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Etica y Valores en Pamplona

En el recinto del Centro de Investigacion Aplica de La Universidad de Navarra, hemos impartido una Conferencia sobre la importancia de implementar una Cultura de Valores , dentro de la estrategia de Management de las Empresas

Dia de la Mujer trabajadora

Es que se puede no ser feminista?

Estimada amiga: Nunca debes olvidar que los más valioso de tu vida, es aquello que haces cuando nadie te vé, aunque a menudo parece que estés en la sombra , siento que tu enciendes el sol cada mañana y con tu cariño y amistad , siempre das un rayo de luz a mi vida , porque sé que estás aquí.

Feliz dia de la mujer ¡!!

Y si aprendieras un oficio?

Estamos hartos de escuchar que las cosas están mal, que si los gobernantes no cumplen, que las leyes no sirven, que el paro sigue, que parece que no hay trabajo para todos y que siguen los agravios a seniors y mujeres, pues sí, estas cosas pasan y todos tenemos nuestra verdad, pero en economía, debemos centrarnos en la creación de riqueza con el esfuerzo y el trabajo individual y seguir.

Se está diciendo por ahí, que la generación actual de jóvenes, está destinada a vivir peor que sus padres y se dan muchos argumentos, aunque todos convergen en una clave que no es otra que la educación, pues al final somos la consecuencia de lo que hemos aprendido y desarrollado; como el carácter y  valores tienen que ver con lo que hemos “mamado” en casa, en la escuela, en la calle y naturalmente en los medios.

Los docentes decimos que no es lo mismo enseñar que aprender y por igual razón, ni el hábito hace al monje, ni la titulación hace al maestro, una cosa será cumplir un ciclo académico y otra ser apto o competente para poner en práctica lo que se supone has aprendido y el fin último consiste en llegar a ser feliz, que en el trabajo equivale a una de mis máximas: hacer aquellas cosas que más te gusten, si es posible mejorando la sociedad y que te paguen por hacerlo.

Para estos jóvenes que os negais a aceptar una vida mediocre y aspiráis a construir un futuro que cumpla vuestras expectativas, pienso que debéis planearos “buscarse la vida”, partiendo de dos premisas, conocerte lo suficiente para saber en que eres bueno y atreverte a hacerlo lo mejor posible y esto equivale a saber el oficio porque si eres bueno te contratarán antes.

Una observación del entorno, nos permite darnos cuenta de lo que se oculta detrás de aquellas cosas que no funcionan, por ejemplo, la clase política tiene poco oficio, porque no nadie le pidió una acreditación académica para dedicarse a eso y en la educación, sobra la rutina,  porque ha llegado el tsunami de la innovación y debemos cambiar el chip y los responsables de centros educativos deben adaptar su marco mental, explorando nuevas formas de enseñar, y el profesor deberá acompañar a alumno en un proceso educativo, que funcionará con equipos , la familia deberá implicarse, rechazar hábitos perversos como el uso permanente de smarts, en la vida doméstica, seguir métodos con el objetivo de que se pueda convivir mejor y aprender de verdad un oficio, porque lo que asegura el futuro, es el talento, olvidaos de carreras -que valen para todo-, siempre es mejor un buen ciclo profesional, porque lo único que te garantiza un buen salario, no es el título, sino lo que sabes hacer.

Es verdad que vivimos tiempos líquidos, de cambio permanente, en un mundo global para todo lo bueno y lo malo, ya que la constante estimulación mediática, no deja tiempo para pensar, pero tenemos que recuperar la fuerza del individualismo, del conocimiento personal, y de los valores, con la mejor actitud, porqué el reto no debe ser competir con robots, sino humanizar de verdad la tecnología para que esté a nuestro servicio y no al revés.

Sin duda, la robotización tendrá un papel importante en la producción de este futuro apasionante, pero sólo sustituirá aquellos trabajos rutinarios, previsibles y con relativo valor añadido, pues no tienen la genialidad humana, la capacidad de improvisar, de desaprender , de adaptarse y obviamente no pueden emocionarse, entonces no perdamos de vista  que en nuestra vida sólo fijamos aquellos recuerdos, aquellos momentos o palabras compartidas, que tenían detrás una emoción, porque el alma, jamás puede clonarse.

 

Empleabilidad-en-la-radio

Hoy en RNE, en Barcelona, hemos hablado con un headhunter y  una profesional de outplacement, de aquellas condiciones, que permiten ser empleable, formación, aptitudes, netwoeking, reputación y sobre todo para mí, l´actitud, porqué éste es el verdadero motor para conseguir ser empleable.

Chaquetas-y-empresas-de-colores.

Es sabido, que los economistas tienen una imagen de “hombres grises” y  entiendo que habría que cambiar este tópico de forma notoria y evidente, esto lo dice mi paisano, el economista  Sala Martín, Profesor de la Universidad de Columbia, una de los cerebros más lógicos, coherentes y bien amueblados que conozco y una eminencia en economía del desarrollo, muy conocido por vestirse con chaquetas de vistosos colores un hábito que utiliza públicamente a fin de contribuir a  humanizar y socializar la idea que tenemos los ciudadanos de los economistas, cuya imagen casi siempre cumple los tópicos, de vehemencia, superioridad e inútil comprensión.

Por eso y otras cosas más, el Dr. Sala Martí, és todo lo contrario, es un gran comunicador, cargado de empatía, fácil de comprender, directo, afable y un excelente pedagogo, porqué es capaz de acompañar al alumno , ayudarle en su motivación y también inspirarle para que éste decida aprender recorriendo el camino de la experiencia personal. Todo eso  suena a fantasía y teoría en el mundo real y por desgracia también en el mundo empresarial, cuyos financieros andan  mucho más preocupados por los imputs que llevan al resultado, que por el camino a recorrer para alcanzarlo.

Una de las “ víctimas” de esta adicción convulsiva por el resultado, la sufren mis antiguos colegas, la gente que se ocupa de las personas y que identificamos como el líder de recursos humanos, personas que dedican los mejores años de su vida, tratando de explicar a los de arriba-los que mandan- y también al tejido laboral-se supone plantilla base- , que el mejor camino para conseguir valores diferenciales, consiste en ser competitivos, productivos y sobre todo eficientes, a base de poner sus conocimientos, talentos y actitudes al servicio del grupo.

No resulta nada fácil comprender y mucho menos conseguir, en un entorno absolutamente mediatizado por la economía, que la gente se sienta persona, a veces vulnerable, humano, pero sobre todo valorable mucho más que por la función profesional que realiza , ya  que en muchas ocasiones es la propia empresa que “corta las alas” de la gente válida, ignorando su  progresión, en  otros casos son los “jefes” mediocres que no saben, ni escuchan a aquellos  que dirigen y también el dia a dia  con esta voraz dependencia de los objetivos, que impide-sin excusa-  reconocer el talento individual, potenciarlo y contribuir a desarrollar un plan de carrera atractivo y  feliz que a la larga beneficie  a la propia entidad.

Cuando una empresa – o una persona- piensa simplemente en ganar más cada dia y a menudo a costa , del trabajo de mucha gente, en realidad está reduciendo sus oportunidades, de futuro, todos la vemos como un ente gris, sórdido quizás ecléctico y poco apetecible para aquel tipo de personas, poseedoras de talento y que necesitan un entorno de luz, de color , de buenas vibraciones para eclosionar, no olviden que la gran guerra del siglo XXI para prosperar será atraer talento y evitar que se vaya el que se posee, porque la inteligencia nos lleva no sólo a elegir donde queremos ir, sino que nos confirma , a donde no deseamos volver y a todos nos gusta que la vida tenga colores.

 

 

Donde están los valores?

Está claro que el sistema no funciona y no voy a descubrirlo ahora, pues todos sabemos las causas y por mucho que nos escondamos,, todos tenemos una parte de culpa o de responsabilidad, como nos gusta decir a los juristas.

Estamos construyendo un mundo tan mediocre como nosotros, empezando con todo eso de la sobreprotección generacional , que no es otra cosa que evitar que nadie destaque por encima de otro y se atreva a llamarnos inútiles a todos los que formamos parte de estas  dos últimas generaciones . Seguro que algo tienen que ver las Instituciones y los políticos. Sí claro, pero quien los elige? Quien se quejaba en el 2007 cuando sobraban empleos y le pagábamos a un universitario sin experiencia y con un titulín más de 20.000 euros al año y encima si vivía en casa , se le dejaba el sueldo íntegro para que se comprara un buen coche a plazos y lo “reventara” en caprichos electrónicos o chucherías que no necesitaba.

Claro que después ,solo sobrevivieron algunas Pymes valientes  y las empresas sufrieron mucho especialmente las que generan poco Valor añadido y  poco Pib como las inmobiliarias, que se fueron al traste está claro en su mayoría porqué no eran rentables ni productivas, vivian de los contratos y de la burbuja y se vilipendiaron gran parte de los fondos que deberían mejorar estructuras y mejorar la “cultura” del país,  pero se gastó en polideportivos, parques y mucho despilfarro  suntuario, pero la peor consecuencia, ha sido la pérdida de una generación que desconoce lo que significa  el riesgo, ni la meritocracia y mucho menos el espíritu emprendedor , por eso casi nadie quiere ser empresario, ni tampoco comercial, porqué son jóvenes asustados, que vivieron en una burbuja, vulnerables por tener que presentarse solos, no saben convencer a otros, porqué ni siquiera tienen confianza en sí mismos.

Ya se sabe que lo que no cambias con la educación , no lo cambias con nada y el resultado es que hoy tenemos una gran parte de las personas que están empleados, que incluso desconocen su propio talento y su potencial, los espabilados se fueron al extranjero a desarrollar estos conocimientos que encima les pagamos entre todos y los menos que quedan, se los disputa el mercado, en general se ha reducido la investigación, en la misma medida que ha aumentado la tecnificación y la virtualización, sustituímos tecnología por conocimiento , olvidando que cuando la base es mediocre la técnica lo hace peor.

Hoy el mercado, pide gente con conocimientos, talento, actitud y compromiso  y a cambio tiene muchos universitarios con cierta formación inducida , poco experimentada, que nada tiene que ver con lo que necesitan las empresas, gente  cargada de teoría , pero carente de curiosidad e incapaz de pensar por sí misma, cuya seguridad radica mucho más en sus másteres que en su pasión, en sus valores y lo peor de todo, con una crisis de liderazgo fatal , gente que manda simplemente por jerarquía pero que no convence ni crea afinidades.

¿Qué podemos hacer? Pues por suerte, aún estamos a tiempo, porque la vida nunca caduca, lo más próximo sería conocernos más individualmente, conocer nuestras limitaciones y descubrir nuestra oportunidades, creer que mundo no está hecho a nuestra medida, sino que debemos ser capaces de adaptarnos y funcionar en él, y  lo más importante recuperar aquellos valores que no están tan lejos, como el esfuerzo, la capacidad de aprender a aprender, el respeto , la comunicación  y  lo más importante elegir individualmente un proyecto de vida y comprometerse, disfrutando el camino, con la esperanza de que  ello dará sentido a nuestra vida.

Sin educación no hay prevención

 

Nadie mejor que el artista Duchamp, para subliminar un objeto simple y natural como un urinario masculino, hasta convertirlo en arte, bautizado como “La Fuente”, una provocación del maestro de la desconceptualización y también una reflexión, sin más explicación que convertir algo tan funcional y natural en pieza de museo. Con este prólogo quiero  llamar la atención, sobre una forma de educar que casi nunca consigue los objetivos competenciales que nos proponemos, o sea, generar cambios de hábitos a partir de una teoría, ya que una cosa es enseñar y otra muy distinta es aprender.

Muchos colegas  durante años de  docencia, aspiramos a  influir en un cambio de cultura sobre la prevención, y más concretamente sobre la prevención de riesgos laborales, con la esperanza de generar una cultura preventiva, a partir de la formación, inspirando  creencias, hábitos y comportamientos sociales y laborales, que contribuyan a que todos trabajemos mejor y con mayor seguridad ; por mi parte, a través de decenas de conferencias por todo el estado y otros tantos cursos promovidos desde la Administración, como profesor, en programas de Maestría Universitaria y también en empresas y  corporaciones.

Nos hemos esforzado en la comunicación y la empatía, aplicando todas las técnicas didácticas e interactivas conocidas, tratando de inspirar la “conciencia preventiva” a partir de teoría, método y práctica que lleve a la competencia, pero me temo que no hemos conseguido casi nada, porqué al final las creencias y los buenos hábitos nacen en la familia, en la escuela y quien educa  de verdad es la sociedad y la calle.

En la vida mundana, tenemos muchas pruebas de ello, sólo hay que observar y nos daremos cuenta de la poca  cultura preventiva en todos los ámbitos, veamos algunos ejemplos: es habitual -pues los sufrimos- que mucha gente , no se duche todos los días, ni lleve consigo un cepillo de dientes al salir de casa, no es extraño, que en el bar o restaurant nos sirvan con las uñas sucias ó el pelo descuidado, mejor, ni mirar los zapatos, ni buscarle la raya al pantalón, los criterios estéticos los dejamos aparte y en lo relacional, la gente se comunica por móbiles y/o mecánicamente, pocos miran a los ojos cuando te hablan; mejor evitar algún coche vecino, cuando el conductor explora con fruición su nariz, no olvidemos el destino de algunos chiclés usados, y en los baños públicos. ¿Quién se lava las manos después de usar el retrete?. Te lo digo yo, porque algunas veces me he entretenido en contarlos, entre 1 y 2 hombres de cada 10 y a menudo van acompañados de niños ¡vaya ejemplo!. ¿ Es sólo cuestión de urbanidad ?. Me temo que es peor, es un tema de valores y éstos tienen que ver con la educación.

No me complace poner ejemplos tan desagradables, pero  parece que lo natural se nos hace extraño, y  por desgracia, lo que evidencia esta simpleza , no es otra cosa, que el fracaso de la enseñanza, pues parece que hemos obviado que vivimos en un mundo pluaral y global , en el que los que se hace individualmente trasciende al resto del grupo, pues la libertad acaba donde empieza la de tu vecino.

La educación, es un problema social, lo mismo que la salud, la higiene, o las condiciones de trabajo y debe ser un objetivo de un liderazgo con valores, como el esfuerzo, la disciplina, la puntualidad, la higiene ó el respeto y si no le damos su importancia, llegará el dia, en que seamos incapaces de convivir unos con otros.  Porque al final, lo que no cambias con la educación, no lo cambias con nada.

La perversión del marketing

No descubro nada nuevo, afirmando que el mundo se mueve al vaivén de las modas, que surgen de las creencias populares, alimentadas  por  mecanismos más o menos científicos, pero muy perversos, que influyen en la sociedad actual, acelerados por la virtualidad y que se llama “marketing”, algo mágico que transforma en dinero, los deseos de  incautos compradores,  aquellos que no quieren, no saben o no pueden, pensar por sí mismos.

No hay que generalizar, porque hay otro marketing instrumentado por personas vs empresas, que realmente satisface necesidades reales en un mercado abierto y competitivo, pero nos referimos al “otro marketing”, que sólo se justifica por su  decisiva influencia hacia determinados colectivos, siempre muy vulnerables, con el fin de vaciar sus bolsillos, vendiéndoles lo que no necesitan.

No es fácil resistirse ante el espectáculo, mediático, real y virtual, que bombardea  al potencial comprador, sometido a un control exhaustivo de sus gustos y preferencias, obtenido maliciosamente por la interconexión, en mi opinión rozando lo  ilegal,  estudiándose sus hábitos de compra, ó los espacios  visitados combinados con el networking. El sistema es  sencillo, localización del individuo, obtención del historial de compras, asociación a segmentos de mercado de interés potencial y oferta insistente de variables de productos y servicios susceptibles de ser comprados por el individuo.

Al final de todo, parece que las nuevas tecnologías aparentemente pretenden facilitarnos la existencia, algo que dudo muchísimo, pues aunque sea evidente que tengamos más datos e información que nunca, parece que nos hemos perdido muchísimo de la comunicación, es sabido que la cantidad difícilmente se asocia con la calidad. Quizás la ventaja es que en estos escaparates virtuales, alguien decida por uno mismo obviando el esfuerzo de “pensar”, pero quien dijo que pensar o meditar sea negativo.

El mundo nos observa como prisioneros de un Gran Hermano y se ocupa de enviarnos constantes estímulos, para que encontremos razones para vivir, para trabajar y especialmente para gastar, pero nadie parece haberse planteado, el coste de todo eso. Los valores: en su mayor parte se han resentido, porque han quebrado muchos principios de la educación, las escuelas siguen empeñadas en aplicar modelos memorísticos y conceptuales y los maestros en enseñar a buscar soluciones, cuando se trataría de educar mostrando como “aprender a aprender”  incentivando el planteamiento de preguntas para obligarnos a pensar.

Parece que, nos hemos olvidado de la meritocracia, y ahora premiamos el mérito  con la masteritis, como si un título convirtiera en competente a un  mal profesional y la igualdad de oportunidades se ha convertido en la estimulación hacia la mediocridad, baste ver  el perfil de quienes dirigen  y por hoy no hablaré, de la ética, la humanística, ó  el compromiso, pero desde aquí deberíamos planteanos la rebelión, combatiendo con la cultura que posibilita el criterio , a estas modas que invocan la acumulación y el consumo brutal, opuesto a aquellas maravillas, que toda la humanidad, o sea nosotros,  fuimos capaces de concebir con nuestro ingenio, con nuestro trabajo, con persistencia y este gusto por hacer bien las cosas, para la propia satisfacción, habría que reinvicar la parte “artesana” que todos llevamos dentro y que  nos lleva a distinguir lo que queremos, evitando este marketing temporal que quiere hacernos cómplices de su miserias.

CÓMO SOBREVIVIR A LA DESLOCALIZACIÓN

Primero fue la globalización, ensanchar el mercado para llegar a más gente; más ofertas, más productos y más compradores. Después viene la deslocalización, pero sin olvidar que, gracias a la fuerza del marketing , todo eso que vendemos de más hay que fabricarlo.

Por tanto, la eliminación de aranceles y el paraíso del mercado libre es para todos. Si dejamos abiertas las “puertas”, puede entrar todo el mundo y, claro, todos quieren participar, a lo bueno todo el mundo se apunta. 

Más mercados, más servicios y especialmente más competitividad repercute en los precios y eso lo aprendimos hace años. Los excedentes hacen bajar la balanza de precios y al revés. Excepto los grandes monopolios de materia prima que controlan media docena de entes o personajes, probablemente ajenos a nuestro mundo, todos los demás dependemos del dichoso mercado. 

La deslocalización de la producción deriva de dos dinámicas divergentes: destrucción de empleos industriales en un país de origen de crecimiento débil o estancado y creación de empleos industriales en un país de crecimiento rápido. 

No quiero suponer, aunque confieso que me complacería mucho, que una parte de la deslocalización contiene algún rasgo de solidaridad para el desarrollo de los países destino. Aunque, lo cierto es que les reportan algunas ventajas como:

  • Mayor desarrollo económico
  • Posibilidad de mejorar su PIB al crecer sus exportaciones
  • Creación de empleo neto
  • Mejora salarial 
  • Más competitividad de los Recursos Humanos 
  • Cualificación de sus trabajadores
  • Más especialización 
  • Optimización de sus recursos productivos en general

En realidad, lo que ocurre es que, estas ventajas difícilmente repercuten en la población de forma directa. Por otra parte, tampoco es cierto del todo que se creen excesivos puestos de trabajo. De un informe del Instituto Cato (USA), recogido por P. Shwartz, se deduce que entre 1993 y 2002 se crearon en EEUU “sólo”17, 8 millones de puestos, que es la relación entre 322, 7 millones de empleos creados y 309, 9 millones de empleos destruidos, o sea que no es para tanto. 

¿Qué pasa en el mundo?

La deslocalización, palabra intraducible según el Diccionario de la Lengua Española y también conocida como offshore, es probablemente una necesidad de la economía de nuestro tiempo, y, aunque no resulte descabellado suponer que existen ciertas ventajas, éstas, afectan al futuro del desarrollo del conocimiento, en algunos países receptores , porque si calan hondo, pueden favorecer la transformación de estos estados destinatarios de la deslocalización como India, China, Brasil o Indonesia.
Gran parte de la tecnología que se genere en la India o China revertirá en sus propias economías, incrementando la eficiencia de las empresas locales gracias a un mecanismo de contagio beneficioso. Además y cuando se trata de nuevas tecnologías, los conocimientos, la propia formación y la experiencia adquirida en empresas occidentales, que son proveedoras precisamente de I+D, podrán ser aprovechados en sus respectivos países. 

Pero aún hay más, la cultura empresarial está actuando en estos países, como un resorte que se destapa, provocando el nacimiento de muchas pymes, al desarrollarse el espíritu emprendedor , que es el eje de cualquier economía estable. 

¿Por qué deslocalizan?

La deslocalización es una forma indirecta de “colonizar” en el siglo XXI, pero tiene un grave enemigo, que son estas mentes calenturientas que viven amarradas a las cuentas de explotación y que ven a la persona como mera unidad de coste. Quizás no lo han advertido, pero este peligro se llama la “deslocalización del conocimiento”. 

Hay un dato muy representativo al que concedo toda la fiabilidad que me merece IBM. Sólo en la ciudad India de Bangalore están graduándose tantos ingenieros de informática como en todos los Estados Unidos. Ésto es bueno para la economía mundial y aún es mejor para la competitividad porque nos obliga a no dejar de innovar para mantenernos con garantías en el mercado. 
Las empresas deberán centrarse cada vez más en su branding, en su “care bussiness”, en lo que saben hacer mejor, para dejar otras actividades fuera, o sea “offshore”, sin causar grandes sufrimientos, porque el talento, el conocimiento esencial, no puede copiarse, no es cuestión de “codos” ni siquiera de esfuerzo, también influyen capacidades innatas que hemos heredado y no pueden clonarse. 

De hecho existen diversos grupos de trabajadores en función de la trascendencia de su aportación de valor añadido y que podríamos resumir en dos.

Por una parte están aquellos que, con la mayor dignidad, ”sólo” aportan fuerza de trabajo. Esos cumplen a rajatabla el principio tayloriano de la producción, una función, un puesto, una persona, cualquiera puede hacer lo que hace, son como los peones agrícolas americanos normalmente importados o los atareados productores orientales que producen toneladas del “todoacien”.
Y además están aquellos trabajadores polivalentes, autónomos, disponibles y adaptables a los cambios. Ellos crecen con las empresas y la formación permanente es un reto para crecer con sus empresas, negocian individualmente y arrienda su talento a cambio de poner lo que saben y mucha actitud.

Para los primeros la innovación representa un problema, para los otros es una oportunidad. 

¿A quiénes cree el lector? ¿quién es más fácil de deslocalizar?

Hay un dicho en marketing que expresa algo así “si tu única diferencial es el precio, más te vale que seas barato”

La realidad española

Veamos cómo se maneja este tema en muchas administraciones y, especialmente, qué puede pasar en España. 

Hay un par de cosas con las que políticos y altos financieros están casi siempre de acuerdo y ambas se relacionan con el sentido del gusto. La primera se relaciona con la supervivencia y consiste en llenarse la boca de “buenos canapés” y la otra, no menos golosa, se refiere a decir frases tan mágicas como no hay crisis, tranquilos porque no pasa nada, usted contribuyente siga pagando, comprando, trabajando y viendo mucha tele porque está todo controlado. 

No quiero caer en nimiedades ni tengo nada contra los gobiernos, pero creo que los ciudadanos tenemos derecho a un mínimo de respeto. No nos sirven las gafas que pretenden ahumar lo que pasa en nuestro entorno, tampoco que pretendan comprarnos con cuatro aburridos discursos y promesas electorales. La gente quiere saber verdad, por qué el TGB no llega a Barcelona, por qué se invierte en estructuras de transporte “sólo” en algunas comunidades y alguien debe movernos a reflexionar. 

La gente debería saber que un euro fuerte equivale a menos competitividad, que el Pib sólo ha crecido una décima con respecto al año anterior y que la previsión para este año es de otra décima. Nuestras exportaciones son pobres, pues más del 70 % de nuestras ventas dependen del mercado interior y europeo, y seguimos con bastante más de un 10 % de paro, según datos que me merecen absoluta confianza, elaborados por el I.E. de la Caixa. 

Lo malo de las previsiones no es que casi nunca se cumplan, sino que pocas veces se articulan medidas coherentes. De eso, parece que los únicos que ganan algo son los especuladores. Con tanta tecnología de la NASA no parecía difícil detectar un tsumani, lo mismo que buscar alternativas al petróleo, pero quizás, no interesa. 

Ahora tenemos a las puertas de casa el fenómeno de la deslocalización. La palabra suena a nueva pero viene haciéndose desde el Neardhental. Se trata de optimizar sus posibilidades –entonces era la supervivencia- desplazándose hacia la fuente de recursos más idónea. 

En la época moderna padecemos y disfrutamos, al mismo tiempo, de la deslocalización desde mediados de siglo. Recuerdo de mi Catalunya natal, la llegada de inmigrantes procedentes del sur mediterráneo y que supuso una ayuda indispensable para la renovación y posterior desarrollo de los sectores textil e industrial, que eran poco competitivos sin la ayuda del “Plan Marshall” que no tuvimos, con el escollo de la inexistente desamortización de Mendizábal que tampoco se aplicó y de una política estatal, mucho más preocupada en protegerse que en favorecer el crecimiento de provincias. 

En realidad, en los últimos decenios del siglo XX, los sectores tradicionales como el textil, la industria, el automóvil y la electrónica de consumo, han sufrido el látigo del mercado libre y la competencia asiática. Incluso nuestra perla de oro que es el turismo, ha visto laminados sus recursos gratuitos, como sol, playa y “pesetas”, despertando del sueño utópico al pensar que el sol era una exclusiva hispana que vivía entre nosotros por nuestra “cara bonita”. Nos obstinamos en la posesión, lo mismo que le pasó a Felipe II, olvidando que calienta y luce por igual en todo el mediterráneo y más allá. 

Y está claro que nos han abierto los ojos a palos y con eso del transporte barato, la gente se va al Caribe o a Croacia en vez de a Mallorca. Málaga está muy vista y es cara –con tanta especulación – hasta las vacaciones en barco apetecen más, simplemente, porque antes los cruceros eran cosa de los ricos y ahora se han democratizado. Estamos pasando a ser víctimas pasivas de las mismas causas que en su día nos convirtieron en punto de atracción de Occidente, con el peligro de que se genere una nueva deslocalización de personas y grandes operadores. 

Causas y realismo

Conste que este humilde trabajo no quiere ir más allá, que introducir ciertas reflexiones muy subjetivas, de un espectador al que no le pasa inadvertida la realidad de su entorno.

Pero en mi opinión, aquí fallaron los políticos, puesto que la democracia, amén de otras cosas buenas, trajo consigo un cambio en la cultura social muy necesario, pero que no se atendió en su día, y cuando la denominada clase obrera, descubrió que Ermenegildo Zegna era más elegante que la pana y el cuello alto y conoció el placer de tener chofer, asumimos que las personas somos muy parecidas, y es que a todos nos gusta igualmente el jabugo, las gambas y viajar mucho. Además ahora, nos lo ponen en bandeja: cuesta lo mismo viajar a Londres en un jet que ir en autobús hasta Lloret. 

Estrenamos un mundo nuevo en el que las clases sociales ya no se gradúan ni por las rentas, ni siquiera por el trabajo como antes. Aquella relación de premio/esfuerzo casi se acabó, porque nuestros hijos tienen de todo sin demasiado esfuerzo. El acceso a un buen coche, una casa, una buena universidad o un trabajo no depende tanto de lo que te ganes sino de lo que te paguen. 

Por otra parte, los medios de comunicación han desarrollado las expectativas de un estado de bienestar plastificado, incluso falso, pero al mismo tiempo tan real, porque a través de concursos, reportajes o falsas convivencias filmadas, cualquier persona mediocre, esto sí, con “jeta”, es un modelo a copiar socialmente para vivir sin dar golpe. 

Y en este río revuelto deben navegar sin rumbo fijo, los millones de pymes y profesionales que sostienen de verdad el país y los que cotizamos religiosamente nuestros ierrepeefes contribuyendo a pagar unas estructuras que a la hora de la verdad son demasiado limitadas.

Por eso, cuando nos atrevemos a pelear en el ruedo de los grandes competidores europeos en un sector secundario que requiere grandes producciones, tecnología, productividad y valores añadidos, entonces nos perdemos, se evidencia que nos falta gente especializada y comprometida y surge este pánico que tenemos, a todo lo que represente cambio o movilidad.

¿Por qué se van las empresas?

Éste es otro problema de la deslocalización, la clase empresaria, se va a Asia o incluso a la Europa del Este, no sólo porque producen más barato sino porque aquí no tenemos suficientes infraestructuras, baste como ejemplo que nuestra rotación ferroviaria de mercancías con puntos de enlace en los polígonos industriales es pobrísima o simplemente inexistente. 

La verdad es que, además del señuelo de los costes salariales, existen otras condicionantes que favorecen la decisión de deslocalizarse hacia un país determinado, y éstas tiene que ver con una necesaria estructura logística (carreteras, puertos, ferrocarriles) un mínimo de capital, estabilidad política, mano de obra disponible y un deseo de desarrollo. 

Por enumerarlas, algunas de las razones que pueden empujar hacia la deslocalización de una empresa serían las siguientes:

  • Mejor acceso a materias primas
  • Más competitividad
  • Reducción de costes especialmente de mano de obra directa
  • Ventajas fiscales y políticas
  • Focalización hacia tareas de auténtico “valor añadido”
  • Diversificación de riesgo
  • Mayor especialización de los servicios
  • Aumentar el nivel de cualificación de los trabajadores
  • Menor conflictividad laboral
  • Favorecer el cambio desde los Recursos Humanos
  • La actitud de mejorar individualmente.

No voy a entretenerme demasiado, en justificar cada una de ellas, ya que entiendo que el lector las conoce sobradamente o cuanto menos, las intuye. Sólo destacaré algunos puntos que avalan decisiones empresariales supuestamente egoístas pero investidas de mucho sentido común empresarial. 

Pongamos un par de ejemplos, una gran lección industrial de la deslocalización nos la viene dando el filón del turismo, al que me he referido antes y otro ejemplo podría ser nuestra potente industria de confección. La influencia del factor moda ha alterado totalmente los hábitos de consumo en los últimos 20 años y ha cambiando incluso el verbo de esta actividad. Hemos pasado de “vestirnos” a “ponernos” cosas. 

Casi nadie cubre su cuerpo como hicieran nuestros antepasados para protegerse del frío, pudor, utilidad o necesidad. El márketing se ha enquistado en nuestra vidas y compramos centenares de prendas por el mero placer de hacerlo. Lógicamente, este cambio de la forma de vivir ha mediatizado la producción de la moda, de la que somos una potencia europea y normalmente, los grandes fabricantes de moda sólo diseñan, distribuyen y poco más, productos que se producen, cortan y cosen fuera de nuestras fronteras. 

No nos extrañe, por tanto, esta deslocalización porque sólo han pasado 30 años, cuando nosotros mismos, fuimos receptores de grandes industrias manufactureras provenientes de Europa y que encontraron en este país el señuelo fácil , para conseguir ventajas económicas o incluso fiscales. 

¿Cómo afecta la deslocalizacion a las personas?

Pero, lo que de verdad nos ocupa, es conocer en qué forma afecta la deslocalización a estos humanos con recursos que somos las personas. 

De entrada, quiero advertir que estamos a las puertas de una nueva reforma laboral. Se hace necesario buscar el equilibrio entre la flexibilidad empresarial y la necesaria estabilidad en el empleo. 

Por otra parte, debemos afrontar el fracaso escolar de nuestros jóvenes, buscando alternativas que permitan el resurgimiento de vocaciones , bajo el principio de que todo el mundo puede ser bueno, si conseguimos que trabaje, en aquello que más le gusta.

Seguimos teniendo un nivel insuficiente de empleo y la temporalidad es también muy alta, no obstante sería poco adecuado limitarla simplemente, porque la competitividad, la estacionalidad de muchos sectores y las condiciones del mercado apuntan a esta flexibilidad. 

¿Cómo defendernos?

Los caminos deberán pasar por abrir otras formas de flexibilidad para las empresas, y también, para los trabajadores que probablemente deberán asegurar más su competitividad por el camino de la formación permanente y buscar la estabilidad a través de la empleabilidad y la disponibilidad. 

Quizás también haya que cambiar la mentalidad empresarial, de forma que tener un trabajador deje de ser un problema y se convierta en una oportunidad de disponer de talento útil para la organización, pero del que se beneficie directamente el propio empleado. 

No olvidemos el freno social que supone la deslocalización en el país de origen, especialmente cuando existen despidos masivos y auténtica precariedad, especialmente para esos perfiles mayores de 50 años que ven acabada su vida laboral antes de hora. 

Naturalmente que esta movilidad ha permitido la intervención más o menos apurada de empresas de outplacement, siempre eficientes pero que implican la necesidad de readaptación y reciclaje, aunque sin duda, el coste de mala imagen y desconfianza en la empresa es muy importante, originando en muchos casos la movilidad hacia otros lugares en los que hay trabajo. 

Mientras, nos hemos apuntado al carro del progreso y han proliferado por doquier las ofertas de formación públicas o privadas. Las empresas siguen sin disponer del modelo de trabajador que no sea simplemente productivo, que no lo es porque nuestra tasa de productividad sigue siendo muy baja, pero sigue faltando implicación en los proyectos, autonomía o disponibilidad. 

Por otra parte, seguimos gestionando buena parte de nuestras empresas como se hacía hace 20 años, con una dirección en exceso jerarquizada, sin vías de comunicación interna, que favorezcan la aportación del talento de las personas y sin darnos cuenta que la sociedad ha cambiado. El nivel cultural de la gente no se cambia sólo con más universidades, sino favoreciendo e incentivando las ganas de aprender. 

Para este país y en mi modestísima opinión, la proliferación de centros universitarios ha sido engañosa, porque la escenificación de un título como máximo exponente del conocimiento y, por tanto, como salvoconducto hacia el empleo de por vida, ha abortado, al mismo tiempo, el necesario desarrollo de vocaciones en oficialías y formación profesional hasta llegar al problema deficitario actual. 

Recuperar las profesiones de siempre

Hemos olvidado que los ejes reales de la productividad, de la calidad, de la mejora continua e incluso del clima laboral están relacionados con los mandos intermedios y con aquellos que rechazan comportarse como robots y convierten a su trabajo en un proceso de artesanía. Por tanto, debe incidirse sobre la Formación Profesional. 

Los medios de comunicación, especialmente la televisión con su enorme poder sobre una sociedad demonizada por el culto al consumo y que asimila en su escala de valores la posesión como signo de progreso, han favorecido el éxito a través de personajes normalmente universitarios y, al mismo tiempo, han asimilado la figura peyorativa “chistosa” y “rural” a gente de oficio -dicho con el mayor respeto-. Series como “Farmacia de guardia” o “Médico de familia” en comparación con “Manos a la obra” o incluso “los Alcántara” son tópicos de unos modelos de sociedad que asocia el éxito al poder adquisitivo. 

Se ha evidenciado que el supuesto avance cultural, basado en superar la selectividad y conseguir finalizar una carrera, no se corresponde en absoluto con los resultados esperados. En mi experiencia docente, es prácticamente imposible leer una sola frase sin faltas de ortografía, de la misma forma que es un milagro que se ceda un asiento de bus a una embarazada. No hace falta que describamos las respuestas populares en encuestas de la calle para desvelar el grado de conocimiento que poseemos. 

Casi nadie lee nada, porque representa un esfuerzo y la información visual es más fácil y gratis. La cultura no es otra cosa que una actitud, y ésta requiere motivación, estímulo y metas para alcanzar, pero actualmente mucha gente se apunta al carro de vivir trabajando lo mínimo posible. 

Estoy sondeando en el iceberg de la deslocalización, buscando y analizando las causas, con la modesta pretensión que aprendí muy bien en la escuela industrial, de que sólo es posible resolver un problema si sabemos plantearlo. 

Todo esto y más cosas que me guardo, son indicativos de una sociedad que vive en crisis y que necesita transformarse tanto en sus valores como en otros elementos. 

¿Hacia una sociedad sin valores?

Sobre los valores, vamos a hablar poco. No es objeto de este trabajo y el tema es muy profundo y naturalmente subjetivo. Por ello, filosofaremos otro día. Baste decir únicamente que como fiel seguidor que soy del Renacimiento, afirmo mi creencia de que ambas cosas están relacionadas tanto como la ciencia y el arte. 

Hay que transformar esta sociedad y debe hacerse a partir de aquellas cosas que conocemos y que son susceptibles de cambiar, ya que el mercado, la globalización o la guerra fría -aunque nunca quieran hablar de ella- existen y no dependen de nosotros. Ser competitivos no es sólo una necesidad, es una obligación para sobrevivir. Las glaciaciones de hace millones de año son ahora los mercados mundiales. Internet es casi Dios y los dinosaurios son los gigantes financieros que viven de nosotros pero de los que dependemos para seguir la rueda del mercado. 

Algunas empresas modernas hace tiempo que han entendido todo eso del cambio. Algunos líderes hasta creen en los recursos humanos y los ven como esos misioneros abnegados y cargados de vocación predicadora que finalmente han decidido darles una silla en el comité de dirección para que hablen de algo más esperanzador que los planes de regulación o las prejubilaciones. 

Y naturalmente, en los lugares donde ha sido posible, los directores de RRHH han aprovechado su oportunidad. En muchos casos, han sido capaces incluso de despojarse de las obligaciones más o menos burocráticas como contratación y nóminas, pudiendo centrarse en la evaluación de puestos, la afinidad de perfiles, los planes de carrera y clima laboral, y así, pretender que la gente esté realizando aquel trabajo para el que está preparado y que además lo haga a gusto, dispuesto por tanto a compartir conocimiento. 

Nada cambia por sí solo y debería hacer falta la presión del exterior o los cataclismos inevitables para que la gente variemos la forma de hacer las cosas. Lo malo de esta situación de crisis que está pasando es que no la conocemos ni la comprendemos porque nadie quiere salir del estado de comodidad. 

No es “cómodo” pensar que cada hora se mueren miles de niños de hambre, ni que no pueda evitarse cargarnos el ozono. Tampoco nos preocupa seguir fabricando armas mortales. Y es que reaccionamos tarde. Como jurista, sé perfectamente que el derecho siempre llega tarde. Hay que agredir a muchos miles de mujeres para que se haga una ley que las proteja de verdad, lo mismo que somos reacios a poner un semáforo en un cruce hasta que se han matado unos cuantos. 

No vale cargar el peso de todo lo que nos está pasando a Bin Laden o al fatídico “día once”. Eso es lo mismo que echársela al tiempo o al precio del petróleo. Naturalmente todo influye, pero hay que prever todo lo previsible y de la misma forma que nada se aprende de verdad hasta que se hace por uno mismo. 

No se preocupe demasiado, las empresas no van mal, los que vamos mal somos las personas. 

Más conocimiento

Nuestra economía debe girar hacia el único espacio en el que nadie puede copiarnos, que es el conocimiento que poseemos individualmente. De la misma forma que no hay dos personas iguales, sólo tiene valor aquello que no nos pueden comprar y ésto aplicado en el mundo del trabajo es el modo en que hacemos las cosas. 

Debemos perseguir el objetivo de hacer bien las cosas por el mero gusto de hacerlas y el camino es la educación, una cultura mucho más ordenada en todos los niveles. El mundo universitario debe bajar a las empresas para saber qué tipo de profesionales habrá que tener en el futuro. 

No obstante, debe tenerse en cuenta que, con la implantación de las nuevas tecnologías, la diversificación de transportes, la sobre-información, el alto nivel de comunicaciones, la progresión del tele-trabajo etc, en los municipios en los que viven nuestros jóvenes no se encuentran sus centros de trabajo. 

Una estrategia concreta

Nuestra juventud, en los casos en que ha podido elegir determinada carrera u oficio, difícilmente puede ejercerla en el pueblo donde vive. Incluso, las empresas priorizan las condiciones financieras, tecnológicas, productivas, competitivas, imagen o logística, alejándose de los territorios de explotación. 

Teniendo en cuenta esta deslocalización interior, debe existir por una parte, un acercamiento de la realidad social y económica mediatizada por el futuro, de forma que puedan acercarse las expectativas de los futuros trabajadores y el desarrollo normal de las empresas. 

Algo que no puede pararse es la centrifugadora de la innovación permanente. Los productos envejecen con mucha más rapidez que las personas y la sobrevivencia del sistema sólo puede garantizarse tomando medidas que forzosamente tendrán que aplicarse en la actualidad y en el ámbito en que se permita, pero al mismo tiempo, preparando el futuro de generaciones venideras.

Unas propuestas concretas 

Por tanto, deberíamos, por una parte, elevar la calidad de nuestro trabajo:

  • Mejorando la educación y la formación profesional, luchando contra el fracaso escolar y acercando las opciones formativas a perfiles con futuro laboral
  • Una más y mejor tecnología de la comunicación, facilitando el acceso al e-learning, la formación permanente y la visión universal
  • Fomentar el espíritu emprendedor, eliminar trabas y apoyar la iniciativa empresarial. 

Por otra parte, cambiar nuestro modelo de organización en las empresas:

  • Cambiando el modelo de gestión excesivamente jerarquizado hacia una fórmula de dirección por resultados
  • Flexibilizando recursos, centrándose en etapas productivas de valor añadido. 
  • Una acción vendedora determinante hacia mercados nuevos, emergentes, nichos y naturales. No podemos dejar que nos vuelvan a “robar la cartera” en Sudamérica, África y Medio Oriente, nuestros vecinos. 
  • Más cooperación interempresarial entre las pymes
  • Favorecer la evolución hacia una cultura de proyecto
  • Racionalizar la distribución del tiempo de trabajo y favorecer la conciliación familia /trabajo.
  • Ofrecer a los buenos trabajadores, proyectos empresariales a largo plazo que contengan una mayor seguridad laboral para el trabajador implicado (Japón).

Con esta actitud, puede aspirarse a un modelo de eficiencia económica y social que es un concepto más amplio que la mera competitividad. 

Conclusión

En conclusión, el fenómeno del offshore o la deslocalización es algo imparable y que no debe sorprendernos. Tiene sus raíces en la economía y se alimenta principalmente de esta ciencia peligrosa con la que nos hemos acostumbrado a vivir y que no podemos obviar en el mundo moderno, llamada márketing. 

Poco importa que tengamos cubiertas nuestras necesidades básicas, ya que el consumo, es como una hidra insaciable, que se ocupa sencillamente de crear otras nuevas, para que de esta forma, no dejemos de empujar el bolsillo con nuestros deseos hacia un señuelo de algo tan intangible y utópico denominado calidad de vida. 

Las empresas, sometidas lógicamente a esta competitividad global, deberán racionalizar sus costes de producción, a fin de tener un espacio en el mercado y, probablemente, siempre seremos mejores compitiendo con algo que conlleve conocimiento que en el bazar del “todomásbarato”, eso mantendrá despierta nuestra mente y nos ocupará en hacer mejor lo que sabemos hacer. 

A nivel personal, nuestro mayor poder es el talento, la historia aprendida durante generaciones, la cultura del esfuerzo, la disposición a aprender constantemente, la autonomía aplicada al trabajo en equipo, nuestra iniciativa y creatividad, la capacidad de elegir volcándonos en, lo que sabemos hacer mejor, para dejar a otros , la simple fuerza de trabajo. Probablemente, preocupándonos para que la cultura y el conocimiento crezcan con nosotros, seremos mucho más libres, tanto como para saber elegir y entonces, seguro que nada nos condicionará. 

RESUMEN

El autor hace una reflexión sobre la deslocalización de las empresas que es consecuencia de la globalización y la competitividad. 

Se realiza un exhaustivo análisis de las causas que han motivado la misma, poniendo sobre la mesa verdades y mentiras derivadas del fenómeno de la deslocalización. 

Con un breve paseo histórico sobre nuestros orígenes, la influencia del entorno y nuestra forma de actuar, se define una posición realista y consecuente con nuestra forma de ser en el siglo XXI. 
También se relatan las ventajas y la repercusión social para los países de origen y los receptores y, muy especialmente, se dan sugerencias para establecer una estrategia para defendernos de éste fenómeno que precisamente por su origen universal es inevitable para nosotros, ocupándonos de crear antídotos que van desde las estructuras al aprendizaje. 

Se justifica que la eficiencia económica puede conseguirse con una nueva reforma laboral y una actitud por parte de la administración que permita armonizar flexibilidad con estabilidad en el empleo. 

Se presta en todo el artículo una especial atención a los profesionales como seres humanos con recursos y, a la vez, auténticos protagonistas de la deslocalización, y se proponen soluciones, especialmente, en el ámbito de la formación, los valores y la organización del trabajo, que permitan abordar el futuro con esperanza. 

SOBRE EL AUTOR

El autor, Miquel Bonet (Manresa 1947) cursó estudios empresariales y Derecho. Posee diversos masters y postgrados. Es profesor presencial y virtual en varias universidades, especialmente en la de Barcelona y también en Escuelas de Negocios. 

Autor de más de 600 artículos así como de manuales técnicos y de RRHH, acaba de publicar su libro”Búscate la vida” (Ed. Cerasa 2004). 

Colaborador habitual en Radio y TV, participa como ponente en diversos eventos relacionados con RRHH, Comunicación y Formación.

Presidente la consultora ABR y Consejero del grupo Select. 

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