsa.
Lo que nos ocurre es imparable, Internet, flexibilización, network ,teleofimática, virtualidad y además, todo eso ocurre al mismo tiempo y traducido en lenguaje laboral, quiere decir que, se necesitan personas aptas para comunicarse en red, integrarse en equipos de proyectos, usuarios de recursos digitales, abiertos de mente, flexibles, adaptables y falta una….y que además, se lleven bien entre ellos.
La ventaja que tenemos los que llevamos años en eso y lo sufrimos, es que sabemos perfectamente lo que hay que hacer para integrarnos, les propongo un ejemplo.

A mí, como a mucha gente, me gustan las historias, porque soy curioso, que me cuenten algo, ya sea a través de un libro, en el cine, la radio o por televisión.

Además, como formador en comunicación, prefiero, los argumentos estructurados o sea, una presentación de personajes, un nudo, un desenlace y un final, una historia bien contada, es más relajante para la mente ¿verdad? Pues bien, ya he cambiado, en serio.

Cuando después de una jornada laboral, me asomo unos minutos al televisor, he descubierto gracias a un cacharrito increíble, -el telemando- que puedo meterme en muchas historias a la vez, sin importar el fondo que están contando, ya que siempre distraen y son absolutamente superficiales, pues actualmente, se producen programas sin argumento y tampoco hace falta seguirlos.

Claro que al final, no te enteras de nada, pero es que, tampoco importa demasiado.

Con lo nuevo que aprendemos, pasa algo parecido, por eso, debemos dirigirnos a la formación útil, que envejece sin hacerla nuestra, porque todo cambia rápidamente.

Por tanto, que no se desesperen todos los ceñiros que deben adaptarse al mundo laboral en la actualidad, pues el reciclaje no es complicado, nos vale todo lo aprendido y a partir de aquí, incluso podemos desaprender lo que no sirve y extraer lo que de verdad queremos aprender, es la misma diferencia entre un escolar de 6 años, que es toda una esponja o un alumno de cuarto de carrera que, sabe separar lo importante de lo que no lo es, nunca jamás con años de universidad o escuela-taller, tomamos apuntes de todo, porque sabemos que hay un conocimiento importante y otro que no lo es.

Por tanto y como conclusión, si debes asumir con cierta edad laboral, la necesidad de formarte tienes la enorme ventaja de utilizar todo, absolutamente todo lo que aprendiste de verdad en el pasado, para abrir espacios hacia las cosas que realmente te interesan.

Ser adulto, significa simplemente conocer algo más sobre lo que te conviene y madurar equivale a tomar decisiones, por eso reconocemos enseguida al buen líder, porque es capaz, de organizar gente y obviamente asumir riesgos del grupo, eso es dirigir, un poco como conducir el autobús.

Naturalmente, en el pasivo de todo eso, hay inconvenientes, porque ni todo es fácil, ni siempre queremos ya sea, por cansancio en la vida laboral, porque hemos perdido parte de la capacidad de sorprendernos, ni siquiera estamos motivados y nuestro horizonte se clava con mayor facilidad en la jubilación, que en la propia promoción personal.

Pero también hay respuestas para esto, pues a menudo olvidamos el reconocimiento y la autoestima, que son las grandes muletas que te lleven a construir castillos en el aire durante media vida, puesto que al final lo que cuenta de verdad es, descubrir como uno se siente consigo mismo y como contribuir a mejorar un poco nuestra sociedad.

Claro que, detrás de una formación adulta se esconde un reto, pero ¿es que la propia vida no significa una lucha permanente? Primero, es la presión de los padres, después, descubrimos el interés por saber cosas y que ello nos proporcione bienestar, normalmente nos aparejamos, para construir un proyecto común, finalmente la excusa son los hijos y después volvemos a ser nosotros.

Y es que no hay mejor eje para uno mismo que su propia vida, disfrutar de uno mismo, la paz de sentirse con los deberes hechos, sin olvidarse la sensación de respeto que podamos provocar a los demás.

No sé usted, pero en mi caso, nunca me he planteado dejar de aprender, incluso cuando deje mis actividades ejecutivas, pienso seguir con la antropología, el estudio de los pájaros, las novelas hasta puede que aprenda golf ….¿quién no tiene proyectos? .Pero, nunca debemos perder de vista, que nuestro mejor proyecto, lo que realmente debe ilusionarnos es nuestra propia vida.

Disfrutar de la formación

La antropóloga Helen Fisher dice que es posible hacerlo todo con internet, especialmente ligar. Yo no me atrevo a asegurar tanto, pero como formador virtual puedo dar fe de que al menos es posible formar a la gente desde la red. 

Claro que para eso y para lo primero sólo hacen falta ganas, así de simple porque cuando uno o una se expone a navegar por el espacio infinito de internet en busca de su alma gemela, aunque sea temporalmente, cuenta como mínimo con éstos elementos: el tiempo para dedicarlo, la oportunidad de experimentar las veces que haga falta y especialmente la motivación, o sea que lo mismo que para aprender.

Si la comunicación sigue siendo una asignatura pendiente en este mega forum de saturación de información que padecemos, en el que, se habla y se informa mucho, pero nadie comunica, lo otro, lo de enseñar por la red, sigue siendo complicado, sobre todo cuando se intenta crear un método que mantenga el interés del alumno. 

Cada vez estoy más convencido de que la gente sólo aprende por necesidad, de conocer, de sobrevivir, de ganar, de llegar a…, lo que sea pero siempre dirigido a una finalidad, digamos personal, pero la gran verdad es que quizás podemos dar forma a alguien o a algo para que cumpla una función, pero aprender lo que se dice aprender es otra cosa. 

Piense durante un momento el lector/a en aquellas cosas que individualmente hemos aprendido y el fin que nos ha dirigido hacia ellas, aprendemos a ir en bicicleta para conseguir el placer que creemos disfrutan los que ya saben, aprendemos a hacer mejor un deporte para pasarlo mejor haciéndolo y hasta nos fijamos en como besan en las películas para mejorar nuestra autoestima y ser más admirados, deseados, o lo que sea. 

Detrás del aprendizaje auténtico se esconde el placer. 

Mientras que, la formación responde principalmente a la necesidad. 

Comemos deprisa cuando tenemos hambre y nos perdemos los sabores. 

Hay quien sacia su apetito sexual ignorando que existe un juego entre dos personas con necesidades semejantes y muchos, demasiadas personas se forman simplemente porque hay unos créditos a ganar o un puesto de trabajo, mejor dicho, un salario a obtener. 

Pienso que aquí está el meollo de la formación y las respuestas las encontramos en el simple comportamiento humano, si conseguimos conjugar necesidades y placer entonces podemos tener la oportunidad de desvelar la utopía del conocimiento, por tanto, la receta en formación la sintetizaría en lo siguiente:

Búscate una formación realmente útil y que te guste lo suficiente como para dedicar tu tiempo esperando simplemente el placer de sentirte mejor contigo mismo porque si tu te quieres a ti mismo, sin ninguna duda, los demás también lo harán.

De los tontos por ciento

Ahí están, muy cerca de nosotros, se esconden en trajes oscuros de moda que cierran con tres botones de plástico, guardando una billetera y en su interior las credenciales de los sueños comprados que ahora se llaman tarjetas de crédito. 

Tienen por dentro un cuerpo cuidado en su apariencia que se mueve al paso firme y decidido del ejecutivo agresivo y ambicioso, legitimado por una carrera universitaria, elegida con el propósito de ser explotada por encima de todo. 

Están investidos con las credenciales de un master adquirido en cualquier escuela de negocios, en las que previsibles profesores han desvelado, sin proponérselo, un mundo irreal de los negocios en el que sólo sobreviven los más fuertes. 

Su vida laboral comienza sin tiempo para analizar sus vivencias porque están demasiado ocupados haciendo cosas en su obsesión por escalar peldaños. Sus objetivos son como piezas de caza que deben abatirse y en su obstinación por eliminar a supuestos competidores externos acaba encontrándolos dentro de su propia empresa. 

Algunos llegan a prosperar porque mal aprendieron a usar cualquier manipulación de personas o medios para llegar a sus propósitos triunfales y en esta guerra que se han construido contra todos, sólo vale facturar a cualquier precio. 

Tienen su habitat en bufetes, consultorías de prestigio y grandes empresas, especialmente aquellas que no practican más religión que las cifras y no poseen otra fortuna que su cuenta bancaria, aunque disfracen sus discursos con mágicas palabras con sabor a ética, cultura o credibilidad. 

No tienen amigos sino cómplices aunque saben utilizar a compañeros para sus propósitos y aunque parezca que persiguen el dinero como máxima justificación de sus delirios, en realidad buscan el poder que se esconde detrás del supuesto éxito. 

Incapaces de mantener una relación natural y auténtica, buscan parejas que puedan complementar sus fines, se dejan querer mientras no se desnuden los pocos principios que heredaron de sus padres y la búsqueda de la perfección les lleva a probarlo todo para intentar soportarse todos los días. 

Pero les delata hasta el propio espejo del baño, se sonrojan cuando alguien les sonríe de verdad y aunque esconden tanto su corazón como sus sentimientos, son débiles ante la verdad , pues casi nunca soportan ninguna crítica. 

Les mantiene su fama, mucho mejor que sus éxitos y a menudo tienen una pléyade de jóvenes cachorros que cegados por el color del dinero esperan aprender de las sobras que les caen por el camino. 

Hay que guardarse de estos tontos por ciento que están invadiendo nuestra sociedad en forma de malos periodistas que buscan su sueldo fabricando falsos payasos, de estos ejecutivillos que pululan por las empresas predicando ideas que acaban aislando el talento de los veteranos y malvendiéndolas a multinacionales anónimas. 

De los que quieren apoderarse de nuestro bolsillo con continuas y falsas innovaciones con el único propósito de convertirnos en compradores cautivos de su marketing de celofán. 

Deberíamos desenmascarar a todos estos manipuladores que disfrazados de políticos, ejecutivos o charlatanes quieren arrebatarnos a nuestros jóvenes, conviertiéndolos en zombies obsesionados por el consumo, la falta de escrúpulos y el poder del dinero. 

Y deberíamos hacerlo mientras podamos evitarlo, ya que el problema no está en saber cuando se encendió la mecha sino en calcular cuanto tardará en explotar este modelo de sociedad, demasiado absurdo para ser real.

De empleados a cómplices

Con tanta prejubilación, expedientes de regulación y subasta de buenos trabajadores, parece que nos estamos quedando desnudos del talento que vestía de valores a las empresas, y es que, el nuevo empleo, está entrando en el mercado de los jóvenes fichajes a mitad de precio y muchas empresas están dispuestos a jugar al patrón persona/unidad de coste, incluso a riesgo de perder valor añadido. Podríamos deducir que en esta lucha para estar en los 40 principales, me refiero a empresas que ganan dinero, en la mayoría, cuenta mucho más mantener la cuota de mercado y el semi-monopolio que ayuda a mantener un pesebre de consumidores adictos que reconquistar a antiguos clientes capaces de asumir el riesgo del cambio. Por eso, dejando aparte las multinacionales, la administración y los grandes empleadores, vale la pena apostar de futuro por todas aquellas pymes que son las que soportan de verdad el país y que al fin y al cabo, garantizan la diversidad. Para estos nuevos empresarios, el discurso consiste en avanzar hacia la sociedad del conocimiento, apostando por trabajadores realmente implicados, ésos que aportan actitud y conocimiento y a los que hay que tratar bien porque sino se nos irán. No es fácil sobrevivir ante el cruel magnetismo del marketing porque atonta y llega a acomplejar. También te provoca cuando un día te miras al espejo y descubres que los pantalones con pliegue quedan mal, te venden imágenes triunfales que asocian la camisa fuera del pantalón y el jersey desaliñado con el modernismo. Incluso desafian los principios de la estética de siempre combinando azules con verdes y camisas rayadas con rayas de corbata y acaban convirtiendo en héroes populares a gente cuyo mayor mérito consiste en exprimir sin vergüenza sus frustraciones. Si hemos llegado a cambiar el concepto de comunicación por los tele-mensajes, el móbil y las cónsolas, no debe extrañarnos que muchas empresas que controlan la economía, aspiren a vaciarnos los bolsillos con multiofertas mediáticas que llegan a eliminar la presencia de un vendedor para evitar cualquier compromiso con el cliente. Ante esta perspectiva dura pero realista, los que llevamos 40 años trabajando podríamos decir algunas cosas: la primera es que las empresas o trabajadores que sólo piensen en competir por costes no sobrevivirán. La segunda es que en la medida en que crecen los consumidores ya que acabamos de incorporar a esta nómina otros 80 millones de europeos, tenemos más posibilidades de construir un concepto de empresa igualmente rentable pero más social simplemente buscando trabajadores que actúen como personas. La tercera es que además del sueldo y los incentivos, mucha gente quiere trabajar para una cultura, tener un jefe y unos colegas con los que se lleve bien y creer que lo que hace todos los días sirve para algo, o sea, que todos aspiramos al reconocimiento y al afecto y a que nos paguen justamente. Por último diría que en el futuro buscamos ser bien tratados y nos gustaría seguir a empresarios que saben donde van porque cualquier trabajador prefiere ser cómplice de un proyecto antes que un simple mercenario quizás porque cree que un trabajo es mucho más que un empleo.

Trabajar o divertirse

Probablemente una de las utopía más gastadas en las charlas sobre motivación al personal sea aquella del disfrutar trabajando. Ya me perdonarán, pero esto es imposible porque la simple palabra de trabajo, del latín tripaliare, o sea algo relacionado con tortura, nos desanima al oírla, somos un país que en vez de vamos a trabajar, decimos “tengo” que trabajar. 

El tema está en la semántica del lenguaje, por tanto hay que cambiar de palabra, que es más fácil y económico, si uno elige hacer algo que es lo que más le gusta y encima le pagan por ello, entonces vamos bien. 

Imagínese que a usted le pagan por estar en la cama a las nueve de la mañana o por aguantar la barra de un bar o por mirar escaparates o ir al cine, por ahí está el camino. 

Y una muestra muy clara de este paradigma lo tenemos en el fútbol, no se extrañe, ya lo verá, aunque no juraría que todos los que le dan al balón lo hagan divirtiéndose. 

Como profesor de comunicación me gusta leer las emociones en la cara de los demás, sobre todo lo que denominamos la comunicación no verbal o sea, la auténtica forma de comunicarse porque es espontánea, ya sabemos que los gestos, incluso las formas llegan más lejos que las palabras. 

Pues bien, les invito a que hagan de espectadores, observen a la gente y busquen sonrisas, la máxima expresión de que uno se lo pasa bien, se traza en su cara moviendo menos de 17 músculos y si alguien confirma esta idea es un genio del balompié llamado Ronaldinho Gaucho, siempre se ríe o por lo menos sonríe. 

Entender el trabajo desde este concepto que evidencia aceptación, motivación, placer individual, profesionalidad e incluso ternura es el ideal de todo empresario, claro que a lo mejor tiene algo que ver lo que gana. En mis más de 40 años de vida laboral he visto mucha gente más rica, pero más cabreada. 

Nos gusta la gente alegre, nos llegan aquellas personas que demuestran que les gusta lo que hacen porque, en el fondo, en nuestro deseo imposible de ser aceptados y tener éxito con todo el mundo, todos queremos ser mimados y que detrás de la solicitud de cualquier cosa , se ligue un gracias unido a una sonrisa. 

No nos gustan los tristes porque nos contagian, y aunque no siempre aceptamos a la gente alegre porque en algunos bajos nos reflejan nuestras limitaciones, al menos nos ayudan a entender que quizás no todo el mundo es bueno , pero ser simpático es gratuito. 
Lástima que no todos pudiéramos clonarnos en personas tan alegres como Ronaldinho, aunque le diéramos peor a la pelota y nuestra cuenta corriente sólo corriera lo justo. 

Pero si tuviéramos que explorar en el bosque de los deseos de cualquier empresario, descubriríamos que todos buscan trabajadores competentes y si no llegan, que tengan la capacidad y la actitud para aprenderlas, que posean habilidades naturales especialmente recursos, autonomía, comunicación, si es posible una buena inteligencia emocional y compromiso, aunque el mejor valor añadido es tener a alguien que sonríe mientras trabaja.

La formación a la carta

Cuando hablamos de nueva economía siempre la relacionamos con esta revolución tecnológica basada en el conocimiento y la información que funciona de forma flexible y global favorecida por las redes de la comunicación. 

Aunque no debemos olvidar que afecta a las personas, a su forma de vivir e incluso a su forma de pensar, tampoco debemos perder de vista que el auténtico poder no reside en la información, por mucha que tengamos, sino en el conocimiento. 

Todo lo que tenemos aprendido sólo nos sirve para saber lo que ignoramos pero que realmente deseamos. Esta componente explícita del conocimiento es la que nos ayuda a sobrevivir y debería ser el objetivo de cualquier organización que lea el futuro. 

Estamos construyendo una cultura de nuevos factores como la agilidad, la innovación, la asunción de riesgos y pretendemos basarla en las personas, en su capacidad de relacionarse y de desarrollar sus “otras capacidades”. En esta nueva forma de pensar el espacio y el tiempo no deben mediatizar el proyecto final. Y por ello, el acceso a la formación virtual permitirá alcanzar a cualquier persona desde cualquier lugar en que se halle. 

No obstante no se debe confundir el aula virtual con la denominada educación a distancia pues los principios que distinguen a cada una de ellas son bien distintos. Baste recordar que la educación a distancia nació hace algunos decenios con el fin de acercar a la formación a personas cuya situación física o geográfica no les permitía acercarse al aula presencial sustituyéndose al profesor con un sistema de información y tutoría regular basada principalmente en la metodología de los textos. 

El aula virtual tiene una función mucho más ambiciosa y en muchos casos llega a superar a la denominada presencial, pues se basa en un gran objetivo y éste es que el estudiante aprenda. 

Por tanto, desde la actitud del profesor hasta el sistema pedagógico y su aplicación didáctica, son absolutamente distintas pues no se basan en “enseñar” al alumno sino en hacer lo necesario para que éste aprenda. 

Se trata de crear un clima absolutamente interactivo y absolutamente participativo en el que cada una de las partes juega un rol muy especial. 

Por una parte podríamos afirmar que el “rol del profesor” se basa en capacitar al estudiante para que sea capaz de gestionar determinados conocimientos que sólo él puede asumir libremente, su papel es de guía o de acompañamiento. 

En cuanto al “rol del alumno”, se trata de asumir unos contenidos los suficientemente interesantes que le permitan observar a través de su propia autoevaluación cómo mejorar su nivel de conocimientos y conseguir la necesaria automotivación que le permita seguir “enganchado” al sistema. 

La tecnología ocupa un papel importante, ya que gracias a ella se cumple la posibilidad de aprender permanentemente con independencia de horario, lugar y tiempo. Puedes hacer lo que quieras, cuando y desde donde desees hacerlo. Pero, para que funcione el sistema, sólo se necesita que exista un clima real de comunicación. Esto es que se provoquen sentimientos y por tanto que exista el denominado “feedback” el retorno, haciendo posible la interactividad. 

En realidad en un sistema ideal de formación, debería combinarse la componente presencial con la virtual, pero los principios serían los mismos, y la filosofía también. Para el mundo empresarial, la formación a través de Internet abre nuevas expectativas permitiendo desarrollar el trabajo en equipo y compartir verdaderamente el conocimiento sin mayores límites que la imaginación personal. 

Desde mi experiencia combinada entre el mundo universitario y la empresa, he podido descubrir que en ambos casos las consecuencias para aquellas personas que están siguiendo planes de formación virtual son muy positivos especialmente por la capacidad de poder evaluar constantemente al alumno a través de los chats y/o el diálogo permanente que sólo es posible con este sistema. 

Sin embargo, desde mi óptica de usuario y ferviente seguidor de esta nueva alternativa, quizás la mayor grandeza que ofrece la formación virtual sea la capacidad de poder formar a cada estudiante a partir de sus propias necesidades y poder compartir con él su propio aprendizaje. 

Es bien sabido que en la comunicación el mensaje sólo es importante en un 7 %, lo demás se refiere al tono y a la parte no verbal. Por ello, cuando se realiza el esfuerzo de comunicarse virtualmente, debe estimularse en gran medida nuestra inteligencia emocional, debemos imaginarnos físicamente a nuestro interlocutor, desarrollar nuestra empatía, medir la forma de relacionarnos con él, abrir su confianza y ponernos a prueba constantemente pero sobretodo tenemos la posibilidad de individualizar la formación, y esto no tiene precio. 

Dar las herramientas, tutorizar el crecimiento personal de otros es sin duda la mejor forma de compartir el conocimiento porque comporta la implicación personal, no es difícil realizar una lección magistral subido a un estrado ante un público anónimo y hablando sobre algo que conocemos. 

Si el conocimiento de la humanidad ha avanzado en estos últimos diez años más que en toda la historia del mundo y dentro de cinco sólo nos servirá el diez por ciento de los conocimiento que poseemos ahora. De poco nos sirve tener personas preparadas, quizás sería mejor buscar gente preparada para aprender ¿no creen?

Espuma blanca

Hay unos ojos que se pierden en el infinito y dentro de ellos una mirada triste que busca la esperanza, corriendo detrás de la espuma blanca que rompe el mar en la noche fría del día elegido para escapar, porque el momento elegido siempre es el mejor cuando puede dejarse atrás la miseria.

Y mientras se apretuja en el húmedo banco de la barcaza junto a compañeros invisibles, la excitación le impide pensar, sólo un techo de estrellas ilumina los sueños que le empujan hacia la Europa deseada.

Alhaji es uno de los 300 millones de desnutridos africanos según la FAO que ya no puede aguantar más malviviendo con una bolsa de comida para una semana y que apenas alarga todo el mes. En Yekepa, su lugar de origen, se moría de hambre, ahora vive cerca de Monrovia con sus 4 hijos, cobra menos de 75 céntimos de euro diarios transportando sacos y el desespero le ha llevado a embarcarse en la patera.

Cuando se trata de huir de la miseria más absoluta no existe miedo al naufragio porque la propia vida es una aventura para llegar al día siguiente. Poco tiene que perder porque sus escasos ahorros se los han comido las mafias de traficantes que les llevan al supuesto paraíso del norte.

Un golpe de mar le despierta de su letargo y sus ojos se detienen en la gran estrella del norte. Mientras se sacude las salpicaduras de agua salada aparece en su mente el recuerdo de su infancia,las noches que pusieron a prueba su virilidad en el “bois sacré” cuando en su lejana pubertad se enfrentó con el miedo para cumplir los ritos de la iniciación y sintió el frío de la solitud esperando acurrucado en un baoab la luz amiga del día siguiente.

Habían pasado cientos de lunas pero la estrella del norte seguía allí, quizás señalando el principio de una vida en la que comerá todos los días. Se imagina a sí mismo trabajando en el campo recogiendo fruta. Quizás podrá tener un techo de ladrillo, descubrir el agua corriente, utilizar la electricidad, conseguir algo de ropa para cambiarse y todo ello merecerá la pena sólo si puede compartirlo con sus hijos.

Su amigo Gbandi hizo este mismo viaje hace algún tiempo y le ha contado que en España no se está mal, aunque no todo el mundo le trate bien. Duerme en una piso pequeño junto a otras ocho personas, pero puede lavarse, se reparten los turnos de cocina y diez horas recogiendo tomates junto al amigo sol. Son una bendición, es un primer paso, a veces hasta les saluda algún blanco, aunque normalmente no se mezclan demasiado ni siquiera con gentes de otras etnias pero es un camino más hacia la esperanza.

El excesivo ruido de la motora lo mantiene en vigilia toda la noche y Alhaji piensa que la esperanza es como la espuma que encandila, que se encarama, pero que enseguida se esfuma, se levantan y desvanecen las olas como los sueños de la noche y a lo lejos las sombras del continente se presentan como gigantescas murallas.

Nadie sabe como se levantará el sol dentro de unas horas ni quien decidirá su destino. Ni siquiera le importa mucho sobrevivir pero le alivia creer que este beso de blanca espuma quizás sea el preludio de una nueva vida más humana.

Decálogo de la empleabilidad

Tal como se está planteando el panorama laboral, los factores como la competitividad, están marcando nuevas formulas de trabajo, por tanto, parece que no sólo debemos preocuparnos por conseguir un trabajo, sino porque éste sea todo lo bueno que deseamos. 

Poco importa que en países como USA no tengan paro e incluso sean deficitarios de mano de obra, pero lo que no se dice es que ni siquiera allí tampoco atan los perros con longanizas, siguen existiendo los empleos de 4 dólares hasta los de 1.000 dólares la hora, todo es trabajo pero no tiene la misma calidad. 

Todo está cambiando tan rápidamente y apenas tenemos tiempo para fijarnos en lo que está ocurriendo a nuestro alrededor, a menudo tenemos la impresión de estar en una estación en la que no paran de salir trenes pero sin tiempo para elegir el destino que pueda convenirnos. 

Ante está paradoja parece que lo mas interesante sea estar preparado, estar en posición de ser elegido o sea ser empleable. Equivale a ser capaz de hacer cosas, aunque no se hagan muy correctamente, debemos estar preparados para competir y estas recomendaciones que destacaré a continuación influyen sin duda en la posibilidad de encontrar un buen trabajo, ayudarán a mantener el que tenemos y además contribuirán a estimular esta actitud positiva que ahora se llama empleabilidad, ya que desgraciadamente en el mundo laboral rige el mismo principio de la economía de mercado, sobreviven los fuertes y caen los más débiles. 

Lo primero que debes hacer es:

  1. Pensar siempre en positivo lo que equivale a ver la botella medio llena en vez de medio vacía, hace falta tener una fuerte actitud mental, Taylor decía que cuando un trabajador piensa, no fabrica, en el siglo XXI se necesitan trabajadores que piensen en lo que hacen y además que también les guste hacerlo, nadie contrata a pesimistas. 
  2. Cuando buscas trabajo no puedes sentirte ni actuar jamás como un parado, es mejor aplicar el principio del(beetwen jobs) estar entre dos trabajos. 
  3. No seas un “saltamontes” laboral, con muchos cambios en poco tiempo, si en tu caso has cambiado a menudo de empresa convierte este posible defecto en algo positivo, justifica que tus frecuentes cambios responden a tu ansia de conocer distintos sectores y actividades para formarte y rendir más. 
  4. Si eres polifacético e incluso polivalente, esta puede ser una condición muy positiva siempre y cuando no se confunda con la dispersión, escoge aquellas áreas en que tengas más credibilidad y que mejor domines, no cuela la multifunción, nadie sabe hacerlo todo bien y el empleador lo sabe. 
  5. No lo hagas todo solo, además de recurrir a las ofertas especializadas, bolsas de trabajo e internet. Utiliza tus contactos y relaciones, nadie va a buscar trabajo por ti pero mucha gente puede proporcionarte al menos una entrevista y recuerda que la contratación final se resuelve siempre con un cara a cara con la empresa. 
  6. Conviértete en agente comercial de ti mismo, concéntrate en tu persona ya que tú eres el producto, para ello prepara una estrategia para poderte vender, analiza como eres, que tienes para ofrecer, donde estás, y donde te gustaría estar y diseña un plan de medios para intentar llegar al objetivo que te propongas. 
  7. Si es necesario, acude antes a un profesional psicólogo experto en orientación profesional, puedes someterte a un test y otras pruebas que te ayudarán a conocerte, quizás puedas descubrir caminos profesionales para los que estás preparado sin saberlo, te ayudarán a determinar tus competencias, la empresa está dispuesto a comprar tus conocimientos pero antes debes reconocerlos tú mismo. 
  8. Aprovecha tus habilidades de comunicación, sino las tienes puedes hacer cursos acelerados que te ayudarán a comunicarte bien, piensa que la inteligencia emocional, conocerte y empatizar con los demás es más importante que el cociente intelectual, cuando te entreviste, debes ser claro, auténtico y concreto, saber escuchar y trasmitir lo que eres capaz de hacer será lo más importante. 
  9. Aprende a interrogar a tu interlocutor de forma asertiva, y escucha con interés las posibilidades del puesto de trabajo que te pueda convenir, la gente interesada es gente capaz de integrarse en un proyecto y las empresas buscan profesionales que piensan en equipo y globalmente, no egoístas preocupados solo de hacer su trabajo. 
  10. La actitud es lo más importante, por encima de tus conocimientos y habilidades, lo que le preocupa a una empresa es las ganas de aprender, conocer, la disposición, el trabajo en equipo, la implicación y muy especialmente la pasión que puedes sentir por tu trabajo, pues a menudo los mercados futuros son inciertos, la tecnología cambia constantemente, pero la actitud del profesional no puede variar nunca. 

Es muy posible que aunque cumplas a rajatabla este recetario, tampoco te sea fácil conseguir un trabajo, pero por lo menos te considerarán como una persona empleable, condición imprescindible para poder trabajar ahora y en los próximos años, y recuerda que debes aprovechar muy bien tus oportunidades en el momento por si acaso no volvieras a tenerlas.

Las madres de África

Se levanta despacio, poco antes de que salga el sol para iluminar sus ojos enormes como la verdad que se esconde en su alma. Un breve paseo hasta la charca para asearse y después de vaciar en su boca un cuenco de una mixtura de harina de mandioca y agua, Shaniya recoge su toga de mil colores y un falso atillo que colgará a su espalda escondiendo un bebé que se despereza sin un sollozo, sabiéndose seguro.

Apenas se pinta de colores el alba, cuando comienza a andar por un camino polvoriento que besa sus pies desnudos, llevando una docena de kilos de ananás sobre su cabeza. Le esperan once kilómetros hasta el suburbio de Kpagouda, en su andar rítmico y firme se adivina el coraje de los que saben que su esfuerzo es útil para otros, mientras, con una sonrisa robada saluda a otras mujeres que se juntan formando un rosario viviente de mujeres que se pierde en el horizonte.

Con su retoño cargado a su espalda y con la esperanza de obtener los escasos cuatro euros que le permitirán sobrevivir, millones de mujeres africanas tejen incansables la economía de la existencia mínima, sin mayor esperanza que llegar al día siguiente.

Mientras tanto sus hombres, niños y mayores gastarán el día corriendo unos y medrando los otros, por calles infestadas del hedor penetrante de la miseria mezclada por el sudor y polvo inevitables, ya que el asfalto, igual que las oportunidades de salir del pozo, siguen de huelga en los pueblos tercermundistas.

Y en todo este bullicio de mercados, animales y gentes, no puede ocultarse este permanente silencio de África; suena como el vacío que produce el miedo que amortaja la expresión de los sentimientos porque el conformismo y la incultura los mantiene encadenados a la esclavitud de la pobreza.

Sólo desde la pasividad pueden asumir ser gobernados por el terror que infunden los políticos alimentados por la codicia de los colonos europeos que se escudan detrás de ejércitos corruptos siempre amenazantes.

Casi nadie piensa en el futuro porque nadie es dueño de su propio destino, sólo unos pocos roban el valor de sus antepasados para embarcarse en una patera que les lleve al norte y desde allí inventar un futuro para ellos y sus hijos.

Y ellas, las madres de África, siguen el camino del mercado erguidas, orgullosas, sobradas de la dignidad que no tienen la mayoría de payasas de nuestro mundo que venden sus vidas en los medios teñidos de rosa, porque sus ojos negros profundos e interminables contienen la verdad del trabajo interminable de todos los días, de todas las lunas y de todos los soles para dar de comer a sus hijos.

Mientras, sigue caminando. En la mirada de Shaniya se confunde la duda con la esperanza, no comprende porque tanta tecnología no les hace más felices. Se pregunta porque el falso progreso arrastra a los suyos para dejar de vivir en armonía con la naturaleza, tampoco entiende porque no pueden los pueblos discurrir en paz como los deltas de los ríos, ni quién dicta las reglas para crear fronteras y éstas se protegen con la codicia y la ambición del hombre.

Y se aleja ella y sus pensamientos con la carga en su cabeza y ese niño en la mochila calladito porque se siente seguro colgado de su madre, y pasará éste y muchos días con ella, la acompañará, se agachará al borde de la carretera a vender la fruta, sabiendo sin comprender el porqué de que su vida, como la de todas las familias del mundo, siempre estará asegurada porque tiene una madre trabajadora que cuida de él.