Posts by Miquel Bonet

Deslocaliza Que Algo Queda

No será recordado – en el plano económico- este recién estrenado siglo XXI, por haber acabado con los problemas del mundo, ni mucho menos los que tengan que ver con la socialización de la economía, o cuanto menos por eliminar la plaga de la inanición que sufre una gran parte de la humanidad.

Sin embargo, todo el mundo está hablando de la nueva economía, como si se tratara de un auténtico progreso para la humanidad, y la gran princesa de esta nueva galaxia bautizada como Internet, es la dichosa globalización.

Y se llama así, simplemente porque ahora las transacciones ya no se realizan a mano sino que todo ocurre y sucede a través de kilómetros de extensas redes de cables y satélites. Redes de cables y satélites.
Probablemente la culpa de todo eso, tengamos que buscarla en el siglo pasado, en el que nacimos usted y yo y coincide con lo que se llamó el neoliberalismo.

Esta nueva corriente liberal extrema surgió como contrapunto al keynesianismo el contexto más convulso del siglo XX. El keynesianismo, llamado así por su principal valedor John Maynard Keynes, propugnaba la intervención del estado intervención del estado para resolver los problemas de desempleo y precariedad laboral.

El mayor auge vino, tras el crack del 29 ya que sus políticas aplicadas en la práctica ayudaron a sacar a EEUU de la mayor crisis económica de su historia.

Mientras la mayoría del mundo occidental camino tras los pasos americanos, el planteamiento neoliberal, se ha ido imponiendo en la mayoría de países, aunque con resultados distintos.
Se inicia en la década de los cuarenta y sus ideólogos principales fueron Friedrich Hayek y Milton Friedman y la razón habría que buscarla probablemente, en el auge que provocara entre algunos jóvenes europeos y americanos, la doctrina de un libro denominado El capital, que proponía solución equidistante entre el derecho a la supervivencia y el reparto justo de la riqueza.
En realidad, el neoliberalismo nació para emprender, con nuevos ingredientes la lucha contra el marxismo. , No obstante, no logró desarrollarse hasta las crisis de los años 70 desencadenadas, y especialmente la denominada, crisis del petróleo del año 1973.

Esta nueva doctrina liberal alcanzará su plenitud durante los años 80 con la llegada de Ronald Reagan y Margaret Thatcher al poder en EEUU y el Reino Unido respectivamente.
En realidad, y como diría Charles Kindleberguer en sus Estudios de Historia, la diferencia entre los liberales y los keynesisnistas, tiene que ver en la extremada preocupación de estos últimos por el dinero, la inflación y la deflación de los precios, mientras que los neoliberales se preocupan por la distribución de productos y servicios, que deberá permitir desarrollar la producción y crear más empleo.

En realidad todo eso no suena muy bien, ensanchar el mercado para llegar a más gente, con más ofertas, más productos y más compradores, pero quizás la única perversión de este sistema, es que finalmente los medios de producción –las personas- acaban convirtiéndose en unidades de coste y en consecuencia, se acaba deslocalizando. 

Durante el año 2001 el hundimiento de la burbuja tecnológica y los valores de empresas como Amazon o Terra se ve rematado por el atentado de las torres gemelas el 11 de septiembre del 2001. Wall Street cierra durante unos días algo inaudito que paraliza buena parte de las finanzas mundiales.

El ciclo de crisis se cierra hasta nuestros días con la bancarrota de Enron y el escándalo en Arthur Andersen así como de otras empresas que habían manipulado sus cuentas para hacerse más atractivas en bolsa.

Las empresas del sector industrial han entrado en un régimen de reestructuración permanente porque las luchas competitivas no tienen fin. Son, por otra parte, el motor de un gigantesco movimiento de revisión de la división internacional del trabajo, que ve entrar uno tras otro a los nuevos competidores geográficos, el Sudeste Asiático, América Latina, China, India, cada uno armado de ventajas competitivas, especialmente jurídicas y saláriales,

Hasta aquí hemos analizado el proceso que nos ha llevado hasta la deslocalización, veamos ahora las causas y consecuencias de la misma.

La deslocalización de la producción deriva de dos dinámicas divergentes: destrucción de empleos industriales en un país de origen de crecimiento débil y creación de empleos industriales en un país de crecimiento rápido.

No quiero pensar aunque me gustaría mucho que una parte de la deslocalización, contiene algún rasgo de solidaridad, para el desarrollo de los países destino, es cierto que existen ventajas, como:

  • Mayor desarrollo económico.
  • Posibilidad de mejorar su PIB al crecer sus exportaciones. 
  • Creación de empleo neto
  • Mejora salarial
  • Más competitividad de los Recursos Humanos
  • Calificación de sus trabajadores.
  • Más especialización
  • Optimización de sus recursos productivos en general

Pero lo que pasa, es que éstas ventajas, difícilmente repercuten en la población de forma directa, por otra parte, tampoco es cierto del todo que se creen en excesivos puestos de trabajo, de un informe del Instituto Cato (USA) y recogido por P.Shwartz, se deduce que entre 1993 y 2002 se crean en EEUU, 17,8 millones de puestos, que es la relación entre 322,7 millones de empleos creados y 309,9 mi. de empleos destruidos, o sea que no es para tanto.

La del localización, palabra intraducible según el Diccionario de la Lengua Española, es probablemente una necesidad de la economía de nuestro tiempo y aunque no resulte descabellado suponer que existen ciertas ventajas, éstas, afectan al futuro del desarrollo del conocimiento, en algunos países receptores, porque si calan hondo, pueden favorecer la transformación de estos estados, destinatarios de la del localización, como India, China, Brasil ó Indonesia.

Gran parte de la tecnología que se genere en el la India ó China revertirá en sus propias economías, incrementando la eficiencia de las empresas locales gracias a un mecanismo de contagio beneficioso.

Además y tratándose de nuevas tecnologías, los conocimientos, la propia formación y la experiencia adquirida en empresas occidentales que son proveedoras precisamente deI más D, podrán ser aprovechados en sus respectivos países.

Pero aún hay más, la cultura empresarial, está actuando en éstos países como un resorte que se destapa, provocando el nacimiento de muchas pymes, al desarrollarse el espíritu emprendedor que es el eje de cualquier economía estable. 

La deslocalización es una forma indirecta de “colonizar” en el siglo XXI , pero tiene un grave enemigo, que a menudo las mentes calenturientas que viven amarradas a las cuentas de explotación y que ven a la persona, como mera unidad de coste, quizás no han advertido, y éste peligro se llama la “deslocalización del conocimiento”.

Hay un dato muy representativo, con la fiabilidad que me merece IBM, sólo en la ciudad India de Bangalore, están graduándose tantos ingenieros de informática, como en todos los Estados Unidos, esto es bueno para la economía mundial y aún es mejor para la competitividad, porque nos obliga a no dejar de innovar para mantenerse con garantían en el mercado.
Las empresas, deberán centrarse cada vez más en su branding, en su “care bussiness” en lo que saben hacer mejor, para dejar otras actividades fuera “offshore” sin causar grandes sufrimientos, porque el talento, el conocimiento esencial, no puede copiarse, no es cuestión de “codos” ni siquiera de esfuerzo, también influyen capacidades innatas, que hemos heredado y no pueden clonarse.
La deslocalización de la producción deriva de dos dinámicas divergentes: destrucción de empleos industriales en un país de origen de crecimiento débil y creación de empleos industriales en un país de crecimiento rápido.

Hay un par de cosas en que políticos y altos financieros están casi siempre de acuerdo, y ambas se relacionan con el sentido del gusto, la primera se relaciona con la supervivencia y consiste en llenarse la boca de “buenos canapés” y la otra no menos golosa se refiere a decir frases tan mágicas como; ….no hay crisis, tranquilos porque no pasa nada, usted contribuyente siga pagando, comprando, dando trabajo y viendo mucha tele, porque está todo controlado.

No quiero caer en nimiedades, ni tengo nada contra los gobiernos, pero creo que la sociedad tiene derecho a un mínimo de respeto, no nos sirven las gafas que pretenden ahumar lo que pasa en nuestro entorno, ni que pretendan comprarnos por el estómago con cuatro aburridos discursos y promesas electorales, la gente quiere saber y alguien debe movernos a reflexionar.

La gente debe saber que, un euro fuerte equivale a menos competitividad, que el Pib, sólo ha crecido una décima con respecto al año anterior y la previsión para este año es de otra décima, nuestras exportaciones son pobres, pues más del 70 % de nuestras ventas dependen del mercado interior y europeo y seguimos con bastante más de un 10 % de paro, según datos que me merecen absoluta confianza, elaborados por el I.E. de la Caixa.

Lo malo de las previsiones, no es que casi nunca se cumplan, sino que pocas veces se articulan medidas coherentes, de eso, parece que los únicos que ganan algo son los especuladores, con tanta tecnología de la NASA, no parecía difícil detectar un tsumani, lo mismo que buscar alternativa al petróleo, pero quizás no interesa.

Ahora tenemos a las puertas de casa el fenómeno de la deslocalización, la palabra suena a nueva pero viene haciéndose desde el neardenthal, se trata de optimizar recursos propios –entonces era la supervivencia- desplazándose hacia la fuente de recursos más idónea.

En la época moderna, padecemos y disfrutamos al mismo tiempo de la deslocalización desde mediados de siglo, en mi Catalunya natal, la llegada de inmigrantes procedentes del sur mediterráneo y bético, supuso una ayuda indispensable para la renovación y posterior desarrollo de los sectores textil e industrial, poco competitivos sin la ayuda de un “plan marchall” que no tuvimos, de una desamortización que tampoco se aplicó y de una política estatal, mucho más preocupada en protegerse que en favorecer el crecimiento de provincias.

En realidad en los últimos decenios del siglo XX, los sectores tradicionales como el textil, la industria, el automóvil y la electrónica de consumo, han sufrido el látigo del mercado libre y la competencia asiática, incluso nuestra perla de oro, que es el turismo ha visto laminados sus recursos gratuitos como sol, plaza y pesetas, despertando del sueño utópico de pensar que el sol era de exclusiva, vivía entre nosotros, lo mismo que le pasó a Felipe II, olvidando que calienta y luce por igual en todo el mediterráneo y más.

Y está claro, que nos han abierto los ojos a palos y con eso del transporte barato, la gente ha cambiado el Caribe por Mallorca, Málaga está muy vista y hasta las vacaciones en el mar apetecen más, simplemente, porqué antes las hacían los ricos, y ahora se han democratizado.
Estamos pasando a ser víctimas pasivas, de los mismos causas que en su día nos convirtieron en punto de atracción de occidente, con el peligro de que se genere una nueva deslocalización de personas y grandes operadores.

Aquí fallaron los políticos, puesto que la democracia amén de otras cosas buenas, trajo consigo un cambio cultural muy necesario y es que a todos, nos gusta igualmente el jabugo, las gambas y el mercedes, además nos lo ponen en bandeja, cuesta lo mismo viajar a Londres en un jet, que ir en autobús hasta Lloret.

Estrenamos un mundo nuevo, en que las clases sociales ya no se gradúan ni por las rentas ni siquiera por el trabajo como antes, aquella relación de premio/esfuerzo, casi se acabó, porque nuestros hijos tienen de todo sin demasiado esfuerzo, el acceso a un buen coche, una casa, una buena universidad o un trabajo, no depende tanto de lo que ganes sino de lo que te paguen.

Por otra parte los medios de comunicación, han desarrollado las expectativas de un estado de bienestar plastificado, incluso falso, pero al mismo tiempo tan real, porque a través de concursos, reportajes ó falsas convivencias filmadas, cualquier persona mediocre, esto sí, con “jeta”, es un modelo a copiar socialmente para vivir sin dar golpe.

Y en este río revuelto, debe navegar sin rumbo fijo, los millones de pymes y profesionales que sostinen de verdad el país, cotizando religiosamente con sus irrepeefes y contribuyendo a pagar unas estructuras que a la hora de la verdad no existen.

Y éste es otro problema de la deslocalización, la gente se va a Asia, ó incluso a la Europa del este, no sólo porque producen más barato, sino porque aquí no tenemos suficientes infraestructuras, nuestra rotación ferroviaria de mercancías con puntos de enlace en los polígonos industriales es pobrísimo o simplemente inexistente.

La verdad es que además del señuelo de los costes saláriales, existen otras condicionantes que favorecen la decisión de deslocalizarse, hacia un país determinado, y éstas tiene que ver, con una cierta estructura logística (charreteras puertos) un mínimo de capital, estabilidad política, mano de obra disponible y probablemente subyace un deseo de desarrollo.

Algunas de las razones que pueden empujar hacia la deslocalización de una empresa serían las siguientes:

  • Mejor acceso a materias primas
  •  Más competitividad
  • Reducción de costes, especialmente de mano de obra directa
  • Ventajas fiscales y políticas
  • Focalización hacia tareas de auténtico “valor añadido”
  • Diversificación de riesgo
  • Mayor especialización de los servicios
  • Aumentar el nivel de cualificación de los trabajadores.
  • Menor conflictividad laboral
  • Favorecer el cambio desde los Recursos Humanos.

No voy a entretenerme demasiado en justificar cada una de ellas, ya que entiendo que el lector las conoce sobradamente o cuanto menos las intuye.

Sólo destacaré algunos puntos, que avalan decisiones empresariales, supuestamente egoístas pero investidas de mucho sentido común empresarial.

La gran lección industrial de la deslocalización, nos la viene dando, el filón del turismo al que me he referido antes y otro ejemplo podría ser nuestra potente industria de confección, la influencia del factor moda, ha alterado totalmente los hábitos de consumo en los últimos 20 años, y ha cambiando incluso el verbo de esta actividad, hemos pasado de “vestirnos” a “ponernos” cosas.

Casi nadie cubre su cuerpo, como hicieran nuestros antepasados, para protegerse del frió, pudor, utilidad ó necesidad, el márketing se ha enquistado en nuestra vidas y compramos centenares de prendas por el mero placer de hacerlo, lógicamente este cambio de la forma de vivir, ha mediatizado la producción de la moda, de la que somos una potencia europea y normalmente, los grandes fabricantes de moda, sólo diseñan, distribuyen y poco más, productos que se producen, cortan, cosen fuera de nuestras fronteras.

Y la segunda gran lección de deslocalización , es el propio turismo, somos exportadores de “sol gratuito” placer, otrora buenos precios, simpatía y placer de vivir, lo que nos ha convertido en la segunda potencia mundial en turismo de ocio, aunque la lección la aprendimos a medias y ahora podemos ser víctimas de los mismos elementos que en su día nos convirtieron en punto de atracción que favoreciera la deslocalización de personas y grandes operadores.

No nos extrañe por tanto esta deslocalización, porque sólo han pasado 30 años, cuando nosotros mismos fuimos, receptores de grandes industrias manufactureras, provenientes de Europa y que encontraron en este país, el señuelo fácil para conseguir ventajas económicas o incluso fiscales.

Pero lo que de verdad nos ocupa, es conocer en que forma afecta la deslocalización a estos humanos con recursos, que somos las personas.

De entrada, quiero advertir que estamos a las puertas de una nueva reforma laboral, se hace necesario buscar el equilibrio entre la flexibilidad empresarial y la necesaria estabilidad en el empleo.

Seguimos teniendo un nivel insuficiente de empleo y la temporalidad es también muy alta, no obstante sería poco adecuado limitarla, porque la competitividad, la estacionalidad de muchos sectores y las condiciones del mercado, apuntan a esta flexibilidad.

Los caminos deberán pasar por abrir otras formas de flexibilidad para las empresas, y también para los trabajadores, que probablemente deberán asegurar más su competitividad por él, camino de la formación permanente y buscar la estabilidad a través de la empleabilidad y la disponibilidad.

Quizás también haya que cambiar la mentalidad empresarial, de forma que tener un trabajador, deje de ser un problema y se convierta en una oportunidad de disponer de talento útil para la organización, pero, del que se beneficie directamente el propio empleado. 

No olvidemos el freno social que supone la deslocalización el país de origen, especialmente cuando existen despidos masivos y auténtica precariedad, especialmente para esos perfiles mayores de 50 años, que ven acabada su vida laboral antes de hora.

Naturalmente que esta movilidad ha permitido la intervención más o menos apurada de empresas de outplacement, siempre eficientes, pero que implican la necesidad de readaptación y reciclaje, pero sin duda el coste de mala imagen y desconfianza en la empresa en muy importante, originando en muchos casos la movilidad hacia otros lugares en los que hay trabajo.

Mientras nos hemos apuntado al carro del progreso y han proliferado por doquier las ofertas de formación públicas o privadas, las empresas siguen sin disponer del modelo de trabajador, que no sea simplemente productivo, que no lo es, porque nuestra tasa de productividad sigue siendo muy baja, pero sigue faltando implicación en los proyectos, autonomía ó disponibilidad.

Por otra parte, seguimos gestionando buena parte de nuestras empresas como se hacía hace 20 años, con una dirección en exceso jerarquizada, sin vías de comunicación interna, que favorezcan la aportación del talento de las personas y sin darnos cuenta que la sociedad ha cambiado, el nivel cultural de la gente no se cambia sólo con más universidades, sino favoreciendo e incentivando las ganas de aprender.

Para este país y en mi modestísima opinión, la proliferación de centros universitarios ha sido engañosa, porqué la escenificación de un titulo como máximo exponente del conocimiento y por tanto como salvoconducto hacia el empleo de por vida, ha abortado al mismo tiempo, el necesario desarrollo de vocaciones en oficialías y formación profesional, hasta llegar al problema deficitario actual.

Hemos olvidado que los ejes reales de la productividad, de la calidad, de la mejora continua, incluso del clima laboral, están relacionados con los mandos intermedios y con aquellos que rechazan comportarse como robots y convierten a su trabajo en un proceso de artesanía, por tanto, debe incidirse sobre la Formación Profesional..

Los medios de comunicación especialmente la televisión, con su enorme poder sobre una sociedad demonizada por el culto al consumo, y que asimila en su escala de valores, la posesión como signo de progreso.
Han favorecido el éxito a través de personajes normalmente universitarios y al mismo tiempo han asimilado la figura peyorativa “chistosa y rural” a gente de oficio -dicho con el mayor respeto- series como “farmacia de guardia, médico de familia” en comparación con “manos a la obra ó incluso los Alcántara” son tópicos de unos modelos de sociedad que asocia el éxito al poder adquisitivo.

Se ha evidenciado que, el supuesto avance cultural basado en superar la selectividad y conseguir finalizar una carrera, no se corresponde en absoluto con los resultados esperados, en mi experiencia docente, es prácticamente imposible leer una sola frase, sin faltas de ortografía, de la misma forma que es un milagro que se ceda un asiento de bus a una embarazada, no hace falta que describamos las respuestas populares en encuestas de la calle, para desvelar el grado de conocimiento que poseemos.

Casi nadie lee nada, porque representa un esfuerzo y la información visual es más fácil y gratis, la cultura no es otra cosas que una actitud y ésta requiere motivación, estímulo y metas para alcanzar, actualmente a la gente lo que vivir sin trabajar.

Estoy sondeando en el iceberg de la deslocalización , buscando y analizando las causas con la modesta pretensión que aprendí muy bien en la escuela industrial, de que, sólo es posible resolver un problema si sabemos plantearlo.

Todo esto y más cosas que me guardo, son indicativos de una sociedad que vive en crisis y que necesita transformarse tanto en sus valores como en otros elementos.

Sobre los valores, vamos a hablar poco, no es objeto de éste trabajo y el tema es muy profundo y naturalmente, subjetivo, por ello filosofaremos otro día, baste decir únicamente, que como fiel seguidor que soy del renacimiento, afirmo mi creencia de que ambas cosas están relacionadas, tanto, como la ciencia y el arte. 

Hay que transformar esta sociedad y debe hacerse, a partir de aquellas cosas que conocemos y por tanto son susceptibles de cambiar, ya que el mercado, la globalización o la guerra fría -aunque nunca quieran hablar de ella, existen y no dependen de nosotros, ser competitivos no es sólo es una necesidad, es una obligación para sobrevivir, las glaciaciones de hace millones de año, son ahora los mercados mundiales, Internet es casi Dios y los dinosaurios son los gigantes financieros que viven de nosotros, pero de los que dependemos para seguir la rueda del mercado.

Algunas empresas modernas, hace tiempo que han entendido todo eso del cambio, algunos líderes hasta creen en los recursos humanos y los ven como esos misioneros abnegados y cargados de vocación predicadora, que finalmente han decidido darles una silla en el comité de dirección, para que hablen de algo más esperanzador que los planes de regulación, o las prejubilaciones.

Y naturalmente, en los lugares en donde ha sido posible, los directores de RRHH, han aprovechado su oportunidad, en muchos casos han sido capaces incluso, de despojarse de las obligaciones más o menos burocráticas como contratación y nóminas, pudiendo centrarse en la evaluación de puestos, la afinidad de perfiles, los planes de carrera, clima laboral y pretender que la gente esté realizando aquel trabajo para el que está preparado y que además lo haga a gusto, dispuesto por tanto a compartir conocimiento.

Nada cambia por si sólo y o debería hacer falta la presión del exterior o los cataclismos inevitables para que la gente varíe la forma de hacer las cosas, lo malo de esta situación de crisis que está pasando, es que no la conocemos, ni la comprendemos, porque nadie quiere salir del estado de comodidad.

No es “cómodo” pensar que cada hora se mueren miles de niños de hambre, ni que no pueda evitarse cargarnos el ozono, tampoco nos preocupa seguir fabricando armas mortales, y es que reaccionamos tarde, como jurista sé perfectamente que el derecho siempre llega tarde, hay que agredir a muchos miles de mujeres para que se haga una ley que las proteja de verdad, lo mismo que somos reacios a poner un semáforo en un cruce, hasta que se han matado unos cuantos.

No vale cargar el peso de todo lo que nos está pasando a binladen, ó al fatídico DIA once, eso es lo mismo que echársela al tiempo, o al precio del petróleo, naturalmente que todo influye pero hay que prever, todo lo previsible y de la misma forma que nada se aprende de verdad hasta que se hace por uno mismo.

No se preocupe demasiado, las empresas no van mal, los que vamos mal somos las personas.

El gran error sería cargar la presión para conseguir beneficios sobre las rentas saláriales o sobre la productividad, puesto que algunas empresas especialmente las globales, piensan que sólo a través de la deslocalización y el aumento de la carga de trabajo pueden obtenerse dividendos.

Pero no deberían perder de vista que cuando llegue el momento en que los salarios no puedan mantener el consumo superfluo- que es mayoría-puede romperse la gallina de los huevos de oro.
Y si a alguien, se le ocurre la genial idea de despedir de forma masiva, simplemente para mantener los beneficios, podríamos caer en una depresión en cadena, como sucediera en EEUU en 1929.

Por mi parte y teniendo en cuenta que no soy economista, ni financiero, sigo confiando en el buen hacer de las personas, creo que la competitividad, en este nuevo siglo de la tecnología y del conocimiento, habrá que buscarla en este órgano pequeño, que apenas pesa 1.300 gramos y que se llama cerebro, y que nos permite aportar valores añadidos en lo que hacemos.

El progreso de nuestra economía deberá girar hacía el único espacio en el que nadie puede copiarnos, que es el capital intelectual y emocional, que poseemos individualmente y que no es imitable, de la misma forma que no hay dos personas iguales, sólo tiene valor aquello que no nos pueden comprar y esto, aplicado en el mundo del trabajo es el modo en que hacemos las cosas.

Debemos perseguir el objetivo de hacer bien las cosas, por el mero gusto de hacerlas y el camino es la educación, una cultura mucho más ordenada en todos los niveles, el mundo universitario debe bajar a las empresas para saber que tipo de profesionales habrá que tener en el futuro.

Afortunadamente nuestro país sobrevive mayormente gracias a la Pymes, y estas empresas que no tienen la misma capacidad para reducir costes deslocalizando, se aseguran su propia competitividad, cuidando el talento y buscando aquellas diferenciales, que equivalen a hacer bien las cosas..

No obstante deben tenerse en cuenta que con la implantación de las nuevas tecnologías, la diversificación de transportes, la sobre información, el alto nivel de comunicaciones, la progresión del tele-trabajo etc, en los municipios en los que viven nuestros jóvenes, no se encuentran sus centros de trabajo.

Nuestra juventud, en los casos en que ha podido elegir determinada carrera ú oficio, difícilmente puede ejercerla en el pueblo en donde vive, incluso las empresas priorizar las condiciones financieras, tecnológicas, productivas, competitivas, imagen ó logística, alejándose de los territorios de explotación.

Teniendo en cuenta esta deslocalización interior, debe existir por una parte un acercamiento de la realidad social y económica, mediatizada por el futuro, de forma que puedan acercarse las expectativas de los futuros trabajadores y el desarrollo normal de las empresas. 

Algo que no puede pararse es la centrifugadora de la innovación permanente, los productos envejecen con mucha más rapidez que las personas y la sobrevivencia del sistema, sólo puede garantizarse tomando medidas que forzosamente tendrán que aplicarse en la actualidad y en ámbito, en que se permita, pero al mismo tiempo preparando el futuro generaciones venideras. 

La formación profesional, debe adquirir el nivel que le corresponde, la voluntad para desarrollarlo y la actitud necesaria, incluyendo factores tan importantes como el aprendizaje, la racionalización de la formación para hacerla más útil, la experiencia laboral concurrente con los probos estudios y la innovación como fuente de futuro. 

En conclusión, el fenómeno del offshore , o la deslocalización, es algo imparable y que no debe sorprendernos, tiene sus raíces en la economía y se alimenta principalmente de esta ciencia peligrosa, con la que nos hemos acostumbrado a vivir y que no podemos obviar en el mundo moderno, llamada márketing.

No hace mucho leía una frase acuñada por un consultor americano que decía algo así. “La deslocalización (outsourcing) es como si se aumentara la altura de un rascacielos a base de ir sacando material de las plantas inferiores”.,Lo que equivale a pensar, que si la gente pierde el poder adquisitivo que consigue gracias a su trabajo, quizás no tenga recursos para comprar aquellos productos que las empresas occidentales, han pasado a producir en Oriente.

Poco importa que tengamos cubiertas nuestras necesidades básicas, ya que el consumo es como una hidra insaciable, que se ocupa sencillamente de crear otras nuevas, para que de esta forma no dejemos de empujar el bolsillo con nuestro deseo, al señuelo de algo tan intangible y utópico denominado calidad de vida.

Las empresas sometidas lógicamente a esta competitividad global, deberán racionalizar sus costes de producción a fin de tener un espacio en el mercado y probablemente siempre seremos mejores compitiendo con algo que conlleve conocimiento que, en el bazar del “todo a cien”, eso mantendrá despierta nuestra mente y nos ocupará en hacer mejor lo que sabemos hacer.

A nivel personal, nuestro mayor poder, es el talento, la historia aprendida durante generaciones, la cultura del esfuerzo, la disposición a aprender constantemente, la autonomía pero trabajando en equipo, nuestra iniciativa y creatividad, la capacidad de elegir lo que sabemos hacer mejor y dejar a otros la simple fuerza de trabajo, probablemente preocupándonos para que la cultura y el conocimiento crezcan con nosotros, seremos mucho más libres, tanto como para saber elegir y entonces, por mucho que quieran deslocalizar, siempre nos quedará nuestra buena conciencia.

El autor, que no es economista, quiere reflexionar sobre la el pensamiento económico neoliberal, que nos ha llevado hasta esta nueva economía que esta originando la deslocalización de las empresas y que a su vez, es consecuencia de la globalización y la competitividad.

Se incluye un detallado y muy personal análisis de las causas que han motivado la misma, poniendo sobre la mesa, verdades y mentiras derivadas del fenómeno de la deslocalización.
Con un breve paseo histórico, sobre nuestros orígenes y nuestra forma de actuar, se pone en evidencia el escenario que nos ha tocado vivir en estos albores del siglo XXI, definiendo una posición realista y consecuente con nuestra forma de ser.

También se relatan las ventajas y la repercusión social para los países de origen y los receptores y muy especialmente se dan sugerencias para establecer una estrategia para defendernos de éste fenómeno, que precisamente por su origen universal, es inevitable para nosotros.

Por último el autor reclama una nueva reforma laboral que permita armonizar flexibilidad con estabilidad en el empleo.

Se presta en todo el artículo una especial atención a los profesionales, como seres humanos con recursos y a la vez, auténticos protagonistas de la deslocalización y se proponen soluciones, especialmente en el ámbito de los valores, la cultura y la formación que permitan abordar un futuro con éxito.

Los pobres del Baby Boom

Si yo fuera filósofo, que no lo soy, diría que entendemos y anhelamos la libertad, para librarnos de la carga de sentirnos atados a un compromiso cuando, en realidad, el mayor compromiso que existe es precisamente ser libres. 

Vivimos una época de cambios casi convulsivos y el cambio generacional se está acercando sin que nadie haya sido capaz hasta la fecha de predecir, con un poco de sentido común, como será el futuro en el mundo económico. 
Y es por ello que quiero aportar mi opinión jugando un poco a adivinar el futuro a partir de un análisis, esto sí, muy profundo de nuestro presente. 

Pertenezco a la llamada generación de la posguerra, representada por personas que vivimos la transición política con incertidumbre, cargados de esperanza, pero también de obligaciones y de hijos. 

Sobrados de energía acumulada en muchos años de represión, alimentábamos la esperanza de cambiar el mundo con la bandera de la libertad y esa rebeldía que debiera llevarnos al éxito, aunque sólo fuera, para demostrarnos que podíamos vivir mejor que nuestros padres. 

Para muchos de nosotros ya se han abierto las puertas de las jubilaciones, cuyas consecuencias, además de la pérdida de mucho talento empresarial, contribuyeron al enterramiento de aquel panegírico ”nada sin esfuerzo”. Heredamos valores familiares que explicamos a nuestros hijos, pero que casi nunca llegamos a exigir más allá de algún guiño de autoridad. 

En los próximos años empezará a jubilarse la primera ronda de la generación del baby-boom, ésta que fue a la universidad instalada en el bienestar, creció soñando en el “éxito fácil” siguiendo modelos a lo “condelarosaroldan” y el pelotazo, pero a los que las crisis de los 90 y la fuerte competitividad les llevó en su mayoría al conformismo, a suspirar por el empleo fijo, vivir con la inseguridad de un mundo que han transformado la tecnología y el marketing. 

Los, en otro tiempo, llamados yuppies, cabalgan ahora a lomos de coches de marca, muchas mujeres de este grupo que tuvieron la fortuna de ocupar puestos de cierta responsabilidad compran amor familiar robando tiempo a sus obligaciones y a la sombra de un triunfo estéril, ambos tienen hijos a los que sobreprotegen alimentando su ilusión, comprando todo lo que no necesitan y de esta forma, robándoles la posibilidad de ilusionarse por algo. 

Difícilmente triunfan de verdad en su trabajo porque viven rodeados de hojalata, chips y encuentros. En su vida todo es provisional y sus relaciones sociales se reducen al “.. . cualquier día quedamos”, aspiran a mejorar sin implicarse en nada, a menudo no creen ni en lo que hacen todos los días y piensan que la sociedad los ha engañado. 

Viven ausentes de comunicación porque son prisioneros de los excesos de información que reciben y generan. Su grandeza está normalmente más cerca de su cartera que de su corazón, son vulnerables a cualquier capricho y a veces, en su egoísmo ni siquiera recuerdan que son los valores, ya que no tienen el precio puesto. 

Han puesto de moda la crítica a la excesiva temporalidad, sin tener en cuenta que la mayoría de ellos persiguen precisamente trabajar con poco compromiso obviando que cualquier empresario sólido no desea otra cosa que una plantilla estable que aporte conocimiento y talento para emprender juntos un camino a menudo incierto, puesto que la globalización y la competitividad no permiten otras opciones. 

Por supuesto, en su mayoría, dejaron aparcados sus títulos académicos y creen que están formados porque aprendieron a preparan sus presentaciones en “pauerpoin” conocen “excel” y, sobretodo, dominan el correo electrónico tanto como el mando de la televisión opaca a la que recurren a menudo para huir del hastío o, lo que es peor, del compromiso, de tener que dialogar con su pareja o educar a sus hijos, a los que no escuchan porque tienen una oreja hipotecada de por vida a su móvil. 

Sólo espero fervientemente, y lo deseamos por el bien de todos, que cuando muchos de ellos tengan que dirigir el mundo, éste sea un poco mejor -que no lo será al paso que vamos-, que no tengan que tomar demasiadas decisiones y que hayan recuperado algo de su alma para que, al menos, sean capaces de comprender que su vida aún puede tener sentido si son capaces de dejar el mundo un poco mejor de cómo lo encontraron.

La suerte de ser vendedor

El mundo está cambiando y con él nuestra forma de trabajar. Cuando ni siquiera hemos asumido el choque que supuso en su día desechar el papel carbón, pasar de la máquina de escribir al PC o entender el milagro del fax, ahora resulta que las tecnologías de la información y sobretodo internet están cambiando el mundo. 

A partir de ahora nada volverá a ser como antes. Muchos oficios morirán para dar paso a otros nuevos , pero afortunadamente la gente seguirá solicitando cosas y alguien que se las proporcione. Probablemente existen necesidades que pueden satisfacerse individualmente gracias a la red, pero para la mayoría de productos y servicios se seguirá invocando el postulado de un perfil humano capaz de transmitir emociones y talento, que es de las pocas cosas que afortunadamente no puede hacer una máquina. 

La mediación profesional de un prescriptor, agente, vendedor o comercial sigue siendo imprescindible en este recién estrenado siglo XXI, y es que, dedicarse a vender, es mucho más que una función profesional. En realidad, estamos hablando de una competencia . 

Y ser competente no es más que la suma de conocimientos y habilidades que pueden ser observados y juzgados por los demás y en el caso de los profesionales de la venta, la valoración de los resultados, sigue siendo el indicador de su eficiencia. 

Parece que cada vez está más cerca, gracias al esfuerzo de corporaciones y colegios profesionales, el camino hacia un reconocimiento académico y público de este noble oficio. A ello deberán contribuir las nuevas generaciones de aspirantes que procediendo del ámbito universitario se están formando comercialmente porque han entendido que la polivalencia es el mejor valor añadido que pueden aportar a su titulación técnica o humanista. 

Los retos que nos propone el mundo económico requieren prepararnos adecuadamente para afrontarlos, de las misma forma que las áreas de compras se han convertido en centros analíticos-financieros y que, a menudo, la pequeña calculadora parece matar la mejor sonrisa. Lo cierto es que una formación integral será la mejor pértiga para superar todos los obstáculos. 

En futuros artículos trataremos de aquellas otras competencias que serán muy necesarias en un mundo redundantemente “competitivo” y de las herramientas que permiten desarrollarlas, pero, mientras tanto, le sugiero querido lector o lectora que vaya haciéndose un autoanálisis sobre aquellas que quiera potenciar y que comprenden el ámbito personal, relacional y organizativo, teniendo en cuenta que con la actitud necesaria para convertirnos en buenos profesionales nos convertirá, sin duda, en mejores personas.

Educarnos con Internet

Parece que de forma decidida se ha perdido el miedo a la tecnología de, la información y el traspaso desde la galaxia gutemberg, como definiría nuestro paisano Manuel Castells, a la era internet, ha sido mucho más low que hard, ya que fomentar que todo el mundo acceda con facilidad al escaparate virtual está resultando mucho más bueno que malo. Compartir parte de lo que sabemos con todos los demás, es aún mejor. Lo más complicado es limitar la información y lo complejo sigue siendo sacar dinero a la gente.

Pero la galaxia internet está abriendo nuevos caminos, muy especialmente a la formación y el trabajo, por permitir su difusión universal y por las posibilidades de, dar valores cualitativos a la información que pueda, extraerse de la red.
A menudo, estos grandes optimistas que acostumbran a ser la gente de marketing, siguen, viendo todo lo que vomita la pequeña pantalla como una oportunidad de negocio. El bussiness.net, es su gran objetivo, pero olvidan que la información por buena, rápida, y clara que sea siempre está un eslabón por debajo de la auténtica comunicación que exige la venta de productos y servicios por la red y subsiste el vacío de emociones, en la transacción que sólo puede, insuflar el ser humano.

La, formación virtual, empieza a generar, cierto atractivo porque, algunos de sus promotores como Roger Schank han empezado, a redefinir el, modelo de formación, asumiendo que no puede trasladarse el conocimiento entre maestro y alumno, sino, , simplemente, se puede ayudar al descubrimiento individual. La metodología socrática, vuelve a ganar actualidad después de más de veinte siglos, y se, replantean los procedimientos docentes actuales.

De esta forma, el e-learning está ganando terreno frente a la formación, presencial, especialmente dentro del ámbito de la universidad y más concretamente en los programas de postgrado, y desarrollo de habilidades.

Si se hace bien desde el principio, esto es, contando con un “campus virtual”, se crean contenidos dirigidos a potenciar la forma en que aprendemos las personas, o sea interiorizando unos objetivos, deduciendo como lo hacemos, experimentando, errando y sacando conclusiones propias. Es mejor que pasar información, aunque siempre contando con, el valor añadido del tutor-profesor.

En este contexto es posible, que las enormes ventajas del e-learning que favorecen la disponibilidad de horarios, la libertad, la adaptación individual del plan docente, contribuyan realmente a, posibilitar la experiencia personal, fomentando actividades que permitan practicar las propias habilidades.
Porque el mundo laboral no quiere sólo gente que sepa cosas, sino personas que quieran hacer cosas y si es posible que las hayan experimentado previamente aunque sea de forma simulada.

La alianza entre el mundo del trabajo y la universidad, al menos en internet, está siendo la mejor experiencia de los últimos años, pues la posibilidad de determinar las ofertas de las empresas dentro de parámetros, relativos a las competencias deseadas y el acceso libre y fácil por parte de futuros profesionales que siguen ganando conocimientos, al mismo tiempo que se posibilitan como candidatos, permite el acceso a ofertas normalmente con carácter temporal, complementarias a su formación pero, que facilitan, un mejor acceso al mundo de la empresa. 
La aceptación de internet por el mundo de la universidad, ya sean profesores o alumnos está generalizada y su tendencia seguirá al alza, ya que la mejor y más rápida información constituye por si misma una ventaja, pero jamás debe perderse de vista que la tecnología debe ser un medio para acercarnos mejor a los demás, sin que llegue a sustituir jamás el calor que genera la comunicación entre dos seres humanos.

Potencia industrial, pero menos

No todo consiste en salir en las fotos políticas como potencia europea. La verdad es que, en temas de trabajo, estamos casi en la cola de Europa y no sólo eso en Catalunya existen 140 profesiones para las que no existen trabajadores. 

Va a ser que, a pesar de lo que presumen unos y otros, nunca acabamos de consolidarnos del todo, cierto que somos una potencia en turismo y que no se nos da mal en la moda y en los servicios. 
Pero mientras tanto, existen nada menos que 52 mil personajes -puestos- en busca de “autor” y mientras los racionales se preguntan de dónde vamos a sacarlos, los auténticos previsores se interrogan sobre el porqué de esta situación, más que nada, para buscarle remedio en el futuro. 

La solución a corto plazo deberá pasar por la inmigración selectiva. Habrá que rastrear por medio mundo buscando camareros, dependientes, electricistas, domésticos, herreros, carpinteros, fontaneros, pintores, comerciales, soldadores y hasta taxistas. No es broma, faltan conductores de taxis, según el SOC -servicio catalán de ocupación- a la gente no le apetece nada eso de pasearse con el coche buscando clientela. 

Además de todo eso, está la enorme masa laboral del peonaje, porque aquí, a nadie le apetece hacer de mozo, faenar el campo, descargar o simplemente no cualificarse. 

Estamos en el mismo paradigma que antes recorrieron nuestros vecinos ingleses, y para ello, deberemos aprender a gestionar la diversidad, acostumbrarnos a convivir con otras razas, religiones y culturas porque resulta que nos hacen falta, no sólo es la necesidad de ellos, al buscarse la vida, sino la nuestra para mantener esta teórica calidad existencial, aunque sea, a golpe de hipoteca y fundiendo en compras inútiles los tristes superávits del salario antes de que se aburran en la libreta de ahorros. 

Las causas de todo eso no deben imputarse más que a la falta de previsión y no sólo de los políticos, sino de la sociedad en general, el divorcio permanente entre la sociedad empresarial y la enseñanza, la eliminación del aprendizaje, la condena social a la FP, como formación menor, el fracaso escolar y hasta la negación de la cultura del esfuerzo tiene la culpa. 

Las soluciones pasan por un nuevo planteamiento de la formación en general y del discurso empresarial por otro, las empresas deben acuñar planes atractivos capaces de ilusionar a la gente, ofreciendo a los jóvenes una mayor estabilidad con proyectos en los que puedan implicarse a medio plazo. 

La formación debe transformarse creando currículos de carrera mucho más cercanos a la realidad del mundo laboral y favoreciendo el aprendizaje desde la óptica individual, dirigir al alumno hacia competencias cercanas a sus propias habilidades y a su posible vocación, permitiendo futuros trabajadores más polivalentes, autónomos y capaces de trabajar en equipo. 

Por último, sería deseable que la ética, los valores y la cultura estuvieran tan de moda, como los avances digitales, los medios audiovisuales o el consumo innecesario o mejor, que tanta facilidad para viajar sirviera para acercarnos lo suficiente, a fin de aprender de otros países, quizás menos ricos que nosotros pero seguramente con esta autenticidad propia de aquellos que creen que no se conforman en sobrevivir porque creen que la vida, también puede ser una experiencia para disfrutar.

¿Por qué no mandan las mujeres?

Algunos expertos bien pensados y optimistas pronostican que en este siglo XXI se recuperará, por fin, una parte de los valores humanos y empresariales que olvidamos en algún lugar durante los últimos 30 años. 

La verdad es que no existen signos que permitan vislumbrar está tendencia más allá del romanticismo , esta palabra mágica que no tiene traducción en economía, ya que este universo global parece demasiado grande para ser comprendido. 

Vivimos dominados por el pragmatismo del consumo cuyos indicadores son la capacidad de compra, el bienestar propio y una tolerancia más bien menguante, pero suena bien hablar de utopías . 
A veces pienso que a la gente de recursos humanos nos pagan para potenciar la esperanza a través de la cultura del cambio, la evaluación del desempeño, el desarrollo del conocimiento, planes de carrera y todas estas cosas. 

Nunca he dejado de creer en la posibilidad de mejorar un poco mi entorno y me apunto, lógicamente, a este sueño de humanizar la empresa, incluso me atrevo a señalar algunos caminos que nos lleven a este propósito. 

Creo que la incorporación de mujeres en los puestos directivos puede resultar decisiva para mejorar los actuales valores empresariales, propongo reflexionar sobre ello. 

Si analizamos aquellas características que caracterizan un buen liderazgo, como la capacidad para transformar a las personas, hacer que descubran su talento y por tanto, destacando competencias básicas como: empatía, ilusión, serenidad, autocontrol, constancia, paciencia, confianza, aprendizaje y mucha comunicación. 

Descubrimos que todas estas cualidades están más cerca de la mujer que del hombre, simplemente por haberlas desempeñado desde hace muchos siglos, y hoy siguen siendo realidad en economías básicas, pues administrar recursos, facilitar el desarrollo, comprender, aguantar, escuchar , motivar, sacrificarse es lo que hace cualquier mujer con responsabilidades cada día en cualquier familia y en todo el mundo. 

Avancemos un poco más ¿cómo saber lo que ocurrirá mañana? ¿cómo prepararnos ante un futuro cambiante por la dichosa globalización? con intuición está claro, y ¿cómo conseguir retener el talento de la organización? con sensibilidad, y por último ¿cómo saber donde están los focos de los problemas? sin duda escuchando. 

Intuir para organizarse mejor, escuchar para comunicarse, ser sensible para individualizar las relaciones con trabajadores y clientes, y al mismo tiempo, ser exigentes con el método, son características propias del género femenino. 

Por tanto, está llegando la hora del recambio y las mujeres deberían prepararse para dirigir las economías mundiales, y hablo de dirección, porque mandar nunca han dejado de hacerlo, afortunadamente para nosotros, en otro caso, ni siquiera hubiéramos superado la infancia. 

Ahora sólo falta que rompan de una vez este “techo de cristal” que ya han superado las profesionales médicas, abogadas o políticas y, por último, sólo les quedará su gran asignatura pendiente, tan de moda, la dichosa conciliación familiar. 

Los problemas son bien conocidos, la imposibilidad de estar en dos sitios a la vez, este miedo a la libertad “frommiano”, la inflexibilidad, el deseo de “ comprar afecto “, la falta de tiempo o la excesiva preocupación por el fracaso y el rechazo. 

Pero, de todo esto, podemos hablar otro día, de momento, nos quedamos con la enorme posibilidad de convertir todas las barreras en auténticas oportunidades.

CÓMO SOBREVIVIR A LA DESLOCALIZACIÓN

Primero fue la globalización, ensanchar el mercado para llegar a más gente; más ofertas, más productos y más compradores. Después viene la deslocalización, pero sin olvidar que, gracias a la fuerza del marketing , todo eso que vendemos de más hay que fabricarlo.

Por tanto, la eliminación de aranceles y el paraíso del mercado libre es para todos. Si dejamos abiertas las “puertas”, puede entrar todo el mundo y, claro, todos quieren participar, a lo bueno todo el mundo se apunta. 

Más mercados, más servicios y especialmente más competitividad repercute en los precios y eso lo aprendimos hace años. Los excedentes hacen bajar la balanza de precios y al revés. Excepto los grandes monopolios de materia prima que controlan media docena de entes o personajes, probablemente ajenos a nuestro mundo, todos los demás dependemos del dichoso mercado. 

La deslocalización de la producción deriva de dos dinámicas divergentes: destrucción de empleos industriales en un país de origen de crecimiento débil o estancado y creación de empleos industriales en un país de crecimiento rápido. 

No quiero suponer, aunque confieso que me complacería mucho, que una parte de la deslocalización contiene algún rasgo de solidaridad para el desarrollo de los países destino. Aunque, lo cierto es que les reportan algunas ventajas como:

  • Mayor desarrollo económico
  • Posibilidad de mejorar su PIB al crecer sus exportaciones
  • Creación de empleo neto
  • Mejora salarial 
  • Más competitividad de los Recursos Humanos 
  • Cualificación de sus trabajadores
  • Más especialización 
  • Optimización de sus recursos productivos en general

En realidad, lo que ocurre es que, estas ventajas difícilmente repercuten en la población de forma directa. Por otra parte, tampoco es cierto del todo que se creen excesivos puestos de trabajo. De un informe del Instituto Cato (USA), recogido por P. Shwartz, se deduce que entre 1993 y 2002 se crearon en EEUU “sólo”17, 8 millones de puestos, que es la relación entre 322, 7 millones de empleos creados y 309, 9 millones de empleos destruidos, o sea que no es para tanto. 

¿Qué pasa en el mundo?

La deslocalización, palabra intraducible según el Diccionario de la Lengua Española y también conocida como offshore, es probablemente una necesidad de la economía de nuestro tiempo, y, aunque no resulte descabellado suponer que existen ciertas ventajas, éstas, afectan al futuro del desarrollo del conocimiento, en algunos países receptores , porque si calan hondo, pueden favorecer la transformación de estos estados destinatarios de la deslocalización como India, China, Brasil o Indonesia.
Gran parte de la tecnología que se genere en la India o China revertirá en sus propias economías, incrementando la eficiencia de las empresas locales gracias a un mecanismo de contagio beneficioso. Además y cuando se trata de nuevas tecnologías, los conocimientos, la propia formación y la experiencia adquirida en empresas occidentales, que son proveedoras precisamente de I+D, podrán ser aprovechados en sus respectivos países. 

Pero aún hay más, la cultura empresarial está actuando en estos países, como un resorte que se destapa, provocando el nacimiento de muchas pymes, al desarrollarse el espíritu emprendedor , que es el eje de cualquier economía estable. 

¿Por qué deslocalizan?

La deslocalización es una forma indirecta de “colonizar” en el siglo XXI, pero tiene un grave enemigo, que son estas mentes calenturientas que viven amarradas a las cuentas de explotación y que ven a la persona como mera unidad de coste. Quizás no lo han advertido, pero este peligro se llama la “deslocalización del conocimiento”. 

Hay un dato muy representativo al que concedo toda la fiabilidad que me merece IBM. Sólo en la ciudad India de Bangalore están graduándose tantos ingenieros de informática como en todos los Estados Unidos. Ésto es bueno para la economía mundial y aún es mejor para la competitividad porque nos obliga a no dejar de innovar para mantenernos con garantías en el mercado. 
Las empresas deberán centrarse cada vez más en su branding, en su “care bussiness”, en lo que saben hacer mejor, para dejar otras actividades fuera, o sea “offshore”, sin causar grandes sufrimientos, porque el talento, el conocimiento esencial, no puede copiarse, no es cuestión de “codos” ni siquiera de esfuerzo, también influyen capacidades innatas que hemos heredado y no pueden clonarse. 

De hecho existen diversos grupos de trabajadores en función de la trascendencia de su aportación de valor añadido y que podríamos resumir en dos.

Por una parte están aquellos que, con la mayor dignidad, ”sólo” aportan fuerza de trabajo. Esos cumplen a rajatabla el principio tayloriano de la producción, una función, un puesto, una persona, cualquiera puede hacer lo que hace, son como los peones agrícolas americanos normalmente importados o los atareados productores orientales que producen toneladas del “todoacien”.
Y además están aquellos trabajadores polivalentes, autónomos, disponibles y adaptables a los cambios. Ellos crecen con las empresas y la formación permanente es un reto para crecer con sus empresas, negocian individualmente y arrienda su talento a cambio de poner lo que saben y mucha actitud.

Para los primeros la innovación representa un problema, para los otros es una oportunidad. 

¿A quiénes cree el lector? ¿quién es más fácil de deslocalizar?

Hay un dicho en marketing que expresa algo así “si tu única diferencial es el precio, más te vale que seas barato”

La realidad española

Veamos cómo se maneja este tema en muchas administraciones y, especialmente, qué puede pasar en España. 

Hay un par de cosas con las que políticos y altos financieros están casi siempre de acuerdo y ambas se relacionan con el sentido del gusto. La primera se relaciona con la supervivencia y consiste en llenarse la boca de “buenos canapés” y la otra, no menos golosa, se refiere a decir frases tan mágicas como no hay crisis, tranquilos porque no pasa nada, usted contribuyente siga pagando, comprando, trabajando y viendo mucha tele porque está todo controlado. 

No quiero caer en nimiedades ni tengo nada contra los gobiernos, pero creo que los ciudadanos tenemos derecho a un mínimo de respeto. No nos sirven las gafas que pretenden ahumar lo que pasa en nuestro entorno, tampoco que pretendan comprarnos con cuatro aburridos discursos y promesas electorales. La gente quiere saber verdad, por qué el TGB no llega a Barcelona, por qué se invierte en estructuras de transporte “sólo” en algunas comunidades y alguien debe movernos a reflexionar. 

La gente debería saber que un euro fuerte equivale a menos competitividad, que el Pib sólo ha crecido una décima con respecto al año anterior y que la previsión para este año es de otra décima. Nuestras exportaciones son pobres, pues más del 70 % de nuestras ventas dependen del mercado interior y europeo, y seguimos con bastante más de un 10 % de paro, según datos que me merecen absoluta confianza, elaborados por el I.E. de la Caixa. 

Lo malo de las previsiones no es que casi nunca se cumplan, sino que pocas veces se articulan medidas coherentes. De eso, parece que los únicos que ganan algo son los especuladores. Con tanta tecnología de la NASA no parecía difícil detectar un tsumani, lo mismo que buscar alternativas al petróleo, pero quizás, no interesa. 

Ahora tenemos a las puertas de casa el fenómeno de la deslocalización. La palabra suena a nueva pero viene haciéndose desde el Neardhental. Se trata de optimizar sus posibilidades –entonces era la supervivencia- desplazándose hacia la fuente de recursos más idónea. 

En la época moderna padecemos y disfrutamos, al mismo tiempo, de la deslocalización desde mediados de siglo. Recuerdo de mi Catalunya natal, la llegada de inmigrantes procedentes del sur mediterráneo y que supuso una ayuda indispensable para la renovación y posterior desarrollo de los sectores textil e industrial, que eran poco competitivos sin la ayuda del “Plan Marshall” que no tuvimos, con el escollo de la inexistente desamortización de Mendizábal que tampoco se aplicó y de una política estatal, mucho más preocupada en protegerse que en favorecer el crecimiento de provincias. 

En realidad, en los últimos decenios del siglo XX, los sectores tradicionales como el textil, la industria, el automóvil y la electrónica de consumo, han sufrido el látigo del mercado libre y la competencia asiática. Incluso nuestra perla de oro que es el turismo, ha visto laminados sus recursos gratuitos, como sol, playa y “pesetas”, despertando del sueño utópico al pensar que el sol era una exclusiva hispana que vivía entre nosotros por nuestra “cara bonita”. Nos obstinamos en la posesión, lo mismo que le pasó a Felipe II, olvidando que calienta y luce por igual en todo el mediterráneo y más allá. 

Y está claro que nos han abierto los ojos a palos y con eso del transporte barato, la gente se va al Caribe o a Croacia en vez de a Mallorca. Málaga está muy vista y es cara –con tanta especulación – hasta las vacaciones en barco apetecen más, simplemente, porque antes los cruceros eran cosa de los ricos y ahora se han democratizado. Estamos pasando a ser víctimas pasivas de las mismas causas que en su día nos convirtieron en punto de atracción de Occidente, con el peligro de que se genere una nueva deslocalización de personas y grandes operadores. 

Causas y realismo

Conste que este humilde trabajo no quiere ir más allá, que introducir ciertas reflexiones muy subjetivas, de un espectador al que no le pasa inadvertida la realidad de su entorno.

Pero en mi opinión, aquí fallaron los políticos, puesto que la democracia, amén de otras cosas buenas, trajo consigo un cambio en la cultura social muy necesario, pero que no se atendió en su día, y cuando la denominada clase obrera, descubrió que Ermenegildo Zegna era más elegante que la pana y el cuello alto y conoció el placer de tener chofer, asumimos que las personas somos muy parecidas, y es que a todos nos gusta igualmente el jabugo, las gambas y viajar mucho. Además ahora, nos lo ponen en bandeja: cuesta lo mismo viajar a Londres en un jet que ir en autobús hasta Lloret. 

Estrenamos un mundo nuevo en el que las clases sociales ya no se gradúan ni por las rentas, ni siquiera por el trabajo como antes. Aquella relación de premio/esfuerzo casi se acabó, porque nuestros hijos tienen de todo sin demasiado esfuerzo. El acceso a un buen coche, una casa, una buena universidad o un trabajo no depende tanto de lo que te ganes sino de lo que te paguen. 

Por otra parte, los medios de comunicación han desarrollado las expectativas de un estado de bienestar plastificado, incluso falso, pero al mismo tiempo tan real, porque a través de concursos, reportajes o falsas convivencias filmadas, cualquier persona mediocre, esto sí, con “jeta”, es un modelo a copiar socialmente para vivir sin dar golpe. 

Y en este río revuelto deben navegar sin rumbo fijo, los millones de pymes y profesionales que sostienen de verdad el país y los que cotizamos religiosamente nuestros ierrepeefes contribuyendo a pagar unas estructuras que a la hora de la verdad son demasiado limitadas.

Por eso, cuando nos atrevemos a pelear en el ruedo de los grandes competidores europeos en un sector secundario que requiere grandes producciones, tecnología, productividad y valores añadidos, entonces nos perdemos, se evidencia que nos falta gente especializada y comprometida y surge este pánico que tenemos, a todo lo que represente cambio o movilidad.

¿Por qué se van las empresas?

Éste es otro problema de la deslocalización, la clase empresaria, se va a Asia o incluso a la Europa del Este, no sólo porque producen más barato sino porque aquí no tenemos suficientes infraestructuras, baste como ejemplo que nuestra rotación ferroviaria de mercancías con puntos de enlace en los polígonos industriales es pobrísima o simplemente inexistente. 

La verdad es que, además del señuelo de los costes salariales, existen otras condicionantes que favorecen la decisión de deslocalizarse hacia un país determinado, y éstas tiene que ver con una necesaria estructura logística (carreteras, puertos, ferrocarriles) un mínimo de capital, estabilidad política, mano de obra disponible y un deseo de desarrollo. 

Por enumerarlas, algunas de las razones que pueden empujar hacia la deslocalización de una empresa serían las siguientes:

  • Mejor acceso a materias primas
  • Más competitividad
  • Reducción de costes especialmente de mano de obra directa
  • Ventajas fiscales y políticas
  • Focalización hacia tareas de auténtico “valor añadido”
  • Diversificación de riesgo
  • Mayor especialización de los servicios
  • Aumentar el nivel de cualificación de los trabajadores
  • Menor conflictividad laboral
  • Favorecer el cambio desde los Recursos Humanos
  • La actitud de mejorar individualmente.

No voy a entretenerme demasiado, en justificar cada una de ellas, ya que entiendo que el lector las conoce sobradamente o cuanto menos, las intuye. Sólo destacaré algunos puntos que avalan decisiones empresariales supuestamente egoístas pero investidas de mucho sentido común empresarial. 

Pongamos un par de ejemplos, una gran lección industrial de la deslocalización nos la viene dando el filón del turismo, al que me he referido antes y otro ejemplo podría ser nuestra potente industria de confección. La influencia del factor moda ha alterado totalmente los hábitos de consumo en los últimos 20 años y ha cambiando incluso el verbo de esta actividad. Hemos pasado de “vestirnos” a “ponernos” cosas. 

Casi nadie cubre su cuerpo como hicieran nuestros antepasados para protegerse del frío, pudor, utilidad o necesidad. El márketing se ha enquistado en nuestra vidas y compramos centenares de prendas por el mero placer de hacerlo. Lógicamente, este cambio de la forma de vivir ha mediatizado la producción de la moda, de la que somos una potencia europea y normalmente, los grandes fabricantes de moda sólo diseñan, distribuyen y poco más, productos que se producen, cortan y cosen fuera de nuestras fronteras. 

No nos extrañe, por tanto, esta deslocalización porque sólo han pasado 30 años, cuando nosotros mismos, fuimos receptores de grandes industrias manufactureras provenientes de Europa y que encontraron en este país el señuelo fácil , para conseguir ventajas económicas o incluso fiscales. 

¿Cómo afecta la deslocalizacion a las personas?

Pero, lo que de verdad nos ocupa, es conocer en qué forma afecta la deslocalización a estos humanos con recursos que somos las personas. 

De entrada, quiero advertir que estamos a las puertas de una nueva reforma laboral. Se hace necesario buscar el equilibrio entre la flexibilidad empresarial y la necesaria estabilidad en el empleo. 

Por otra parte, debemos afrontar el fracaso escolar de nuestros jóvenes, buscando alternativas que permitan el resurgimiento de vocaciones , bajo el principio de que todo el mundo puede ser bueno, si conseguimos que trabaje, en aquello que más le gusta.

Seguimos teniendo un nivel insuficiente de empleo y la temporalidad es también muy alta, no obstante sería poco adecuado limitarla simplemente, porque la competitividad, la estacionalidad de muchos sectores y las condiciones del mercado apuntan a esta flexibilidad. 

¿Cómo defendernos?

Los caminos deberán pasar por abrir otras formas de flexibilidad para las empresas, y también, para los trabajadores que probablemente deberán asegurar más su competitividad por el camino de la formación permanente y buscar la estabilidad a través de la empleabilidad y la disponibilidad. 

Quizás también haya que cambiar la mentalidad empresarial, de forma que tener un trabajador deje de ser un problema y se convierta en una oportunidad de disponer de talento útil para la organización, pero del que se beneficie directamente el propio empleado. 

No olvidemos el freno social que supone la deslocalización en el país de origen, especialmente cuando existen despidos masivos y auténtica precariedad, especialmente para esos perfiles mayores de 50 años que ven acabada su vida laboral antes de hora. 

Naturalmente que esta movilidad ha permitido la intervención más o menos apurada de empresas de outplacement, siempre eficientes pero que implican la necesidad de readaptación y reciclaje, aunque sin duda, el coste de mala imagen y desconfianza en la empresa es muy importante, originando en muchos casos la movilidad hacia otros lugares en los que hay trabajo. 

Mientras, nos hemos apuntado al carro del progreso y han proliferado por doquier las ofertas de formación públicas o privadas. Las empresas siguen sin disponer del modelo de trabajador que no sea simplemente productivo, que no lo es porque nuestra tasa de productividad sigue siendo muy baja, pero sigue faltando implicación en los proyectos, autonomía o disponibilidad. 

Por otra parte, seguimos gestionando buena parte de nuestras empresas como se hacía hace 20 años, con una dirección en exceso jerarquizada, sin vías de comunicación interna, que favorezcan la aportación del talento de las personas y sin darnos cuenta que la sociedad ha cambiado. El nivel cultural de la gente no se cambia sólo con más universidades, sino favoreciendo e incentivando las ganas de aprender. 

Para este país y en mi modestísima opinión, la proliferación de centros universitarios ha sido engañosa, porque la escenificación de un título como máximo exponente del conocimiento y, por tanto, como salvoconducto hacia el empleo de por vida, ha abortado, al mismo tiempo, el necesario desarrollo de vocaciones en oficialías y formación profesional hasta llegar al problema deficitario actual. 

Recuperar las profesiones de siempre

Hemos olvidado que los ejes reales de la productividad, de la calidad, de la mejora continua e incluso del clima laboral están relacionados con los mandos intermedios y con aquellos que rechazan comportarse como robots y convierten a su trabajo en un proceso de artesanía. Por tanto, debe incidirse sobre la Formación Profesional. 

Los medios de comunicación, especialmente la televisión con su enorme poder sobre una sociedad demonizada por el culto al consumo y que asimila en su escala de valores la posesión como signo de progreso, han favorecido el éxito a través de personajes normalmente universitarios y, al mismo tiempo, han asimilado la figura peyorativa “chistosa” y “rural” a gente de oficio -dicho con el mayor respeto-. Series como “Farmacia de guardia” o “Médico de familia” en comparación con “Manos a la obra” o incluso “los Alcántara” son tópicos de unos modelos de sociedad que asocia el éxito al poder adquisitivo. 

Se ha evidenciado que el supuesto avance cultural, basado en superar la selectividad y conseguir finalizar una carrera, no se corresponde en absoluto con los resultados esperados. En mi experiencia docente, es prácticamente imposible leer una sola frase sin faltas de ortografía, de la misma forma que es un milagro que se ceda un asiento de bus a una embarazada. No hace falta que describamos las respuestas populares en encuestas de la calle para desvelar el grado de conocimiento que poseemos. 

Casi nadie lee nada, porque representa un esfuerzo y la información visual es más fácil y gratis. La cultura no es otra cosa que una actitud, y ésta requiere motivación, estímulo y metas para alcanzar, pero actualmente mucha gente se apunta al carro de vivir trabajando lo mínimo posible. 

Estoy sondeando en el iceberg de la deslocalización, buscando y analizando las causas, con la modesta pretensión que aprendí muy bien en la escuela industrial, de que sólo es posible resolver un problema si sabemos plantearlo. 

Todo esto y más cosas que me guardo, son indicativos de una sociedad que vive en crisis y que necesita transformarse tanto en sus valores como en otros elementos. 

¿Hacia una sociedad sin valores?

Sobre los valores, vamos a hablar poco. No es objeto de este trabajo y el tema es muy profundo y naturalmente subjetivo. Por ello, filosofaremos otro día. Baste decir únicamente que como fiel seguidor que soy del Renacimiento, afirmo mi creencia de que ambas cosas están relacionadas tanto como la ciencia y el arte. 

Hay que transformar esta sociedad y debe hacerse a partir de aquellas cosas que conocemos y que son susceptibles de cambiar, ya que el mercado, la globalización o la guerra fría -aunque nunca quieran hablar de ella- existen y no dependen de nosotros. Ser competitivos no es sólo una necesidad, es una obligación para sobrevivir. Las glaciaciones de hace millones de año son ahora los mercados mundiales. Internet es casi Dios y los dinosaurios son los gigantes financieros que viven de nosotros pero de los que dependemos para seguir la rueda del mercado. 

Algunas empresas modernas hace tiempo que han entendido todo eso del cambio. Algunos líderes hasta creen en los recursos humanos y los ven como esos misioneros abnegados y cargados de vocación predicadora que finalmente han decidido darles una silla en el comité de dirección para que hablen de algo más esperanzador que los planes de regulación o las prejubilaciones. 

Y naturalmente, en los lugares donde ha sido posible, los directores de RRHH han aprovechado su oportunidad. En muchos casos, han sido capaces incluso de despojarse de las obligaciones más o menos burocráticas como contratación y nóminas, pudiendo centrarse en la evaluación de puestos, la afinidad de perfiles, los planes de carrera y clima laboral, y así, pretender que la gente esté realizando aquel trabajo para el que está preparado y que además lo haga a gusto, dispuesto por tanto a compartir conocimiento. 

Nada cambia por sí solo y debería hacer falta la presión del exterior o los cataclismos inevitables para que la gente variemos la forma de hacer las cosas. Lo malo de esta situación de crisis que está pasando es que no la conocemos ni la comprendemos porque nadie quiere salir del estado de comodidad. 

No es “cómodo” pensar que cada hora se mueren miles de niños de hambre, ni que no pueda evitarse cargarnos el ozono. Tampoco nos preocupa seguir fabricando armas mortales. Y es que reaccionamos tarde. Como jurista, sé perfectamente que el derecho siempre llega tarde. Hay que agredir a muchos miles de mujeres para que se haga una ley que las proteja de verdad, lo mismo que somos reacios a poner un semáforo en un cruce hasta que se han matado unos cuantos. 

No vale cargar el peso de todo lo que nos está pasando a Bin Laden o al fatídico “día once”. Eso es lo mismo que echársela al tiempo o al precio del petróleo. Naturalmente todo influye, pero hay que prever todo lo previsible y de la misma forma que nada se aprende de verdad hasta que se hace por uno mismo. 

No se preocupe demasiado, las empresas no van mal, los que vamos mal somos las personas. 

Más conocimiento

Nuestra economía debe girar hacia el único espacio en el que nadie puede copiarnos, que es el conocimiento que poseemos individualmente. De la misma forma que no hay dos personas iguales, sólo tiene valor aquello que no nos pueden comprar y ésto aplicado en el mundo del trabajo es el modo en que hacemos las cosas. 

Debemos perseguir el objetivo de hacer bien las cosas por el mero gusto de hacerlas y el camino es la educación, una cultura mucho más ordenada en todos los niveles. El mundo universitario debe bajar a las empresas para saber qué tipo de profesionales habrá que tener en el futuro. 

No obstante, debe tenerse en cuenta que, con la implantación de las nuevas tecnologías, la diversificación de transportes, la sobre-información, el alto nivel de comunicaciones, la progresión del tele-trabajo etc, en los municipios en los que viven nuestros jóvenes no se encuentran sus centros de trabajo. 

Una estrategia concreta

Nuestra juventud, en los casos en que ha podido elegir determinada carrera u oficio, difícilmente puede ejercerla en el pueblo donde vive. Incluso, las empresas priorizan las condiciones financieras, tecnológicas, productivas, competitivas, imagen o logística, alejándose de los territorios de explotación. 

Teniendo en cuenta esta deslocalización interior, debe existir por una parte, un acercamiento de la realidad social y económica mediatizada por el futuro, de forma que puedan acercarse las expectativas de los futuros trabajadores y el desarrollo normal de las empresas. 

Algo que no puede pararse es la centrifugadora de la innovación permanente. Los productos envejecen con mucha más rapidez que las personas y la sobrevivencia del sistema sólo puede garantizarse tomando medidas que forzosamente tendrán que aplicarse en la actualidad y en el ámbito en que se permita, pero al mismo tiempo, preparando el futuro de generaciones venideras.

Unas propuestas concretas 

Por tanto, deberíamos, por una parte, elevar la calidad de nuestro trabajo:

  • Mejorando la educación y la formación profesional, luchando contra el fracaso escolar y acercando las opciones formativas a perfiles con futuro laboral
  • Una más y mejor tecnología de la comunicación, facilitando el acceso al e-learning, la formación permanente y la visión universal
  • Fomentar el espíritu emprendedor, eliminar trabas y apoyar la iniciativa empresarial. 

Por otra parte, cambiar nuestro modelo de organización en las empresas:

  • Cambiando el modelo de gestión excesivamente jerarquizado hacia una fórmula de dirección por resultados
  • Flexibilizando recursos, centrándose en etapas productivas de valor añadido. 
  • Una acción vendedora determinante hacia mercados nuevos, emergentes, nichos y naturales. No podemos dejar que nos vuelvan a “robar la cartera” en Sudamérica, África y Medio Oriente, nuestros vecinos. 
  • Más cooperación interempresarial entre las pymes
  • Favorecer la evolución hacia una cultura de proyecto
  • Racionalizar la distribución del tiempo de trabajo y favorecer la conciliación familia /trabajo.
  • Ofrecer a los buenos trabajadores, proyectos empresariales a largo plazo que contengan una mayor seguridad laboral para el trabajador implicado (Japón).

Con esta actitud, puede aspirarse a un modelo de eficiencia económica y social que es un concepto más amplio que la mera competitividad. 

Conclusión

En conclusión, el fenómeno del offshore o la deslocalización es algo imparable y que no debe sorprendernos. Tiene sus raíces en la economía y se alimenta principalmente de esta ciencia peligrosa con la que nos hemos acostumbrado a vivir y que no podemos obviar en el mundo moderno, llamada márketing. 

Poco importa que tengamos cubiertas nuestras necesidades básicas, ya que el consumo, es como una hidra insaciable, que se ocupa sencillamente de crear otras nuevas, para que de esta forma, no dejemos de empujar el bolsillo con nuestros deseos hacia un señuelo de algo tan intangible y utópico denominado calidad de vida. 

Las empresas, sometidas lógicamente a esta competitividad global, deberán racionalizar sus costes de producción, a fin de tener un espacio en el mercado y, probablemente, siempre seremos mejores compitiendo con algo que conlleve conocimiento que en el bazar del “todomásbarato”, eso mantendrá despierta nuestra mente y nos ocupará en hacer mejor lo que sabemos hacer. 

A nivel personal, nuestro mayor poder es el talento, la historia aprendida durante generaciones, la cultura del esfuerzo, la disposición a aprender constantemente, la autonomía aplicada al trabajo en equipo, nuestra iniciativa y creatividad, la capacidad de elegir volcándonos en, lo que sabemos hacer mejor, para dejar a otros , la simple fuerza de trabajo. Probablemente, preocupándonos para que la cultura y el conocimiento crezcan con nosotros, seremos mucho más libres, tanto como para saber elegir y entonces, seguro que nada nos condicionará. 

RESUMEN

El autor hace una reflexión sobre la deslocalización de las empresas que es consecuencia de la globalización y la competitividad. 

Se realiza un exhaustivo análisis de las causas que han motivado la misma, poniendo sobre la mesa verdades y mentiras derivadas del fenómeno de la deslocalización. 

Con un breve paseo histórico sobre nuestros orígenes, la influencia del entorno y nuestra forma de actuar, se define una posición realista y consecuente con nuestra forma de ser en el siglo XXI. 
También se relatan las ventajas y la repercusión social para los países de origen y los receptores y, muy especialmente, se dan sugerencias para establecer una estrategia para defendernos de éste fenómeno que precisamente por su origen universal es inevitable para nosotros, ocupándonos de crear antídotos que van desde las estructuras al aprendizaje. 

Se justifica que la eficiencia económica puede conseguirse con una nueva reforma laboral y una actitud por parte de la administración que permita armonizar flexibilidad con estabilidad en el empleo. 

Se presta en todo el artículo una especial atención a los profesionales como seres humanos con recursos y, a la vez, auténticos protagonistas de la deslocalización, y se proponen soluciones, especialmente, en el ámbito de la formación, los valores y la organización del trabajo, que permitan abordar el futuro con esperanza. 

SOBRE EL AUTOR

El autor, Miquel Bonet (Manresa 1947) cursó estudios empresariales y Derecho. Posee diversos masters y postgrados. Es profesor presencial y virtual en varias universidades, especialmente en la de Barcelona y también en Escuelas de Negocios. 

Autor de más de 600 artículos así como de manuales técnicos y de RRHH, acaba de publicar su libro”Búscate la vida” (Ed. Cerasa 2004). 

Colaborador habitual en Radio y TV, participa como ponente en diversos eventos relacionados con RRHH, Comunicación y Formación.

Presidente la consultora ABR y Consejero del grupo Select. 

BIBLIOGRAFÍA
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  • Crombrugghe A. de, Bhushan K. y San Román I., Algunos logros notables de las BSA en 2001-Bolsas de subcontratación y alianzas industriales (BSA)- Abriendo la puerta de los mercados locales y mundiales; 2001, Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial.
  • Chevalier M., Externalisation, Alternatives Economiques, núm 210, enero 2003, págs. 56 a 60.
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  • Ianni, Octavio. 1996. Teorías de la globalización. Siglo XXI Editores. México
  • NOON, M, & BLYTON, P. 2002. The realities of work. Houndmills, Basingstoke, Hampshire, New York: Palgrave, 2002.

No volverás a estar sólo

Nadie conoce mejor la soledad que los que la sufren constantemente, aunque los demás no nos demos cuenta, y con el teletrabajo o con la formación a distancia, ocurre un fenómeno similar, envidiamos las ventajas de estudiar o trabajar fuera de horario, de evitar desplazarnos y de conectar el ADSL cuando, nos place. Pero no tenemos en cuenta, que a menudo, no tener horario, equivale, empezar a trabajar, cuando los otras tareas que tenemos, se han realizado, la diferencia de una aula o un despacho virtual, equivale a la limitación de medios y privarse de toda comunicación no verbal, no trabajar en grupo, es perderse el contacto humano y no olvidemos que incluso éxito sólo depende de la percepción de los demás. En cuanto a lo de conectarse cuando uno quiera, mientras dependamos de una red tecnológica, con velocidad precaria, en el que los “cuelgues” del sistema, son tan familiares como la tecla del “reset”, mejor cambiemos la voluntariedad por la posibilidad. Casi nadie se da cuenta de lo significa, tratar de aprender desde la distancia, incluso ensayándolo previamente, pruebe el lector, a explicar como cocinar un plato o hacer un nudo o más fácil, montar un mueble, a través de un manual y una terminal de teléfono u ordenador y lo comprobará. Porqué, para aprender de verdad, hace falta tener un modelo, poder experimentar directamente, descubriendo los errores para poder cambiar, y esto sólo funciona, si tenemos a alguien a nuestro lado, es muy difícil hacerlo solos. Una forma de aprender que está adquiriendo un notable avance, en el mundo de la formación, es el e-learning, distinto de la tradicional formación a distancia. La diferencia entre el buen y mal e-learning, sólo consiste, en la capacidad para simular situaciones real-como las cabinas virtuales de los pilotos- creando determinadas herramientas, que estimulen al alumno, hacia el descubrimiento de su propio aprendizaje. Para ello, deben rechazarse los métodos didácticos, basados en la formación presencial y acudir a la creación de una nueva metodología docente, auténticamente virtual, por tanto, imaginativa, motivadora, autoestimulante y especialmente tutorizada por profesores, que empaticen con el alumno, para conseguir que avance, hacia su real aprendizaje, llegando a la formación deseada. Ante esta forma tan novedosa y al mismo tiempo atractiva de aprender, se me plantean dudas y experiencias que he podido contrastar como profesor virtual, además de presencial, como consultor académico y también como jurista y que entiendo que deben velarse, especialmente, desde el ámbito de una asociación dedicada precisamente, a la mayor y mejor divulgación del uso del e-learning, como un camino de formación congruente con nuestro tiempo y avanzando en paralelo, con el futuro de las tecnologías de la comunicación. Creo que podremos llegar a virtualizar, copiar o incluso clonar casi todo, menos las emociones humanas, me interesa poco la ciencia, excepto cuando se ocupa de mejorar la existencia de las personas, y me gusta fomentar el acceso a la cultura universal, gracias a internet, sólo, si puede ayudar a la gente, para que, pueda entender mejor su entorno y de esta forma tenga la opción de cambiarlo o mejorarlo. He analizado los problemas que tiene el usuario de e-learning, contrastado con las opiniones de muchos de mis alumnos en la universidad y he descubierto que, a excepción de algunas dificultades técnicas, derivadas de una mala o insuficiente aplicación en sus terminales, la mayoría de problemas son de comunicación, ligados a la tutoría o al centro con el que han concertado el servicio del curso en cuestión. En un paso más avanzado, he contrastado que las dificultades no dependen tanto de la calidad de los contenidos o de la capacidad académica y de conocimiento de los tutores-me consta que es alta en general- sino de la capacidad de llegar al otro lado, cerca del alumno, en una palabra, la posibilidad de ser escuchado. Eso ha justificado, la creación de la figura de “defensor del usuario de e-learning”, como experiencia inédita a nivel mundial, asumirse desde éste puesto, un papel de receptor, de forma absolutamente objetiva y sin depender de otro interés más que, el humano de escuchar y comunicarse. El defensor, no busca convencer, ni siquiera influir, simplemente escucha cada caso, dando una opinión basada en el principio de la buena fe. No se pretende invadir la esfera del derecho privado, mediante dictámenes jurídicos, ni opiniones académicas, aunque obviamente, cierto conocimiento sobre ambas materias, permita facilitar contrastes con mayor rigurosidad. Ante un mundo de incomunicación, que vemos aparecer, a través de los medios audiovisuales y del que son espejo nuestros hijos, en el que el lenguaje se ha tornado pobre, espeso e inexpresivo, parodiado por SMS, voces de plástico y otras fantasías electrónicas, se está falseando el placer de la auténtica comunicación, por ello, creemos que acercarse a los problemas de la gente, es el primer paso para resolverlos. Resistirse al formulario, rechazar lo general, para individualizar, evitar el exceso de codificación, los paneles informativos y ganarle el pulso a la robotización comunicativa, será una forma de perseverar en nuestros valores como personas y conservarlos. Si el gran enemigo del e-learning, es la dificultad de ponerle cara, a los usuarios de esta fantástica herramienta de formación. Con la creación de la figura del defensor del usuario de e-learning, trataremos de crear un cauce de expresión humana, para las personas afines a ésta formula. En pocas semanas, cualquier usuario de e-learning, podrá dirigir a AEFOL, su opinión, pregunta, comentario o controversia, en la seguridad de que será escuchada, percibiendo en unos días, una contestación congruente con su cuestión y en los casos en que sea posible, incluso un camino de solución. Nuestro país que siempre se ha significado por su especial sensibilidad hacia los problemas humanos, quizás porque nuestra condición latina en contraste con nuestros vecinos del norte, nos ha permito desarrollar mejor el mundo de las emociones, va a contar con un receptor abierto, para que, desde el otro lado, estemos menos solos.

Las claves para conseguir un trabajo

Buscar y encontrar trabajo, no es otra cosa que un procedimiento tan natural y normal como cubrir una necesidad básica ,ya sea comer , dormir o comunicarnos , aunque sólo sea con nosotros mismos. Lo único que pasa ,es que queremos conseguir las cosas con poco esfuerzo , no estamos acostumbrados a sufrir y eso es muy razonable.

Nos asustamos ante la dificultad que hemos fabricado en nuestra mente , de la misma forma que vemos lejano aprobar el examen de conducir , hablar otro idioma o subir una montaña , porqué nos cuesta salir de nuestra zona de comodidad y esforzarnos para conseguir algo, cuando tenemos a nuestro abasto tantas cosas gratuitas y fáciles.

No pasa nada, sólo tenemos que racionalizar y crear un método para aprender , y en el caso de la búsqueda de trabajo es aún más sencillo¿porqué? , pues por la sencilla razón de que mientras estamos buscando, hay alguien que tambien nos busca a nosotros.

¿recuerdas lo que hacías cuando jugabas a “esconderse “?, es lo mismo que en el laberinto, hay que encontrar el camino correcto.

Naturalmente en la búsqueda de empleo, ocurre algo similar, alguien está buscando un perfil de trabajador y tú debes estar en su línea de tiro, sino, nunca os encontrareis.

A continuación te paso algunos CLAVES , para que realmente puedan encontrarte.

  1. CONÓCETE A TI MISMO, quien eres, que sabes hacer, que quieres hacer.
  2. LIMITA TUS COMPETENCIAS, nadie sirve para todo, elige aquellas cosas que crees que sabes hacer mejor .
  3. DIBUJA UN PERFIL DEL PUESTO, debes tener claro que puesto de trabajo buscas.
  4. CONOCE EL MERCADO, infórmate sobre “todas “ las posibilidades que existen para tu trabajo ideal( sector, empresas, oportunidades)
  5. NO HAY FRONTERAS FÍSICAS Ó PSIQUICAS, si limitas tu disponibilidad ,limitas tus posibilidades.
  6. BUSCA EN TODOS LOS MEDIOS, todo vale, desde el boca-oreja, hasta le anuncio pegado en la vitrina de la farmacia, camina con los ojos abiertos.
  7. INTERNET ES EL CAMINO, busca en los portales mas importantes especialmente desde el que me estás leyendo.
  8. DESCONFIA DE OFERTAS ESPECTACULARES, nadie te pagará mucho más de lo que vales, debes ser realista.
  9. PERSONALIZA TU CURRÍCULO, no hay dos personas iguales, no deben haber curris calcados y adáptalo a la oferta.
  10. HAZ UN SEGUIMIENTO Y CONIGUE LA ENTREVISTA, todo se decide en la entrevista pero debes acertar en lo que están buscando.
  11. ELIGUE BIEN , Es importante es que exista cultura de empresa,buenos compañeros ,reconocimiento , buen equipo para que tengas proyecto.
  12. SIGUE FORMANDOTE, Lo aprendido caduca , mentalízate, que la mejor clave para tener un trabajo y conservarlo es estar al día.

Con todo ello, además ,necesitarás un poco de suerte, pero ésta es gratis y se regala a los/las valientes.

INTELIGENCIA EMOCIONAL PARA FINACIEROS

No hay ciencia que hable de las armonías de la naturaleza, con más claridad que las Matemáticas decía Paulo Carus. ç

La primera vez que me hablaron de INTELIGENCIA EMOCIONAL se encendió como un flash en mi cerebro. Era un concepto que me era familiar, incluso evidente, pero al mismo tiempo, nunca nadie lo había definido claramente. 

Voltaire afirmaba que la imaginación de un matemático superaba a la de cualquier humanista. Estoy muy de acuerdo, ya que incluso para pensar hace falta emoción y aunque en apariencia razón y emoción parezcan opuestos, mucho antes del renacimiento y de la existencia del mayor genio –para mí- de la humanidad, Leonardo da Vinci, que trató de explicar toda esa conexión entre ciencia y arte, muy pocos filósofos se han atrevido a explicar que hasta el cerebro tiene su “corazoncito”. 

Hasta finales de los años 50 y de eso mis lectores financieros saben más que yo, los procesos de selección de personal que finalmente determinaban la valía de un candidato pivotaban sobre algo tan lógico y al mismo tiempo tan carente de sentido común como el coeficiente intelectual, o sea que la idoneidad de un puesto de trabajo lo definía básicamente el grado de “inteligencia” de un individuo o individua. 

Actualmente, eso ya no va así, y ser simplemente inteligente o tener capacidad numérica, memoria, lógica o simplemente racionalidad, no lo hacen a uno más idóneo para un puesto de trabajo. 

Y es que, además de los conocimientos que deben tenerse en alguna medida, cuenta la capacidad y sobre todo la actitud para mantenerlos y desarrollarlos, también interesan las formas y el entorno. Porque las empresas no quieren sólo profesionales, desean también personas. 

Cuando se busca un financiero en la actualidad, no sólo se evalúan sus conocimientos, formación o experiencias, sino que se tiene en cuenta, su percepción del entorno, su capacidad de trabajo en equipo y la armonía entre su pragmatismo numérico y la capacidad para venderlo al consejo directivo. 

Por tanto y al paso que vamos, el concepto de inteligencia ha sufrido mutaciones hasta desembocar en una definición algo abstracta, lejos de la generalidad histórica y relacionada con aquellas partes que se requieran en cada momento. 

LAS DISTINTAS INTELIGENCIAS

La teorías sobre las inteligencias múltiples e incluso la influencia de las emociones en nuestra razón, se remontan a gente tan solvente como Plauto, Aristóteles, Epicuro , Montaigne , a los que se eyaden científicos más recientes como Freud, LeDoux, Gardner o el Profesor Marina. 

Pero fue el psicólogo, periodista y maestro de marketing -4 millones de libros vendidos- Daniel Goleman, con el que tuve la fortuna de compartir conferencia en Madrid (1999), el que explicó claramente una vieja idea y nos “vendió” la bondad de la Inteligencia Emocional para incorporarla a nuestro universo de personas y profesionales. 

Para Daniel Goleman, autor de los libros “Inteligencia Emocional” y “La práctica de la Inteligencia Emocional”, todo eso tiene que ver con las ACTITUDES, que tenemos frente a las cosas. 

El concepto se define como una inteligencia derivada de las inteligencias INTRAPERSONAL e INTERPERSONAL, porque es la inteligencia que mayor incidencia tiene en nuestra vida, ya que constituye el vínculo y la conexión entre los sentimientos, el carácter, las creencias y los valores. 

Para Goleman, según explica en sus libros, la Inteligencia Emocional se traduce en dos habilidades:

  • La capacidad de reconocer, canalizar y actuar sobre los propios sentimientos que constituyen habilidades propias de la Inteligencia Intrapersonal que definía Gardner. 
  • Y la capacidad de actuar y modificar adecuadamente los sentimientos que aparecen en la relación con los demás que constituye una de las habilidades propias de la inteligencia interpersonal de la que ya habló el Premio Nobel Howard Gardner. 

Estas conclusiones, sin duda tienen una gran relevancia en el mundo del trabajo porque muy por encima de ser eficaces profesionalmente, se requiere gente comprometida con el proyecto y a la vez que se lleve bien que los demás. 

Porque es bien sabido que nuestro éxito siempre depende de la percepción que tengan otros, nuestra trascendencia está ligada a los demás y el crecimiento requiere el contraste de otros. 

Cuando trabajamos en una oficina, en producción o acompañado de la enorme soledad de los números, nos damos cuenta de que podemos soportar fácilmente muchas dificultades, cuando existe la emoción de los demás o la posibilidad de hablar y sentirse escuchado, la comunicación no verbal, el calor del contraste. 

Gran parte de nuestra existencia está contagiada de emociones. Yo pienso que incluso la gente que se va de las empresas, en realidad se marcha de sus jefes porque incluso la relación de trabajo acaba siendo personal. 

En cualquier caso, emoción y razón están detrás de cualquier actuación que afecte a otras personas y a nosotros mismos. Por tanto, es bueno que sepamos cosas relacionadas con nuestro comportamiento y aún es más necesario que seamos capaces de incorporarlas a nuestra actitud porque ello influirá en la forma en que los demás perciban lo que hacemos. 

Quiero analizar un poco como se produce todo eso, explicándolo brevemente y además abrir las puertas de la conciencia individual hacia la oportunidad de aprender, practicando, porque la enorme ventaja de la INTELIGENCIA EMOCIONAL es que puede aprenderse. 

1. EL PRIMER GRUPO TIENE QUE VER CON NOSOTROS MISMOS 

Reconocer, canalizar y manejar los propios sentimientos: Elementos Intrapersonales

Esta habilidad implica tres competencias básicas:

  • Autoconocimiento-conocimiento de uno mismo. 
  • Autocontrol
  • Automotivación

Aquí no se trata de saber qué piensan los demás de cómo somos, sino del conocimiento que poseemos sobre nosotros mismos. Porque ello, nos ayudará a justificarnos, porque somos así. 

Todo empieza por ahí y entiendo que el nudo de la inteligencia emocional está en el conocimiento propio porque éste es el que permite poner en práctica las demás habilidades que podemos convertir en competencias como el autocontrol y la automotivación. 

Casi siempre la mejor forma de resolver un problema es saberlo plantear y de esto los financieros saben mucho porque es como elaborar una cuenta de explotación de la vida propia, por tanto, empezaremos por ponerle un nombre a las consecuencias de determinados actos. Si somos capaces de darle un nombre, somos capaces de identificar las causas. 

  • El enfado es una actitud que nos ayuda a defender nuestros propios valores e indicar a los demás los límites (físicos o psicológicos) que no deben traspasar, normalmente no es una acción sino más bien una reacción que surge cuando nos sentimos agredidos, vivimos una injusticia o nos contarían nuestros intereses. 
  • El miedo es una reacción de cautela que nos advierte del peligro y, por lo tanto, nos da tiempo a protegernos, afrontarlo o incluso huir. Hay muchas clases de miedos, casi todos derivados del miedo a ser rechazados y el miedo al fracaso, pero se puede aprender a gestionarlo, simplemente identificándolo, se produce principalmente cuando nos enfrentamos a situaciones que antes no hemos conocido. 
  • La tristeza generalmente tiene que ver con la pérdida de algo, alguien. En el fondo nos despedimos de algo (material o inmaterial) y ayuda a eliminar el vacío que produce la separación. Hay otras formas de tristeza que no siempre controlamos y que tienen que ver con la autoestima, la falta de reconocimiento, la soledad. 
  • La estimación, aquello que nos permite ser generosos, disfrutar el placer de dar con él nos volvemos más creativos, nos puede aumentar las ganas de hacer cosas, nos acerca a las cosas sin juzgarlas, aunque también nos hace más vulnerables. 
  • La alegría estimula y protege la vida, ya que es consecuencia de una sensación de bienestar y armonía y surge cuando nos realizamos personalmente o cuando damos alcance a un objetivo. 
  • La envidia que se produce cuando no somos capaces de reconocer el éxito de los demás, es un nivel mediocre que si lo superamos nos llevará a la admiración. 

Hay muchos más, pero éstos son los más representativos, también hay otros sentimientos que se mezclan entre ellos , la tolerancia, la caridad, la ternura etc.

AUTOCONTROL sobre UNO MISMO 

Admiramos a la gente que sabe controlar la situación, aunque a veces sería mejor dejarse llevar por los instintos. 

Hay que advertir que autocontrol no simplifica reprimirse sino sobreponerse a los instintos y a las emociones. 

Aristóteles y después Kant lo definen como está capacidad de justificar a través de la razón nuestras emociones, especialmente para pararlas antes de que fluyan. Es como la presa en el río. 

Conocemos a la gente que se autocontrola porque casi nunca resulta espontánea, tiene que ver con el equilibrio. 

Dicen que uno de los caminos hacia la madurez sería definir esta capacidad de controlar los impulsos y que constituye el fundamento de nuestro carácter. 

Me gusta esta frase clásica: 

“Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo más conveniente, esto es casi imposible”

Uno de los campos en que el autocontrol puede ejercitarse con mayor frecuencia es para modular nuestras reacciones de enfado. 

Cuando hablamos del enfado, me gusta mucho una explicación de mi colega y amigo el Prof. Carlos Andreu, al que le apasiona la componente seductora del enfado. 

Su tesis se basa en que cuando alguien está enfadado, entra en su interior para buscar y siempre encontrar razones para defenderlo y justificarlo. 

Somos capaces, incluso podemos embarcarnos en un monólogo interno para demostrar lo bien que actuamos al enfadarnos. En este sentido, Stephen Covey, en su libro “Los 7 Hábitos de la Gente Altamente Efectiva” nos recomienda la siguiente actuación cuando nos asalta una fuerte emoción y que quiero compartir contigo: “las personas emocionalmente desarrolladas que gobiernan adecuadamente sus sentimientos, y asimismo saben interpretar y relacionarse efectivamente con los sentimientos de los demás, disfrutan de una situación ventajosa en todos los dominios de la vida”, ya que:

  • Suelen sentirse más satisfechas
  • Son más eficaces y más capaces de dominar los hábitos mentales que determinan la productividad
  • Incluso comprenden mejor cada situación, es como tener en cada momento un balance de la situación, incluyendo las previsiones a corto plazo e intuyendo aquellas condicionantes del mercado que nos afectan. 

Así mismo propone una forma de actuar:

  • Deténte, serénate y piensa antes de actuar
  • Expresa el problema y di cómo lo sientes
  • Proponte un objetivo positivo
  • Piensa en varias soluciones
  • Piensa de antemano en las consecuencias
  • Sigue adelante y trata de llevar a cabo el mejor plan
  • ¡Házlo desde el primer día!
  • Comprueba como vas adelantando 

AUTOMOTIVACIÓN

Las personas dependemos siempre de nuestros estado de ánimo para hacer las cosas de una u otra forma. 

Somos un todo y además casi siempre domina nuestra componente emocional. Por otra parte, existen personas que pueden ver la botella que está en la mitad, de forma optimista o sea, medio llena, o de lo contrario en forma pesimista: medio vacía. 

Éste es un síntoma claro de poca inteligencia emocional porque deja en los demás una de las decisiones fundamentales de la persona. La capacidad que tenemos de Automotivarnos significa llevar a cuestas la estufita que calienta nuestro interior sin que nos afecten los reveses ni los hundimientos de otras personas que están cerca de nuestro entorno. 

Uno de los elementos básicos de la automotivación es la actitud optimista con que una persona se enfrenta a su existencia. 

Todos los textos realizados sobre vendedores o personas dedicadas a hablar influir y convencer a la gente, así como aquellas personas dedicadas al mundo profesional y sometidas a un cierto estrés, la frialdad de los números es un ejemplo. 

Algunos autores como Martin Seligman, Sue Knight, Jack Trout etc. están de acuerdo en que estos colectivos –son grupos en el que la automotivación resulta fundamental- uno de los rasgos de personalidad más discriminatorios de aquellos que consiguen resultados excepcionales es su optimismo, su capacidad de autoilusionarse. 

Ya que estamos hablando de rasgos permanentes en la personalidad, la capacidad de generar ilusión debe mantenerse en el tiempo, es decir, debe ser perseverante, a pesar de fracasos aparentes y existen técnicas para conseguirlo. Casi siempre pasan por la mentalización y el recuerdo de las experiencias positivas recomiendo las técnicas de PNL . 

El optimismo y, en contraposición, el pesimismo constituyen formas de percibir e interpretar las cosas que suceden en nuestro entorno. 

Vamos a ver algunos ejemplos:

El optimista, cuando se producen situaciones negativas o desagradables, considera que:

  • Casi nunca las cosas son tan feas como aparecen a primera vista, o sea que vale la pena profundizar un poco más. 
  • Las cosas que no dependen de él y, por lo tanto, los motivos que las generan no son directamente atribuibles a sus características personales. 
  • Dichas situaciones o circunstancias no van a durar siempre, sino un período de tiempo determinado. 
  • Éstas no van a influir en el resto de su vida
  • Mañana empieza una nueva oportunidad. 

En cambio, el pesimista cuando se producen situaciones negativas o desagradables considera que:

  • Todo era previsible ¿cómo puede salir algo bien?
  • Las causas que generan los problemas son directamente atribuibles a sus características personales
  • Las situaciones siempre son fatales y van a durar siempre
  • Además, van a condicionar el resto de su vida

2. EL SEGUNDO GRUPO, TIENE QUE VER CON LOS DEMÁS. 

Y tiene que ver con la capacidad de actuar y modificar adecuadamente los sentimientos que aparecen en la relación con los demás: 

Elementos Interpersonales

Esta habilidad, que puede convertirse en competencia, implica dos competencias básicas:

  • Empatía
  • Habilidad Social

EMPATÍA

Esta palabra mágica, consiste simplemente en la capacidad de comunicar nuestras emociones y de saber leer las emociones de los demás.

No es una cualidad privativa del ser humano pues hasta los primates y los perros saben leer emociones en el rostro de los demás. 

La gente que posee una comunicación cinestética sabe ponerse en lugar del otro con mayor facilidad. 

También las personas emocionalmente desarrolladas y equilibradas que gobiernan adecuadamente sus sentimientos, saben interpretar y relacionarse de forma efectiva y útil con los sentimientos de los demás, disfrutan de una situación ventajosa en todos los dominios de la vida, ya que:

  • Han aprendido de los propios errores y de los otros
  • Su mente y sus sentidos siempre están abiertos 
  • Suelen sentirse más satisfechas
  • Son más eficaces y más capaces de dominar los hábitos mentales que determinan la productividad. 

LA HABILIDAD SOCIAL 

Es esta capacidad que tienen algunas personas para comunicarse con los demás y también la competencia de influir en los otros. Algunos lo definen como extroversión, don de gentes, magnetismo, carisma, atractivo etc. Pero ello se debe a:

  • Que les gusta la gente
  • Saben escuchar lo que otros quieren para corresponder
  • Son ágiles mentalmente y pueden reaccionar ante cualquier situación
  • Pueden adaptarse a cualquier entorno. 

Todo lo que se relata en este trabajo puede aprenderse, para ello sólo faltan algunas cosas: 

  • LA MOTIVACIÓN PARA APRENDER
  • EL TIEMPO PARA DEDICARLE
  • MUCHA PRACTICA 
  • OBSERVACIÓN, PARA RECTIFICAR Y APRENDER DEL MODELO
  • Y SI ES POSIBLE, UNA TUTORIA QUE SEA CAPAZ DE MOLDEAR UN PLAN DIDÁCTICO. 

No está lejos el día en que las personas sean capaces de poner corazón a los números, según nos cuenta Beremiz Salem, en su libro sobre matemáticas, ojalá, también pudiera regalarse el talento necesario para que cada ser humano fuera capaz de disfrutar su vida con dignidad.